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Miraflores-Valdemanco-Navalafuente

Ruta realizada el Domingo 13/03/2005

Dificultad Física
Dificultad Técnica
38.5 km
1008 m
44 Km Distancia Madrid
4h17'
3h39'
Características Terreno No hay información sobre el terreno

Participantes: Félix, Pepe, Jesús, Gustavo

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Descarga ruta: Miraflores-Bustarviejo-M-Celemin-Valdemanco-Navalafuente.gpx

Nos dijeron que iba a llover, pero es mentira. Si bien es cierto que huele a humedad y que hay unas nubes negras hacia el Sur, de donde viene el agua…

Salimos desde la estación, esa estación donde siempre dudo que salgan trenes, pues ell aspecto de abandono es de novela. También hay un restaurante, que siempre vi cerrado, a la ida y a la vuelta. Por vías que no quede, pues hay muchas, con su pátina de óxido sobre el carril y sus traviesas paralelas debajo.

Lo dicho, que empezamos a dar pedales con la vía a nuestra izquierda, para separarnos poco después por un camino que torna en sendero al principio y trialera después. Empezamos a recorrer una zona conocida, pero por veredas nuevas, más bajas, más estrechas, en fin, otra cosa.

Nunca antes estuve en Navalafuente, donde andan hoy de mercadillo. Tampoco creo haber parado en Cabanillas de la Sierra, donde no hay mercadillo, pero si se observa un actividad constructora febril.

Cruzamos un arroyo, también la A-1 por debajo (evidentemente menos romántico) y vamos por un camino de cabras, que parece de ganado, pero también con rastro de motos, que lo han erosionado bastante.

Giramos al Norte y subimos un poco, pero sin exagerar, que hoy el día va de rampas y no de puertos. Cruzamos una dehesa alta y otra vez bajo la A-1, para venir a parar a La Cabrera, bajo el pico de La Miel, que nos va sirviendo de referencia continua.

La Cabrera es un pueblo grande y alto, donde también proliferan las viviendas de solaz descanso, donde vienen los curritos madrileños a deslomarse el fin de semana.

El pueblo le cruzamos entero y seguimos subiendo, a la sombra del Mondalindo, hasta la ermita de San Antonio. Otra vez rampas fuertes, pero con firme de hormigón bastante cómodo.

Junto a la ermita tomamos un sendero en bajada que es ciclable solo a ratos y solo para algunos. La bajada merece la pena, aunque solo sea por los rincones que recorre. Sin darnos cuenta entramos en Valdemanco. Aquí si hemos estado otras veces. Para llegar tenemos otra rampa y, si no fuera por que renunciamos al trazado original, más cuesta todavía. Pero no, esta vez hacemos un poco de carretera, que a mi se me va haciendo tarde y Jesús dice que va justito.

La carretera a Bustarviejo no es un regalo y también quiere que demos pedales con fuerza, antes y después de llegar la pueblo. Aquí me separo del grupo, pues ya si que voy tarde, dejándome caer por carretera. Lo de dejarse caer es un decir, porque hay que subir y bajar.

Me pongo en el coche con 44 kilómetros, habiendo hecho una ruta bonita y con bastante novedad ¡y eso que me he perdido la última parte!

Al día siguiente me contarían que llegaron un poco después, también tuvieron que subir algún repecho y pasaron cerca de los restos de nieve de cuando hacía frío, que lo que es hoy, nos ha sobrado la ropa y el paraguas.

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Valdepeñas de la Sierra-El Vado

Ruta realizada el Domingo 06/03/2005

Dificultad Física
Dificultad Técnica
52.5 km
1055 m
62 Km Distancia Madrid
5h55'
4h18'
Características Terreno No hay información sobre el terreno

Participantes: Alfredo, Félix, Pepe, Julio

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Descarga ruta: valdepeñas-vado-Pvalles-GPS.gpx

Hemos saltado todos una semana y algunos un poco más. Hoy hay ruta oficial, que cogemos todos con ansia y, la verdad, es que hacen falta muchas ganas para ponerse a dar pedales nevando y con anuncio de una nueva ola de frío.

Eso si, esta vez empezamos entrada la mañana y con el compromiso de hacer una ruta larga y sin prisas.

Desde Valdepeñas salimos bien abrigados hacia el cementerio y las primeras rampas nos ayudan a poner el corazón en marcha. Con campos abiertos por donde corre el aire y cae la nieve, en un paisaje de invierno que ya debería dejar sentir un poco la primavera.

En cuanto nos metemos en umbría aparecen las manchas de nieve y las placas de hielo. Enseguida nos damos cuenta de que esa nieve recién caída, suave y vaporosa, oculta unas placas de hielo compactas, duras y asesinas. Julio aterriza rápido con el culo y yo, mirándole y tratando de evitar lo mismo, también patino y caigo, aunque sin consecuencias. Lo demás serían todo “uys” repartidos homogéneamente por todo el equipo.

Pronto nos desviamos de la ruta que sube al Centenera y tomamos la pista en dirección al Vado, por donde un aciago día decidimos bajar campo traviesa hasta en El Charco del Chorro, en Valdesotos. No es fácil que se nos vaya de la memoria por mucho tiempo que pase.

Ahora subimos y subimos bastante. Sin que pueda considerarse un puerto, si que hay unas buenas rampas que nos hacen sudar y que sirven a Julio y Félix para apretar y apretarse.

Coronamos y empieza la bajada por el pinar. Otra vez vuelven las placas de hielo, pero esta vez ya nos cogen precavidos y entramos muy despacio, con los pies fuera de las calas y compensando los resbalones, que se siguen produciendo sin remedio.

Salimos a la carretera y nos dirigimos hacia el pantano del Vado. En la carretera también hay hielo. Hace rato que ya no nieva, pero el ambiente está desapacible, sin decir que haga un frío extremo, pero de vez en cuando vienen ráfagas de aire y algunas nubes, que tan pronto te dejan helado como permiten pasar un tímido sol que reconforta bastante.

