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Somiedo y Babia: El viaje y los lagos de Saliencia

Ruta realizada el Viernes 11/06/2004

Dificultad Física
Dificultad Técnica
49.2 km
1770 m
366 Km Distancia Madrid
Sin datos
Sin datos
Características Terreno No hay información sobre el terreno

Participantes: Alfredo, Félix, Juan, Miki, Pepe, Jesús, Julio

Mas detalle ruta

Descarga ruta: Vuelta-Lagos-GPS-2.gpx

Viernes: El viaje

Ya es el quinto año que me monto  mi escapada de primavera a pedales. Primero fue el Camino de Santiago (2nd try), luego siguieron Cazorla, Peralejos y Mulhacén. Finalmente este año nos decidimos por Asturias. En el Vall D’Aran todavía hay bastante nieve, está más lejos y Gustavo, que era el promotor de la idea, no se encuentra con fuerzas para venir. Félix es el que más impulsa la idea de Asturias y también es el que más se lo ha currado buscando hotel y preparando rutas. Nos dirigimos a Somiedo y las expectativas son muy altas.

Es viernes y estamos deseando escaparnos del curro cuanto antes. A mi me han colocado una reunión a última hora, de la que no puedo despegarme hasta las 14:30h. Cogemos el coche de Félix, que ya lo tiene todo cargado y nos vamos a mi casa. Cambiamos los bártulos a mi auto, cargamos tres bicis –una de repuesto- y salimos a la carretera de A Coruña a eso de las 15:30h.

Está algo atascado en los primero kilómetros y no se despeja hasta bien pasado Villalba. Después del túnel ya es otra cosa.

Cuando dejamos atrás cerca de 100 kilómetros paramos a comer en un área de descanso, uno de esos en los que ya han cerrado la cocina y te clavan una pasta por unos míseros bocatas, ¡qué más da! Hay mucha ilusión y lo toleramos todo.

Hablamos por teléfono con Julio, Jesús y él salen ahora de Madrid, con lo que el atasco se ha multiplicado. Luego hablamos con Alfredo, que está en su reunión de viernes por la tarde ¡eso si que es mala suerte! No tengo a mano el teléfono de Miguel y Juan, pero no hace falta, porque al cabo de un rato veo una Gary Fisher incorporándose por el carril de aceleración sobre un Passat familiar ¡ya estamos todos controlados!

Rodamos despacio, a eso de 130 kilómetros por hora y al cabo de un rato Miguel y Juan nos pasan, porque ya no aguantan más nuestro ritmo de cuarentones vejestorios. Ya veremos cuando cojamos la bici…

Llegamos a Benavente y seguimos hacia León. Todo autovía, poco tráfico y un paisaje que verdea por momentos.

Dejamos la autovía antes de tiempo, hacia Barrio de Luna, lo que nos obliga a rodear el pantano por la margen izquierda. Nos hemos colado totalmente, pero como la carretera es muy bonita y vamos con tiempo, no nos importa. Paramos junto al pantano, a ver el atardecer y disfrutar del paisaje. Estamos tiernos y románticos.

Juan y Miguel paran detrás y se bajan entusiasmados “¡claro! Ya sabíamos que teníais motivos para salir de la autovía antes de tiempo. Si no es por vosotros nos lo perdemos. ¡cómo se nota que lo habéis preparado bien!”. PERO QUE JODIDOS PARDILLOS. Estos tíos tienen tanta fe que son capaces de atribuir cualquier circunstancia a un plan predefinido. Nosotros, claro, no les sacamos del error y dejamos crecer la admiración. Se estarán enterando al leer estas líneas.

Al rato hablamos con Jesús y con Julio, que están a punto de llegar a las manos:

  • Que mires el mapa
  • Que no quiero
  • Nos vamos a perder
  • Es que lo tengo que hacer yo todo
  • Lo que pasa es que eres un torpe


Nuestra llamada de teléfono les saca de dudas: efectivamente, se han equivocado en el mismo punto que nosotros. Les esperamos hasta que llegan a nuestra altura para darnos un abrazo y disfrutar juntos del espectáculo del atardecer antes de continuar le viaje. 

Todavía nos queda cerca de una hora por carretera estrecha además, el puerto de Somiedo está en obras y, en lugar de carretera, hay una pista apisonada sin señales ni pintura. Esperemos que Alfredo vaya con cuidado.

Es coronar el puerto y el paisaje se hace verde y frondoso. Llegamos a Pola de Somiedo con las últimas luces, las justas para ver claramente al pedazo de rubia que nos espera sonriendo apoyada en el quicio del Hostal Peñálvarez (que bien podía ser el quicio de la mancebía) ¡no es coña! Es una rusa jovencita, de carnes (muchas carnes) prietas y pálidas, como corresponde a su condición soviética. Entramos al local y conocemos también al dueño, un hombre delgado y discreto, Jose, ya entrado en la cincuentena, que tras un par de titubeos queda bautizado como el Dioni, por su llamativo estrabismo.

Nos repartimos las habitaciones, que son muy justitas y en un estado de conservación más que mejorable. Cada año nos buscamos un sitio un poco más cutre. Para colmo, ha habido un error en la reserva y hay un dormitorio de menos, con lo cual, los señoritos que pensaban tener un cuarto para cada uno, se ven obligados a compartir. En esta ocasión son Miguel y Juan. En la parte baja del edificio tenemos un local de trastos para guardar la bici. Félix inmediatamente pregunta que donde está la manguera ¡hay que ver que curiosito es este chico! Nos instalamos y nos vamos a cenar, dejando recado a Alfredo de donde estamos.

A la puerta del hostal nos enrollamos con unos veteranos, que vienen al frente de un autocar de excursionistas y comentamos con ellos las rutas que vamos a hacer. Parece ser que Félix ha elegido bien y tenemos previstas las más representativas de la zona.

Cenamos en un hotel pintón que hay en el pueblo. En un intento de modernismo, se parece más a un local de la cadena VIPs que a un mesón asturiano, que es lo que hubiéramos preferido. Hay quien se decanta por el menú y los hay que nos tiramos al plato de la tierra: las fabes. Julio las pide con jabalí y yo me decanto por la tradicional fabada (sin duda mucho más rica que las judías de Julito). Nos bebemos unas botellas de sidra natural y lo ponemos todo perdido, mientras esperamos que llegue Alfredo. Creo que al dueño no le está haciendo gracia. Finalmente aparece Fredy totalmente desmayado y acaba con todo lo que hay sobre la mesa mientras viene su cubo de judías que también se termina por completo ¡ay, la juventud!

Después de cenar damos un paseo corto y tomamos una copa en un bar con pista de baile. Este si es un local típico, parece una taberna de los «Osos montañosos», aquellos dibujos que había cuando éramos pequeños.

Nos vamos a la cama con la tripa bien llena, esperando que los guisos se transformen en energía para el día siguiente. 

Sábado: Los lagos de Saliencia (47 KM)

            Empezamos a hacer ruido a eso de las ocho, pero como siempre, nos enrollamos con el desayuno y preparando las bicis, así que no nos ponemos en marcha hasta las nueve. Estamos todos listos en la puerta. El Dioni sale a despedirnos y se descojona  cuando le pregunto a Jesús si hoy piensa ir sin faja.

El día está nublado, pero no hace frío. El Dioni nos asegura que levantará a eso de medio día y como no hay nadie mejor en quien creer, salimos confiados.

