Ruta realizada el Jueves 27/03/2025






Participantes: Félix, Carlos
Reproductor audio crónica:
Tras tres semanas lloviendo a cascoporro, por fin podemos aventurarnos a contemplar los restos del mundo conocido. Hacía muchos años que no llovía tanto tan seguido. De hecho, no recuerdo algo igual.
Yo iba con la esperanza de volver a ver un espectáculo único que pudimos contemplar Pepe y yo, hace más de 25 años. Fue un día que íbamos solos y al acercarnos por la carretera a la presa, se oía un rumor que iba creciendo a medida que nos acercábamos. Al girar la última curva nos quedamos mudos. El agua del Lozoya sobrepasaba el muro de la presa en un metro. El estruendo era monumental y las gotas de agua rebotadas llegaban hasta el borde de la carretera. No encuentro fotos, así que es muy probable que no tuviésemos aún cámara digital, ni por supuesto móvil. (Las fotos más antiguas de rutas que conservo son del 2001 en Cazorla y están hechas con cámara analógica. Y del Pontón las primeras fotos que tengo fueron hechas por Alfredo en 2002, que era el primero y único que tenía cámara digital, la Canon PowerShot S40, que algo después compré yo también). ¡Qué viejos somos y cuantas aventuras podemos contar!
En esta ocasión vamos Carlos y yo solos porque los habituales andan por Nueva Zelanda, Japón y Portugal respectivamente. Después de estar esperando en el aparcamiento un rato, me llama Carlos porque el GPS le ha enviado hacia la Casilla de la Lastra. Mientras vuelve al punto de encuentro decido acercarme a la presa y nos cruzamos en la carretera. Al llegar a la base de la presa, ni rastro del espectáculo del agua por encima del muro. Sin embargo, el aliviadero lleva un caudal importante. Le pido a un señor que me haga unas fotos y de vuelta me encuentro con tres ciclistas a los que pregunto por la ruta que van a hacer.

No conocen la zona y me dicen que van hacia Valdepeñas de la Sierra y volviendo por las Cárcavas. Siguen un track de Wikiloc que lleva uno en su móvil. Le digo que nuestra ruta va por la Presa de la Parra y en sentido inverso, pero no saben de qué hablo. Cuando arranco llega Carlos así que decido que esta vez haremos el recorrido a la inversa de lo habitual. A los pocos metros damos alcance al trío ciclista. Llevan e-bike, pero van muy lentos. Así que los adelantamos y paramos en el aparcamiento de arriba donde le enseño a Carlos las vistas al barranco del Lozoya que fluye con abundante agua, pero lejos de necesario como para que rebose la presa.

Al poco de continuar, nos paramos a ver el lugar donde yacen las cenizas de nuestro querido amigo Jesús. Todos los años nos pasamos unos u otros a hacerle un breve homenaje. El sitio continúa pareciéndome espectacular.


Continuamos por la pista del Canal hasta Alpedrete de la Sierra y dejamos atrás el «patio de los callados» para comenzar el ascenso por el pinar. En la casa en ruinas paramos a comer el plátano mientras contemplamos lo verde que está todo. Seguimos hasta coronar e iniciamos la bajada hasta la Presa de la Parra. Tras cruzar el arroyo Robledillo por el rústico puente de madera, el senderito está obstruido por varios árboles más de los que hace años ya lo hacían.
Me temía que estuviese la presa cerrada por el exceso de agua proveniente de la del Atazar. Afortunadamente sólo continúa el cartel de Prohibido el Paso, que pusieron hace años y al que todos hacemos caso omiso.

Tras las fotos de rigor recorremos la ribera del Lozoya por la Cañada de la Caleriza que lleva un caudal desconocido. Hay tramos donde pastaban las vacas que ahora están cubiertos de agua. Multitud de árboles están dentro del cauce. Vacas ni una, lógicamente. El camino en algunos tramos ha sufrido los daños del agua y está destrozado.
A pesar de que los árboles aún no han brotado está todo muy bonito por la singularidad del verde del pasto recién salido y la cantidad de agua que lleva el río. Sólo nos cruzamos con varios senderistas. Somos unos privilegiados.



Queda salir del barranco tras una breve subida, que con la e-bike es un suspiro, hasta llegar cerca de la puerta de la Cueva del Reguerillo y dejarnos caer por la carretera hasta el aparcamiento donde tras una limpieza de la bici, nos volvemos a comer a casa.
Podemos observar como estaba el caudal. Os dejo unas fotos de «Aquellos primeros años» y con una música casi de aquella época: la Obertura de Las bodas de Fígaro de Joannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Amadeus Mozart, más conocido como Mozart a secas (Wolfy para su esposa Constanze). La peculiaridad de esta obertura, overture u opertura como quiera que se encuentre escrito, es que las primeras notas son imposibles de vocalizar y si no me crees, trata de cantarlas (esto no es de mi cosecha, lo vi en uno de los Conciertos para jóvenes del gran Leonard Bernstein que los podéis ver en Youtube). Es una breve muestra del absoluto genio de este compositor.
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