Llegamos al Vado y Alfredo duda si ha estado antes ¡es pa matarlo! Cruzamos sobre la siempre sobrecogedora presa con su ambiente franquista de los cincuenta y continuamos ruta hacia Retiendas.

Son siete kilómetros de carretera con mal firme, pero sin mucho desnivel, se hace fácil. No entramos al pueblo y vamos directamente hacia el monasterio del Bonaval, bajamos incluso hasta el rio, que no baja con mucho agua. Está siendo un invierno más frío que otra cosa.

En el camino que discurre junto al Jarama encontramos bastante barro. Hasta el momento nos íbamos escapando, gracias al firme de pizarra, que drena estupendamente. Por el sendero vemos un zorro muerto. No se aprecian heridas, así que puede que le hayan envenenado. Es un pena, el animal es precioso, no abulta más que un gato grande y la cola es una belleza.

Salimos a la carretera y nos dirigimos hacia Puebla de Vallés. Ahora empieza a granizar y la subida se hace durita, aunque corta.

Entramos al pueblo y cogemos agua. Reponemos fuerzas para continuar, que ya van pesando los kilómetros en las piernas. Aquí cogemos un camino nuevo, que baja junto al arroyo que se dirige al Jarama. Empezamos por un valle cerrado, que pronto se abre en tierras de labor amplias y el camino es paso obligado para los vehículos agrícolas ¡así esta! Bastantes roderas, muchas piedras y las cervicales que no dejan de quejarse.

Aquí me la juegan un poco, por quedarme atrás. Llegamos a un arroyo que ya han pasado todos y me animan a que cruce por el centro, pedaleando. Raro en mí, que soy de natural cobarde, entro al trapo y me cruzo el arroyo por todo el medio. No me caigo, pero es bastante profundo y me mojo los pies por completo. Bueno, menos mal que ya no queda mucho.

Salimos a carretera de nuevo y vamos derechos a Valdepeñas, para cerrar el círculo. ¡qué bien! Ahora llevo una rueda pinchada. No tengo fuerzas ni ganas para cambiarla, así que doy aire e intento acabar los tres kilómetros que me quedan.

A pesar del parón, todavía alcanzo a Alfredo, que yo creía que me esperaba, pero es que va machacado. Lleva la cara blanca y dice que se va mareando. Subimos juntos, muy despacio, y aun así hay que parar a la entrada del pueblo, para que pueda reponerse.

Eso si, tal y como teníamos prometido desde le miércoles, nos atizamos unos huevos con morcilla y algunas viandas más en el bar de la plaza. Al tabernero le cuesta contenernos a base de patatas fritas y cortezas hasta que está la comida lista.

Luego con la tripa llena ya se ven las cosas de otra manera y emprendemos la vuelta a casa tranquilitos, con el deber cumplido y pocas energías para dar guerra allá donde caigamos.

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El Boalo-dehesas del presidio

Ruta realizada el Domingo 20/02/2005

Dificultad Física
Dificultad Técnica
53 km
634 m
38 Km Distancia Madrid
4h21'
3h34'
Características Terreno No hay información sobre el terreno

Participantes: Félix, Juan, Miki, Pepe, Jesús, Julio

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Descarga ruta: Boalo-Manzanares-Soto-Presidio.gpx

Otro día de frío, otro día plano. Sin planes elaborados ni  grandes expectativas quedamos en nuestra conocida plaza de El Boalo para cubrir la etapa semanal. Nos cuesta salir del coche, a Julio le tengo que animar un poco para que se baje.

Echamos a rodar hacia Manzanares, por ese camino de siempre que en invierno está embarrado y en verano es una balsa de arena. Legamos a Manzanares y seguimos por carretera, hasta coger el camino de la Hoya de San Blas. Más de lo mismo, más rutina, encima no nos caemos al cruzar el arroyo, con lo que no hay motivo para reirse.

Salimos frente a la gasolinera que hay pasado Soto y nos dirigimos en dirección a las obras del túnel del tren. Esta parte es nueva, por aquí no se nos había perdido nada. Son unas pistas anchas, a ratos con un firme preparado para los camiones y otras veces tierra. El paisaje son todo llanos, donde pega el viento y se deja sentir el frío.

Damos la vuelta por detrás de la cárcel de Soto, que ahora se llaman centro penitenciario, ¡ni que se vinieran a rezar aquí después de la confesión! Aprovecho para cantarles lo del Penal del Puerto y otras piezas destacadas de la copla española, pero por la reacciones deduzco que mis interpretaciones no son de su entera satisfacción, o simplemente no las consideran adecuadas para el momento. Probaré en otra ocasión.

Hacemos un poco de carril bici y luego nos vamos acercando al pantano, por el puente de piedra, que los carteles antiguos marcaban como “romano” ahora dicen que “medieval” y yo creo que se trata de un puente vulgar y corriente, sin otra gracia que ser de medio punto, con la parte superior totalmente plana, en lugar del tradicional lomo de asno.

El plan de Félix era alargar la ruta hasta Cerceda, pero ya vamos estando un poco hasta los güevos de dar pedales, así que nos vamos acercando por el camino corto, que va a parar a Manzanares y de allí a El Boalo, por el mismo sitio que vinimos.

En los últimos tramos se monta el pique de rigor, del que nos quedamos fuera Jesús y yo. Los demás se dejan la pelleja, a veces tratando de llegar primero y otras solamente por dejar descolgado a alguien, que también tiene su gracia.

Llegamos al coche poco antes de la una y nos largamos a casa con los deberes hechos.

(Si, ya sé que ha salido cortita. ¡Compraros una novela, coño!)