Atravesamos el pueblo antes de coger una subida sostenida luego enlazamos con unas zetas muy duras que nos colocan 500 m. más altos en poco tiempo, pero no poco esfuerzo. Íbamos tranquilos y con paradas frecuentes, hasta que percibimos que Julito se ha debido poner la camiseta con la que ha estado entrenando toda la semana ¡que tío! ¡como exhala personalidad por todos sus poros! Esto es un motivo más de distracción y vacile, que contribuye a ir pendientes de más cosas que del cuestón que nos estamos comiendo.

Cuando aún íbamos con plano

Llegamos a Urria que es un pueblo pequeñito, de montaña. Lo vemos en un momento y seguimos subiendo suavito hasta Valle de Lago. Aquí hay una pequeña laguna. Este pueblo ya mola más. En el estanque se reflejan las casas y queda de foto. También vemos el primer teitu típico de la zona de Somiedo. Son construcciones de planta rectangular, con tejados de brezo muy empinados, que permiten un segundo piso. El remate superior deja ver ramas de sujeción que se entrelazan, apareciendo sobre el brezo como las vértebras de una columna gigantesca, simulando la chepa de un dinosaurio antiguo y peludo.

Teitus de una braña

Visto el pueblo, dejamos la carretera y cogemos el camino de la derecha, que rápidamente se pierde en una bajada vertiginosa, con un firme muy malo, que en otros tiempos estuvo a tramos asfaltado. La pendiente está mojada. Es increíble y hay tramos en los que no me atrevo a ir subido y tengo que echar pie a tierra. Alfredo si se atreve y lo hace con soltura, con salero, con maestría… y con una hostia que le deja el culo hinchado y colorido. Podía haber sido un accidente muy serio, menos mal que este tío es duro y tiene suerte.

Salimos a carretera poco antes de Villarín tras disfrutar de un barranco típico asturiano, verde, húmedo, con muchos regueros, que nos ha dejado situados en la cuenca del río Saliencia.

Hay que seguir subiendo y lo hacemos despacito, a ver si damos tiempo a que abra el día, que sigue cubierto. Vamos parando en cada pueblo, a cuál más pintoresco y más bonito. Villarín está hundido, por debajo de la carretera, con pradera y huertas. Se ve el esquema social más antiguo: la iglesia, la casa del rico, que debió ser el señor de la aldea, y las pequeñas casucas descuidadas que componen el núcleo urbano.

Arbellales queda al lado izquierdo de la carretera. Entramos de visita. Tiene un arroyo que lo parte en dos mitades. Las casas incluyen en una sola construcción vivienda, cuadra y cochiquera, manteniendo el estilo antiguo de vivir sobre los animales, almacenando en muchos casos sus excrementos a la puerta, para usarlos en otoño en el abono de la huerta. La mezcla de olores resultante en las calles del pueblo nos da sensación de suciedad y falta de higiene –como Julio- Como las casas también son viejas, no puedes evitar que la imaginación te cree una idea semejante de los interiores.

Nos quedamos mirando los animales que pastan al lado opuesto del barranco. La distancia no permite asegurar si se trata de vacas de montaña –sujetas con arneses para no rodar ladera a bajo- o si es un rebaño de cabras gordas y lustrosas. Una mujer desde el mirador de su casa nos confirma lo segundo.

Seguimos por nuestra carretera arriba y llegamos a Entriga. La carretera pasa por encima del pueblo y la entrada a éste se hace entre la iglesia y el cementerio. En la iglesia cuelgan por fuera las cadenas para tocar las campanas, luego lo veríamos también en otro pueblo. Como ya somos mayores y serios, nos cortamos de montar el escándalo y hacer salir a todos los vecinos corriendo, aunque puedo adivinar que más de uno se quedó con las ganas.

¡Vamos, a misa todos!

Después de Entriga viene Saliencia, que es el que da nombre a los lagos, o el que lo toma del río, ¡vaya usted a saber! También aquí entramos a verlo. Es un poco mayor que los otros pueblos, quizá también algo más turístico, con un albergue y una zona de aparcamiento a la entrada del pueblo, antes cruzar el río. Está claro que en temporada de verano esta zona no está tan solitaria como la estamos encontrando nosotros.

A partir de Saliencia la carretera se va convirtiendo poco a  poco en pista, a la vez que aumenta la inclinación. Al fondo ya se distinguen las zetas de La Farrapona.

Hasta aquí hemos ido bastante tranquilos, yo me he quedado el último, reservando fuerza para los lagos. El paisaje de la subida es magnífico. Se ha despejado bastante la vegetación, para dejar ver unos árboles muy tupidos, que arrancan del suelo como matorral y tienen un porte de más de tres metros. Están totalmente cubiertos de flores blancas y salpican la ladera alternándose con las escobas en flor, helechos y un montón de especies que nos resultan desconocidas.

En la parte alta del puerto surge el pique de rigor, para no faltar a la tradición. Ya se que queda mal decirlo, pero para las pocas veces que lo consigo ¡HE GANADO A ALFREDO!, puede que sea porque le duele el culo. Coronamos en mitad de la niebla, nos hemos metido dentro de las nubes que nos han ido cubriendo todo el camino y la temperatura baja algo. 

Arriba nos encontramos con un grupo de excursionistas vetustos, de los que suben en coche y limitan el esfuerzo a comerse lo que han traído. Pensándolo bien, puede que alguno de ellos no nos saque tantos años, pero queda evidente la diferencia de forma y de talante de ambos grupos. Creo que se sienten un poco envidiosos o humillados, según se mire. Nos arrimamos un poco y les gorreamos un trago de vino de la bota. Cuando hacemos referencia al jamón y al chorizo no se dan por aludidos y pasan de nosotros.

También se nos acerca una pareja que sube en coche, ella cerca de los cuarenta bien llevados y el más mayor y peor traído; ella preguntando y sonriendo, el callando y apretando los dientes; ella contoneándose y volviendo a preguntar –el qué no importa- y él llamándola para que suba al coche, ¡pero que p…!

Cogemos la pista que baja hasta el pie del lago de la cueva. No se ve nada. Estamos en la orilla del lago, como podríamos estar junto a las márgenes del Jarama. Los senderos que veíamos en el plano alrededor de los lagos, han desaparecido. Dudamos un poco, nos asomamos a la boca de la antigua mina y finalmente decidimos seguir por pista, pasando de bordear los lagos de la Cueva y Cerveiriz. La pista está muy deteriorada y muy inclinada, lo que hace que nos tengamos que emplear a fondo con el 1:1.

El lago de la Cueva

El último repecho lo subimos todos andando menos Juan, que está fuerte y le va la marcha. Al coronar  sobre el lago Cerveiriz nos asomamos y tratamos de adivinar cómo será entre jirones de niebla. Se oye tormenta al fondo y estamos en el peor sitio y en el peor momento.

Cuestaco de empujar

Seguimos rodando por terrenos de pradera,  a veces con camino y a veces sin él. Todavía seguimos subiendo, el desnivel es poco, pero el camino es difícil. Nos cruzamos con unos senderistas añosos y nos avisan que nos vamos a perder, que el camino no está definido y que con la niebla seguro que nos perdemos ¡cómo me joden los profetas! También vemos una parejita comiéndose el bocata, por lo demás el paraje está desierto y tenebroso.

