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El Pontón después del diluvio

Ruta realizada el Jueves 27/03/2025

Dificultad Física
Dificultad Técnica
26.9 km
655 m
56 Km Distancia Madrid
3h05'
2h02'
Características Terreno Suelo normal (tierra con alguna piedra), sin trialeras, sin obstáculos, sin limitaciones de temperatura, zona de fotografía interesante

Participantes: Félix, Carlos

Mas detalle ruta

Descarga ruta: 2025-03-27-El-Ponton-de-la-Oliva-2.gpx
Reproductor audio crónica:

Tras tres semanas lloviendo a cascoporro, por fin podemos aventurarnos a contemplar los restos del mundo conocido. Hacía muchos años que no llovía tanto tan seguido. De hecho, no recuerdo algo igual.

Yo iba con la esperanza de volver a ver un espectáculo único que pudimos contemplar Pepe y yo, hace más de 25 años. Fue un día que íbamos solos y al acercarnos por la carretera a la presa, se oía un rumor que iba creciendo a medida que nos acercábamos. Al girar la última curva nos quedamos mudos. El agua del Lozoya sobrepasaba el muro de la presa en un metro. El estruendo era monumental y las gotas de agua rebotadas llegaban hasta el borde de la carretera. No encuentro fotos, así que es muy probable que no tuviésemos aún cámara digital, ni por supuesto móvil. (Las fotos más antiguas de rutas que conservo son del 2001 en Cazorla y están hechas con cámara analógica. Y del Pontón las primeras fotos que tengo fueron hechas por Alfredo en 2002, que era el primero y único que tenía cámara digital, la Canon PowerShot S40, que algo después compré yo también). ¡Qué viejos somos y cuantas aventuras podemos contar!

En esta ocasión vamos Carlos y yo solos porque los habituales andan por Nueva Zelanda, Japón y Portugal respectivamente. Después de estar esperando en el aparcamiento un rato, me llama Carlos porque el GPS le ha enviado hacia la Casilla de la Lastra. Mientras vuelve al punto de encuentro decido acercarme a la presa y nos cruzamos en la carretera. Al llegar a la base de la presa, ni rastro del espectáculo del agua por encima del muro. Sin embargo, el aliviadero lleva un caudal importante. Le pido a un señor que me haga unas fotos y de vuelta me encuentro con tres ciclistas a los que pregunto por la ruta que van a hacer.

No conocen la zona y me dicen que van hacia Valdepeñas de la Sierra y volviendo por las Cárcavas. Siguen un track de Wikiloc que lleva uno en su móvil. Le digo que nuestra ruta va por la Presa de la Parra y en sentido inverso, pero no saben de qué hablo. Cuando arranco llega Carlos así que decido que esta vez haremos el recorrido a la inversa de lo habitual. A los pocos metros damos alcance al trío ciclista. Llevan e-bike, pero van muy lentos. Así que los adelantamos y paramos en el aparcamiento de arriba donde le enseño a Carlos las vistas al barranco del Lozoya que fluye con abundante agua, pero lejos de necesario como para que rebose la presa.

Al poco de continuar, nos paramos a ver el lugar donde yacen las cenizas de nuestro querido amigo Jesús. Todos los años nos pasamos unos u otros a hacerle un breve homenaje. El sitio continúa pareciéndome espectacular.

Continuamos por la pista del Canal hasta Alpedrete de la Sierra y dejamos atrás el «patio de los callados» para comenzar el ascenso por el pinar. En la casa en ruinas paramos a comer el plátano mientras contemplamos lo verde que está todo. Seguimos hasta coronar e iniciamos la bajada hasta la Presa de la Parra. Tras cruzar el arroyo Robledillo por el rústico puente de madera, el senderito está obstruido por varios árboles más de los que hace años ya lo hacían.

Me temía que estuviese la presa cerrada por el exceso de agua proveniente de la del Atazar. Afortunadamente sólo continúa el cartel de Prohibido el Paso, que pusieron hace años y al que todos hacemos caso omiso.

Tras las fotos de rigor recorremos la ribera del Lozoya por la Cañada de la Caleriza que lleva un caudal desconocido. Hay tramos donde pastaban las vacas que ahora están cubiertos de agua. Multitud de árboles están dentro del cauce. Vacas ni una, lógicamente. El camino en algunos tramos ha sufrido los daños del agua y está destrozado.

A pesar de que los árboles aún no han brotado está todo muy bonito por la singularidad del verde del pasto recién salido y la cantidad de agua que lleva el río. Sólo nos cruzamos con varios senderistas. Somos unos privilegiados.

Queda salir del barranco tras una breve subida, que con la e-bike es un suspiro, hasta llegar cerca de la puerta de la Cueva del Reguerillo y dejarnos caer por la carretera hasta el aparcamiento donde tras una limpieza de la bici, nos volvemos a comer a casa.

Podemos observar como estaba el caudal. Os dejo unas fotos de «Aquellos primeros años» y con una música casi de aquella época: la Obertura de Las bodas de Fígaro de Joannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Amadeus Mozart, más conocido como Mozart a secas (Wolfy para su esposa Constanze). La peculiaridad de esta obertura, overture u opertura como quiera que se encuentre escrito, es que las primeras notas son imposibles de vocalizar y si no me crees, trata de cantarlas (esto no es de mi cosecha, lo vi en uno de los Conciertos para jóvenes del gran Leonard Bernstein que los podéis ver en Youtube). Es una breve muestra del absoluto genio de este compositor.

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Un día «espléndido» en Villanueva de la Cañada o lo que sea

Ruta realizada el Jueves 27/02/2025

Dificultad Física
Dificultad Técnica
42.8 km
773 m
29 Km Distancia Madrid
3h50'
2h43'
Características Terreno Suelo duro (pueden ser de roca o pedregoso), 30% de trialeras, sin obstáculos, sin limitaciones de temperatura

Participantes: Alfredo, Domingo, Félix

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Temperatura media: 11.7
Descarga ruta: Villafranca-del-Castillo20250227.gpx
Reproductor audio crónica:

Andamos un poco despistadillos con los nombres de estos pueblos tan pijos de por aquí. Hemos quedado en la puerta del restaurante La Villa Franca que está en Villafranca del Castillo (de ahí su nombre), que pertenece al término de Villanueva de la Cañada que está bastante más lejos. Y por si fuera poco hay otro pueblo de nombre similar e igual de pijo a su lado, que se llama Villanueva del Pardillo. Total, que es un lio. De ahí que Alfredo haya dado de alta el álbum de fotos como Villafranca del Castillo y nombrado su track también así; pero lo único claro es que está lleno de villanos. En el enlace se te aclara este embrollo.

