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Boalo – Trialera Pedriza versión breve

Ruta realizada el Jueves 19/09/2019

Dificultad Física
Dificultad Técnica
22 km
617 m
39 Km Distancia Madrid
2h52'
2h12'
Características Terreno No hay información sobre el terreno

Participantes: Alfredo, Domingo, Félix

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Debido a obras en la carretera, salida tardía y pereza en general decidimos hacer una salida breve pero intensa de la ruta Boalo-Trialeras de Pedriza.

Empezamos subiendo con la duda de si nos pillaran los guardas bajando por las trialeras y el multazo correspondiente. Como vimos que el tema estaba tranquilo y era jueves decidimos arriesgarnos.

En la ruta nos encontramos una pareja donde la mujer llevaba una eléctrica con un carrito. El carrito iba vacío y no entendimos para que lo necesitaba hasta que vimos dos chuchos que los iban siguiendo. No pudimos aguantarnos y decidimos preguntar. La mujer nos confirmó que era para meter a los chuchos en la bajada y cuando iban por carretera.

Después de 500 metros de desnivel vimos a los chuchos que ya estaban pidiendo subirse al carrito. De hecho, Félix preguntó si admitía ciclistas y la señora taxativamente le dejo claro que “cada perro se lame  su cipot…”

Al final llegamos al inicio de las trialeras, que por cierto estaba lleno de árboles caídos. En la foto adjunta Félix nos indica amablemente el inicio.

Gracias a dios no había ningún guarda forestal y pudimos bajar sin problemas. Os adjunto un video de Félix demostrando sus capacidades de descenso.

Al final de las trialeras nos encontramos con un rebaño de más de 100 Gremlins (niños) con sus respectivas cuidadoras. Afortunadamentes se apartaron todos al grito de “cuchaaaa…” y llegamos al final del recorrido. Aquí podéis ver a Felix y Domingo demostrando sus artes de llegada.

La ruta terminó con una maravillosa comida en el restaurante Don Baco en el Boalo donde entre otras viandas comimos pisto con huevo, rabo de toro, callos y pluma ibérica.

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Casa de Campo

Ruta realizada el Domingo 08/09/2019

Dificultad Física
Dificultad Técnica
37.9 km
255 m
8 Km Distancia Madrid
2h28'
2h18'
Características Terreno No hay información sobre el terreno

Participantes: Pepe

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Pues eso, por no pasar la mañana en casa, una vuelta por la socorrida Casa de Campo. Cerquita, fácil y agradecida.

Al salir cruzo por los restos de la fiesta de Aravaca. Todavía queda basura, los equipos de limpieza la empujan sin muchas ganas, sorteando los cachivaches recreativos que reposan cubiertos de lonas su particular resaca.

En la Casa de Campo mucho público. Me encuentro con un triatlón que tiene limitado un montón de espacio, con vallas en la carretera para las bicis, caminos con preferencia para los corredores… menos mal que bañarme no lo llevaba previsto, porque tampoco se podía.

Me parece un coñazo que se organicen tantos eventos en ese parque. Ya podían irse a la periferia, a La Jarosa o Manzanares o Valmayor o a tomar por el culo, pero no todos en mi barrio, que me lo ponen perdido.

Afortunadamente, en cuanto te separas un poco del bullicio pedaleas casi solo y la mañana se hace llevadera. He rodado casi 40 km sin repetir camino y aun así me he dejado una amplia zona sin hollar.

Pues eso, que para quitarse el gusanillo vale. El próximo día trataré de rodar otro tanto sin pisar los caminos de hoy, a ver si se puede.

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Guadarrama-Cuelgamuros

Ruta realizada el Miércoles 28/08/2019

Dificultad Física
Dificultad Técnica
34.6 km
1059 m
43 Km Distancia Madrid
4h47'
3h03'
Características Terreno No hay información sobre el terreno

Participantes: Domingo, Félix, Juanlu, Pepe, Mario

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La ruta tiene su gracia, por aquello de entrar en prohibido.

Salimos desde Guadarrama, que es lo que indica el recorrido original, pero realmente no aporta mucho, ya que el inicio no es sino un vericueto para cruzar la A-6 y, de paso, conocer dónde compra Domingo el cemento cuando tiene que hacer una ñapa.

En cuanto enfilas la pista en dirección a La Jarosa te metes la primera cuesta. No es muy larga ni muy difícil, lo justo para avisarte que la vuelta no va a salirte gratis. Bordeas el embalse y la vegetación se va haciendo algo más densa, de dehesa, agradable y, a tramos empinada.

En llegando al muro de piedra caída aumenta la emoción y la vegetación ¡ya estamos en prohibido!

El monte me parece más cuidado, los caminos más frondosos y la atención se concentra. Creo que vamos algo más atentos y callados, pero pronto se nos pasa.

Recorremos el valle haciendo un tramo del vía crucis. Aquí las cuestas sí son más jodidas. No hay puertos como tal, pero las rampas son peleonas y no se puede darlo todo en cada una de ellas.

Como por arte de magia salimos a una escalera ¿pero qué coño es esto? Una escalera de granito inmensa, larga, ancha, perfectamente tallada y conservada. Miras a uno y otro lado y te encuentras una magnífica reproducción de la Gran Muralla. Esa sensación de ruta serpenteante por la cuerda de una loma, que no sabes si comunica dos puntos o delimita un espacio. Con unas vistas sobre le valle y la cruz que alucinas. Vale, sí, no es más que un viacrucis (esta vez todo junto, que también vale), pero si no te lo explican y contextualizan puedes imaginar cualquier cosa.

En la entrada de la ermita más alta nos encontramos con la bombera. Se aburre mucho y pega la hebra todo lo que puede con quien por allí se acerca, que si hay bruma, que si los incendios, que si los medios terrestres y aéreos… venga, vamos, que a esta le queda mucha jornada y si la dejas te mantiene allí clavado, como al protagonista del viacrucis.

Siguiendo camino cogemos algunos tramos de carretera interior del parque, nos acercamos a la basílica para dar la vuelta bien por encima. Otro cuestón, pero de firme sencillo. Pasamos por la puerta, paramos, es grande de cojones. Estaría muy bien ser capaz de desafectarlo de toda su historia para echar un vistazo más tranquilo por dentro y por fuera, sin idea preconcebida y abstrayéndote de su origen y significado, como puede hacerlo cualquier guiri o cualquier buche inculto.

Al no ser nuestro caso, seguimos camino y nos colamos por la carretera al poblado. Ahí, mientras me esperan, es cuando se para el coche del guarda para preguntar que dónde coño vamos y que salgamos de allí.

Sea porque hay a quien no le apetece darse más caña, por miedo a una multa potencial o porque la cubierta de la bici se ha retorcido como tripa de botillo; decidimos hacer caso de la indicación y ponemos rumbo de vuelta por el camino más corto.

Lo que iban a ser 40 km se queda en 35km y los 900mts en algo más de 700mts, pero ha sido suficiente, hemos pasado buena mañana y la visita, aunque fugaz mereció la pena.

Espero no dejar pasar otros 50 años hasta volver a pasar por aquí.

La comida la resolvemos en el mesón la cabaña, en Guadarrama.

Menú barato de diez pavos y muy abundante. El camarero “salao” y con ánimo de bromear.

Otro día estupendo, de los que te dejan una sonrisa, como de haberlo robado.

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Selva de Irati: Casas Irati-Bosque de Lizardoia

Ruta realizada el Miércoles 22/06/2005

Dificultad Física
Dificultad Técnica
5.2 km
420 m
359 Km Distancia Madrid
1h33'
1h07'
Características Terreno No hay información sobre el terreno

Participantes: Félix, Pepe

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Reproductor audio crónica:

Hoy ya estamos de retirada. Para aprovechar el día hemos decidido darnos una vuelta andando por la reserva del bosque de Lizardoia, junto a Casas de Iratí. Para desayunar nos hemos traído unos bollos y unos batidos, pues en este pueblo está visto que no son e madrugar.