Al coronar hacemos un descanso general para comer algo y estirar los músculos. Empieza el masajito y el manoseo. Alfredo se calienta y nos enseña hasta el culo. ¡Joder que cardenal! La caída de antes está en pleno esplendor, luciendo una amplia gama de colores y cogiendo volumen. Está de foto, y Félix se la hace.

El mayor hostión de Alfredo en su vida de MTB

Ya estamos arriba del todo y ahora hay que encontrar un sendero que baja al Lago del Valle, el mayor de todos. Hacemos un par de intentos y acabamos triscando ladera abajo, con la bici al hombro, en una ladera de piedras sueltas y envueltos por la niebla ¡qué emocionante! Aquí nos encontramos otra vez con la pareja del bocata, que han intentado bajar por varios sitios y han tenido que retroceder perdidos. La aparición de siete tíos vestidos de colorines galácticos y con la bici al hombro les abre nuevas esperanzas. Félix les adoctrina con suficiencia, les explica las bondades del GPS, les encamina hacia abajo en busca del sendero y ellos, que no conocen la cantidad de marrones que llevamos comidos por este tío, se relajan y confían como corderitos.

Seguimos bajando y se desprende un cascote gordo desde atrás, que me pasa a pocos centímetros de la cabeza. Como no lo veo, no me asusto, pero los que me siguen dicen que me han visto peligrar seriamente.

Llegamos a un sendero en mitad de la ladera y nos reagrupamos todos para seguir bajando, eso sí, seguimos con la bici a cuestas un buen rato ¡y hay quien dice que la ruta era totalmente ciclable!

Llega un momento que el sendero, sin previo aviso, se hace horizontal y se convierte en pista. El Lago del Valle debe quedar justo debajo de nosotros, pero no vemos nada con tanta niebla. El trazado original de la ruta seguía bajando hasta llegar al margen del lago, para luego dar una vuelta completa y coger un camino por el margen izquierdo, pero como no se ve nada, decidimos seguir hacia Valle de Lagos por pista. Me sorprende tanta sensatez para variar. En algunos puntos vemos desvíos que bajan, pero no queda claro si son caminos hacia el río o acceso a fincas particulares. Continuamos por la pista descendente, que se va haciendo cada vez más cómoda hasta situarnos en el pueblo.

Vamos con frío y paramos en el bar. Alfredo ha sugerido tomarnos un café, así que pedimos 6 cervezas y su café. Devorando literalmente unas bolsas de patatas fritas, no hemos comido y vamos todos caninos.

Al rato llegan otros ciclistas, que venían detrás haciendo prácticamente el mismo recorrido. Son de Oviedo y conocen bien la zona, charlamos un rato y nos aconsejan el Puerto de la Mesa y que pasemos del Angliru ¡ya veremos!

Continuamos la bajada en plan cómodo. Teníamos que seguir por un sendero junto al río, hasta Pola de Somiedo, pero ya flojean los ánimos y, la verdad, el tiempo no acompaña. Hacer una ruta entre niebla produce una sensación de despiste que cansa el doble, porque si analizas el esfuerzo desde que subimos la Farrapona, no ha sido tanto y hemos tenido rutas mucho peores cerca de Madrid. No se por qué, pero esta excursión va sensata y hay unidad de pareceres para dejarnos caer por carretera hasta el pueblo.

La bajada es muy empinada y Jesús hace una exhibición. Se ve que es el que está más dispuesto a arriesgar. Tengo que hablar con él seriamente un día de estos y contarle aquellas cosas de que lo importante es poder volver a salir el día siguiente y que Julito también bajaba antes que nadie hasta que se calzó algunas gordas, pero con suerte, que Alfredo está pirado y lo paga con frecuencia, que Miguel monta que te cagas, pero va siendo más prudente… Ya sabéis con estos y otros pensamientos llegamos todos al pueblo, eso sí, yo mucho después.

Cumplido más o menos el objetivo (que ha quedado bastante recortado), encerramos las monturas y nos preparamos para cenar cuanto antes.

Damos un pequeño paseo, visitamos el centro de atención turística, que tiene una exposición bastante maja, picoteamos con unas sidras y a eso de las 9h. estamos cenando carne como bestias. Chuleta de ternera, entrecotte y guiso de cabrito. Todo magnífico.

De recogida tomamos una copa en el bar que hay frente al hostal. También es mala leche que en un pueblo tan tranquilo nos hayamos buscado la pensión enfrente del bar de la marcha. Los más osados juegan al futbolín con dos del lugar, que deben llevar muchas horas de práctica, porque hay un gordo cabrón que las cuela todas. Los humillados se defienden diciendo que si el futbolín es distinto, que si en Madrid no son de hierro.. para acabar diciendo aquello de “subiendo puertos quiera verle yo”. Macho, que nos ha ganado y no busques más excusas. Aquí el invierno es muy largo y lluvioso y un tío tan feo, le tiene que dar por entrenar al futbolín, porque tú me dirás donde va a triunfar si no ¿o piensas que tiene alguna oportunidad con la rusa?

Nos vamos a dormir bastante cansados, con la ilusión de lo que nos deparará el día siguiente.  

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Vuelta a la Pedriza y la Nava

Ruta realizada el Domingo 06/06/2004

Dificultad Física
Dificultad Técnica
50 km
1424 m
38 Km Distancia Madrid
5h30'
3h46'
Características Terreno No hay información sobre el terreno

Participantes: Félix, Juan, Miki, Pepe, Julio

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Descarga ruta: Boalo-Canto-Cochino-Nava-Boalo.gpx

Esta es la última antes de Asturias y hay que ponernos en forma, así que decidimos hacernos una subida larga, la de siempre, la clásica, pero no por eso más fácil o menos bonita.

No hay mucho que contar, ya sabéis todos: empiezas cuesta arriba, sigues subiendo, luego subes más… A pesar de que es prontito, el calor aprieta y subimos a un ritmo vivo.

Primero se escapan Félix y Julio, luego les enganchamos Miguel y yo. El que se descuelga esta vez es Juan. Vamos subiendo altos de pulsaciones, a un ritmo vivo. Entre risas y chungas se va forjando el pique de rigor. Que si no puedo, que si yo no tiro, pero el caso es que el ritmo sigue subiendo y la cosa se anima. Félix decide verlo desde atrás y nos deja a Miguel, Julio y yo que disputemos el sprint para llegar a las buitreras, por una vez, yo delante.

Reagrupamos y seguimos a la Nava. Salen juntos Félix, Miguel y Julio. Yo me quedo con Juan y subimos rajando todo el camino. Se me pasa sin enterarme. A media subida nos encontramos a Julito refrescándose en una bajada de deshielo. Después nos contaría que veía lucecitas y empezaba a marearse. Hoy no tiene el día fino y eso que la semana pasada dio un recital.

La foto es de Febrero, no de Junio.

Cuando bajamos ya empieza a verse más gente, porque hasta aquí hemos llegado solos. Miguel se separa aquí del grupo, volviendo por el mismo sitio para llegar antes a casa. Como nos vamos a Asturias, esta semana quiere ejercer de padre responsable. Es una lástima, porque está muy fuerte y viene dando batalla.

Continuamos a El Collado de los Pastores. Nos adelantamos Félix y yo. Subimos fuertes (yo, él no se despeina) y coronamos a muy buen ritmo, con el corazón saliéndose por la boca. Aquí ya es una auténtica feria de gente, cada uno con sus batallitas. Cuando llegan los demás, descansamos un poco y nos tiramos pista abajo. En principio Félix y Juan querían bajar por el camino trialero, pero se lo pasan de largo y nos juntamos abajo. Félix, que había venido pedaleando desde el Boalo. Se separa aquí para volver por la sierra de los Porrones. Los demás nos dejamos caer hasta el coche disfrutando del paisaje, que está en su mejor momento.