Lo del día espléndido viene a cuento de que el miércoles mandé un sugerente mensaje por Whatsapp diciendo que el jueves haría un día espléndido para montar en bici, después de haber consultado en internet la predicción. Sin embargo, salimos con un día nublado y frío, que nos obliga a ponernos los chubasqueros a los pocos metros de salir. Falsa alarma. Enseguida deja de chispear y según avanza la mañana se irá cumpliendo el pronóstico.

Salimos del pueblo que sea, por una avenida flanqueada de bonitos árboles que dejan entrever unos magníficos chalets. Comentamos que están demasiado lejanos de Madrid para poder ir a trabajar y que los atascos son monumentales en la actualidad, lo que imagino que no sería así cuando se los compraron a un precio muy razonable hace cuarenta o cincuenta años.

Al poco, nos encontramos unos enormes tubos que traen agua a la capital y que Domingo y yo, debatimos si se trata de una conducción del embalse de Picadas o del embalse de Valmayor. Lo reviso en el mapa y lleva razón Domingo, pues es de Picadas aunque se unen ambas conducciones apenas dos kilómetros después de ese punto, por lo que tampoco andaba yo muy desencaminado.

Ya en las afueras recorremos el río Guadarrama hasta el Puente de Retamar por unos senderos muy divertidos. El aspecto de la zona es bastante deprimente porque a pesar de que el río lleva agua suficiente y no oler mal aún, la cantidad de maleza y árboles caídos da un aspecto de abandono que me produce una sensación agridulce por no decir desagradable. Algo así, como si fuéramos a encontrar chabolas . La mano humana ha destrozado este tramo así como lo ha hecho a lo largo de gran parte de este largo río. Y es que antes de echar toda la porquería recogida de las numerosas urbanizaciones, algunas legales y otras muchas ilegales en el Tajo, hace un recorrido de 132 kms. Es una pena que no tenga un corredor bien mantenido por toda su orilla. A ver si algún día hace algo la administración de la Comunidad de Madrid que parece estar sólo ocupada en ocultar los innumerables casos de corrupción, olvidando lo que debiera hacer y para lo que fue creada.

Abandonado el Puente de Retamar iniciamos una constante subida por la Cañada Real de las Merinas que os dejo que lo investiguéis porque encuentro diversos recorridos con ese nombre que no me encajan. El caso es que el desnivel de esta ruta prácticamente se concentran en cinco kilómetros que nos lleva hasta un berrocal que recuerda mucho a La Pedriza. Recordamos lo penoso que se nos hacían estas cuestas con las anteriores bicis y celebramos una vez más la decisión de dejar esas penurias para los más jóvenes y avezados. Nosotros ya hemos sufrido lo estrictamente necesario y ahora vamos a disfrutar.

Una vez terminamos la subida, tocamos levemente las estribaciones de Colmenarejo, para coger una empinada, sinuosa y rápida pendiente abajo por senderos llenos de roderas del agua. La Colada del Cerro del Burro es muy divertida a la par de peligrosa. Cualquier despiste te puede llevar al suelo, pero nuestras monturas con cubiertas de 29″ y con anchura de 2,60″, se agarran firmemente a la húmeda superficie, haciendo las delicias de los tres mosqueteros. Nada que ver cuando llevábamos las anteriores bicis. Esto es mucho más fácil de conducir y lo disfrutamos a pesar de ser conscientes de que no puedes despistarte.

Nueva subida de 200 metros de desnivel en apenas dos kilómetros que nos lleva al cruce con la Colada del Molino Sopas desde donde apenas se ve el Embalse de Valmayor y nada, del mucho más pequeño Embalse de Aulencia.

Nueva bajada gloriosa de dos kilómetros por senderos sinuosos, pedregosos a veces y muy horadados por las aguas de lluvia que producen unas roderas considerables. Las sorteamos con destreza y algún que otro «Uy» o «Eeeepa» que se me escapa de la boca cuando estoy a punto de besar suelo. En una de las esperas de agrupamiento, llega Domingo un tanto dolorido de una mano. Nos cuenta que se le ha escurrido la rueda delantera y se ha estampado en una de las roderas. Alfredo se lamenta de no haber recogido con su cámara la ocasión.

Pasamos junto a un Escuela de Vuelo donde practican con varios drones y le sugiero a Alfredo que saque a Retortijín y les haga una demostración de manejo con algún derribo incluido.

El resto del recorrido es menos inclinado y muy disfrutón. Senderos más limpios nos permiten bajar a mayor velocidad por el Carril de la Loma acercándonos a Villanueva del Pardillo.

Y tras cruzar la M-503 seguimos la orilla del Arroyo de los Palacios por más senderos muy divertidos hasta llegar a nuestro destino. Como llegamos apenas las 13:00, nos permite limpiar las bicis con esmero del escaso barro que llevan acumuladas. Nos sentamos a comer en el Villa Franca una prematura y bastante decente comida.

Finalmente un espléndido día culminado con éxito que va al almacén de los «Buenos Recuerdos».

Os dejo con Louis Armstrong, y su célebre «What a Wonderful World». Fue lanzada en 1967. No está relacionada con la canción cantada por Judy Garland en la película El Mago de Oz, «Over the Rainbow» como mucha gente piensa. Es posible que la confusión entre estas dos canciones se deba a que ambas son baladas optimistas y atemporales que han dejado una marca significativa en la cultura popular.

Se convirtió en una de las canciones más emblemáticas de Armstrong. La letra de «What a Wonderful World» habla sobre la belleza del mundo y la bondad de las personas, con frases como «Veo árboles verdes, rosas rojas también» y «Veo amigos dándose la mano». Disfrútala.

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El Cuadrón y los embalses de Pinilla y Riosequillo, «again»

Ruta realizada el Jueves 20/02/2025

Dificultad Física
Dificultad Técnica
41 km
802 m
58 Km Distancia Madrid
3h41'
2h49'
Características Terreno Suelo arcilloso (problemático con lluvia), sin trialeras, sin obstáculos, sin limitaciones de temperatura, con muchas fincas privadas, zona de fotografía interesante, muchas puertas

Participantes: Alfredo, Domingo, Félix, Carlos

Mas detalle ruta

Temperatura media: 14.5
Descarga ruta: Lozoya-Villavieja-de-Lozoya20250220-2.gpx
Reproductor audio crónica:

En esta ocasión, retomamos una ruta que realizamos en octubre del 2019. Por lo tanto, es una vieja conocida, aunque debo reconocer que casi no me acordaba de nada. Y eso que en aquella ocasión, también escribí su crónica… Bueno cosas de la edad. Además no era el único.