Mientras nos preparamos para echar a andar volvemos a ver a Javier y su yegua, que van a dar una vuelta alrededor del pantano. Nosotros salimos en sentido opuesto, junto al cauce del río.

La mañana está agradable, más bien fresca. Nosotros vamos paseando con nuestra bota de vino y la mochila con los bocatas. Nos avisan los guardas que por esa zona se pierden los caminos y en consecuencia los caminantes, lo que les obliga a salir en su búsqueda y nos desaconsejan ese paseo. Por otra parte tiene el acicate de que es una zona virgen de podas y cortas.

Naturalmente no les hacemos caso porque para eso llevamos el GPS y somos expertos. Jamás nos perdemos.

Nos desviamos un poco de la senda para ver una cascada. Está bien, pero se nota que falta agua, las señales en las piedras muestran que en los momentos buenos, el cauce del río supera lo menos en diez veces lo que vemos ahora. La roca está pulida y suavizada por un desgaste continuo, nada de una tromba ocasional. Hacemos unas fotos y volvemos a nuestra ruta original.

Poco más adelante dejamos la pista por la izquierda y nos desviamos por un camino abandonado en pendiente. Está cubierto de hierba y tiene marcas profundas de regueros, claramente no se usa desde hace tiempo.

Un poco de ascenso junto al arroyo hasta que el trazado prácticamente se pierde en el bosque. No está claro si cruza sobre el cauce o hace un cambio de sentido brusco hacia una ladera empinada. Probablemente se trate de distintas bifurcaciones.

Elegimos la primera opción y nos internamos en un bosque en ladera, bastante cerrado, con el suelo cubierto de hojas, pero sin vegetación baja, se nota que entra poca luz.

El paseo por aquí no es muy cómodo, debido a la pendiente y la humedad del suelo, que propicia los resbalones en cuanto de descuidas. Por otra parte, lo que vemos no nos impresiona. Los árboles no son demasiado grandes, no hay ejemplares muy viejos ni con troncos llamativos. La verdad, después de lo de ayer, esto no aporta mucho. Lo que si es cierto, es que resulta fácil despistarse, pues al haber avanzado por la loma en el sentido inverso que traíamos, el terreno de va obligando a separarte del camino que discurre por el fondo, a la vez que las laderas se inclinan más y más, dificultando seguir la dirección que desearías.

Cuando llevamos un rato danzando por aquí, coincidimos en que mejor lo dejamos, ya vale para hacernos una idea, preferimos volver pronto que seguir contando hayas.

Al volver cambiamos un poco el trazado y nos bajamos hasta el cauce del arroyo, que es por donde mejor se puede avanzar. En una de estas con la bici ya llevaríamos un rato bastante incómodos. Cruzamos el arroyo y poco después recuperamos el camino.

Es el momento del bocata a la sombra, así que nos lo atizamos sin miramientos, pegándole buenos estrujones a la bota. Vuelta al coche y para el pueblo.

En Ochagavía recogemos los bártulos y nos despedimos de Maricarmen. Yo creo que se ha arrugado más todavía en el último rato, ahora que le da el Sol, parece octogenaria. ¡Y pensar que, la primera tarde, cuando bajaba por la penumbra de la escalera, parecía una grácil jovencita.

Nos ponemos de viaje por un itinerario diferente, dirigiéndonos hacia el Sur prácticamente en línea recta, a ir a empalmar con la A-2. Son muchos kilómetros de carretera de doble sentido, pero no se va mal. Hasta la hora de la comida todo casi bien, sin mucha pérdida de tiempo, pero después las cosas se complican poco a poco. Nos cae alguna tormenta, después hay algún tramo en obras, luego, cuando ya estamos prácticamente a la vista de la autovía, la Guardia Civil nos desvía otra vez hacia la carretera local. Parece que hay obras, o desprendimientos, o voladuras, ¡cualquiera sabe!

Consultamos el mapa e identificamos los pueblos que debemos parar para llegar a la autovía más adelante, pero cuando estamos casi allí, nos corta el paso un coche de obra, con un fulano de tez oscura que no habla español y solo dice “no carretera, no carretera” así que vuelta para atrás y a buscar otro acceso. El caso es que según volvemos nos adelanta un coche que viene de donde queríamos ir nosotros, pero consideramos inútil volver y pedir explicaciones al tarugo que han puesto allí, así que seguimos adelante.

Salimos a la autovía, hacia Madrid, ya sin novedad ninguna hasta llegar a casa, salvo que el tráfico es denso hasta llegar a la R-2.

En definitiva, que no somos capaces de hacer un viaje normal, ni a la ida, ni a la vuelta. No me explico yo los Fitipaldi esos que van a la playa en cuatro horas, a esquiar al Pirineo en cuatro horas, llegan a trabajar en 20 minutos. ¡Mucho mentiroso es lo que hay!

Paramos en mi casa a dejar los bártulos y nos despedimos después de un año más de excursión. Han sido cinco días y no se me han hecho nada largos. Félix: acuérdate que el año próximo me toca llevar el coche, ahora solo falta pensar dónde.

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Selva de Irati: Aribe-Barranco Berrendipea-Orbaitzeta

Ruta realizada el Martes 21/06/2005

Dificultad Física
Dificultad Técnica
31.4 km
1101 m
346 Km Distancia Madrid
8h46'
4h25'
Características Terreno No hay información sobre el terreno

Participantes: Félix, Pepe

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Reproductor audio crónica:

Como ya tenemos los bocatas comprados y sabemos que por aquí no hay ni café, compramos pan y enfilamos derechos hacia Aribe. Nos vamos fijando en cada pueblo, comprobando que está todo cerrado, no se ve ninguna actividad. Después de varios intentos es en Garaioa donde encontramos el primer bar. Es un establecimiento bien presentado, con habitaciones. Nos atiende una señora mayor que nos cuenta cosas de la zona, de la agricultura, ganado, etc. Nos hace el numerito típico de que aquí no se queda nadie, que los jóvenes de van a la ciudad. ¡Quién cuidará de estas casas cuando nosotros faltemos! En fin, lo de siempre. Toda la historia está llena de ejemplos de pueblos y ciudades abandonados, sino que se lo pregunten a los peruanos del Machu Pichu, o más cercano, a los pueblos manchegos, que no han tenido tanta suerte como éstos, ni tanta inversión. 

Cuando empezamos la ruta en Aribe ya son las diez, se ve que es nuestra hora. Subimos por carretera hasta Villanueva de Aezcoa (Hiriberri en euskera). Es un tramo durito para empezar y mejor hacerlo ahora que a la vuelta.

Vamos a hacer un recorrido que nos hemos preparado directamente sobre el plano, procurando evitar los tramos que ya recorrimos el domingo en coche, sin renunciar a conocer esta parte del bosque ¡y bien que lo conoceríamos!

En el pueblo preguntamos a un viejo por el camino adecuado. También encontramos un cartelón con un croquis de la zona. Damos con la pista correcta y todo para arriba. La subida es muy dura hasta el collado de Zelane. En una de las rampas echo pie a tierra, pues tiene mucho desnivel y no apetece desgastarse tanto al principio.

Cambiamos de vertiente e iniciamos el descenso por una pista que nos lleva al mismo barranco que recorrimos el sábado, solo que por la ladera de enfrente.

En la bajada pasamos junto a varias bordas para guardar ganado y en la última muere el camino. Pasamos la valla que delimita la propiedad y entramos en un hayedo de los de cuento de hadas.

A partir de aquí la cosa se complica poco a poco. Recorremos el bosque y las áreas limítrofes despejadas, todo ello en ladera y cuajado de espinos.

Se impone una parada para comer algo de fruta y recapitular. Sobre el plano está clarísimo, hay un sendero que da la vuelta a la loma y desemboca en pista ancha. Sobre le terreno ya es otra cosa.