Con Ángel, hermano de Juan

A la 1 en el coche, a las 2 en casa y a las tres durmiendo la siesta. Nos ha salido redondo, y es que una ruta tan repetida te la comes en un momento. No procede hacer fotos, Félix no se pierde ni con el GPS y los demás vamos sobrados porque ya sabemos lo que nos espera. Seguro que la semana próxima no decimos lo mismo.

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La Barranca-Navacerrada

Ruta realizada el Sábado 29/05/2004

Dificultad Física
Dificultad Técnica
24.9 km
954 m
45 Km Distancia Madrid
3h00'
2h28'
Características Terreno No hay información sobre el terreno

Participantes: Alfredo, Félix, Juan, Miki, Pepe, Jesús, Julio

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Descarga ruta: La-Barranca-Pto-Navacerrada-sin-Bola.gpx

Como la semana pasada yo no salí, estos zánganos pasaron de escribir nada para dejar constancia a la posteridad.

Nos ha salido una ruta cortita, pero entretenida. Quedamos a las 8:30h y nos presentamos los 7 magníficos. Hacía bastante tiempo que no coincidíamos tantos.

Foto de Alfredo

Empezamos con la subida a la Barranca, que es una pista muy buena, pero muy empinada. Hacemos la subida alegre. Como no tengo ganas de montar en bici, salgo ligerito, para acabar antes.

Cuando llevamos más de la mitad de la subida, he gastado casi todas las energías por ir tirando del grupo y Félix y Julio dan el hachazo con toda facilidad. Después me rebasa Juan, que va muy fuerte, pero los otros tres se quedan por detrás de mi –Alfredo, ya se que jode-. Coronamos la Barranca en el mirador y nos tiramos hacia la carretera de Navacerrada. Ha partir de aquí, todo sería chupar rueda hasta el final de la ruta.

En la confluencia con la carretera nos encontramos a unos chinos, con chaqueta de vestir, que bajan campo traviesa, con unas bolsas de plástico llenas de hierba. Les preguntamos que llevan y contestan que nada. Félix no se corta y les dice que si son verduras para los rollitos de primavera. Se rien y no se mosquean, ¡menos mal!

Subimos unos metros por carretera y nos desviamos hacia la izquierda, para coger esa pista asquerosa, llena de piedras sueltas, con rampas fuertes y abundante agua. Esta pista es para cachas y habilidosos y, como no soy ninguna de las dos cosas, llego arriba hasta los cojones.

Seguimos hasta coronar Navacerrada y desde allí cogemos el camino de tierra que faldea en dirección a Bola. Es estrecho, pero se sube bastante bien en comparación con la pista anterior.

Bola al fondo

Al llegar a la arista donde cambia la vertiente, empieza un sendero de bajada muy trialero, que a Julio y a mi nos obliga a empujar un buen rato. Después mejora un poco y ya nos permite y subidos, aunque poniendo el pie en el suelo con frecuencia. El paisaje es precioso y lo hemos pillado en buen momento, todo verde, con nubes densas que adornan las cumbres y rayos de sol que se cuelan sobre le valle; en fin, tierno y bucólico como en los cuentos de Heidi.

Para esta bajada, Alfredo estrena su cámara de casco y la grabadora. Es una pijada más que promete hacernos pasar un buen rato con las bajadas de nuestras rutas, además, a los torpes siempre nos quedará la posibilidad de enseñarlo y decir “mira como bajábamos” cuando en realidad íbamos detrás empujando la bici y acojonados. También dejamos registro de los sonidos del descenso, gracias a un micrófono ambiental que forma parte del equipo. Para que la prueba sea completa, en lugar de decir junto al micro el clásico “1, 2, 3,  meseoye” Jesús hace vibrar el aire mediante otro órgano …. afortunadamente el olor no queda registrado, aunque creo que nos impregnó a todos por un buen rato.

Antes de existir la GoPro, Alfredo ya lo inventó.

La salida del sendero cae sobre el mirador de la barranca. Desde este punto enlazamos con el camino Ortiz, que es mucho más llevadero. En poco tiempo volvemos a la pista principal y, sorteando a las hordas de caminantes que suben ahora, nos plantamos en el coche en un periquete.

Son las 12:30h y ya hemos cubierto el recorrido previsto, así que aprovechamos para tomar una cerveza en el hotel, celebrando el cumple de Jesús, que cae por estos días.

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Prádena del Rincón – La Vihuela

Ruta realizada el Sábado 08/05/2004

Dificultad Física
Dificultad Técnica
47.3 km
1184 m
71 Km Distancia Madrid
5h17'
3h23'
Características Terreno No hay información sobre el terreno

Participantes: Alfredo, Félix, Juan, Pepe, Jesús

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Descarga ruta: Pradena-Vihuela-Pto-La-Puebla.gpx

Para esta ruta se han apuntado dos nuevos: Tomás y Miguel. Amigos de la infancia con los que compartí mi mejor época de emociones, golfadas y amores. Han tenido que pasar 25 años para volver a coincidir en un juego, esta vez lícito, que los de antaño no lo fueron tanto…

Al ir a empezar la etapa, todavía traemos recuerdos de la semana anterior, ya que Félix viene un una rueda pinchada y Jesús tuvo que seguir quitando pinchos en casa.

Salimos hacia el puerto de La Puebla, que aunque es una subida de asfalto, no se hace ingrata, porque la carretera es bonita y no hay tráfico. Vamos con ritmo alegre hasta coger la pista que sale por la izquierda, a unos 8 kilómetros.

La pista sigue subiendo, pero ya más suave, por un pinar que culmina en el collado Salinero. Al girar hacia el Este vamos atravesando una zona de repoblación de pino y matorral, que dan a los barrancos de alrededor el mismo aspecto que la cabeza de los negros con trenzas “afro”. Han tenido que meter muchas pelas para sembrar tantas laderas. Esperemos que generaciones futuras disfruten de ellas.

Reforestación de pinos

Del collado Salinero al de las Palomas vamos prácticamente llaneando, remontamos unos 100 mts. Subo más o menos ligero y Jesús y Juan aprovechan para ir recogiendo las cosas que se me caen de la mochila, que me he dejado abierta. Se sienten como Pulgarcito y las migas de pan ¡menos mal que esta vez no me he quedado el último!

Comemos alguna cosa y descansamos. Tomás ya dice que si hay que bajar mucho y que si hay que subir después, sin embargo, Miguel va fresco y disfrutando. Félix y Alfredo iran todo el tiempo (casi todo) por delante y Juan y Jesús hoy parecen estar algo más vagos.

La bajada hacia el collado de La Vihuela es una pista de peor calidad, con rodadas algo más profundas. En esta bajada en cuando Félix echa en falta sus llaves. No se si como consecuencia de que yo fuera con la mochila abierta o simplemente por casualidad, revisa su equipaje y le faltan las llaves del coche y de casa ¡qué faena! La broma es gorda.

Llegando al último collado, Jesús se adelanta un poco en la bajada y lógicamente, se pasa de largo el desvío al pueblo ¡le ha vuelto pasar! no se como lo hace para ponerse en cabeza y equivocarse inmediatamente después.

