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Despeñaperros: Vilches-dehesas-castillo de Alver

Ruta realizada el Martes 06/10/2020

Dificultad Física
Dificultad Técnica
45.9 km
605 m
245 Km Distancia Madrid
4h01'
3h12'
Características Terreno No hay información sobre el terreno

Participantes: Domingo, Félix, Pepe

Mas detalle ruta

Descarga ruta: 2020-10-06-Vilches-Dehesas-Castillo.gpx
Reproductor audio crónica:

¡Qué  día señores, qué día! Primavera más que otoño

Repetíamos el horario de las jornadas anteriores, pero el sueño o la alarma del móvil o los astros, me jugaron una mala pasada. Casi me tiene que despertar Félix con golpes en la puerta.

Luego ya va todo rodado y retomamos la rutina de desayuno y acilamiento habitual, preparándonos para nuestra última ruta (de momento) por estas tierras.

Esta vez tenemos que cargar las bicis en el coche, que vamos a empezar desde un punto cercano a Vilches, a unos 25 km del hotel. Es para recorrer la zona que nos queda por hoyar, aunque ya sabemos que lo principal del parque lo tenemos visto.

La entrada al pueblo de Vilches es por un polígono industrial, donde están “aceites La Española” y “cerámicas de Vilches”. Se ve que la localidad es activa, industriosa y económicamente relevante; pero con un olor a mierda de gorrino que tira de espaldas. Es bajarnos del coche y empezar a sentir arcadas, no en vano paramos junto a las tapias de un “concentrador de residuos”, que está en zona urbana y rodeado de viviendas ¡tiene cojones!

Salimos cuanto antes, con la sensación de haber partido de la habitación del hotel del primer día, que también olía lo suyo.

Primero un poco de carretera local estrecha, donde en 3 km nos cruzamos con varios camiones articulados, menos mal que enseguida alzanzamos la comarcal y enfilamos pista.

El firme está muy cuidado, ancho como una autopista y solo algunos baches dispersos en las zonas donde se concentró el agua de lluvia. Aun así, estas pistas son duras, con algo de china suelta y un rizo transversal que te va moliendo ojal, sobre todo con la bici rígida.

Subidas y bajadas continuas, más bien suaves, nos llevan por algo de olivo, que enseguida se transforma en dehesa ganadera. Fincas  enormes de encina y monte bajo muy peladas de hierba, posiblemente por la erosión del ganado que, sin embargo, no se deja ver. Todas perfectamente valladas, con puertas de obra que muestran el nombre y el hierro de la casa. Así pasamos por “Los penosillos”, “las vaquetas”, “la mora”, “la tiesa” y un sinfín más de cortijos, que aquí nombran como caserias. Vemos la casa de algunos, a lo lejos, con sus paredes color blanco o albero y su tentadero contiguo. Este concepto de finca de recreo andaluz queda lejos de nuestro entendimiento ¿quién tiene esto?¿a qué lo dedica?¿es divertido estar aquí?

Seguimos avanzando por esta pista que llaman el cordón y que es parte de la cañada real que llega hasta la serranía de Cuenca. Podríamos ir por aquí hasta Aldeaquemada y La Cimbarra, pero se nos hace largo y más para el último día.

El terreno varía ligeramente al coger altura, tampoco mucha, y van apareciendo otros árboles distintos de la encina, algo más semejante a la vegetación de días anteriores, pero no tan frondoso. Aun así, a mí me gustan las vistas y el ambiente solitario en mitad del campo.

Que si sí, que si no, que si ya nos lo sabemos, vamos pensando en dar cuenta del plátano  e iniciar el regreso, que será prácticamente por el mismo camino. En eso estamos cuando llega un ciclista gordo con eléctrica y otro muy flaco, con bici vieja. Vestidos de chándal, con sus cascos asemejando boinas. Les paramos y preguntamos por el castillo de Alver que hemos visto referenciado en un cartel -¡Torre de Alver!- nos corrige amablamente. “nada, son dos kilómetros. Primero pasarás un cortijo que están arreglando, sigues y verás un control con barrera y unos perros. En ese punto, pasas la barrera que queda a la izquierda y subes al castiilo.”

Pues bien, las explicaciones eran perfectas en distancias y descripciones, pero ese complejo absurdo de madrileño chulo nos hace tomarlas con reparo, por el acento andaluz, por el modo de decirlo, lo que sea.