Como íbamos a comer en El Anzuelo, aparcamos y salimos del mismísimo restaurante. Con un dçia luminoso y limpio, enseguida entramos en faena, adentrándonos en la dehesa de la Pajarilla y rompiendo la tranquilidad con qué pacían las vacas. Nada más empezar nos enfrentamos a unos de los inconvenientes de esta ruta: las innumerables puertas que hay que cruzar, de todos los tipos, modelos y diseños.

Esta primera parte son pistas amplias, que invitan a charlar mientras pedaleamos. Al fondo nos esperaba el valle de Lozoya, con Canencia a la izquierda.

En el camino pasamos por el puente de Matafrailes, que no aprecia bien debido a la vegetación. Está construido sobre el arroyo de Canencia. En la zona dicen que es romano (como siempre) pero se cree que es tardomedieval.

Y es que en esta zona hay muchos puente (por eso la Comunidad ha montado la ruta de los Puentes Medievales, para deleite de jubilados y divorciados apuntados en grupos de senderismo). Nuestro próximo puente fue el Congosto (o Canto), un clásico de la zona. En él estuvimos (nosotros y el minidron) disfrutando del Lozoya un buen rato.

La visión del embalse de Pinilla siempre es una gozada, todavía más si quedan restos de nieve en las cumbres. La parada es obligada-

Después de atravesar la M-604, nos dirigimos hacia una zona de prados atravesando un robredal que, en primavera será espectacular. Ahí nos empezamos a encontrar con barro a lo grande. A Carlos y a mi nos pilló el marrón de lleno. Y allí estaba el reportero Alf Freddo para obtener un documento gráfico del momento.

Y así, perlados, llegamos a Navarrendonda donde no vimos ni un alma. Salimos del pueblo en dirección norte por la calleja de Cerro Collado, encontrándonos con otra zona boscosa. Después de atravesar la puerta número 30, nos tomamos tranquilamente el platanito. El siguiente desafío era atravesar el arroyo del Chorro. La ultima vez tuvimos que hacerlo a las bravas pero esta vez habían montado una infraestructura que muestra el elevado nivel tecnológico de la zona.

Dejamos a un lado la pista que sube a las Chorreras de San Mamés. La pista de la Colada de la Solana nos llevó, cómo quien no quiere la cosa, a Villavieja del Lozoya, donde tampoco vimos a nadie. Bueno, había un señor sentado mirando la carretera que parecía dibujado.

Salimos por el sur del pueblo, dirección al embalse de Riosequillo. La zona es bastante llana, con pistas rápidas, que nos permitieron alcanzar el pueblo de Pinilla de Buitrago en menos que tardo en contarlo. Pero nos desviamos antes de entrar al pueblo, dándoles un disgusto tremendo. Pobres.

Ya no quedaba mucho. Nos metimos en la Cañada de la Cerrada de Garay y nos la encontramos llena de agua. Había que explotar las características náuticas de nuestras bicis y ahí que nos metimos de cabeza. Aprovechando el agua que corría a nuestros pies, decidí caerme de lado de la manera más tonta en el arrollo y así limpiarme un poco del barro que me había comido anteriormente. En fin, hecho un cristo, enfilé de morros la etapa final del recorrido.

Pasamos por el apeadero de Gargantilla de Lozoya y Pinilla de Buitrago, el pueblo con el nombre más largo de España. Su cementerio, con la curiosa espadaña de su ermita, nos despidió agradeciéndonos la visita. Poco después llegamos al restaurante El Anzuelo, referencia de pescadores, y hoy visitado por hordas de jubilados. Después de limpiar las bicis y poner de los nervios a Alfredo por la espera, comimos un menú estándar Imserso. Un día fue fantástico y la ruta de lo más recomendable, preciosa y divertida.

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Colmenar-Dehesa de Moncalvillo por su valla

Ruta realizada el Sábado 15/02/2025

Dificultad Física
Dificultad Técnica
42.8 km
773 m
29 Km Distancia Madrid
3h50'
2h43'
Características Terreno Suelo duro (pueden ser de roca o pedregoso), 15% de trialeras, sin obstáculos, sin limitaciones de temperatura, zona de cazadores

Participantes: Alfredo, Domingo, Félix, Carlos, Marcos

Mas detalle ruta

Temperatura media: 13.1
Descarga ruta: Colmenar-Viejo-Dehesa-Moncalvillo20250215.gpx
Reproductor audio crónica:

Como no pudimos salir el jueves, tuvimos que mover la ruta al sábado, y vaya cambio… De la paz absoluta a una especie de manifestación ciclista en cada cruce. Es lo que tiene salir en horario de currante (o «de pobres», como diría Juanlu con su habitual tacto y sensibilidad social).

El plan era sencillo: pedalear, disfrutar y no mojarnos demasiado. Así que, puntualmente, salimos del parking de Colmenar frente al polideportivo. Hoy teníamos dos caras nuevas, Carlos y Marcos, que vinieron de la mano de Félix. No sabían lo que les esperaba.

Nos dirigimos por el camino de Pedrezuela con un día sorprendentemente agradable, cosa rara porque suele tocar viento de cara o barro nivel supervivencia.

Todo iba bien hasta que llegamos a La Calzadilla y nos topamos con el arroyo de Tejada, que venía con ganas de hacernos una prueba de impermeabilidad. El agua estaba justo al límite para que los tobillos se mojaran, pero cruzamos sin problemas… bueno, los que llevábamos zapatillas estancas. Los demás descubrieron que el agua sigue estando fría en febrero.

Después de esa ducha improvisada, nos esperaba un sendero pedregoso, el clásico tramo donde cada uno saca a relucir su técnica (o la falta de ella). Aquí el personal demostró sus habilidades para sortear caminos difíciles.

La ruta sigue hacia el noroeste por el Camino Bajo de Pedrezuela con el objetivo de entrar en la Dehesa de Moncalvillo, pero, sorpresa, nos encontramos con una cacería. Y no una de andar por casa, sino una Montería de las serias, con todoterrenos, forestales vigilando cada entrada y probablemente algún cazador afilando la mira telescópica. Vamos, que no pintábamos nada allí salvo como objetivo móvil.