Nuevo Baztán-Tajuña

Ruta realizada el Sábado 12/02/2005

Dificultad Física
Dificultad Técnica
60.4 km
555 m
39 Km Distancia Madrid
4h13'
3h53'
Características Terreno No hay información sobre el terreno

Participantes: Alfredo, Félix, Juan, Miki, Pepe, Gustavo

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Descarga ruta: Nuevo-Baztan-Tajuña-Tielmes.gpx

Hoy cocina Gustavo. Como el tiempo ha estado frío y las cumbres deben andar heladas, le hemos pedido a Gustavo que nos busque una ruta nueva, bajita y cerca. La opción elegida nos lleva hacia el Este de Madrid, a esas zonas que quedan poco más allá del cinturón industrial y que hacen límite justo entre un mundo rural que subsiste sin que nos enteremos y un cinturón de industrias feas del que nunca queremos enterarnos, pero del que sin duda dependemos.

Mientras nos vamos acercando en el coche nos damos cuenta de la diferencia que hay entre esta carretera con las habituales de salida, aquí la autopista deja enseguida de serlo y pasamos por una sucesión de pueblos, cinturones industriales y zonas de expansión en las que han brotado los adosados como de la nada ¿quién vendrá a vivir aquí?¿cómo te puedes mover sin coche? ¡y los domingos todos al corredor del Henares! A pasear entre franquicias.

Abandonamos ese mundo cambiante para encontrarnos de pronto con Nuevo Baztán, que contrasta con lo anterior por su arquitectura de conjunto, elegante y proporcionada. Diríase que llamada a un destino superior a su uso actual. El estilo me recuerda a La Granja o a un Aranjuez venido a menos.

El caso es que aparcamos y nos lanzamos a recorrer nuestra ruta, que empieza por un descenso al valle que forma el arroyo Vega. Una bajada muy bonita, entre encina, matorral y hoja caduca, que ahora queda un poco deslucida por el invierno.

La bajada es un poco trialera, pero se puede hacer. En el fondo nos recibe todavía la sombra de la montaña y algo de barro, con lo que el frío y la sensación de invierno se sienten con intensidad.

Nos salimos del valle por Olmeda de las Fuentes o de las Cebollas, que  dice Gustavo, y es que parece ser que el nombre se lo cambiaron no hace mucho, pues no debía parecerles muy comercial.

Ya en el pueblo empezamos un poco se subida, que se extiende como un kilómetro más y sirve para que entremos en calor y para que Alfredo y yo coronemos juntos, mirándonos con saña pero dejando el duelo sin resolver.

Continuamos a buscar el valle del Tajuña y lo encontramos en Ambite, pueblo de aspecto alcarreño que conserva todo el sabor de estas tierras pobres, donde los forasteros te reciben con mirada aviesa y la sensación de pobreza invita a no prolongar la estancia. Aquí Félix nos cuenta un refrán que no me acuerdo como era, pero dejaba mal parados a todos los de la zona.

Añadido por Félix el 21/12/2019. Dice así el refrán: «Carabaña, legaña. Orusco, pestes. Y si te acercas a Ambite, peor gente».

También nos refiere su anécdota familiar durante las fiestas de este pueblo, que soporta claramente el refrán y la sensación que produce en el visitante.

Visitamos al encina de Ambite, hermoso ejemplar junto a una antigua casa solariega de los marqueses de No-Se-Que-Coño (entiéndase que quizá el título no fuera exactamente ese, pero eran marqueses), donde es típico probar sus bellotas el día de San Valentín, para saber como serán tus amores en un futuro. Si tenemos en cuenta que la bellota es fruto de otoño y ya estamos bien avanzados el invierno, la conclusión más frecuente es obvia: tus amores serán escasos, pues se te adelantaron los cerdos.  

Estos no son los cerdos a quienes se refiere el texto de Pepe.

Ahora empieza la parte más fácil y agradecida de la ruta. Tomamos el camino de bici que discurre por el antiguo ferrocarril del Tajuña y recorremos un buen tramo del valle a ritmo fuerte, pero sin cansarnos, pues llevamos el viento de culo y, quieras que no, vamos en el sentido de las aguas.

De este modo pasamos junto a Orusco, Carabaña y finalmente Tielmes. Gustavo nos señala el molino de Rodrigo Rato, donde se entrevistaba con Pujol.

Vacilamos un poco en el pueblo antes de encontrar el camino que nos saca del valle. Es una calle muy empinada, que luego se transforma en pista y nos obliga a tirar de plato pequeño. No podemos quejarnos, que llevamos una ruta de regalo y en algún momento había que sudar.

Salvado el desnivel salimos a tierra de cereal, marcada por caminos de tractor, totalmente llana y con el atractivo que da la perspectiva de las grandes distancias, que tampoco está mal.

A partir de aquí parece que nos estemos quedando con ganas de desgaste pues, sin que lo exija el trazado ni el reloj, vamos subiendo la velocidad progresivamente y rodamos agrupados con el viento en contra y a ritmo alto ¡cómo le hubiera gustado a Julito! Esta sería sin duda su ocasión de demostrar sus poderes y ponernos a todos a raya, ¿a Félix también? No lo sabremos por el momento, pero quedarnos con la duda nos permite a todos los demás terminar juntos y dentro de un orden, conformándonos con los escarceos entre Alfredo y Miguel.

Pasamos Pozuelo del Rey, Eurovillas y ya vamos derechitos a nuestro punto de salida, completando una ruta distinta a las habituales, pero que ha salido muy variada y nos ha dejado a todos satisfechos.

Como es pronto y hay motivo, nos tomamos unas cañas, que hay que celebrar la buena nueva: Estrella y Juan van a ser padres. ¡Enhorabuena! Y ésta que vaya por ellos.   