Nuestro primer juicio es que se ha equivocado, a pesar de que va coincidiendo todo y, antes de llegar al punto de control, nos metemos en una finca privada, a la derecha del camino en lugar de la izquierda ¡ya se veía el control! ¡ya oíamos los nombrados perros!… ¡ya nos han visto los guardas de la finca, que vienen en coche! Nos excusamos, nos volvemos, nos vamos…

Se nos pasan las ansias culturales y mandamos a tomar por culo el castillo. Nos conformamos con verlo desde lejos y complementar nuestra instrucción con la información del cartel que lo señala. Son las ruinas de una torre que los almohades debieron construir para reforzar sus fronteras, después de la batalla de Las Navas. Sirvió durante pocos años y ahora solo queda un lienzo en pie y la base del diseño original.

Iniciamos el retorno por donde vinimos, sin más novedad ni distracción que un venado que se cruza y choca en su huida con la cerca que separa el monte abierto de la finca colindante. Corre un rato a nuestro lado, dejándonos ver su agilidad y elegancia. Se mueven de una forma suave y acompasada, muy rítmica. Totalmente distinta de la carrera de los jabalíes, que es bruta y torpe. Finalmente cambia el sentido y nos separamos.

Seguimos con nuestro sube y baja hasta el pueblo, variando un poco el recorrido. Enseguida vuelve a embargarnos el olor a purines de cerdo que se pega a la garganta como si los masticaras, señal inequívoca de que estamos a las puertas de Vilches.

Vuelta al hotel, duchazo, comilona al sol con las montañas delante, charleta con el camarero, que está relajado y dicharachero. Luego ya solo el viaje de vuelta para cerrar esta estupenda escapada.

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Despeñaperros: Castañar de Valdeazores

Ruta realizada el Lunes 05/10/2020

Dificultad Física
Dificultad Técnica
6.9 km
301 m
225 Km Distancia Madrid
2h14'
1h53'
Características Terreno No hay información sobre el terreno

Participantes: Alfredo, Domingo, Félix, Pepe

Mas detalle ruta

Temperatura media: 22.1
Descarga ruta: Senderismo-Barranco-de-Valdeazores-por-sendero-y-pista.gpx
Reproductor audio crónica:

Está claro que hacer turismo un lunes es un lujo. Lo notamos desde el primer momento. En el hotel no había nadie. Mejores habitaciones, un camarero para cada unos, en fin, solo se podía mejorar algún aspecto sexual, pero eso no un tema para abordar en una crónica como ésta.

Después de los dos julepes del sábado y del domingo decidimos sabiamente hacer una de turismo-senderismo, (turismo a secas parece que no sabemos hacerlo). Así que tirando de los rutas que había buscado Pepe decidimos dirigirnos hacia el Castañar de Valdeazores, a los pies de los Órganos.

Salimos del hotel por la antigua N-IV que el día anterior habíamos empleado para volver. Constatamos que la subida era tan cansina como nos había parecido, comprobando que en coche se va muchisimo mejor. En 10 minutos llegamos al Mirador del Jardín de Despeñaperros donde aparcamos.

Como observamos en las rutas en bici, vimos que estos bosques tienen una variedad enorme de árboles, desde madroños a arizónicas, pasando por diversos tipos de pinos, robles, alcornoques y encinas.

Pepe acabando de resolver el problema de agua del castañar

Había algunos castaños incluso mayores que nosotros

Al final, después de una subidita bastante larga, llegamos a una zona que era una vieja conocida nuestra (el día anterior habíamos estado por allí dando pedales).

La ruta volvía por una amplia pista por donde nos dejamos caer charlando, que tampoco hay que estar buscando siempre las vueltas…

Después de los riesgos y esfuerzos de tamaña hazaña, dimos gracias a una virgen que había por allí, de las cientos que andan por todos lados.

Había que descansar y nos metimos de rondón en el Mirador del Jardín de Despeñaperros, que para eso lo teníamos a mano.

Los lunes al sol

Alfredo sacó el dron porque era un sitio ideal para volarlo (no en vano se llama el mirador…)

Entre unas cosas y otras, allí tomando el sol, se nos acercaba la hora de comer. Así que salimos en dirección a Aldeaquemada, donde nos esperaba la segunda parte de la ruta, la cascada de la Cimbarra.