Tocaba improvisar. Decidimos bordear la Dehesa pegados a la valla y luego seguir por la pista del canal hasta Montenebro. Por el camino, varios coches de agentes forestales nos miraban como si fuéramos los últimos en enterarnos de que allí se estaba jugando una versión en vivo de Los juegos del hambre. Pero, por suerte, nos dejaron seguir.

Antes de continuar, hicimos la clásica parada del plátano en una praderita con una casita de piedra que debía haber sido del ingeniero del canal. Allí, además de reponer fuerzas, dimos un paseo a Retortijín, que ya llevaba un rato pidiendo salir.

Tras esquivar balas y agentes forestales, encontramos un senderito en Montenebro que nos permitió recortar y retomar la ruta original. Aquí llegó el highlight del día: el cuestón que normalmente bajamos, pero que hoy tocaba subir. Antes de la ascensión, nueva parada técnica para que Retortijín hiciera su segunda aparición. Luego, con los pulmones preparados para la batalla, empezamos la subida.

Durante la ascensión nos cruzamos con varias gravel, esas bicis que en caminos fáciles son una maravilla, pero en una subida técnica parecen más bien una penitencia. A uno de los ciclistas le recordé amablemente que hay bicis con suspensión que funcionan de maravilla en estos terrenos. Entre jadeos, me dio la razón.

Una vez arriba, nos encontramos con una señal de tráfico que indicaba que el camino era de un solo sentido. Como somos ciudadanos ejemplares, la respetamos. No como el desfile de ciclistas que bajaban como si estuvieran en un descenso del Red Bull Rampage.

La ruta sigue bajando por el camino Alto de Pedrezuela hasta llegar de nuevo al arroyo de Tejada donde un señor mayor, con la sabiduría que dan los años, nos hizo el chascarrillo del día: «¡Ya estáis duchados para lo que queda de jornada!». Humor castizo en su máxima expresión.

La vuelta a Colmenar la hicimos por el descansadero de Navalahija por una subidita muy maja donde esta vez el personal demostraron su técnica.

El resto de la ruta fue un mero tramite para llegar al parking atravesando Colmenar por el Norte.

Al final quedó una ruta aceptable a pesar de que nos cerraron la Dehesa de Moncalvillo y llegamos a una buena hora para volver a comer tranquilamente a casa.

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De El Berrueco a Buitrago es un buen trago

Ruta realizada el Jueves 06/02/2025

Dificultad Física
Dificultad Técnica
47.9 km
690 m
53 Km Distancia Madrid
4h30'
3h46'
Características Terreno Suelo normal (tierra con alguna piedra), sin trialeras, con un obstáculo, sin limitaciones de temperatura, zona de fotografía interesante, muchas puertas

Participantes: Alfredo, Domingo, Félix

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Descarga ruta: Berrueco-Lozoya20250206v3.gpx
Reproductor audio crónica:

Tras dos semanas sin salir a dar pedales por la sierra por culpa de la pertinaz lluvia, estrenamos Febrero con una ruta estupenda que sale de El Berrueco.

El punto de encuentro elegido es la puerta del restaurante El Alamo II donde posteriormente comeremos. A las 9:30 como un clavo llega Alfredo, mientras Domingo y un servidor llevamos ya un buen rato colocándonos los aparejos.

Salimos en dirección al embalse de El Atazar por una pendiente que nos recuerda que aunque el día está soleado, es invierno y hace un frío de pelotas.

Después de ir bordeando la orilla un par de kilómetros, cogemos un sendero que nos llevará al primero de los pueblos con un numeral nominativo: Sieteiglesias. No sabemos de donde le viene el nombre, pero actualmente no dispone más que de una iglesia renovada y vallada que nos impide observarla de cerca.

Al poco de salir del pueblo, atravesamos un arroyo con cierta dificultad. En suave ascenso y por senderos bien definidos, nos acercamos al siguiente pueblo con otro numeral en su nombre: Cinco Villas. Apenas hay barro y vamos despacio disfrutando de los bonitos caminos. La temperatura va subiendo y el cielo está despejado lo que ayuda a que el sol vaya templando el ambiente.

Al poco de salir del pueblo, nos encontramos un mirador cercano al cementerio, desde donde se divisa una gran extensión del valle en dirección sur. Allí hacemos un pis y nos comemos un plátano.

A continuación nos espera una cuesta que me trae al recuerdo su dureza. Fue una ruta que hicimos Rufi, Alfredo y yo, hará cinco o más años. Me quedé atrás haciendo una foto y no podía alcanzarlos. Ahora con las e-bike es un paseo en barca. Al llegar a la parte más alta divisamos Buitrago y a la izquierda el embalse de Riosequillo por donde discurre el Lozoya antes de rodear este bonito pueblo. El día está precioso y la temperatura mucho más agradable a pesar que en las umbrías permanece helada la escarcha.

Tras un breve recorrido por el interior de la muralla del castillo, salimos bordeando el río por un paseo tan bien conocido como espectacular. Atravesamos una vez más, una de las múltiples vallas que nos encontraremos en la ruta. En esta ocasión se han esmerado y nos lo han puesto realmente difícil.   

Nos alejamos de la orilla por un precioso pinar, para de nuevo bajar hasta la orilla donde sacamos el minidrón. Vallas y más vallas en caminos vecinales que los vaqueros cierran para que sus animales pasten por donde no deberían. Cuidadosamente abrimos y cerramos las diversas formas de cierres que van desde el socorrido somier, hasta un desordenado grupo de palos con alambres y cuerdas.

Se acerca la hora fatídica de las 13:00 en las que Alfredo comienza con los primeros síntomas de la Putansia. Eso se traduce en un incremento paulatino de la velocidad del pedaleo proporcional a la transformación en una especie de Predator y la correspondiente reducción del riego cerebral. Ya no oye. Ya no ve. Sólo quiere llegar al restaurante y comer vorazmente lo que sea.

Cruzamos Manjirón y nos metemos por un sendero muy interesante que nos llevará de nuevo al embalse de El Atazar.

Las vistas son fabulosas y los senderos variantes de la pista que bordea la orilla merecen unas fotos y otro paseo del minidrón, pero Alfredo alcanza ya un estado de catalepsia mental e ignora todos estos sutiles matices. Nos lleva por la hermosa GR-300 a toque de corneta.

Ya sólo queda atar las bicis en la puerta del restaurante y comer un apañado menú sin alharacas, en el único lugar del pueblo que encontramos.