Subimos y bajamos varias veces los espinos, con y sin la bici a cuestas. Cada uno de los intentos va dejando rastro en nuestras piernas. En una de las subidas sin bici llegamos a descubrir restos de lo que podría ser un sendero, o quizá una senda de jabalíes. Nueva bajada, esta vez con los pinchos de brezo a la altura de los tobillos. Atravesamos un campo de flores, que también resultan ser matas espinosas y nos hacemos de nuevo el ascenso por la pared, pero con la bici a cuestas.

Conseguimos doblar la loma de Tres Mugas y perder el sendero de nuevo, pero en una situación todavía un poco más complicada que la anterior. Vamos perdiendo altura y nos internamos en un bosque de hayas muy oscuro, con el suelo cubierto por una densa capa de hojas que no ha debido hoyar nadie durante mucho tiempo. En uno de los puntos, la inclinación es tal que no puede bajarse por derecho, ni siquiera bajados de la bici, la cosa va de tirar la bici para bajar arrastrando el culo, o bien tratar de aproximarnos recorriendo la arista. Optamos por la segunda opción, aunque se da más vuelta. En nuestro recorrido espantamos a un grupo de ciervos que estaban tumbados a la fresca. Estamos abajo, en un rincón oscuro con orientación Norte donde se filtra poca luz. Los troncos están cubiertos de musgo y la sensación es sobrecogedora.

Intentamos desplazarnos en el sentido del río, que oímos mucho más abajo, al fondo de un barranco. El problema es que es doblar la primera curva del río, cambiando de orientación y el aumento de luz ha facilitado una vegetación muy densa, intrincada, que tendríamos que ir apartando con machete. La mayoría es rosal salvaje, que como es más alto nos va dejando las marcas en la parte alta de las piernas y los brazo. Ya no se trata de que “el gato es mío” lo que pasa es que además es muy nervioso y no para quieto.

¡Ahora que hacemos! Ya dudamos de que la pista del plano exista, además hemos bajado mucho, por sitios que no es fácil pensar en desandar. No sabemos si nos queda mucho o poco. En el gps vemos que el sábado estuvimos a 800mts de aquí en línea recta, pero separados por un barranco bastante profundo. ¡Es desesperante! Además no podemos culparnos el uno al otro, porque la rutita nos la hemos pintado juntos y a los dos nos pareció estupenda. Cada vez que dejamos las bicis para buscar un sendero, nos cuesta encontrarlas porque hay una vegetación muy espesa.

Nueva parada para comernos la fruta que nos queda y beber un poco más de agua. ¿Tendremos bastante?, ¿cuánto va a durar esto? Lo que está claro es que la ansiada siesta en la que pensaba Félix se aleja de nuestras posibilidades por completo.

La última parada ha sido sobre un pequeño reguero de agua, hay un barrizal removido, que debe ser donde se rebozan los gorrinos para desparasitarse. Aquí decidimos dejar las bicis y hacer un último intento en busca de la salida. Si éste no nos sale, tenemos que aprovechar las horas de luz que queden para salir por donde hemos venido, al menos hasta la pista que terminaba en la borda.

Son cerca de las 17:00 y aunque hay luz para bastante rato, no apetece pasar aquí la noche porque además hará frío. Hay que tomar decisiones ya. Félix marca un waypoint en el lugar que dejamos las bicis y nos tiramos ladera abajo, en dirección al río. Si conseguimos llegar la cauce, esperamos que al menos podamos ir por dentro del agua, llevando la bicicleta al hombro un par de kilómetros y procurando no resbalar en las piedras cubiertas de verdín. Esto permite imaginar cómo es la alternativa que hasta ahora venimos recorriendo.

Nos internamos en un bosque de árboles espinosos (creo que es espino Albar), que alterna con hayas que nacen en arbusto, con muchas varas juntas desde el suelo. Afortunadamente la altura de los espinos nos permite caminar por debajo, pues solo faltaba que nos marcásemos la cara y todos pensaran que, además de follarnos al gato, queríamos darle un morreo.

En un punto del bosque, ya próximo al agua encontramos un sendero, que después se hace más ancho, aunque difuminado. Es el resto de alguna pista de servicio o un acceso antiguo para sacar madera.

Félix dice de volver a por las bicis, pero yo quiero asegurarme de que esta vez si hay salida, así que lo recorremos entero y vamos comprobando el estado de abandono en el que está. A veces va por el río, hay árboles caídos, alguna zona en la que está totalmente cerrado de zarzas, pero sólo la sensación de comprobar que vamos por donde en algún momento hubo trazada una pista, nos da confianza.

Son pocos arañazos más los que necesitamos para llegar a la pista principal. ¡Estamos salvados! Ahora ya solo queda esfuerzo, pero sin incertidumbre. Hay que volver a subir por donde vinimos hasta el punto donde estaban las bicis. Nos ayudamos del gps para poder encontrarlas, pues no es fácil. La bici de Félix está pinchada, pero esperamos a arreglarla a un punto un poco despejado. La ida y vuelta se lleva más de una hora, la repetición del recorrido arrastrando la bici también lleva lo suyo. Tengo la sensación de haberme pinchado tres veces con cada zarza.

Hemos salido a la pista, se acabaron los problemas, ya solo quedan las cicatrices de recuerdo, la sed y las ganas de llegar. Pedaleamos suave y contínuo por pista y luego por carretera hasta llegar a Aribe.

En la gasolinera del pueblo nos tomamos unas cervezas y patatas fritas para descansar un poco y recuperar fuerzas. Nos damos cuenta de que esta historia yendo los siete juntos hubiera sido un verdadero problema. No es posible ponerse de acuerdo y moverse por un sitio así tanta gente de forma coordinada.

Bueno, vuelta al pueblo. Hemos hecho 26 kilómetros de bici y no se cuantos andando. Está claro que cada excursión necesita de su miajita de aventura intrépida, pero reconozco que se me va pasando la edad y las ganas.

Hoy nos hemos follado al gato enfadado

A la entrada al pueblo volvemos a ver desde le coche a la moza pechugona que ayer por la mañana, no puedo reprimir una exclamación con la ventanilla bajada, creo que nos han oído.

Nos cambiamos de ropa y echamos una sidra. Nos encontramos otra vez con Javier, el del caballo. Nos ha prometido que nos enviará información de su tierra, para que le visitemos el próximo año. Verdaderamente es una opción, pues queda más cerca y también tiene su encanto.

Cenamos en Escaroz y de regreso nos tomamos nuestra copa en Auñamendi. Esta noche toca gin&tonic.

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Selva de Irati:Ochagavia-Vidangoz

Ruta realizada el Lunes 20/06/2005

Dificultad Física
Dificultad Técnica
59.2 km
1285 m
352 Km Distancia Madrid
Sin datos
Sin datos
Características Terreno No hay información sobre el terreno

Participantes: Félix, Pepe

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Nos levantamos a las ocho y cuarto y nos vamos a desayunar. El bar está cerrado hasta las 9h. Así que ya sabemos por qué nos clavaba Maricarmen, era por el madrugón, no por el desayuno. Volvemos ya vestidos de ciclistas a tomar un café y unos bollos industriales, pues no hay más opción. Conocemos a Javier, un tío prejubilado que está por allí de excursión a caballo, luego coincidiríamos más veces.

Después del desayuno compramos vituallas en la tienda y nos preparamos para iniciar la marcha. La bici vuelve a estar pinchada, delante y detrás, así que otro ratito de reparaciones antes de salir. Mientras estamos con nuestro taller montado a la puerta de la casa, llega una pareja a preguntar si hay habitación para dormir. Ella es como la Angelina Joly, pero más a lo bruto. De verdad que impresiona y ella lo sabe. Su busto nos deja trastornados lo que queda de excursión, a partir de ahora, cualquier curva en el paisaje nos trae su recuerdo. ¡Lástima que no se quedaran en la casa!

Por fin nos ponemos en marcha a eso de las 10h. No había hecho falta madrugar tanto. Nos cuesta encontrar el enlace con el GR-11. Preguntamos a una vieja de la zona por distintos puntos de referencia y ella contesta que no sabe, que desde que le han puesto a todo los nombres en vasco, ya no sabe ni donde vive. Es el camarero del restaurante el que finalmente nos indica el camino adecuado.