La bajada se inclina mucho. El último tramo de pista baja 100 metros en kilómetro y medio, con firme malo. Aquí hay que arreglar un pinchazo y enfilamos hacia el pueblo. Es una bajada corta y trialera, que cada uno hace como puede (yo, casi todo andando). Miguel enseña aquí su técnica de trial y lo hace bastante bien.

Abajo no se ve a nadie, pero hay unas vacas y un caballo. Puede que no estuvieran en la única casa habitada o que no quisieran salir, ya que según la historia de Gustavo, la casa pertenece a la Diputación y el pueblo está formalmente deshabitado. No puedo evitar el imaginarme la vida aquí. No podían llegar ni siquiera carros, con lo que todo el intercambio de mercancías con el exterior se tendría que hacer a lomos de caballería. Algo tan sencillo como las tejas que se ven por aquí, un cristal de ventana (si los hubo) o cualquier tejido, debía ser un bien escaso. El camino a los pueblos de La Vereda o Prádena llevaría un día entero y tales metrópolis tampoco podrían ofrecer mucho.

Única casa que queda en pié

Bueno, el caso es que ya lo hemos visto, ahora toca subir. Primero empujamos por el sendero y luego pedaleamos con desarrollo muy corto para volver al collado. Es una subida dura y tiene su mérito el hacérsela entera sin poner el pie. Obviamos la variante que había pintado Félix y cogemos derecho hacia el collado de las Palomas, que también es subida y, a estas alturas, ya van pesando. Este es el tramo más bonito del recorrido, es donde se ven los grandes robles –todavía sin hoja- y la vegetación es más rica y variada.

Rodeamos el cerro Porrejón por la cara Sur, perdiendo bastante altura hasta salir a la carretera del puerto, pero esta vez por el lado de La Puebla de la Sierra. Al llegar a la carretera hay que subir unos 3 kilómetros. Tomás va muy justo de fuerzas y me quedo con él para que vaya a rueda y no suba andando. Arriba nos reagrupamos todos, pero por poco tiempo, porque ahora se trata de bajar 10 kilómetros seguidos por asfalto y los amantes de la adrenalina sueltan el freno y se embalan a tope.

Esta etapa es de Jesús y justo es dejar constancia de ello. Hace una bajada vertiginosa y les abre hueco cuando menos se lo esperan. Alfredo quiere reaccionar, pero ya no hay tiempo. Son más de 90 kilos cuesta abajo y con unas ganas de triunfo inigualables. Al final de la bajada hay que mantener la punta y pedalear con desarrollo grande. Puedo imaginar perfectamente la cara de Jesús desencajada por el esfuerzo y la rabia de Alfredo, viendo que se la están quitando en sus narices y sin trucos ¡Bravo Jesús! otro día con menos prisa te busco las flores y la rubia que da los besos en la meta.

Es hora de volver a las llaves. No están en el coche como esperábamos, pero preguntando en un bar cercano nos indican que se las han entregado al guarda forestal. Llamamos por teléfono y nos las trae. Afortunadamente la ruta acaba sin problemas, frente a unos botellines y comiendo a pellizcos una barra de pan.

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Pontón de la Oliva –Presa de la Parra- Alpedrete

Ruta realizada el Sábado 01/05/2004

Dificultad Física
Dificultad Técnica
27.6 km
590 m
56 Km Distancia Madrid
3h34'
2h19'
Características Terreno No hay información sobre el terreno

Participantes: Félix, Juan, Pepe, Jesús, Santi

Mas detalle ruta

Descarga ruta: Ponton-de-la-Oliva-Alpedrete.gpx

Como el tiempo no era muy prometedor y había comidas familiares de por medio, hemos cambiado de plan y nos vamos al Pontón de la Oliva, en lugar de la visita a La Vereda y Matallana, que sigue pendiente. Se trata de hacer la ruta clásica e improvisar alguna variante sobre la marcha, bien al pico Centenera o bajando hacia el cruce con el pueblo del Atazar.

Hace un poquito de frío

Llegamos y llueve, no mucho, pero llueve. Ya que estamos aquí, no es cuestión de darse la vuelta, así que nos enfundamos el chubasquero y empezamos… Empezamos cuesta abajo (le he prometido a Santiago que la ruta es toda hacia abajo) para bajar hasta el desvío donde está el sendero hacia la cueva del Reguerillo. Es una subidita de un par de kilómetros, lo justo para entrar en calor.

Nos dejamos caer camino de la presa de la Parra, disfrutando de los primeros brotes de primavera. Está todo muy verde, parece que estuviéramos bastantes kilómetros más al norte. El camino lo tenemos muy visto, por lo que lo único que cabe comentar es que el rebaño habitual de vacas está un poco más nervioso que de costumbre. Hay varios chotos muy jóvenes y quizá no se fíen de nuestras intenciones. Nos hacen salir un poco del camino y volver a él. También tenemos el primer pinchazo. Jesús tiene que cambiar cámara.

En la presa paramos muy poco, porque ya lo habíamos hecho antes y nos sigue cayendo agua encima, así que empezamos la segunda “bajada” en dirección al collado del Santo. A mitad del “asdescenso” nos sale un corzo, que va más ligero que nosotros y nos enseña su culo blanco con toda naturalidad. Coronamos la bajada y enseguida llega Juan, para decirnos que Jesús ha vuelto a pinchar. Hacía tiempo que no pinchábamos ninguno, pero dos veces el mismo ya mosquea. Retrocedemos, arreglamos y volvemos al collado.

Aquí es donde hay que decidir la variante de la ruta, pero el tiempo no acompaña –sigue lloviendo- y se ven pocos ánimos de complicar la cosa, así que cogemos camino de Alpedrete. Jesús debe de estar aburrido y pincha de nuevo para distraerse. Yo creo que lo que no quiere es llegar a tiempo a la comida familiar, además cambiamos la rueda dos veces, porque la primera cámara pierde aire.

Bajamos hacia Alpedrete, disfrutando del paisaje con la vista y con la nariz. Los robles todavía se lo están pensando para brotar, pero el resto de vegetación de ribera tiene un verde muy intenso, la jara huele mucho, aunque todavía sin flor.

Acabamos la bajada, cruzamos el arroyo y continuamos bajasubiendo hacia Alpedrete. Ahora soy yo el que tiene envidia de Jesús y pincha. Quito hasta cuatro espinas de zarza de la cubierta, así que ni se plantea el poner parche. Pongo una cámara de Juan y adelante.

Cruzamos el pueblo y seguimos bajando por la pista del canal. Paramos un par de veces para asomarnos al barranco del Lozoya, paramos también en el Pontón y llegamos al coche a las 11:30h. Increíble, nunca habíamos hecho una ruta en tan poco tiempo, a pesar de los múltiples pinchazos y otras paradas, se ve que la lluvia nos pedía que no nos entretuviéramos.

¡Lo ves Santi, como era todo cuesta abajo!

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Miraflores-Morcuera-Canencia-Cabeza La Braña

Ruta realizada el Sábado 24/04/2004

Dificultad Física
Dificultad Técnica
46.5 km
1363 m
44 Km Distancia Madrid
5h11'
4h16'
Características Terreno No hay información sobre el terreno

Participantes: Alfredo, Félix, Juan, Miki, Pepe, Jesús, José Ángel

Mas detalle ruta

Descarga ruta: Miraflores-Morcuera-Cabeza-Puente-Vadillo-La-Braña.gpx

Hemos quedado en Miraflores a las 8h para intentar hacer la ruta fallida de la semana pasada. Es un recorrido ambicioso, de unos 50 Km, pero de los difíciles. Juan se viene en bici desde Soto, se nota que está fuerte y hoy va sobrado.