Tras la tediosa limpieza del barro de las bicis, emprendemos la retirada a nuestras guaridas.

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Chinchón y sus barrancos

Ruta realizada el Jueves 16/01/2025

Dificultad Física
Dificultad Técnica
43.7 km
870 m
39 Km Distancia Madrid
3h42'
3h10'
Características Terreno Suelo arcilloso (problemático con lluvia), 15% de trialeras, sin obstáculos, no adecuado para temperaturas altas

Participantes: Alfredo, Domingo, Félix

Mas detalle ruta

Temperatura media: 13.1
Descarga ruta: Chinchon-senderos20250116.gpx
Reproductor audio crónica:

Llevamos semanas despertándonos con un frío que haría tiritar al mismísimo Yeti, así que el personal, en un acto de pura supervivencia, decidió que era hora de huir a una zona menos gélida. ¿El destino elegido? Chinchón y sus barrancos. Porque, claro, nada dice “calorcito” como los barrancos en pleno invierno.

Quedamos en el parking de San Antón, y Félix no tardó en darnos el susto habitual: su rueda deshinchada. Ya van tres salidas seguidas con dramas mecánicos, y estamos empezando a pensar que Félix y las averías tienen un contrato de exclusividad. Por suerte, esta vez fue una falsa alarma. Aunque la próxima quizás debamos llevar un mecánico de cabecera.

La aventura arrancó bajando hacia la famosa Plaza Mayor de Chinchón, donde estaban montando los tendidos para las corridas. Nos pareció raro, porque con este frío ni el toro más salvaje tendría ganas de arrancar. Aunque, según nos chivaron, solo estaban probando los tendidos nuevos. Eso sí, los turistas en la plaza no se movían, seguramente esperando un espectáculo digno de “National Geographic: Edición Ibérica”.

Tras la plaza, salimos de Chinchón por el camino del Portillo hacia el norte, directo a la cañada de la Mora, donde nos adentramos en senderos que parecían diseñados por un GPS con ganas de jugar al escondite. De fondo, la imponente fábrica de cementos Portland nos recordaba que el glamour estaba claramente de vacaciones.

Más adelante, llegamos al barranco de la cañada, que haría llorar al mismísimo barranco del Poyo de pura envidia. Entre lo estrecho y la vegetación, aquello parecía un túnel de lavado ecológico, pero sin la opción de secado.

De ahí subimos por la cañada de Valdemolinos, hasta llegar a la Urbanización de Valdemolinos, un lugar que en su día prometía lujo y modernidad, pero ahora parece sacado de un episodio de The Walking Dead. Resulta que en los años 70, este lugar fue escenario de una estafa épica. El conde de Hoochstrate (sí, un conde, porque los plebeyos no timamos con tanto estilo) vendió sueños de casas y pistas deportivas por precios que hoy serían una ganga. El resultado: instalaciones abandonadas y un ambiente tan apocalíptico que no nos habría sorprendido ver un zombie jugando al squash.

Después de este tour por las ruinas modernas, seguimos hasta el siguiente barranco, en el arroyo de Valdepozas, donde tiempo atrás tuve la genial idea de meterme en una zanja. Milagrosamente, salí ileso, aunque mi orgullo todavía no se ha recuperado del todo. En esta zona, sacamos a Retortijin, nuestro fiel compañero, para comprobar si era capaz de enfrentarse a la jungla que teníamos delante. Y sí, en el video podéis ver cómo Retortijin desafía cardos asesinos, olivares y su propia inteligencia (cada vez que choca con algo se queda medio atontado, pero oye, siempre sigue adelante con valentía… o con falta de sentido común).

El resto del recorrido fue más relajado, por pistas más tradicionales, con vistas a la Urbanización Nuevo Chinchón y el Castillo de Chinchón, que, por cierto, siempre queda bien en las fotos, incluso cuando tienes las manos congeladas.

Finalmente, llegamos de vuelta a Chinchón, con un único objetivo en mente: ¡comer! Después de rondar por la plaza como buitres en busca de un sitio, encontramos un lugar decente a la salida. La comida estuvo razonablemente bien (no vamos a exagerar, tampoco fue un banquete) y la tabernera resultó ser bastante simpática, del tipo que hace que Pepe se replantee quedarse a vivir allí.

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Por el Molar, rodando por los caminos del Canal de Isabel II, de momento

Ruta realizada el Jueves 09/01/2025

Dificultad Física
Dificultad Técnica
57.3 km
900 m
37 Km Distancia Madrid
4h16'
3h25'
Características Terreno Suelo normal (tierra con alguna piedra), sin trialeras, sin obstáculos, no adecuado para temperaturas altas, 50 metros no ciclable, zona de cazadores

Participantes: Domingo, Félix

Mas detalle ruta

Descarga ruta: 2025-01-09-El-Molar-Cuchillares-CYII.gpx
Reproductor audio crónica:

Mi primera salida en el 2025 es antecedida por un día lluvioso que hace plantearse si lo de ir con la bici por esos caminos de dios es una opción sensata. El amanecer, con toda la calle mojada, no animaba mucho, pero lo mejor en estos casos es tirar para adelante (lo que sería en británico ‘go ahead’: tira pa’lante leñe), confiando en que los pronósticos no se equivoquen. Al fin y al cabo, tampoco somos griegos, intentando leer en la entrañas de un pobre animal nuestro destino. De momento, tenemos satélites que nos chivan como andan las nubes. A ver si duran, porque hay mucho tonto emperrado en joderlo todo.

Elegimos esta ruta principalmente para evitar el barro. Las pistas del canal y el terreno de esta zona hacen que sea perfecta para los días lluviosos. Como siempre, hemos aparcado cerca del centro del Salud del Molar, enfrente de su polideportivo.

Salimos del Molar por un camino archiconocido. Dejando a la derecha la estación de residuos, nos adentramos en las lomas que rodean el pueblo, hablando de nuestras cosas, que llevamos varias semanas sin vernos. Vamos tranquilos, estas pistas las conocemos bien y estamos convencidos de que esta vez, la bici de Félix no iba a tener el aluvión de problemas de la última salida.

Vamos disfrutando de las sensaciones que da este paisaje, amplio, lleno de luz incluso con nubes. El Vellón está todo el tiempo a nuestra izquierda pero el cerro que vamos rodeando nos impide verlo.