Los primeros 4 km de subida inicial son muy duros, con pendiente pronunciada y de piedra suelta en el suelo, luego suaviza pero sigue subiendo. Hace calor.

El primer cruce importante se llama Gatzarrapalda (1230). Aquí la pista llanea un poco, hay bosque de abeto salpicado de algún haya, también algún terreno de cultivo.

Nos encontramos con un francés que está empezando la transpirenaica. El tío piensa ir y volver andando durante todo el verano, se ve que tiene tiempo. Nos pide permiso para hacernos una foto. A lo mejor es de este capullo la navaja Opinel que he encontrado hace un rato. ¡Pues va a cortar las rajas de chorizo con dos piedras!

Llegamos al alto de Zotrapea (1318). Hay una zona de barbacoas y mesas. Desde aquí al portillo de Hilarión (1350). Ahora ya toca bajar y lo hacemos por el GR13, que discurre junto al río Binies. Es una bajada suave, con vegetación muy variada que va cambiando poco a poco el pino por hayas, vamos despacio, disfrutando del paisaje. Paramos a hacernos unas fotos junto a una presa de mampostería en ruinas. Bonito paraje.

Antes de llegar a Vidangoz hay otra presa, ésta más moderna, que está adecuada como piscina natural. El paraje está despoblado, así que aprovechamos para darnos un baño en pelotas. Ya vestidos y en la bici vemos que se acerca una jovencita, ella se lo pierde. ¡Que hubiera corrido más!

Estamos cerca del Roncal. En el pueblo nos cuesta encontrar un bar. Está todo cerrado y no se ve un alma. Finalmente nos abren la puerta de uno y nos cobran 4,90 por cuatro botellines. Encima con la poca vergüenza de decir que es por dos de los cascos, que nos llevamos para tomar el bocata en el campo.

Nos cuesta encontrar un sitio agradable a la sombra, finalmente nos instalamos entre dos casas, ya a las afueras del pueblo, en la parte alta. Las vistas son muy buenas. Me dan ganas de tirar desde aquí los cascos, a ver si le doy a la del bar en la cabeza, pero me corto y nos limitamos a dejar todo muy recogidito en una bolsa de plástico, a la puerta de una de las casas, para que los dueños nos hagan el favor de echarlo a la basura cuando salgan.

Seguimos por carretera hasta cambiar de valle. Pasamos por el pueblo de Igal, en el que tampoco se ve a nadie. Poco después del pueblo abandonamos el asfalto para subir por pista el barranco de Larraiza. Hace mucho calor, vamos parando en las zonas sombreadas del camino. La pendiente comienza suave, pero luego se empina y el firme se deteriora, con mucha piedra suelta. Tenemos que aprovechar cada sombra del camino para descansar un poco. No se como nos apañamos siempre para dejarnos un tramo duro de la ruta para después de comer, cuando más calor hace. Nos cuesta dos horas subir hasta los 1300 m de altitud, luego ya es un sube y baja suave por la misma zona que coronamos por la mañana.

La bajada hasta Ezcaroz también es por pista de piedra suelta, pero ya cuesta menos.

Luego carretera a Ochagavía y directos a la piscina natural del pueblo, que está fenomenal, con su pradera de hierba y zona de sombra. Hay chavales bañándose y sus madres tomando el sol. Rezongamos un poco en la hierba y llamamos a casa para dar novedades. Nos hemos hecho 60 kilómetros, que tampoco está mal.

Nos cambiamos en casa y compramos provisiones para mañana, así no perdemos tiempo. El capítulo de regalos no merece la pena, es todo caro y sin ningún interés.

En la terraza del bar de la plaza nos echamos una botellita de sidra para reponernos y hacer tiempo hasta la cena.

A cenar vamos a Hornos, al hostal Salazar. Aquí coincidimos con Javier, que está alojado. Ya ha terminado de cenar, pero cruzamos unas cuantas frases antes de que se marche, tiene casa en la Sierra de la Demanda y vive en Miranda de Ebro.

Nos sirve la cena una chica joven totalmente disfrazada de bruja. Nos cuenta que donde hay marcha es en Ochagavía ¡cómo será esto entonces!

De vuelta en Ochagavía nos tomamos un whisky que nos ayude a conciliar el sueño y nos vamos casa Dukea. En el puente vemos a un alicantino con su hijo, intentando pescar cangrejos con un ratel. No nos habíamos fijado que hay unos bichos enormes, que parecen casi bogavantes. Tienen una marca blanca en una de las pinzas, nos dicen que se llaman cangrejos “seña”, que alguien echó algún día y se han aclimatado bien. El fulano se asusta cuando Félix dice que la pesca del cangrejo está muy castigada, tira el cebo y recoge. Me hubiera gustado ver uno de cerca, incluso probarlos con tomatito, cebolla y un poco de picante.

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Selva de Irati: Orbaizeta-Rocesvalles-Saint Jean de Pied de Port

Ruta realizada el Domingo 19/06/2005


Reproductor audio crónica:

RUTA TURISTICA, Domingo 19-06-2005

Nos reunimos todos en torno a la mesa de Maricarmen (cada día que pasa la veo más arrugada) para que nos clave otros cuatro euros a cada uno por el desayuno. Esta vez debió darle vergüenza y nos hace un zumo de naranja. Aun así, es un sablazo impresionante.

Vista de Ochagavía

Ahora si que hay que tomar una decisión: montamos o no. Todavía estamos todos doloridos del día de ayer y con menos ganas si cabe. Alfredo sigue haciendo gala de su afición a las dos ruedas y se decide a montar en cualquier circunstancia. ¿Quién quiere montar en bici con Alfredo? Nos rajamos todos definitivamente y nos llevamos la lección bien aprendida: el próximo año no hay que exagerar tanto en la primera ruta.

Decidimos dedicar el día al turismo por la zona, que tampoco está mal. Vamos en el coche de Miguel y el de Jesús, que se lo juega a los chinos con Félix. Deberíamos haber llevado el de Félix, pues a estos luego les queda un largo viaje a casa.

Nos vamos a conocer la fábrica de armas de Orbaizeta, que es lo más nombrado que hay por aquí. Se trata de unas ruinas situadas a la entrada de un barranco. La construcción debió ser grande, aunque nunca vistosa, pues los restos permiten identificar un edificio industrial del dieciocho, sin gracia ni arte. No hay restos del techo y solo quedan lo que fueron muros de carga, con los pasos con arcos poco esbeltos que tuvo originalmente.

Quizá el punto más llamativo es que parece que corría un cauce de agua por dentro del edificio, una canalización del pequeño río que viene del barranco que posiblemente se utilizara para servicio de la fábrica, bien como fuente energética para un molino o para enfriar piezas procedentes de la fragua, que para beber seguro que tenían botijo.

La maleza nos impide recorrer el edificio por dentro y la vista desde el exterior nos parece suficiente como para no complicarnos la vida.

Cerca de la fábrica hay una iglesia de porte alto, con mucha capacidad. Parece que estuviera en obras de restauración, pero al acercarnos comprobamos que no, que lo que pasa es que está destinada a cuadra de ovejas y almacén de materiales. La zona la completan unas pocas casas aledañas, donde no hay ningún tipo de información ni establecimiento hostelero ¡joder! Para esto no hacía falta poner carteles desde tan lejos, ni anunciarlo en todas las guías de la zona.

Seguimos viaje por el GR-11, que es una pista de hormigón por la que se circula perfectamente y ahorra un montón de kilómetros en el camino a Saint Jean, que es donde nos dirigimos después.

Es un ascenso agradable que teníamos previsto como ruta alternativa en bici. Está muy bien, con bastante vegetación y todo verde. Al alcanzar la cima vemos un rebaño de ovejas raras, con cuernos, dicen que son mutones (mutton quiere decir cordero en francés, así que seguro que son otra cosa), el caso es que llevan las lanas largas y colgadas del lomo, dando la sensación de un abrigo desabrochado. Hacemos unas fotos al rebaño, pero no se dejan mucho y nos enseñan el culo. Se ve que éstas ya son francesas.