La subida a Morcuera es como siempre. Bueno, para todos no, porque Juan y Miguel se despistan y cogen la carretera. Esperamos un rato mientras Alfredo caga, pero no aparecen, así que les damos un toque por teléfono y quedamos en vernos en el puerto.

La subida la hacemos a buen ritmo, con pocas paradas (Félix para una vez más que el resto, porque le ha dicho Alfredo que le suena el cambio). Al fin y al cabo ya nos conocemos el recorrido. Jesús sube fenomenal y no se despega nada. Jose Angel va más descolgado.

Nos reagrupamos en la barrera de salida a la carretera para continuar después hasta coronar. Alfredo y Félix salen rápido, luego Jesús y Jose Angel. Yo me quedo el último, pues me apetece descansar del esfuerzo anterior.

Arriba están Juan y Miguel, que llevan media hora esperando, y es que por carretera cunde más y haces dos kilómetros menos.

Seguimos por donde siempre: la fuente de Cossío y el GR hacia Canencia. Nos hacemos una foto sobre las últimas manchas de nieve de la temporada. A medio camino tomamos el desvío que baja al abedular (nunca llego a ver los abedules), con la variante que va más cerca del fondo del barranco. Miguel se emociona con la bajada y revienta una rueda. Cambiamos la cámara y seguimos ruta.

Salimos a la carretera y tomamos la pista de subida a Canencia. Para pasar el arroyo nos lo tenemos que pensar un rato, porque en pleno deshielo baja bravío. Jose Angel se moja los pies y Jesús las punteras. Los demás optamos por la versión conservadora de saltar por las piedras.

La subida es durilla, sobre todo las primeras rampas, que deben tener un desnivel de 15% y el firme es muy malo. Hay que apretar los riñones y dar pedales con mucho ritmo para mantener la trazada. Pasado el primer repecho, el puerto se suaviza, sin dejar de ser un trazado de los duros, que te sitúa a la altura Canencia en muy pocos Kilómetros.

Jose Angel va jodido y le dan calambres, dice que no puede ni andar. Con nuestro compañerismo habitual, le vamos pasando sin perder el ritmo. Ya se sabe, más sufrió Nuestro Señor subiendo al Calvario y encima no tenía bici.

Subida a la Cabeza de la Braña. Son sólo 2,5 kilómetros, pero muy duros. Aquí hay que dejar constancia que Juan le hace una buena pasada a Alfredo y demuestra su estado de forma.

En las últimas rampas Miguel, Jesús y yo empujamos. Me da rabia, porque en septiembre pasado llegué bien hasta arriba y ahora llevo las piernas totalmente bloqueadas con calambres hasta el ombligo.

La vista desde arriba merece la pena. Se divisa todo el valle de Miraflores y el de Bustarviejo, hasta Guadalix. Probablemente sea de las mejores de la sierra.

Bajamos y Jose Angel ya se ha marchado. Yo también decido separarme aquí, porque es la 1:20h y he tenido suficiente bici por hoy.

Me bajo por carretera hasta el coche, acabando una ruta que debe ser considerada de las duras.

Julio me cuenta el domingo que ha hablado con Miguel y que se calzó una buena hostia. Está dolorido, pero creo que la bici no se ha roto ¡menos mal!

Mañana le preguntaré a Félix por detalles del tramo que hicieron después.

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Boalo-Becerril-Alpedrete

Ruta realizada el Viernes 09/04/2004

Dificultad Física
Dificultad Técnica
43.8 km
999 m
38 Km Distancia Madrid
4h14'
3h31'
Características Terreno No hay información sobre el terreno

Participantes: Félix, Juan, Miki, Pepe, Jesús, Jose

Mas detalle ruta

Descarga ruta: Boalo-Becerril-C-Mediano-Alpedrete-Navacerrada-Angliru.gpx

Una ruta rara y simpática. Hemos quedado en El Boalo para hacer una ruta cerquita, sin subir muy alto para evitar la nieve y sin alargarlo mucho, que hoy es Felixín el que tiene prisa. También es un buen día para dar la bienvenida a Miguel y a Jose, con los que no salíamos hace un montón de tiempo y verdaderamente apetece el reencuentro. Ahora es Julito el que anda perdiendo comba, y es que sigue con el pescuezo rígido cual polla de novio joven.

Cambiamos la intención inicial de subir a la Sierra de los Porrones y luego cruzar sobre el pantano, para ponernos en manos de Jose, que propone una vuelta por los pueblos de alrededor.

El día está soleado, pero bastante frío. Salimos abrigados y, a pesar de no hacer aire, no nos sobra ropa en ningún momento. Mucha luz y unas vistas magníficas de toda la sierra y los pueblos de la falda del Guadarrama. Alguna de las urbanizaciones que pasamos sorprende por las casas. Puede que ya no sean sólo de fin de semana y que se utilicen como residencia habitual, creo que yo lo haría. También pasamos por algún tramo más industrial, con menos encanto.

Igual que la semana pasada (no tanto) también pasamos bastantes zonas inundadas, charcos enormes y algún arroyo. El último, como anécdota, sirve para que Jesús se exhiba, pedaleando sobre un puente estrecho, sin barandilla y a un metro de altura sobre el cauce. No vio que los demás cruzaron el arroyo por abajo y yo pasé el puente después, pero andando. El caso es que hasta ahora, de todas las veces que hemos cruzado por el mismo sitio, es la primera vez que uno se atreve a hacerlo montado y por el puente.

La ruta es muy variada, con tramos de pista, alguna zona trialera y una subida exigente, donde le damos caña a gusto. Mirando después en el mapa, creo que se trata de Cabeza Mediana (1330m) aunque no estoy seguro, pues al no haber preparado el recorrido sobre el plano, se pierde un poco la perspectiva  global. A ver si Félix es capaz de pintarla sobre el mapa y la guardamos en el repertorio, porque merece la pena.

Llegamos al pueblo muy pronto, así que aprovechamos para tomar una cañita –bueno, cuatro- y charlar un rato. Nos vamos a casa tan contentos, Miguel encantado con su reencuentro suave, Jesús dice que todas las rutas debían salirnos así y todos sorprendidos por unos caminos que nos quedan al lado y que no se nos hubieran ocurrido nunca, si no es por Jose.

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El Cuadrón-Canencia-Riosequillo

Ruta realizada el Domingo 04/04/2004

Dificultad Física
Dificultad Técnica
39.1 km
769 m
58 Km Distancia Madrid
5h12'
3h46'
Características Terreno No hay información sobre el terreno

Participantes: Alfredo, Félix, Pepe, Jesús

Mas detalle ruta

Descarga ruta: El-Cuadrón-Garganta-Montes-Canencia-Pinilla-Riosequillo-Buitrago.gpx

Después de un fin de semana de vacaciones para todos, volvemos a nuestra sacrificada actividad del pedaleo por esos campos de Dios.

Juan también decide reincorporarse, pero se ve que se le olvidó cambiar la hora la semana pasada, así que se quedó en tierra y cuando volvimos al coche, nos encontramos su nota en el parabrisas ¡otra vez será!

No nos decidíamos por una ruta concreta. Hay mucha nieve en los picos y tampoco queremos hacer muchos km de coche. Esta opción nueva para Jesús y para mi, Alfredo y Félix ya la hicieron.