Nubes, claros y aviones aterrizando en Barajas nos acompañan en esta primera etapa. La pista de zamorra se ve atravesada por una carretera, y al otro lado, han instalado una puerta nuevecita de 2 m. de altura. Pasamos por un hueco que queda en un lateral, pero pronto nos encontramos unos operarios instalando otra. Nos informan de que este camino estará cerrado en breve. Es propiedad del Canal y, según ellos, así se evita que llenen sus laterales de basura y escombros (aunque nosotros no hemos vista nada de esto). Con mal sabor de boca, continuamos nuestra marcha. No en vano, prácticamente toda la totalidad de este track transita por caminos propiedad del Canal y si se lían a cerrarlos… Esperemos que mantengan pasos laterales para paseantes y bicis. Un corzo que se nos cruzó por el camino nos alegró la ruta.

Félix me quería enseñar una zona curiosa, donde iba a cazar de pequeño pajaritos con su padre. Por eso nos desviamos del camino y tomamos una pequeña senda que tuvimos que hacer andando por su trazado complicado con piedras húmedas y resbaladizas, que hubiese hecho las delicias de Alfredo. La idea era llegar a la parte baja de Las Cuchilleras, una formación de paredes verticales de piedra muy curiosa. Pero nuestra dicha en un pozo, el camino estaba cortado con un hermoso candado marca Acme, como se puede apreciar en la foto. La pared de piedra, al fondo, quedó fuera de nuestro alcance.

Un pastor de cabras, con el que hablamos un buen rato, nos contó que un notario había comprado la zona para criar caballos y explotarlo como coto de caza. De paso nos enteramos que ya había lobos por la zona, cómo se lo montaba (industrialmente hablando) el pastor con sus cabras, que no iba a llover (nos tuvimos que poner el chubasquero una hora después), etc, etc, etc.

Dejando Redueña a la izquierda y Venturada a la derecha nos dirigimos hacia el desagüe del embalse de Pedrezuela, un viejo conocido nuestro, donde nos encontramos dos aguerridas ciclistas que se dieron la vuelta en cuanto empezó a llover.

Pasado el embalse, observamos que en esta zona ya habían puesto puertas en los caminos de CYII. Por suerte tenían una puerta lateral para los viandantes. Después de cruzar por la M-693, dejando Pedrezuela y su hoya a la izquierda, nos adentramos por la conocida pista que bordea Montenebro.

Pronto nos adentramos en la Dehesa de Moncalvillo, alfombrada con un verde intenso que daba la sensación de estar en un parque. Pero sólo la bordeamos porque, sobre el km. 45, giramos a la izquierda. Parecía que nos dirigíamos de cabeza a San Agustín de Guadalix pero, después de un quiebro, enfilamos en dirección hacia una zona denominada Valdeoliva.

Ya estábamos en la parte final de la ruta. Una breve visual en la Atalaya del Molar nos permite disfrutar de una excelente panorámica.

Entremos al Molar por su parte alta, por el cementerio. Después de un breve callejeo encontramos el restaurante al que vamos, Paraíso Asturies, que nunca nos ha defraudado. Esta vez tampoco, doy fe.

Un día estupendo para olvidarse un poco de las Navidades pasadas y retomar las buenas costumbres con la bici, la naturaleza y los amigos.

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2025 por el culo te la hinco

Ruta realizada el Jueves 02/01/2025

Dificultad Física
Dificultad Técnica
36.2 km
903 m
52 Km Distancia Madrid
3h36'
2h31'
Características Terreno Suelo normal (tierra con alguna piedra), sin trialeras, con dos obstáculos, sin limitaciones de temperatura, 100 metros no ciclable, zona de fotografía interesante

Participantes: Alfredo, Félix

Mas detalle ruta

Temperatura media: 7.8
Descarga ruta: Patones-Carcavs20250102.gpx
Reproductor audio crónica:

Y diréis: ¿por qué un título tan obsceno? Pues ya lo veréis. El título es propio de nuestro excelso y nunca bien valorado poeta. Ese tan avezado como poco prolífico últimamente, al que le gusta hacer poesías simples; pero con determinación y sentencia. Rufi, este año te vas a poder hinchar a hacer coplas con las fechas.

Empezamos el año con tan sólo dos históricos del grupo. Dentro de poco me veo dando pedales sólo y haciendo estas crónicas para mi mismo. Alfredo, quizás ya va sobrando el apartado de esta web donde tenemos varios Ranking en el que una vez más termino en el primer lugar. Y no es que yo haga muchos méritos. Hace años había cierta competitividad, pero de seguir así, ya podemos anticipar que los próximos 20 o 25 años seguiré saliendo como líder indiscutible de la clasificación de la Champions League, e incluso del resto de categorías.

«Días de Enero, días de caballero» dice el refrán. Y así nos sale el de hoy. Frío y despejado a primera hora, pero que se caldeará según transcurre la mañana. Al montar en la bici noto molestias porque el sillín está demasiado horizontal. La noche anterior lo cambié por el cómodo, pero muy estropeado Specialiced Confort Line que tantos kilómetros me acompañó en otras bicis anteriores. El caso es que por el mal acceso a uno de los tornillos allen del 5, lo apreté redondeando la boca y lo sustituí por otro más corto, que como se verá más adelante dio origen a un percance.

Subimos a Patones de Arriba por esa cuesta que antaño servía de calentamiento; pero que con las monturas actuales, sin AI aún incorporada, ya apenas dejamos de sentir frío. Pasamos de largo el pueblo y seguimos subiendo por la pista del Canal. No aguanto más y decido retocar los tornillos para inclinar la punta del sillín hacia abajo.

Al final de la cuesta hay una cerrada curva con una piedra erguida, que pide foto, al borde del precipicio que da al cañón donde los tubos del Canal bajan y suben por la otra ladera. Recuerdo a Alfredo una imagen curiosa que él recordaba también. Hará 18 o 20 años en una ruta similar en la que íbamos la mayor parte de los colegas de este grupo, nos sorprendió el frío de la zona en esta misma época. De la parte superior del camino sobresale un aéreo canalón de hormigón que sirve para conducir un escaso, aunque constante reguero de agua con el fin de que no estropee el firme haciendo que caiga fuera, hacia el terraplén que asoma a la carretera. Pues aquél año nos sorprendieron unos brillantes, largos y traslúcidos carámbanos que colgaban frente al sol. No recuerdo que tengamos fotos de aquella imagen tan peculiar, pero en la retina aún tenemos la impronta.

Por la ladera que se eleva a la izquierda de la carretera que lleva al Pontón, vamos avanzando con sus correspondientes altibajos y curvas hasta llegar cerca de la entrada principal de la Cueva del Reguerillo. Cogemos el camino que nos llevará a la presa de la Parra.