Disfrutamos de las primeras vistas de la cara Norte. Se divisa un mar de niebla que deja intuir un paisaje más verde todavía. Bajamos hasta el río por dentro de un frondoso bosque, de los que impresionan, mientras disfrutamos de unos minutos musicales a cargo de los CDs de Jesús, en concreto de uno que dice Julio que ¡es la polla! Luego pasamos a otros ritmos más clásicos que les sirven a Félix y Jesús para porfiar si el tango que escuchamos lo canta Machín, poniendo acento argentino.

Llegamos a San Juan de Pie del Puerto. Es un pueblo bonito, muy turístico, con un casco antiguo amurallado y cerrado por grandes puertas. Su posición fronteriza debió exigirle una configuración defensiva.

Está bien conservado y totalmente dedicado al turismo. Las tiendas y restaurantes parecen caras, aunque por pasear no cobran –todavía- A Jesús le miran con mala cara por ponerse una boina para hacerse una foto. Vemos algunos peregrinos y aderezos típicos para la excursión turístico-religiosa que pasa por aquí.

Nos encontramos con el matrimonio ciclista, los que estaban en el alto de Tapla. Esta vez se enrollan mucho más y nos tienen un buen rato contándonos sus andanzas. Son de San Sebastián y casi se disculpan al decirlo.  Se ve que son parte de la ciudadanía pija de aquella plaza. Ella va tan estupenda como siempre y flirtea con nosotros a su gusto, que si qué fuertes sois, que si que rutas tan largas, que yo también puedo… le lanza miraditas a Juan y se deja impresionar por su porte gallardo. El marido pasa, debe estar acostumbrado. ¿Os acordáis del año pasado? ¿Cuando se nos enrollaba una piba con mantón delante de su marido en el alto de la Farrapona?

Ya conocemos el pueblo, así que nos volvemos por Roncesvalles. Desde el coche preguntamos a una por la carretera de vuelta, pero no nos enteramos mucho, pues todos la miramos al escote.

Llegamos a la basílica y damos una vueltecita por allí. Está bien esto, también muy turístico, con buenas vistas y algunos bares. Visitando la iglesia, Félix se fija en un cochecito de gemelos y en una imagen cabezona de Santiago apóstol. ¡Coño!, vamos a llamar a Santi. Efectivamente, ha sido toda una premonición. Su mujer acaba de parir hace media hora. Todo ha ido bien y los niños están perfectos. Recibe nuestra enhorabuena y también las primeras ofertas para comprarle la Merida, que ya no la va a usar mucho.

Para comer entramos en Burguete, en el hostal Loizu. Ocupamos una mesa redonda, que nos viene muy bien para vernos todos y charlar, pero colocan enfrente a una parejita, ella con un pronunciado escote, que deja ver su piel nívea e intuir sus magníficas tetas. Poco a poco vamos desplazándonos por la mesa redonda para quedar todos en el mismo semicírculo, de frente a la moza. La situación es embarazosa, el pobre novio no sabe donde meterse y evita cruzar la mirada con nosotros, ella no lo evita pues se está divirtiendo un montón, nosotros hacemos fotos aumentando progresivamente el descaro.

Desde el restaurante hablamos con Alfredo. Va todo bien, está a punto de terminar la ruta prevista sin incidentes. Parece ser que es una ruta bonita, que Félix y yo nos guardamos para mañana.

Volvemos por Garralda sin mayor novedad. Alfredo ya se marchó, nos le cruzamos por la carretera. Los demás preparan sus bártulos y emprenden vuelta. Los que se quedan no les queda más remedio que dormir la siesta.

Cuando nos despertamos encontramos la cámara de fotos de Julio, que se la ha dejado en el portal. Cuando hablamos con él, le vacilamos un poco antes de reconocer que la teníamos a buen recaudo.

Nos damos un paseo andando por la pista de esquí de fondo de Pikatua. Ayer pasamos por el mismo punto en bici, aunque con otro recorrido. Después subimos en coche el puerto de Larrau. Hace aire. El atardecer por el lado Norte está muy bien, se ve cómo las nubes se arrastran por debajo de nosotros, pasando de una vertiente a otra, pegadas a las lomas próximas. Hay puesto de caza de palomas por toda la cuerda. Justo en el puerto hay unos montañeros preparándose para pasar la noche en pequeñas tiendas unipersonales, en un camino en cuesta bastante ingrato.

Ya de vuelta, pero muy cerca de la cumbre, recogemos a un caminante en manga corta, que se dirige a Ochagavía. Es maestro en el instituto del pueblo y salio a andar esta mañana a las seis. Se apegado una buena paliza, creo que se ha despistado, pues está atardeciendo y le quedarían cerca de quince kilómetros de vuelta por carretera. EL dice que no, que conoce muy bien la zona.

Nos cuenta algunos detalles del pueblo y de la historia de la zona, también nos indica algunas rutas y sitios pintorescos para visitar ¡lastima no tener más tiempo! Nos despedimos en el pueblo habiéndole salvado a este hombre de una noche casi segura al raso, pues por allí no pasa nadie y en cuanto se vaya la luz, el que pasa no para.

Arreglo el pinchazo de la bici que tenía pendiente y nos vamos a cenar. La sidrería está cerrada, el otro restaurante es un carero, así que nos vamos a Auñamendi. Esta noche el local está desangelado, solo hay una pareja de guiris enrollándose con el camarero y atufando todo con humo de pipa. Después de cenar tomamos un whisky.

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Selva de Irati:Ochagavia-Irabia-Ollokia

Ruta realizada el Sábado 18/06/2005

Dificultad Física
Dificultad Técnica
82.6 km
2225 m
352 Km Distancia Madrid
12h42'
7h53'
Características Terreno No hay información sobre el terreno

Participantes: Alfredo, Félix, Juan, Miki, Pepe, Jesús, Julio

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EL VIAJE, VIERNES 17-06-2005

Hasta aquí hay que imaginar el prólogo cursi de todos los años, que si ya van cinco, como Indurain, que si qué bien lo pasamos juntos, cuánto nos queremos, hay que ver lo sano y divertido que es esto. Pero bueno, ya nos lo sabemos todos y basta con leer lo del año anterior.

Lo del viaje ya es otra cosa, aquí cada año tiene su puntito y siempre hay algo que pone personalidad al tema, dando lugar a las primeras anécdotas.

Hacemos una huída rápida del curro –cada cual del suyo- para intentar ponernos en camino cuanto antes. Félix lleva todo cargado, así que nos vamos a mi casa, añadimos mis bártulos y comemos un bocata..

Los acoples de este año son Juan y Miguel en el Passat, conduce Miguel; Jesús y Julio en el Scenic, no conduce Julio; Félix y yo en el Honda, conducimos a ratos; y Alfredo solo, no puede delegar.

 Es increíble lo sincronizados que estamos todos (menos Alfredo), coincidimos en la carretera con muy pocos kilómetros de diferencia, aunque para ello sea necesario que alguno se pierda un poquito. Jesús se despista en la misma M-40 y aparece en el peaje de la R-2, preguntando en la garita que “cómo se va a la R-1” –no existe- es la lacónica respuesta de la empleada, así que se apañan como pueden para salir a la de Burgos por ahí por Algete.

Paramos a comer en un área de descanso, en el Km 152, y es cuando aprovechamos para saludarnos todos y cambiar impresiones. Los que no llevábamos comida compramos unas latas, yo una de pimientos, que le cargaría a Julito el día siguiente.

Seguimos viaje los tres coches juntos. De Alfredo ya tenemos noticias, está en el atasco de salida de Madrid. Por una vez, se ha puesto en camino antes de que anochezca.