Salimos de El Cuadrón dirección Sur, hacia Garganta de los Montés. Por supuesto, cuesta arriba. El terreno está algo embarrado, pero no es más que un aperitivo de lo que vendría. Cruzamos un robledal muy tupido en el que se pierde la senda y nos cuesta recuperar la dirección. Esto en primavera y otoño tiene que ser la hostia. Ahora tampoco está mal.

A Garganta de los Montes llegamos bajando, tras cruzar un par de arroyos y abundantes charcos.

De Garganta a Canencia vamos llaneando, más por senda que por pista. A pesar de que no hay pendientes, en muchos puntos la rueda se agarra como si subiéramos.

Cruzamos el pueblo de Canencia y llegamos al puente medieval, sobre el arroyo del mismo nombre. Es precioso, de los que llaman de “lomo de asno”, con dos ojos y factura tipo romana, aunque con piedra de inferior tamaño. Lo de los romanos se tardaría muchos años en llegar a igualar, allá por el renacimiento.

Puente de Cantos

Nos acercamos al Lozoya, en un tramo que baja encajonado en un pequeño desfiladero de roca. El deshielo se deja sentir y baja muy bravío. Aprovechamos para hacernos unas fotos.

Llegamos al puente del Congosto y, tras cruzarlo, intentamos remontar un poco más junto al cauce, pero no es ciclable ni de lejos, con lo que nos vemos forzados a salir al asfalto y rodar dirección Este un par de km, antes de coger la pista que sale por nuestra izquierda.

Junto al puente del Congosto

Cruzamos bajo el tren y tomamos una senda que alterna barro, pedregales y charcos; hasta convertirse en un auténtico arroyo, por el que vamos pedaleando con las ruedas hundidas hasta el buje y un techo de árboles sobre nuestra cabeza. Muy bonito. De vez en cuando hay que cruzar un arroyo algo más caudaloso, o un fondo de cieno donde se clava la rueda de adelante y nos descabalga.

Un charco del camino

Jesús mete los pies hasta la pantorrilla, yo me caigo un par de veces de culo y creo que Alfredo y Félix también tienen algún ¡uy!

Desde el punto de vista cinegético, vemos un nido de cigüeñas empollando sus huevos y un par de sapos en el punto inmediatamente anterior… ¡yo creí que no follaban! que fecundaban los huevos una vez puestos, como las ranas. Ninguna especie se salva de la lujuria…

Saltamos por algunas fincas y cruzamos dehesas de encina hasta salir a la presa sobre la que cruzamos.

Casi nos ahogamos

Una vez que estamos al otro lado del río, tomamos la senda de vuelta hacia El Cuadrón. Ya creíamos que estaba todo resuelto, pero todavía nos quedaba un buen apretón. Hay que superar una zona muy embarrada, que luego sale a un cuestón corto, pero empinado.

Embalse de Riosequillo

Coronamos y llaneamos un poco por pista, en dirección a la carretera. Félix todavía quería volvernos a tirar barranco abajo, cortando hacia el pueblo ¡yo paso! Una cosa es seguir el camino, otra es ir buscando de nuevo las arenas movedizas que me imagino en el fondo de la depresión. Así que el último Km nos lo hacemos por carretera, llegando al coche con facilidad.

Nos hemos divertido cantidad por una ruta que, sin ser muy dura, la cantidad de agua caída y la exigencia técnica de los senderos, le da su puntito. Creo que nos vamos servidos y que Alfredo ya está listo para Cazorla –en cuento lave y ajuste la bici, que suena a cascajo-

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Alto Tajo. Día 4: Río Cabrillas-Puente San Pedro

Ruta realizada el Martes 14/05/2002

Dificultad Física
Dificultad Técnica
58.4 km
504 m
146 Km Distancia Madrid
5h41'
3h43'
Características Terreno No hay información sobre el terreno

Participantes: Félix, Pepe, Julio

Mas detalle ruta

Descarga ruta: Alto-Tajo-2002-día-4.gpx
Reproductor audio crónica:

Martes, 14 de Mayo:  EL DESQUITE

Río Cabrillas, cerca de Taravilla –  Juntas y Puente de Peñalen- Remontando el Tajo hasta puente San Pedro y vuelta.

Ayer pagamos el alojamiento mientras estábamos en el disco-bar, así que cargamos los bártulos y salimos en marcha por la mañanita temprano. A las 8:10 h. estamos desayunando en el bar de Plácida. Le pedimos también que nos prepare unos bocatas para llevar.

A las 9:10h. estamos en el cruce de la carretera de Taravillas –en obras- con el río Cabrillas.

Arreglamos un pinchazo más en la bici de Julio y a las 9:30 h nos ponemos a dar pedales.

El objetivo es recorrer una gran parte del río Cabrillas hasta su unión con el Tajo y después seguir el curso del Tajo hasta el puente San Pedro.

Félix estima unos 50 Km. en total, mi cálculo dice que sesenta Km. (de todos es sabido que los Kilómetros de Félix son más grandes).

La primera parte del camino, hasta el puente de Peñalen, ya lo conocemos del primer día, pero no por ello nos gusta menos. Pasamos el río Cabrillas por la pasarela de troncos y tablas, llegamos a la fuente de La Reina, aunque la posición del caño de agua con respecto a la figura de la reina, le asemeja más a su marido y, por cierto, en esta época del año nuestro rey no padece de próstata pues el caño es gordo y con presión.

Sólo hay fotos mías porque no teníamos cámara digital y éstas las escaneé hace años

Cruzamos el puente de Peñalén y estamos a punto de equivocarnos de ruta. Esta vez es Félix el que se da cuenta y corregimos enseguida.

La pista es buena y fácil. Como solo vamos tres y con ansia, nos la vamos comiendo a buena marcha.

Hacemos muchas fotos a la peña Horadada y a distintas vistas sobre el Tajo. Félix sigue chupando cámara como toda la excursión ¡Es más presumido que una corista principianta!

Llegamos a nuestro destino en Puente San Pedro en un total de 3 horas.

Mientras nos comemos el bocata, vemos pasar varios coches de época conducidos por carrozas con pinta de guiris. Nos hacemos una foto con dos de los coches que han parado allí, aunque nos son los más bonitos.

Iniciamos la ruta de vuelta despacio, para ir haciendo la digestión sobre el sillín. Pero poco a poco vamos (van) subiendo el ritmo.

En el camino de vuelta paramos menos, aunque no pasamos de largo los puntos más espectaculares.

En uno de los puntos vemos una culebra cruzando el camino y nos paramos a hacer fotos.

Mientras estábamos contemplando la bicha, se acerca una bici en sentido contrario al nuestro. La primera que nos cruzamos después de más de 40 Km. de recorrido.

Es una mujer fea y gorda, que se para al vernos y contemplamos juntos la serpiente. Va sola (esto vale para la serpiente y para la gorda) y con el cambio de la bici roto (lógicamente esto solo vale para la gorda, ya que la culebra se va arrastrando).

La Specialized de Alfredo al río

Intentamos reparar la bici, y lo único que conseguimos es fijar el desviador en un piñón cómodo y que use los platos para cambiar. También corregimos la postura del sillín, que la debe ir jodiendo (literalmente).