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Pantano de San Juan y embalse de Picadas

Ruta realizada el Sábado 05/02/2005

Dificultad Física
Dificultad Técnica
56.6 km
1272 m
52 Km Distancia Madrid
5h07'
4h14'
Características Terreno No hay información sobre el terreno

Participantes: Juan, Pepe, Julio

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Descarga ruta: Pantano-San-Juan-Picadas.gpx

Pues vaya una coña, resulta que unos se ponen malos y otros no se ponen, luego la apretada agenda del presidente. El caso es que nos quedamos solos los tres y los otros dos dicen no haber estado nunca por aquí.

Vamos a intentar repetir la ruta del trébol, que hicimos Félix, Alfredo y yo la temporada pasada. Y al principio parece que lo íbamos a conseguir, pues enlazamos bien el inicio y el mapa iba ajustado al cuenta-kilómetros.

La salida cuesta arriba se agradece, pues hace un frío que pela. El terreno es fácil y el pinar está muy bonito. Acertamos bien con el cambio de sentido y subimos al cerro de las Mucas, que en su último tramo tiene una pendiente jodida, donde rematamos con el 1:1 y unos jadeos que suenan como los mejores orgasmos.

El caso es que coronamos y empezamos la bajada trialera por lado opuesto del cerro. Tiene tramos difíciles, con el firme suelto y mucha pendiente. Yo arriesgo menos que los otros y bajo andando un buen tramo. Salimos hacia la carretera y completamos la primera vuelta del circuito.

La segunda parte es la más agradable, pues es un paseo a lo largo del embalse de Picadas. Aquí se vuelve a notar el frío. Estos tíos alucinan con las vistas y el reflejo de los árboles sobre el pantano. Nos despegamos del agua para subir por un barranco al cerro del Morro y seguir en dirección Navas del Rey.

Hasta aquí el rutómetro va perfecto y ya son más de 26 kilómetros de ruta. Ahora nos desviamos hacia la izquierda, con dirección al cilindro de hormigón que corona el cerro y que se ve desde la carretera, pero ¡a majetes! Aquí es donde aparece el bonito camino a la izquierda que nos lleva por una bajada sinuosa, con la dificultad justa para que se pueda ir montado, pero con mucha técnica, bueno yo con la que tengo, que tampoco es tanta. El caso es que acabamos en la junta de dos arroyos, en un paisaje muy verde y alucinante. Nos llama Jesús y aprovechamos para darle envidia.

Menos mal que no llamó 5 minutos después, par descojonarse de nosotros, pues nos habíamos metido en un barranco impresionante, sin camino a la vista y con una vegetación densa y dura.

Para hacer el pardillo del todo, en lugar de mirar el mapa y reflexionar, sugiero que remontemos el río hacia la carretera. Si hubiésemos ido hacia abajo, en quinientos metros estaríamos en el puente y volveríamos por el camino cómodo que vinimos, pero no, nos metemos un barranco de los que hacen historia. No tiene nada que envidiar ni al de Valdesotos, ni el que nos comimos en la Tejera Negra, ni con ningún otro que yo recuerde. Como dice Julito, seguro que Félix estaría orgulloso de nosotros, comprobando como somos capaces de seguir sus enseñanzas sin parpadear.

Cada vez que avanzas un poco y crees descubrir restos de una senda, aunque sea de jabalí, vas a salir sobre un precipicio de piedra, que te obliga a trepar por la ladera o a descolgarte junto al río. Siempre teniendo que tirar de la bici o incluso tirar la bici y bajar después. En resumen: desde las 12h. que llama el globero, hasta las 13:50h que llegué al coche.

Estos tiraron hacia arriba y tardaron cuarenta minutos más. Julio aprovecha para romper la cadena, luego también se da una hostia, por no privarse de nada.

Pero lo mejor lo encuentro al llegar: me han reventado la puerta del coche y me han robado la cartera y el móvil, que estaba en el maletero. Ya no se si buscar la cartera, o preocuparme por éstos, que no llegan o tumbarme a descansar, pues voy bastante desgastado.

Cuando volvemos en el auto Julito reflexiona profundamente y se cuestiona si a todos los que montan en bici de montaña les pasan estas cosas, con la misma intensidad y la misma frecuencia. Seguro que no. Creo que si seguimos entrenando duro en esta técnica, seremos capaces de perdernos en la Casa de Campo y romper cadena en el Juan Carlos I, todo es proponérselo.

En definitiva, una ruta de las que no merece la pena contar. Todo sea por dejar recuerdo de los hechos por escrito y tratar de borrarlos de la memoria.

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Casa de Campo

Ruta realizada el Sábado 29/01/2005

Dificultad Física
Dificultad Técnica
33.4 km
292 m
8 Km Distancia Madrid
2h36'
2h20'
Características Terreno No hay información sobre el terreno

Participantes: Félix, Pepe, Jesús, Julio

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Descarga ruta: Casa-de-Campo.gpx

Nos hemos acojonado porque el día estaba anunciado gélido y sin embargo, no está nada mal. Será por aquello de que empezamos a las 11h y ya calienta el sol. Vamos a dar unos pedales por aquí cerca para hacer culo, que es lo que dicen los que saben

En principio iban a salir Julio y Jesús, pero luego se presenta también Félix y a mi me llaman a casa, así que me enfundo el disfraz mientras vienen a buscarme y salimos al parque, como los niños buenos.

Hoy conduce Julio, que tiene marcada la Casa de Campo con un carril como el de los tranvías antiguos. Solo hay que seguirle procurando que no se te salga la rueda del surco, ni el trole del cable, pues ha elegido unos senderos tan ajustados que la hostia te puede venir igual por un agujero en el suelo, que por una rama a la altura del casco.

El tío va deprisa y luciéndose, jugando para la afición. Encima tiene la coña de decir que cuando va solo le zumba más y no tiene que esperar a nadie.

A pesar de lo seco que está el invierno, las zonas de umbría siguen conservando cierto verdor y vamos pasando por rincones con mucho encanto. No es fácil encontrar una ruta en al sierra en la que hagas todo por senderos estrechos, pero 100% ciclable. Además, como son recorridos enrevesados y sin mucha perspectiva visual, no tienes la sensación de estar siempre dando vueltas al mismo cerro, que en definitiva es lo que sucede.