Llegamos a Vitoria y, siguiendo la premonición de Julito, en vez de rodearla, nos metemos de lleno. Paseamos por sus calles y avenidas, visitamos sus parques y entablamos relación con alguno de sus ciudadanos, pues creo que llegamos a preguntar hasta dos veces al mismo. Bonita ciudad, buena gente, magnífico urbanismo, ¡pero joder!, nosotros a lo que vamos es a montar en bici.

Por casualidad o por agotamiento del callejero, acabamos dando con la carretera de salida y enfilamos a Pamplona. Más autopista de peaje, más despistes en la salida. Tenemos que casi sobornar a uno en la taquilla de pago, para que les asegure a los de atrás que este camino es el bueno, que no vamos mal y que llegaremos enseguida.

Damos también una vuelta no intencionada por Pamplona, salimos por la carretera de Donostia y tenemos que retroceder, todo sea por ir esperando a Alfredo.

Luego ya llegamos a Ochagavía, pues una vez abandonada la autopista no nos perdemos más ¡eso para que hablen de las nuevas vías de comunicación!

El pueblo está bien, el río está bien, las casas están bien y nuestro alojamiento está bien, pero en cuanto a la gerencia, María del Carmen es una chiquita rubia que regenta la casa del S XVIII donde nos alojamos, y creo que lo hace desde su inauguración. Todos coincidimos en que molaba más la rusa del año pasado, con sus carnes abundantes y su sonrisa infantil, desinhibida.

La casa tiene un portalón amplio en la planta baja, con el suelo empedrado y muebles de madera antiguos, probablemente la antigua cuadra. En la primera planta hay un pequeño salón y las habitaciones de Maricarmen, permitirme que lo ponga así, es más cariñoso. Aquí desayunamos, junto a la cocina, qué intimo. En la segunda planta hay un pequeño distribuidor y las habitaciones de todos, con dos baños a compartir. Molan los suelos de tarima antiguos y algunos detalles de arquitectura de la casa, como el balcón o las vigas, pero el acabado final, sobre todo el de los baños, se queda bastante justito. Es que debe ser muy difícil y muy caro poner en funcionamiento un caserón de este tipo con todos los detalles al nivel que merece el edificio.

Casi no nos ha dado tiempo a instalarnos cuando llega Alfredo, que a poco más nos come la diferencia de horario en la salida y nos adelanta, claro como nosotros nos íbamos equivocando por él… Seguro que no ha parado a comer, ni ha vacilado con el coche, ni a intimado con todos los habitantes de Vitoria ¡joder que envidia me da!

Nos vamos a cenar a Auñamendi, que es el hostal-restaurante que hay en la plaza del pueblo. Tienen un menú de 12 euros que no está mal, pero tampoco para sorprender. Las alubias son ricas y efectivas,  y el pato que tomo de segundo pondrá un perfume picante a los gases propios de la combustión intestinal.

Para que nos baje la cena vamos al pub del pueblo a tomar una copa. Nos la sirve un camarero mayor, con la cara muy triste. Hay un grupo de chavalines jugando a las cartas y tres viejos siguiendo la retransmisión en euskera de un partido de pelota ¡que ambientazo! Para alegrar un poco el fin de fiesta y que no nos vayamos a la cama decaídos, Jesús nos hace un pase de modelo en tanga negro, y luego que cada uno apague su lívido como pueda.

RUTA DE BICI, Sábado18-06-2005

Los desayunos con Maricarmen. Debería ser un programa de radio o un espacio de televisión local. Aquí estamos, todos juntitos, vestidos de colorines, alrededor de una mesa camilla, mientras nuestra chica nos provee de tostadas, café y zumo de bote. Es un desayuno sencillo, abundante y caro de cojones, a 4 euros cabeza. Estamos pagando las viandas como si lo tomáramos en un hotel de lujo, o como si lo sirviera una camarera de lujo en paños menores, que también podría ser.

Preparamos las bicis, compramos el pan y llenamos los depósitos de agua en la fuente. Alfredo se ha traído Solan de Cabras, que suena cursi, pero cuando probamos lo que daba el ayuntamiento por el caño, lo echamos todos en falta.

Salimos por carretera hacia el alto de Tapla. Son 14km cuesta arriba, pero suave. Jesús y yo nos quedamos atrás para hacer una subida cómoda. Luego se nos uniría Miguel. Es un ascenso suave gracias al firme, que pendiente si que hay. Poco a poco cogemos altura y los prados se hacen más verdes.

En el alto encontramos pastores con sus rebaños. Hay unas cercas de madera donde están agrupando ovejas con algún criterio oculto que se me escapa. Mientras los pastores también se agrupan, pero el criterio es más entendible: charla y cigarrito.

Una escena bucólica, con los perros esos de lanas que resultan tan graciosos –al que le gusten- y los corrales de madera ¡por cierto! Sorprende que las vallas son de maderas nuevas y tratadas, con tornillo y tuerca de acero inoxidable. Esta región exuda pasta hasta en las alturas.

Nos cuenta uno de los pastores que hay 3000 ovejas, muchas me parecen, pero no es cosa de ponerse a contarlas. Ya decía mi abuelo: cuesta menos creerlo que ir a verlo.

Mientras enredamos por el alto, llega un matrimonio madurito con bici de montaña (con bici, no en bici, ya que éstas van subidas a un Volvo 4×4 putamadre). Paran por allí y miran el plano de la zona, como nosotros. Cruzamos algunas frases y es evidente que se trata de una parejita de diseño: sus pendientes, labios pintados y ropita a juego. Entiéndase que me refiero a ella. Sus canas onduladas, guantes de los de agujeritos y retrovisor de globerazo en el manillar de la bici. Entiéndase que no me refiero a ella.

Aquí dejamos el asfalto por la derecha y tomamos un camino ascendente que está como grabado en el suelo, hundido. Sirve a la vez de camino y arroyo. A ratos vamos por roderas que nos obligan a guardar fila (véanse fotos del globero dando testimonio). Alcanzamos el alto de Auztarri, con las primeras vistas del pantano de Irabia y los bosques que rodean. En la cuerda sopla aire, nos ponemos a resguardo. Paradita, barra energética y revisión de planos. Vemos algunos caballos y buitres.

La bajada nos va metiendo poco a poco en un bosque de hayas. El Globero grita al pasar junto a los primeros ejemplares y se tira corriendo de la bici –no sea que se vayan a escapar- para preparar la cámara y hacer fotos de los árboles. La bajada es un poco trialera, con el suelo cubierto de hojas y un bosque que se va haciendo más frondoso. Hay puestos de caza situados en alto, con escaleras que suben a los árboles o con montajes de andamios. El suelo está sucio de cartuchos. Parece una de esas zonas de espera para zumbar a las torcaces migratorias. No le veo la gracia.

Hacemos otra paradita y más fotos. Ya nos hemos dado todos cuenta de que el agua que llevamos en la mochila es imbebible. Está malísima. En cuanto Alfredo se descuida, Julito le pega un tiento a su botella, que es de marca. A partir de aquí tendrá que estar al quite, si no quiere compartir agua y babas.

En la bajada me araño con los piñones o con el pedal y estrenamos el botiquín de Félix para limpiar un poco la herida. Seguimos por una pista rápida hasta el río Iratí, que se cruza por una plataforma de hormigón sobre la que corre una corriente fina de agua. Hacemos más fotos y nos mojamos los pies un rato. Se ve que vamos sin prisa.

Vamos en paralelo al canal de Irabia, algunos tramos por encima. Es un sendero estrecho y frondoso, con puntos un poco más difíciles. Jesús, por no querer poner el pie, pone el culo y además con fuerza. Se hace daño, pero no hay grandes consecuencias. Juan pincha con un alambre, resto de la valla que llevamos al lado. Sin nada más que contar salimos a la presa. Hace calor y hay que pararse buscando las sombras. Aquí ya coincidimos con más turistas, que hasta el momento veníamos muy solos. Uno de ellos echa pie a tierra en un repecho y le pega al sillín con rabia.