Las zonas de umbría están blancas, y aunque no resbalan porque apenas tienen un dedo de espesor me mosquean, que ya sabemos bien lo que duelen las caídas en el hielo. Recorremos el revirado camino que recorre la ribera del río Jarama que como si fuera un pequeño cañón nos recuerda el del río Lobos. Está verde por la abundante humedad y el musgo lo refleja. Pasamos por una casi inapreciable presita (Navarejos) y al poco llegamos a la presa.

Lleva abundante agua. El paso por su angosto puente siempre me pareció peligroso porque es fácil engancharse con el manillar en los hierros laterales. Los manillares de las bicis de 29″ son más anchos aún y dejan menos espacio. Pero Alfredo no puede dejar pasar una oportunidad para alardear, mostrando su pericia una vez más. Yo me bajo y humillo. Quitando importancia al hecho, hago una foto en la dirección de donde viene el agua, que como sabemos viene de la presa del Atazar.

Primer percance: se me sale la cadena, pero por la parte del desviador (?). Nunca he visto esta avería. Observando con detenimiento vemos que la cadena se ha salido de una de las roldanas. Veo que falta un trozo de metal de la patilla que justamente mantiene la cadena en su sitio. Alfredo la recoloca y arrancamos. Sin cambiar subo toda la cuesta del pinar. No hay problema porque el motor hace su trabajo perfectamente. Pruebo cambiar con cierto cuidado y compruebo que la avería no parece dar problemas.

Seguimos la ruta pasando por Alpedrete de la Sierra y abandonamos la pista del Canal Alto para subir por un sendero que nos lleva a las Cárcavas.

Segundo percance: me quedo sin batería en el móvil. Es la primera vez que me pasa. Dejé encendido el GPS desde casa y además con el frío se ha comido la batería justo cuando me dispongo a hacer las fotos más interesantes de la ruta.

Tras las fotos de rigor iniciamos el descenso abrupto y escarpado. Nuevamente Alfredo hace alarde de su técnica y se baja de un tirón un primer tramo. Yo bajo la tija y…

Tercer percance: pierdo el tornillo corto con su tuerca y la pieza de cierre del sillín. El sillín se queda colgado en el lateral de la tija. Encuentro la pieza importante y abandono la búsqueda de lo demás. Bajo hasta donde me espera Alfredo que estará pensando: «pero que le pasa ahora». Saco el tornillo largo que guardé el día anterior por si las moscas; pero falta la tuerca. Mi acompañante me sugiere que monte como las monjas, es decir sin sillín y sólo con la tija. A lo que no le respondo amablemente por el cariño que le tengo de tantos años juntos. Pienso en la copla que rima con 2025. Como llevo útiles bridas, en mi pequeño taller mochilero, salimos del paso airosamente para el resto de la ruta.

Bajo como puedo el resto de la inclinada rampa (es decir, a pata) mientras Alfredo hace malabares para apenas poner pie. Llegamos al pie del Pontón de la Oliva donde ya hay numerosos senderistas. Saco el móvil, pero no tengo batería para hacer siquiera una foto. Lástima porque siempre es impresionante la mole de cantería de piedra que levantaron para tan inútil presa.

En vez de volver por la carretera hasta Patones, cogemos el Canal del Lozoya. Desde esa altura se va viendo el valle espléndido. De vez en cuando se interrumpe el paso con una construcción (una caseta de medición de presión) que nos obstaculiza la marcha dejando apenas la anchura del manillar por los laterales. Como la posible caída por ambos lados sería muy probablemente la última, juiciosamente decidimos descabalgar de la montura.

Cuando llevamos un par de kilómetros, otra construcción aparece pero esta vez fortificada. Darse la vuelta no entra en nuestros planes así que asaltamos la fortaleza. Nos acordamos de la madre que parió al que hizo la valla. Los bicis pesan como un mal matrimonio, pero logramos pasarlas a duras penas. Continuamos y un kilómetro más allá otra construcción y su correspondiente valla. Esta vez probamos pasar la bici por el lateral hacia el vacío. Error y cuarto percance. Al coger la bici del sillín rompo el soporte de la luz y se pierde entre la maleza. Y de nuevo me acuerdo del hijo de mil padres que ordenó poner las vallas.

Sin más, llegamos a los coches. Las bicis no se han manchado y tras un leve cepillado retornamos hacia casa, que hoy no nos quedamos a comer.

Quinto percance: en la A1 ha habido un accidente. Media hora de atasco.

¿Veis ahora por qué el título de la crónica?

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Cercedillas-Cotos, ruta navideña

Ruta realizada el Jueves 26/12/2024

Dificultad Física
Dificultad Técnica
46.5 km
1266 m
47 Km Distancia Madrid
4h04'
3h23'
Características Terreno Suelo normal (tierra con alguna piedra), sin trialeras, con dos obstáculos, no adecuado para temperaturas bajas, zona de fotografía interesante

Participantes: Alfredo, Domingo

Mas detalle ruta

Temperatura media: 11.3
Descarga ruta: Cercedilla-Cotos20241226.gpx
Reproductor audio crónica:

Pues llegó la hora de hacer nuestra última ruta del 2024. Y cómo no podía ser de otra manera, cerramos con una ruta preciosa a través de las montañas de nuestra comunidad.

Antes de la hora prevista, según nuestros estrictos hábitos prusianos, estábamos Alfredo y un servidor en las afueras de Cercedilla, listos para disfrutar de un espléndido y soleado de invierno que nos recibía con los brazos abiertos.

Hacía frio pero era muy asumible, más teniendo en cuenta que íbamos a estar subiendo al menos la próxima hora. Cogimos la senda Purichelli justo por donde habíamos aparcado, por el trasera de Cercedilla, para evitar las escaleras.

A la altura del hospital de la Fuenfría optamos por ir por una vereda que nos llevaría hasta la carretera que circunvala las dehesas, enfilando pronto la subida por la Carretera de la República. Charlando como marujas y subiendo a buen ritmo, pronto llegamos al Mirador del Poeta, donde decidimos parar para sacar el minidron.

Decidimos hacer una circular pero calculamos mal la distancia, Alfredo intentó controlarlo con el móvil pero no dio tiempo y casi nos quedamos con el dron estampado en un árbol. Por suerte, lo atravesó sin mayor problema.

Después, en un toma acercándose casi me afeita la cabeza (bueno, esto es para darle dramatismo porque con el casco…).