Jesús ya se lo conocía, pero Félix está encantado, yo creo que por eso se tiró al suelo como un saco de patatas, parado y en el sitio que es más ancho el camino.

A pesar de toda la tropa que hay por aquí, la elección de senderos de Julito hace que no nos crucemos directamente con mucha gente. Está bien.

En cuanto al nivel de esfuerzo, pues la verdad es que no hay puertos, ni subidas que te desgasten mucho, pero el conductor nos lleva a ritmo, para que no nos durmamos, así que se suda lo suficiente para justificar el día.

Como hemos empezado tarde y queremos volver pronto, a los 30 kilómetros enfilamos para casa por el camino que va pegadito a la vía. Jesús le demuestra a Julio que se puede subir la rampa en la que él siempre empuja. Creo que una vez que ha visto que es posible, no se le volverá a resistir, pero queda claro que es el glober quien le tiene que enseñar como se hace.

Para cerrar la mañana nos tomamos una cervecita en casa y nos piramos tan tranquilitos.

Quedamos en que hay que repetirlo un día con los chavales, ejerciendo de padres. Y también en que vamos a ir en plan familia a un centro de hidroterapia. Lo que si que hay que hacer es pensar en una de sierra para la próxima salida ¡que ya está bien! No puede ser que nos condicione el meteosat.

Hoyo de Pinares-Emb Beceas-Valdemaqueda

Ruta realizada el Domingo 16/01/2005

Dificultad Física
Dificultad Técnica
38.3 km
946 m
62 Km Distancia Madrid
4h14'
2h54'
Características Terreno No hay información sobre el terreno

Participantes: Félix, Juan, Miki, Pepe, Jesús, Julio

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Descarga ruta: Hoyo-de-Pinares-Emb-Beceas-Valdemaqueda.gpx

Hoy toca ruta nueva y en zona nueva. El equipo al completo acusa el cambio y nos perdemos por el camino como pardillos. Hemos llegado todos con media hora de retraso sobre el horario previsto.

El Hoyo de Pinares es un pueblo bastante grande, más de lo que me imaginaba. Está encajado entre dos barrancos y sus casas y calles se disponen en cuesta. No se puede ir a ningún sitio sin subir o bajar.

Hace frío, a pesar de que el día está claro, aquí hace frío y tenemos que abrigarnos bien nada más salir del coche.

Salimos por carretera y en subida, lo que no nos viene nada mal para ir cogiendo un poco de temperatura. A poco más de 2 kilómetros nos salimos de la carretera por la izquierda y tomamos una pista ancha. Hay una zona curiosa, con un pequeño arco, un altar y un púlpito al aire libre, ideado para misas de campaña.

Piadosos

La explanada y el mástil vacío sugieren un campamento de la OJE, donde se venían los chavales a fomentar el Espíritu Nacional y los valores cristianos. Hacemos unas cuantas fotos irreverentes y recordamos por un momento lo que fue la juventud de los sesenta, con un peso político y religioso que debía calar hasta los huesos. Probablemente nos encontramos en “zona nacional”, que todavía guarda reminiscencias de los que fue y las expresa mediante símbolos fascistas y algún que otro mensaje xenófobo que vemos en las paredes de este pueblo y en el anterior, Valdemaqueda.

Bueno, nosotros a lo nuestro, que se me está viendo el plumero. Para enlazar con la señal del gps nos vemos obligados a triscar un poco hasta salir a mejor camino, afortunadamente no es mucho y enseguida estamos otra vez sobre nuestras cabalgaduras.

Cruzamos por segunda vez el río Beceas, la primera fue junto a la presa, y nos dirigimos en línea recta hacia el oeste, por un camino sube y baja, de esos rompe-piernas, que no te permiten quejarte del puerto, pero van consumiendo energía.

El paisaje es bonito, todo pino eso si, pero para esta época del año es el único que te permite pasar por un bosque poblado. La hoja caduca, ahora es un desfile de fantasmas. Tampoco viene mal para cruzar esta zona el tiempo seco que llevamos este inverno pues aun así, por aquí se conserva el suelo bastante verde y tiene pinta de encharcarse con facilidad en cuanto la climatología sea un poco más lluviosa.

Pasamos junto a una zona de granja, donde nos ladran unos perros. Afortunadamente están detrás de una cerca, pero hacen ruido suficiente para alertar a su compañero, que sale de la finca al lado opuesto del camino por debajo de la alambrada y se emociona con Julio , al que asusta un rato. Se ve que elige bien el bocado.

Cruzamos un arroyo y damos la vuelta al cerro de Yuste, para salir al río Sotillo de las Palizas ¡vaya nombre! En esta zona hay algunas casas dispersas,  de esas que se hacen los alondras en ratos libres, aprovechando los ladrillos variados que distraen de la obra en la que están currando. En fin, una muestra de mal gusto y falta de control que tiene como resultado un paisaje precioso salpicado de chapuzas, porque la verdad es que el río y la vega que forma en este punto está muy bien. Nos hacemos una ida y vuelta por ambas márgenes antes de continuar un poco más hacia el Oeste.

Poco a poco vamos trazando un semicírculo, cruzando la carretera y cambiando de sentido, para ir dando forma a la ruta circular que hemos pintado. Vamos acompañando durante u tramo el desfiladero del arroyo de los Hornillos y luego el margen del río Sotillo. El paisaje está resultado variado en su configuración, aunque la vegetación sea todo pino.

Nos separamos del río, lo que supone subir un poco, pero nunca mucho, lo justo para facilitar algún pique en el que Miguel demuestra que viene fuertecito y Julio que está intratable. Félix se defiende de los ataques a duras penas.