Cuando nos despedimos de ella, los tres estamos sorprendidos (y Félix casi preocupado) por el coraje o la inconsciencia de esta mujer, que se vienen  desde Madrid con una bici prestada y se mete en una ruta de distancia similar a la nuestra, en la que además tiene pocas oportunidades de encontrar ayuda. ¿dónde habrá terminado la ruta? ¿dónde habrá pasado la noche?¿quién la habrá sacado apuro? Está claro que ella sola no puede.

Seguimos camino a buen ritmo. Yo me encuentro cada vez mejor y no me cuesta pasar los repechos pedaleando de pié.

Las botrancas de cuero que pesaban como un mal matrimonio

Llegamos al coche a las 3:45h tranquilos y contentos. Hemos conseguido desquitarnos de lo de ayer y recorrer los cañones más representativos de la zona.

Esta ha sido una excursión muy turística, larga y tranquila. A diferencia de la anteriores, que tenían un trazado más deportivo, ésta es un paseo sin dificultad ninguna.

Cargamos las bicis en el coche y emprendemos tranquilos el viaje de vuelta, totalmente satisfechos. Por cierto ¿por qué coño llevamos todo el día oliendo a chorizo frito?

Estos caprichos de chico grande nos devuelven a todos un poco a la infancia y sacan de todos nosotros ese espíritu emocional que reacciona frente a la aventura con excitación y ganas de conquista.

Hay muchas veces que vas buscando más el “a ver que pasa” que el reto deportivo.

El grupo encaja perfectamente en todos los aspectos. Se combinan encajando a la perfección el carácter deportivo, con el cerebral; el relajado, con el superactivo; los menos habladores, con los que no paran de hacer bromas… Todo este espectro de caracteres coinciden con unas capacidades físicas y de sufrimiento que hemos ido amoldando y adaptando como piezas de un puzle durante todas las salidas que hemos hecho juntos.

No es fácil a nuestra edad llegar a construir un grupo tan homogéneo y tolerante entre si, tanto en el aspecto deportivo como en el comportamiento.

También creo que durante la excursión todos hemos aprendido cosas sobre la bici (y bajo la bici), sobre la zona que hemos visitado y, probablemente, sobre nosotros mismos.

De las experiencias individuales que nos llevamos cada uno estoy seguro que puede sacarse un denominador común: ¡HAY QUE REPETIRLO!

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Alto Tajo. Día 3: Peñalén- miradores del Tajo.

Ruta realizada el Lunes 13/05/2002

Dificultad Física
Dificultad Técnica
31.5 km
343 m
141 Km Distancia Madrid
Sin datos
Sin datos
Características Terreno No hay información sobre el terreno

Participantes: Félix, Juan, Miki, Pepe, Julio

Mas detalle ruta

Descarga ruta: Alto-Tajo-2002-día-3.gpx
Reproductor audio crónica:

Lunes, 13 de Mayo:   EL GATILLAZO

Peñalén, miradores del Tajo, Senda Sardinera, Maribrava, Miradores del Tajo, Fuente de la Teja, Peñalén….¡O eso creíamos nosotros.

Alfredo y Juan se han marchado. Félix se ha quedado con la bici de Alfredo, ya que la suya dice que no anda más. Los demás nos vamos a hacer la ruta 21, que empieza en Peñalén y discurre por el cañón del Tajo.

Está calificada como difícil: aunque sólo son 25 Km, tiene una bajada y subida muy pronunciadas.

Desayunamos en casa Pura, con las bicis ya cargadas en el coche, y nos ponemos en marcha.

El camino en coche hasta Peñalén es lento. Aparcamos en la parte alta del pueblo. Hace mucho aire y la sensación es fría.

Llenamos los botes de agua en la fuente del pueblo y salimos siguiendo las indicaciones del rutómetro del libro. Coronamos en la carretera y nos salimos a una pista que da acceso a una mina de caolín y continua hacia la llanura de pinares que hay sobre el barranco.

El camino es llano y bueno, Las dificultades anunciadas no aparecen.

Félix, Julio y Miguel van adelantados, siguiendo la ruta del GPS. Paramos en una pradera bonita, entre pinos, donde hay un pozo cubierto con una bomba de agua como las del Far West, para llenar unos abrevaderos de ganado.

En este punto nos damos cuenta que la ruta está equivocada y que teníamos grabada en el GPS la versión larga de la ruta, que coincide en algunos tramos con la que queremos hacer.

Desandamos gran parte de lo andado, que es fácil dada la calidad del camino, llegando hasta lo que nosotros creemos que es la Hoya de Miguel: un llamativo hundimiento del terreno de unos 6m. de fondo y un diámetro de 5m.

Ahora creemos haber retomado el desvío correcto, aunque el rutómetro ya nos sirve de poco, porque no podemos situar sobre el terreno los puntos kilométricos a los que se refiere.

Cambiamos repetidas veces de camino, tratando de acercarnos al barranco de Despeñaborricos, pero nuestros intentos son fallidos. Seguimos recorriendo caminos bonitos, pero sin resultado.

También intentamos orientarnos recorriendo un corta-fuegos que creemos haber localizado en el mapa. Por un nuevo camino llegamos finalmente a un precipicio sobre el Tajo.

Encontramos ruinas de lo que puede haber sido una arrastradera de madera (o así lo nombra el rutómetro). Se trata de un canal de piedra muy deteriorado, que también podría haber sido una trinchera.

La seguimos, descendiendo casi campo través, para llegar al borde de un barranco, en el que perdemos pista de cualquier cosa que pueda llamarse camino, sin ver forma alguna de bajar hacia el Tajo.

Desesperados, arañados, con dos pinchazos (Julio y Miguel), decidimos muy sensatamente desistir del intento y volver a Peñalén.

Desandamos lo andado apoyándonos en el GPS y llegamos al pueblo a eso de las 4 de la tarde.

A la entrada del pueblo, a Julio le arrastra la cadena el plato grande, quedando atorada entre el plato y el desviador delantero. Llegamos a la plaza empujando las bicis y pedimos de comer en el único bar del pueblo.

Mientras nos preparan huevos, patatas y jamón; nos ponemos a reparar la bici de Julio, desmontando el desviador delantero para liberar la cadena.

Al soltar la tensión que tenía el desvíador, el pedal me golpea en la frente, haciéndome una pequeña herida. Afortunadamente, no ha sido más que el susto.

Comemos (mucho) y Miguel sale pitanto a Peralejos para recoger sus cosas y emprender el viaje de vuelta. Quiere a toda consta ver a Paula despierta a su llegada.

Nosotros, ya totalmente relajados, hacemos el viaje a Peralejos muy despacio. Paramos en la Cueva del Hierro a echar un vistazo y estirar las piernas.

Ya en Peralejos nos ponemos otra vez de reparaciones: varios pinchazos y quitar un eslabón a la cadena de Julio, para que no nos vuelva a pasar lo mismo.

Se nos acerca Rodrigo, el hijo de Chon, para que le arreglemos su bici, que la tiene destrozada a golpes.

Nos cambiamos de ropa y bajamos al pueblo. Nos encontramos con Domingo Y Chon en el disco-bar. Charlamos, tomamos una cerveza y Domingo nos trae un plato de perrechikos, preparados con natas, pimienta blanca y coñac trufado…están buenísimos.

Son ya casi las 11 cuando nos sentamos a cenar en casa Pura. Y allí mismo es cuando decidimos que nos vamos a desquitar de lo de hoy.

Dejamos todo el equipaje preparado por la noche  y nos ponemos el despertador a las 7h.

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