Modificamos la ruta original y, en vez de pasar junto al pantano por el lado sur, le damos vuelta y media ¡que no se diga! Vamos por un camino suave, entre árboles, del que nos desviamos en dirección al agua en un punto llamado “El Paraíso”

Es el momento de la comida. Antes o después nos bañamos todos en el pantano, menos Juan y Alfredo, que son más cohibiditos. Jesús nos demuestra la difícil técnica del melocotón submarino, que requiere de un culo redondito y peludo, para darle realismo. Hay alguna foto de las mejores escenas de pareja, que me recuerdan esas tomas que hacen los paparachi a Ana Obregón todos los veranos: que parezca que no quiero, pero que salga guapa. Nos hacemos unos buenos bocatas y damos cuenta de la lata de pimientos que ha cargado Julio todo el camino. Si se descuida no los prueba. El agua sigue estando malísima y Alfredo sigue vigilando con celo su aljibe personal.

Después de comer iniciamos la ruta despacito, pero como siempre, por poco tiempo. Acaba siendo todo un sprint a treinta por hora, poniendo al píloro en un aprieto digestivo.

Llegamos a la frontera con Francia, en el puente de “La Cuestión”. Se trata de una zona que fue objeto de disputa territorial durante mucho tiempo y se resolvió con algún tipo de acuerdo de compensaciones que ahora ya no le importan a nadie, creo que a las reses que por allí pastan no les importó nunca ¡lástima que los humanos tardemos a veces tanto tiempo en llegar a la inteligencia animal!

Completamos la vuelta al pantano en un punto que se llama Casas de Iratí. Hay un centro de información, una zona de aparcamiento, mesas y por fin una fuente con agua como Dios manda. Algunos pegan la hebra con la guardabosques, aunque no nos suministra ninguna información de interés. Creo que está más especializada en lo que es el cuidado de rebaños de domingueros. Se ve una panda de gente con bici, de los que no montan nunca y pretenden salir una vez al año con cara de ventura y cabalgando un hierro infame.

Hay que seguir, así que tomamos la carretera de subida y nos alejamos de la manada. Juan decide entretenernos con un magnífico caballito, que le hace tirar la bici de lado y aterrizar, casi de barbilla, con las manos fuera del asfalto, junto al zarzal. ¡Tiene güevos! En la subida pincho.

Dejamos el asfalto a los dos kilómetros y cogemos una pista frondosa, que después de subir un poquito, inicia una bajada rápida entre hayas y abetos. Es precioso. Lástima que vayamos tan rápido, pues es de los tramos más bonitos de la ruta. Vamos a parar junto al embalse de Kousta. No es muy grande, pero ésta todo verde alrededor y se reflejan los árboles. Sigue haciendo calor.

Ahora hay que subir y, por una vez, lo hacemos todos despacito, dejando que Jesús marque el ritmo. Ahora va muy bien el tío y los que se quejan de agotamiento son Miguel y Julio, creo que Juan también rezonga un poco. Las próximas referencias son el barranco de Pikatua y la Cruz de Osaba, donde estiramos un poco el ritmo y aprovecho para ponerle las pilas a Alfredo muy limpiamente, empezando desde atrás y sin truco (coño, para una que gano…) Félix se para antes de coronar, según él para esperar al resto y que no se pierdan, ¡ya!

Tocamos la carretera en un punto y hay un bar, pero cerrado. Rápidamente cogemos pista de nuevo y a seguir subiendo. Estamos a 1400mts y la temperatura se suaviza un poco, corre algo de brisa y se ésta bien. Hay unas cuantas pendientes muy duras, donde más de uno echa pie a tierra. En algún tramo hay que ir por profundas roderas de coche o por fuera del camino, donde la vegetación te frena mucho. Además un cabrón deja el landrover parado en el camino, a mitad de pendiente.

El alto de Abodi (1500mts) queda justo a nuestra izquierda. Subimos y seguimos por la pista de esquí que recorre la cuerda hasta el pico Dukea. Estamos todos bastante cansados. Aquí podríamos haber hecho una bajada por carretera, con lo que la ruta nos hubiera salido redonda, casi perfecta, pero no, mejor seguimos por la bajada trialera hasta el pueblo.

Vuelvo a pinchar, pero esta vez ya solo doy aire y continuo. Llegamos al Paso de las Alforjas. El atardecer tiene una luz preciosa y aprovechamos para hacernos una foto “culo al sol” apoyados sobre un dolmen. Alfredo se corta.

Bajamos por unos montículos sin camino hasta Arburria, entre rebaños de ovejas. A Julio le da un calambre y además se da un planchazo. Cruzamos el arroyo y tomamos el GR11, que no es ciclable ni de lejos. Aquí hay que bajar una especie de escalones, entre piedras y arbustos que te cierran completamente el paso. Algunos son acebos. A Julio hay que curarle el arañazo. Estamos sacándole partido al botiquín.

Otra vez rampas de subida muy duras, me pico con Alfredo y le paso, pero me despisto y esta vez pierdo ¡hay que contarlo todo! Salimos a la carretera que va a la ermita de Muskilda. Aunque no llevo mapa, vemos el cielo abierto y nos tiramos por carretera hacia el pueblo, pero elegimos mal y vamos a la ermita de todos modos. Aparecen Alfredo y Félix, que han elegido pista, y ya bajamos todos juntos por un camino empedrado, que con las pocas fuerzas que me quedan hago casi todo andando.

Estamos un poco hasta los cojones cuando vamos llegando al pueblo, entre las diez menos cinco y las diez y diez, según la habilidad de descenso de cada uno. Estamos muy jodidos, con la clara sensación de que se nos ha ido la mano y Julito además de mala leche. Lleva rato diciendo aquello de que “yo ya no me estoy divirtiendo” Además rompe un zapatilla.

Duchas, cambio y cena a eso de las once. Nos vamos a Ezcarroz, a un restaurante que está bastante animado para lo que se da por aquí. Parece increíble, pero en un local que no tendrá más de quince mesas, hay una con siete tías solas, cenando juntas en un pueblo de montaña. Podría ser perfectamente la historia de siete novias para siete hermanos, pero no, basta con verlas la cara.

El camarero es grandote y vacilón, creo que tiene un ramalazo, pero cualquiera sabe, con ese tamaño mejor evitar bromas. Lo que si que nos deja muy claro es que no tiene torrijas y se lo repite a Julio con desparpajo. Los garbanzos están buenísimos.

Durante la cena se repasan las vicisitudes de la ruta, lo del 100% ciclable, las excelencias del paisaje y lo jodidos que estamos todos. La experiencia es lamentable y nos está dejando sin ganas de dar pedales al día siguiente, pues hemos tenido bastante con los 85 kilómetros de hoy. Solo Alfredo insiste que él quiere montar a toda consta. Félix parece decir que sí, pero sin convicción, Miguel que no le importa quedarse solito, Julio sigue enfurruñado, pensando en su zapatilla rota. A mi no me apetece, pero acepto la mayoría. Hacemos un sondeo democrático y, sin necesidad de recuentos complejos parece que estamos todos un poco vagos. Aplazamos la “cuestión” para el día siguiente, que más tardaron españoles y franceses en resolver la suya por estas tierras y a los montes y bosques no les importó esperar.

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Miraflores-El Paular – Canencia

Ruta realizada el Domingo 10/04/2005

Dificultad Física
Dificultad Técnica
56.6 km
1316 m
43 Km Distancia Madrid
5h40'
4h33'
Características Terreno No hay información sobre el terreno

Participantes: Félix, Miki, Pepe, Jesús, Santi, Julio,

Mas detalle ruta

Descarga ruta: Miraflores-Morcuera-Rascafría-Alameda-P-Canencia.gpx
Reproductor audio crónica:

Reencuentro con Santi después de un montón de tiempo. Parece que su embarazo se estabiliza y le da un respiro hasta que nazcan la pareja, que luego…

El día se presenta claro y frío, aunque nunca hubiéramos esperado que tanto, tenemos por delante una ruta larga, con buen paisaje y un par de puertos de los que bien conocemos.