Bajamos, paramos y nos distraemos hasta salir a la carretera de Cebreros, pero solo por un momento, porque en el mismo sitio volvemos a abandonarla formando una V. Ahora cogemos un desvío con firme de hormigón y quitamiedos, totalmente una carretera, salvo por el asfalto, que no tardarán en echar. No nos lo esperábamos, pero es un camino que se hace cómodo y al final se agradece, aunque le quite emoción al trazado.

Con subidas y bajadas alternativas –más de las primeras- nos vamos acercando a Hoyo de Pinares, pero por la parte de abajo. Con los últimos piques entramos bastante espaciados en el casco urbano y nos encontramos con una cómo calle que nos lleva casi en línea recta al coche, claro que recta no quiere decir llana. Tiene una pendiente que debe superar fácilmente el 20% y nos obliga a apretar los riñones y subir sollozando, para que no se diga que llegamos fríos.

Sin conocerlo nos ha salido una ruta maja, variada, con buenos paisajes y con claras diferencias a las zonas por las que montamos habitualmente. Creo que se nos abren nuevas posibilidades y que tendremos ocasión de volver, a ver si así nos aprendemos el camino y no nos volvemos a perder todos

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Alpedrete de la Sierra-Torrecilla-Atazar

Ruta realizada el Sábado 08/01/2005

Dificultad Física
Dificultad Técnica
47.9 km
1387 m
60 Km Distancia Madrid
5h26'
3h59'
Características Terreno No hay información sobre el terreno

Participantes: Alfredo, Félix, Pepe, Jesús, Julio

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Empezamos otro año, y ya van unos cuantos. Hay veces que me da pereza salir a la sierra, cuesta madrugar, las rutas se me hacen largas y se que estaré toda la tarde dolorido, quizá estoy perdiendo la ilusión por la bici; pero no, todo cambia una vez que paras el coche, con el frío de la mañana, los abrazos de bienvenida de todos, las bromas, los preparativos, la pista por delante y todo el campo alrededor. ¡Qué coño! ¡Esto mola!

En un alarde de condescendencia con los dormilones, hemos quedado a las 9h en Alpedrete, nosotros y todos los cazadores de diseño que hay en la provincia de Madrid. Llegan en un montón de todoterrenos cargados de gordos y de viejos, incluso en alguno de los individuos coinciden ambos factores.

Nos ponemos en marcha con mucho frío, con dirección a Valdepeñas, pero enseguida nos desviamos por la pista del canal que sale a la izquierda, que viene a ser la continuación de la que sale del Pontón de la Oliva. Un poco de páramo y entramos en la zona boscosa del arroyo de la Concha. Aquí empieza la subida, suave pero continua. Hay algún repecho con más pendiente, que hace que se nos pase todo el frío que traíamos. A la vez que nosotros cogemos altura, el sol va también accediendo a puntos más bajos, con lo que pronto vamos pedaleando protegidos del Norte y con un sol brillante.

Hace tiempo que no hacíamos este ascenso y es uno de los que me gustan, no hay demasiado bosque y las zonas arbóreas son casi todo pino, pero hay unas vistas del valle increíbles.

Nos vamos dando cera, cada cual a la medida de sus posibilidades, pero las diferencias arriba no son tantas. No hacemos más que parar nosotros en la cumbre y llegan los coches de los cazadores, que se han debido estar poniendo hasta el culo en el bar del pueblo, venga cazalla y platos de migas.

Encontramos el sendero por el que debemos hacer el descenso y verdaderamente, tiene un aspecto bastante difícil, pero se distingue claramente el tratado en todo lo que nos alcanza la vista. AL menos parece que no habría que improvisar.

El problema es que ha llegado también el guarda forestal que acompaña a la cacería. En el pueblo tragó cuando le dijimos que íbamos a coger la pista hacia arriba, pero aquí ya no traga y dice que de salirnos de la pista nada, que se trata de una cacería autorizada y regulada y que no quieren accidentes (nuestros, que los de los jabalís no les importan).

Han enviado más de cien perros por el otro lado del cerro, con sus ayudantes. Ahora un chaval del pueblo se encarga de ir bajando a los gordos e irlos repartiendo por los puestos que hay en la ladera, donde se sentarán cara al sol, bien resguardados, a dormitar el almuerzo hasta que les pongan los gorrinos por delante y tiren de escopeta, a ser posible sin mover el culo del asiento.

No hay opción, hay que seguir por la pista hacia Alpedrete, bueno opción si que hay… Nos cogemos el camino que cambia de vertiente y tiramos hacia el Atazar, para adornar un poco la ruta. Pero como estamos aventureros, nos metemos además por la primera pista de la izquierda, que desciende en buena dirección, sobre un firme de pizarra suelta. Desciende más y más, hasta meternos en uno de los barrancos de la zona, por donde no debe haber pasado más cristiano que Lucas, que es el nombre que lleva por aquí la cuerda de la sierra.

No hay más remedio, hay que dar la vuelta y remontar el pedregal. Empujamos la bici un poco, otro poco montamos, hasta volver al camino principal y hacernos la bajada vertiginosa hasta el pie del Atazar.  Desde aquí cogemos la pista ya conocida que se dirige al collado del Santo, conocida pero no tanto, porque también hay otro despiste que nos regala una subidita innecesaria, que tendremos que desandar para coger, ahora si, la pista definitiva.

Ahora ya si que estamos en camino, solo que una hora y media más tarde de lo que debiera ser, y lo que más me jode es que no puedo echar la culpa a Félix, no puedo llamarle torpe, no puedo decir que no tiene ni idea de usar el gps (que en cualquier caso no la tiene), pues todos los errores de hoy me corresponden, he sido yo solito el que ha sugerido adornar la ruta, el que estaba de acuerdo en coger la pista de pizarra y el que ha dudado también en la segunda pista.