Y, por último, al ir a recogerlo, se quedó a dos metros de distancia, flotando encima de la caída, sin posibilidad de poderlo coger. Menos mal que Alfredo pudo tomar control manual y al señorito le dio por hacerle caso.

En el mirador de la Reina nos tomamos el platanito mientras admirábamos el paisaje que nos brindaba el día tan genial que estaba haciendo. ¡Cuántas veces lo único que he visto en este lugar ha sido niebla! Se nos pasó por la cabeza sacar el dron pero parecía que hoy no era el día…

Dejando a la derecha Siete Picos atravesamos el puerto de la Fuenfría, tomando el sendero que va por la izquierda, paralelo al camino. Así llegamos a la Fuente de la Reina, donde saludamos a un grupo de jubilados madrugadores, y doblamos hacia el este, siguiendo el GR-10-1. Esta zona es un bosque realmente espectacular.

En la zona del Puente del Minguete, donde convergen varios arroyos, la temperatura bajó repentinamente y nos encontramos el camino totalmente helado. En poco tiempo llegamos a la CL-601, donde tuvimos que subir 500 m. para tomar un desvío a la izquierda. Pero en el camino nos encontramos una bonita puerta con un diseño salido de una película de Alien. Según indicaba en un cartel (mala cosa es encontrarse un cartel que explica porqué está allí semejante objeto), su objetivo era facilitar el acceso al bosque a las personas en sillas de ruedas (¿?). Alguien se ha forrado.

Detrás de semejante artilugio nos esperaba un bosque mágico, salpicado de vez en cuando por algún acebo, todo tamizado por la luz de la película Excalibur.

Eso si, todo subida, de momento contenida. Alfredo me comentaba que lo peor estaba al final y yo me esperaba una subida apocalíptica. Llegando a un lugar denominado Peña la Cabra (mal augurio) doblamos hacia la derecha, por el Camino Viejo del Paular. La pendiente aumentó pero la pista estaba bien y el bosque nos inspiraba para pedalear. No había nadie, apenas nos encontramos a algún grupo de andarines. Ya hacia el final la pista empeoró apreciablemente, con cantos rodados y barro en cantidades generosas, pero nada que no se pudiese afrontar. Y así, de repente, llegamos a Cotos (bueno, Los Cotos, como ponía en la estación de tren).

Para seguir el track tuvimos que ir por la carretera, pero el tráfico mayoritariamente estaba en el carril contrario. Paralelos a las vías del tren, que están siendo sustituidas por unas nuevas, en menos 15 minutos nos plantamos en Navacerrada, con una solitaria pista con nieve artificial y sin demasiada gente.

Bajando un poco por la M-601, nos dirigimos hacia la estación, doblando justo antes hacia la pista de la Vaqueriza. Alfredo me comentó que el comienzo de esta pista la gente la denominaba El Calvario, y la verdad, visto su estado roto, lleno de piedra suelta, raíces y surcos, no me extraña lo más mínimo. Cogerla de subida debe ser un placer sublime.

En una zona denominada Los Baldíos (joer, con los nombres, que animaos), Alfredo decidió crear, y tomamos un estrecho sendero, que la verdad, fue un acierto, aunque siempre hay algún obstáculo que otro.

En algunos tramos el caminito se las traía por la pendiente, las raíces y los árboles tan juntos que dábamos con este manillar que dios (bueno, venga, Dios) nos ha dado… Hasta tenía un rio de hojas y todo.

Y enseguida llegamos a Cercedilla, para encontrarnos el Maya cerrado y el Chivo Loco sin terraza, así que acabamos en la Taberna Vesubio con menú que estaba bastante bien y un personal italo-argentino muy simpático. Un buen colofón para un día estupendo compartido con Alfredo y sólo comparable a esta magnifica ruta.

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Venturada – relaxing cup of café con leche

Ruta realizada el Jueves 12/12/2024

Dificultad Física
Dificultad Técnica
34.4 km
623 m
43 Km Distancia Madrid
3h09'
2h31'
Características Terreno Suelo normal (tierra con alguna piedra), 15% de trialeras, sin obstáculos, sin limitaciones de temperatura

Participantes: Alfredo, Domingo, Félix

Mas detalle ruta

Temperatura media: 8.6
Descarga ruta: Venturada20241212.gpx

Salida entretenida pero breve para las ebikes, que no nos hicieron sudar ni un poquito. Terminamos tan rápido que fuimos directamente a casa a comer. Qué sacrificio, ¿verdad?

Comenzamos en Venturada, en el mítico parking del helicóptero, donde un tipo de Carglass nos ofreció un tratamiento «gratuito» contra la lluvia para las lunas del coche. Con Domingo olimos la trampa a kilómetros y declinamos amablemente. Por suerte, quedamos a las 9:30, justo después de que un chaparrón a las 9:00 nos limpiara las rutas.

Nos ponemos en marcha hacia Cabanillas de la Sierra por unos senderitos muy divertidos.

Pasamos por debajo de la N-I, una experiencia…

inolvidable, y conectamos con otro sendero que solemos recorrer cuando vamos de La Cabrera a Miraflores. Pero esta vez, hicimos un giro inesperado hacia la izquierda, al llegar a esa casa icónica donde solíamos tomarnos un plátano (sí, lo sé, es tradición).

En Navalafuente hicimos una breve parada en la cascada del arroyo de Gargüeña, que llevaba más agua de lo habitual. El momento perfecto para, lo adivinaste, tomar el plátano reglamentario. ¿Qué sería de estas rutas sin un plátano?

Luego seguimos hacia Guadalix de la Sierra por una bajada endurera que nos hizo sentir como expertos, aunque antes tuvimos que cruzar dos riachuelos que pusieron a prueba nuestra destreza.

Al regresar a Venturada por la cañada real, disfrutamos de las vistas a la sierra de La Cabrera y decidimos experimentar un poco con Retortijin, viendo si podíamos enseñarle a seguirnos de lado. Después de algunos intentos fallidos, pillé el truco y debo admitir que quedó espectacular.

Llegamos a Venturada a las 12:40, a pesar de nuestros mejores esfuerzos por alargar la llegada con las peripecias de Retortijin. Como era tan pronto y sabíamos que no nos servirían la comida aún, decidimos poner rumbo a casa, cual mochuelo a su olivo.

Ah, y los de Carglass todavía estaban ahí. Esta vez habían logrado embaucar a una pobre señora. Pobre incauta, le quedará como anécdota para la próxima ruta.

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