Nos ponemos en camino hacia la Morcuera, por la pista habitual que, no se si es por lo manida, se sube con facilidad, sin forzarnos, reservando fuerzas. Julio reserva un poco menos ¡y es que le sobran al jodío!

Los robles todavía no tienen hoja y el suelo conserva frescor, pero no la humedad que correspondería a esta época del año. Me parece que esta temporada la hoja será escasa y algunos ejemplares no resistirán. Aún así, el paisaje de la subida es inmejorable, el ambiente está muy limpio y la visibilidad es buena.

Tres párrafos después supóngase que ya hemos llegado a la última vuelta del camino, donde pega un aire de cojones antes de salir a carretera. Además es aire frío, con una sensación térmica muy inferior a la temperatura real. A pesar de la subida, vamos abrigados y no nos sobra nada.

Pasamos el puerto de largo y paramos en el refugio, que está un poco más resguardado. Poco negocio les dejamos, pues nos comemos nuestras provisiones y seguimos ruta. Eso sí, nos llevamos nuestra basura, pues nos dan a entender que si no es así, la tienen que bajar ellos.

En la bajada por pista hasta El Paular pasamos más frío todavía. Cada uno se ha puesto todo lo que llevaba y yo, además, el chubasquero de Jesús. Creo que se ha pasado al ofrecérmelo, eso sí, ha quedado como todo un machote.

Como detalle curioso, en una parada de reagrupamiento nos cruzamos con un fulano envuelto en un anorak y cabalgando una auténtica bici de supermercado, que nos echa en cara que vallamos por el llano y que no nos hayamos subido cuestas como las que viene de hacer él –mejor callar-

Salimos frente al monasterio y nos hacemos unas fotos en el puente de El Perdón. Seguimos ruta por el camino habitual, a Rascafría, Oteruelo y luego Alameda. Bonito valle nunca lo bastante reconocido.

Ya hemos pasado todo el frío que correspondía, o casi, cuando empezamos a subir hacia Canencia por la Majada del Cojo. Nunca antes habíamos hecho esta subida, que siempre la cogemos de bajada, ni que decir tiene, mucho más cómodo.

Paramos a quitarnos ropa y me hacen todos la de Alfredo, entiéndase, empezar a dar pedales un poco antes que los demás para que el otro ya empiece jodido.

El caso es que hay que ir adelante y cada uno a su ritmo, que la cuesta selecciona y ordena sin disimulos.

La llegada es escalonada y tampoco se trata aquí de reproducir el ranking (solo si gano yo), el caso es que llegamos todos a la casa refugio bien sobaditos.

Gustavo continúa enseguida, pues ha quedado a comer y ya va tarde. Los demás mariconeamos un rato, charlamos con la excursión de niños que van andando, donde damos con Ángela, compañera del Banco, que va de instructora aventajada con la clase de su hijo.

Todavía hay que subir otro buen repecho hasta la pista del GR y como Julio es así de chulo, se deja el macuto abajo, para tener excusa de volver atrás y redondear el desnivel acumulado hasta los 1.500 mts.

Por el GR vamos bajando suave. El terreno está blando y ya estamos de recogida. En la carretera se produce la bajada a tumba abierta que era de esperar, pero Félix y yo nos desapuntamos y lo hacemos más suave. Parece ser que ha tenido su encanto. Se han enfrentado la técnica contra la potencia y el resultado ha sido muy discutido. Al final se cuela Jesús por sorpresa y dentro del pueblo. No me hace mucha gracia estos riesgos con el aire que hace y las consecuencias que pueden tener.

Como ya es tarde y no hay nada que perder, aprovechamos para comprar pasteles por consejo de Jesús, los ¿famosos? piononos y pestiños de Miraflores. Cachondeo en la tienda, mosqueo de los dueños, que van de serios e intento de timo a Miguel y Julio, a pesar de la seriedad. Por cierto, los dulces muy empalagosos, hay que ser muy goloso para esto.

Bueno, puede decirse que prueba superada. Hemos pasado el día de campo y se han cubierto todos los tópicos de una ruta así: risas, piques, bromas, discusión por el camino a seguir, error del gps (increíble, pero es Julito el que corrige a Félix subiendo Morcuera). La semana que viene nos vamos de familia al Jerte y el rulo será por allí.

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Patones y trialeras del Jarama

Ruta realizada el Domingo 20/03/2005

Dificultad Física
Dificultad Técnica
35 km
799 m
52 Km Distancia Madrid
4h03'
3h00'
Características Terreno No hay información sobre el terreno

Participantes: Alfredo, Félix, Pepe, Jesús, Julio

Mas detalle ruta

Descarga ruta: Patones-Abj-Pontón-de-la-Oliva-Presa-Parra-volver-por-el-rio-al-Pontón.gpx

Vaya por aquello de que no se quede una salida sin crónica, pero en realidad, no hay mucho que contar de esta semana.

Pensaba venir Gustavo y al final le ha debido de dar pereza o le han desanimado las trialeras. Tampoco a mí me atraen, pero qué le vamos a hacer…

Salimos de Patones de abajo, en dirección a “el de arriba”, enseguida dejamos la carretera para subir por la senda que va por dentro del barranco, donce empujamos un poco para ir abriendo boca. Otra vez la pista y continuamos ruta por la pista del canal, hacia el Norte.

Salimos a la carretera donde el cruce que hay frente a la cueva del reguerillo, ya lo hemos hecho otras veces, bajando al Pontón por un camino antiguo, que son más escalones que pista. Recuerdo la primera vez que hicimos esta bajada, Félix y yo fuimos empujando y José Luis Peña nos enseño cómo se hace. Hoy la cosa va mejor y seis años después algo hemos aprendido.

Salimos al muro del pontón y lo cruzamos por arriba, saltando las vallas, aunque solo sea por enredar.

Desde aquí no cogemos más pista del canal, hacia la Casa de La Lastra. ¿Es nuevo este camino?, ¿hemos pasado por aquí alguna vez? Cuando coronamos nos desviamos por un sendero de la izquierda, que baja junto a unas cárcavas y, en tramos más o menos difíciles, nos lleva hasta el cauce del río.

Durante la bajada nos encontramos con unos motoristas que suben ¡joder que manía los tengo! También nos ronda un moscón ruidoso, en forma de helicóptero de la Guardia Civil, para que luego digan de la tranquilidad del campo y sus parajes solitarios…

El caso es que entre subidas y bajadas nos presentamos en el río, que hay que cruzar. Afortunadamente lleva muy poca agua y lo hacemos sin mayores consecuencias. Parece mentira, la cantidad de veces que hemos pasado por parajes cercanos y, sin embargo, llevamos bastantes kilómetros nuevos, al menos para Julio y para mí, que los otros están repitiendo.

Ya vamos un poco justos de tiempo, pues Julio ha quedado a comer con su madre y no quiere llegar muy tarde. Sin embargo, no queremos quedarnos sin la subida nueva, que parte de una pista bastante empinada y cubierta de verde, claramente sin uso. Subimos hasta la carretera con bastante pendiente, pero se deja llevar. Solo hay un punto donde se pasa por debajo de un árbol cruzado, a la vez que superas una tubería. Jesús entra montado, pero el tronco del árbol se encarga de desmontarle de un testarazo ¡ya ha amortizado el casco!

Salimos a la carretera y aquí nos separamos. Félix y Alfredo intentan liarnos, diciendo que no queda nada, que nos perdemos lo más bonito, que vamos a tardar lo mismo, en fin, lo de siempre. Yo ya voy estando mayor para estos enredos y me pongo el windstopper sin hacerles mucho caso para afrontar la bajada. Julio y yo completamos la ruta volviendo por encima del canal histórico hasta Patones, donde llegamos a eso de la una, que está muy bien. Los otros tres completan la ruta por sendero, con sus subidas, bajadas y ratos de empujar la bici… Seguro que es más bonito, pero tendrá que ser otro día.   

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