Llegamos al pueblo casi a las tres, así que de perdidos al río, nos tomamos unas cañas con unas pocas migas de las que han dejado los cazadores y nos vamos para casa ¡que ya está bien!

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El Molar-Canal YII-Pedrezuela

Ruta realizada el Sábado 20/11/2004

Dificultad Física
Dificultad Técnica
45.8 km
822 m
36 Km Distancia Madrid
3h56'
3h04'
Características Terreno No hay información sobre el terreno

Participantes: Félix, Juan, Pepe, Jesús, Santi, Julio

Mas detalle ruta

Descarga ruta: El-Molar-Canal-YII-Pedrezuela.gpx

Unas cañitas, un rato de cháchara, lo mejor para terminar una ruta tranquila y rápida. Hemos llegado a El Molar después de 47 kms al sol, con un tiempo estupendo y a una hora record: las 12:30h. Creo que después de las anteriores, lo hemos agradecido todos nosotros y también nuestras respectivas.

La vuelta la empezamos hacia el cañón del Guadalíx, en esa pequeña presa de mampostería escondida dentro de un cañón, que no tiene un uso muy claro, ya que no parece que nunca pudiera haber embalsado una gran cantidad de agua como para abastecer a la población o regular un cauce que nunca debió pasar de exiguo. El caso es que desde aquí se enlaza con un sendero sinuoso, fácil de ciclar, que se refugia del páramo en un cañón donde abunda la hoja caduca, chopos en su mayoría. En algunos tramos está cubierto por escarcha, aunque no hace mucho frío. Vamos jugando por el camino, a veces charlando, otras solo molestándonos unos a otros. Disfrutamos del recorrido hasta salir a una pista del CYII más amplia.

Seguimos por camino asfaltado, que llevaremos casi toda la ruta, hasta la carretera que conduce a San Agustín de Guadalix. Al abrirse el valle se ve la zona industrial del pueblo al fondo. Es un paisaje amplio, abierto, el límite de una dehesa de encina, con tierra de labor y expansión industrial.

Cruzamos la carretera y seguimos por pista del mismo estilo, a ampliar hacia el sur nuestra ruta, por unos tramos de pista que no hemos hecho anteriormente. Es un poco más de lo mismo, aderezado con un par de cueles de Félix con el gps, que nos sirven para subir unas cuestas “de gratis” y reírnos un rato a su consta, y es que hoy el día va de tranqui, buscando más la broma que el desgaste físico. Aún así damos algunos tirones para subir de pulsaciones e ir tocándonos un poco las pelotas unos a otros.

Giramos rumbo norte cuando paramos a comer algo. Ya nos hemos comido más de media ruta y vamos como nuevos. Hacemos algunas fotos del otoño, aunque por aquí la mayoría de los árboles son encinas y sabinas, que disimulan su savia otoñal manteniendo el follaje verde, igual que hace Marujita Díaz a base de cirugía y brocha.

Vemos de vuelta la misma pareja de aves que planeaban a la ida y dejémonos de dudas sobre si son águilas o buitres, pájaros grandes… Ahora vamos paralelos al cañón del Guadalix por el que bajamos antes, pero en sentido contrario. Pasamos por la dehesa de Moncalvillo, un poco más verde y de vegetación más variada que el resto de la zona. Hay algún roble y otras especies que no conocemos, creo que algún alcornoque. Hemos pasado también junto a algarrobos, que ahora están cargados de vainas que desprenden un olor dulzón.

Ya salimos a la carretera y tenemos opción de ir hacia la presa de Pedrezuela o dirigirnos hacia el Molar. Optamos por la opción más corta, así que nos dejamos caer hacia el río, para remontar el cuestón del lado opuesto. Por poner un toque de emoción, rompo cadena y nos toca parar a hacer la ñapa. Menos mal que no me ha cogido subiendo el repecho de pie sobre la bici, porque me podía haber calzado una buena hostia. No son ni diez minutos y ya estamos otra vez en marcha. Coronamos en Pedrezuela y seguimos, ya llaneando hacia El Molar. Ahora es cuando llega lo de las cañas que decía al principio y es que no siempre va a ir de llegar tarde y deslomados.

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El Cardoso-El Cerrón-El Hayedo

Ruta realizada el Sábado 13/11/2004

Dificultad Física
Dificultad Técnica
47.1 km
1193 m
78 Km Distancia Madrid
6h32'
4h42'
Características Terreno No hay información sobre el terreno

Participantes: Alfredo, Félix, Juan, Pepe

Mas detalle ruta

Descarga ruta: El-Cardoso-Bocígano-El-Cerron-Hayedo-Montejo.gpx

Mucho mariquita vamos conociendo. Les dices que está lejos, que hay que madrugar, que quizá haya un poquito de nieve y todos los homosexuales de la mountain se rajan como el coño de una parturienta.

Hemos quedado en El Cardoso a las 8 de la mañana. El día está frío y con bastante aire, pero en la plaza del pueblo todavía no se nota. Llegar hasta este punto de la sierra pobre es toda una excursión, a Félix y a mi, que vamos compartiendo coche, nos ha dado tiempo a confesarnos, casi hasta enamorarnos, hasta que suena el móvil y es Alfredo, que ya está allí.

Damos unas cuantas voces en la plaza antes de ponernos en marcha, creo que los cuatro vecinos que haya por aquí deben acordarse de nuestros padres, pero afortunadamente, dejamos el pueblo antes de que abran las ventana y nos vacíen el orinal en la cabeza.

Salimos por carretera y encima con un poco de bajada, con lo que el frío se deja sentir en las orejas y en la punta de los dedos. Es bajada hasta cruzar el río Berbellido, luego empieza la subida y el desvío hacia Bocígano. Seguimos por carretera y casi se agradece el repecho para entrar un poco en calor. El cauce del río está marcado por robles que, con el traje de otoño brillan de amarillo (toma cursi).

Volvemos a cruzar sobre el Berbellido y enfilamos la última subida hacia el pueblo, donde nos encontramos con un buen rebaño de vacas, que llevan bastantes chotos jóvenes para la época del año en la que estamos. Hace un aire infame, cuando entre las vacas descubrimos una pareja de viejos.

Pepe, melancólico, enamorado o cansado.

Paramos junto a él, un hombre de mucho pelo y muy blanco, con los ojos claros y más vitalidad que fuerza. Nos explica que las vacas son suyas, que los terneros le llegaron tarde porque no las retiró la guía ¡a saber que cochinada es eso!, así ya no le valen lo que le tenían que pagar, también dice que los cerros de alrededor son el Cerrón, el Santuy y el Ocejón de Majaelrrayo. Las cabras las tiene en el monte y la hija en la ciudad; a las vacas las resguarda en la nave que construyó cuando tenía 64 años. También nos dice que ayer hizo un día muy malo, de mucho frío y con nieve. Nos despedimos y seguimos ruta ¿cuántos viejos de estos pueden quedar todavía en su pueblo de origen? Creo que nos estamos perdiendo algo importante por no dedicar más tiempo a escucharlos. Juan dice que sería interesante compartir con ellos una sobremesa y estoy de acuerdo.

Damos un rulito por el pueblo y volvemos a por la pista que se dirige a la sierra. La primera parte es muy agradable, sube con poca pendiente y hay bastantes robles centenarios, paramos un poco en los corrales de las Canalejas y luego ya seguimos a tomar la subida seria. Enseguida se me pone el corazón a tope, aunque no parece que el esfuerzo sea para tanto. La pista es un pedregal y yo voy sin suspensión, porque se me ha debido joder el cartucho de aire, así que resignación y paciencia.

Juan también empujaba a ratos

No tardamos mucho en encontrar las primeras nieves, que se vuelven hielo en las partes del camino por donde ha corrido el agua. Hay que echar el pie a tierra muchas veces, en una de las placas, Alfredo casi echa también el culo.

La subida es bastante penosa y cada vez que nos quedamos desguarnecidos del viento, éste sopla hasta casi tirarnos de la bici. La subida hasta el collado del Santuy la remato a pie. Creo que Juan es el que más aguanta sobre la montura y Alfredo también lo intenta con ahínco, a mi me vale con dar unas pedaladas lo justo para la foto, encima se ve a Félix que viene por detrás ¿qué más se puede pedir?

Pepe, me parece que quien iba detrás eras tú.

Seguimos ruta sin hacer sufrir la próstata, pues continuamos empujando más que pedaleando. En el collado de la Hortigosa nos hacemos unas fotos contra el aire, de esas que parece que el aire te sujeta. Nos cuesta pasar la bici, en algunos momentos te tienes que estar quieto, sujetarte con fuerza y avanzar sólo entre las rachas de aire.

Por fin llegamos al Cerrón, son 2030 m. está todo nevado y el aire levanta placas de hielo que arroja contra la cerca que discurre junto al camino, los matorrales están cubiertos por carámbanos y en el suelo hay algunas placas de hielo. Hemos coronado y no parece que haya mucha gente por aquí, tan solo las huellas de un animal ¿perro, zorro, lobo? Que ha ido marcando el camino un rato antes que nosotros.

El aire me sujeta completamente inclinado hacia delante

Hay un momento que el aire es tan fuerte que nos da miedo porque la sensación térmica es muy baja y perdemos calor con rapidez. Coronamos lo más rápido posible para guarecernos del fortísimo viento que lanza trocitos de hielo que levanta del suelo y nos impacta dolorosamente en la cara.

Cannondale, un bicicletón para la época

Empieza la bajada. Parece increíble, pero hay que dar pedales también cuesta abajo, en un desarrollo corto, con el sillín bajado y poniendo el pie en tierra continuamente, vamos descendiendo por unas zetas con mucha pendiente. Los pocos tramos del camino que deja ver la nieve muestran una pista infame, un auténtico pedregal que tiene que ser un infierno incluso en verano.

El viento levanta el hielo que se fija en el brezo

Paramos en una cascada helada a hacer unas fotos, es el primer contacto con el río Ermito, que seguiremos en bajada ya mas suave, por un valle bastante abrupto y salpicado de roble, hay incluso algún haya, que debe venir de Montejo, huyendo de los turistas que las asedian continuamente.

Pasamos junto a las ruinas de la Casa del Tío Agustín y a los restos de los corrales antiguos. Aquí ya nos cruzamos con algunos excursionistas andando, que llevan una cara de frío horrible ¡qué sabrán ellos!

Vamos ya castigaditos y es muy tarde, pero no nos vamos a quedar sin pasar por el valle del Hayedo. Llevo ya dos años con ganas de meterme por este tramo del Jarama y no me lo quiero perder, así que iniciamos otra vez la subida, que aunque suave, las piernas la reciben con desgana. El valle es ciertamente lo que prometía, más frondoso y más bonito que el de el Ermito, con una magnífica perspectiva del hayedo, lástima que ya está muy pobre de hoja y la mayor parte del color rojo característico haya que observarlo en el suelo, en lugar de en las ramas.

Hayedo de Montejo visto desde arriba

Coronamos la excursión en unas ruinas y nos dejamos caer suavemente hasta la carretera bueno, también hay repechos.

Ya en el asfalto sólo hay que rodar unos pocos kilómetros, cuesta arriba, cómo no, para llegar a El Cardoso.

Derrotados, con calambres en ascenso y todos juntos ¿qué creéis que podía pasar? Bueno, eso que lo cuente Alfredo si tiene huevos, que luego dicen que hay mucha prensa amarilla.

Con esta ruta decidimos dar por cerrada la temporada de los dosmiles hasta la próxima primavera y además prometemos quedarnos un poco más cerca de casa, para no comer a las cinco ¡a ver si lo cumplimos!

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