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Despeñaperros: Cascada de la Cimbarra

Ruta realizada el Lunes 05/10/2020

Dificultad Física
Dificultad Técnica
7.1 km
41 m
225 Km Distancia Madrid
2h23'
1h41'
Características Terreno No hay información sobre el terreno

Participantes: Alfredo, Domingo, Félix, Pepe

Mas detalle ruta

Temperatura media: 28.2
Descarga ruta: Senderismo-Aldeaquemada-Cascada-la-Cimbarra-.gpx
Reproductor audio crónica:

Nada más salir del Mirador del Jardín de Despeñaperros (Castañar de Valdeazores), nos detuvimos en el mirador de Despeñaperros, donde tuvimos otra sesión de fotos, con buitres incorporados.

La carretera a Aldeaquemada es de las de antes, estrechita, curva va curva viene. Vamos, que nos tiramos un rato ascendiendo a un pinar inabarcable, para luego bajarlo. En mitad de curveteo, nos encontramos un ciervo que se quedó mirándonos, extrañado de ver a alguien por allí.

**** ATENCIÓN no existe el video VID_20201005_133513.mp4 en el álbum de Google de la crónica

En Aldeaquemada entramos a saco, ya con ganas de comer. Metimos el coche en la plaza, solo para comprobar que no tenía salida. Al dar marcha atrás, el hondita se dio un golpe en los bajos con un escalón. Todos los del pueblo miraban y en un momento nos hicimos famosos. Salimos de la puñetera plaza, aparcamos y volvimos, dispuestos a comer, en línea y en cámara lenta, como en «Elegidos para la gloria».

Putos escalones…


Al dueño de «La Cruz» le jorobamos el lunes. Pensaba que no iba a tener clientes y le llegan 4 gansos de Madrid de repente. De primero unas alubias y los segundos diversos y más flojitos, en especial los boquerones a la andaluza de Félix, que parecían de otra comunidad. Después de unos cafés emprendimos rumbo al nuestro último objetivo.
Por si quieres culturizarte
Para todavía más detalle y dártelas de geólogo.

El camino muy normalito. En 45 minutos llegas a la cascada. Todo muy bien señalizado. El paisaje cambia radicalmente y, desde luego, no te esperas que haya ese cortado.

A la vuelta no vimos ni ciervos, ni jabalíes ni a nadie. Llegamos a Santa Elena y Alfredo nos dejó porque prefería jugar al golf y a las obras.

Pensamos en irnos a la Carolina pero finalmente nos quedamos en el pueblo, dando un paseito por su casco antiguo con monumentos (tiene sus cositas muy realzadas) iluminados por luces de colores, al más puro estilo «local de carretera». Además esto permitió a Pepe meterse entre pecho y espalda un purito, que ya tenía ganas.

Decidimos cenar algo ligero en el otro sitio que había en el pueblo, aparte del hotel. Por supuesto, no lo conseguimos y nos pusimos ciegos. Después de un licor, nos retiramos a nuestras habitaciones de alto standing dispuestos a pedalear nuestro último día en Despeñaperros.

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Despeñaperros: Santa Elena-Miranda del Rey-Los Órganos

Ruta realizada el Domingo 04/10/2020

Dificultad Física
Dificultad Técnica
40.3 km
932 m
231 Km Distancia Madrid
4h52'
3h33'
Características Terreno No hay información sobre el terreno

Participantes: Alfredo, Domingo, Félix, Pepe

Mas detalle ruta

Temperatura media: 16
Descarga ruta: Santa-Elena-Miranda-del-Rey-Organos-20201004.gpx
Reproductor audio crónica:

Vamos empezando con un pasodoble torero.

Nos levantamos con la alegría de la perspectiva de un nuevo día correteando con los amigos por nuevos parajes, pero también con la musculatura cansada y con el culo dolorido del día anterior. Además un tanto aturdidos del olor a alcantarilla de la habitación. Quizás haya contribuido a que el sueño fuese más profundo.

Bajamos a desayunar a la hora de siempre. 8:15 ya vestidos para matar. A pesar de que el Hotel-años 60 aparentemente está lleno, no hay nadie en el comedor. Al poco llega una pareja. No deben ser muy madrugadores por estos lugares. Por cierto, que si la berrea es por lo que han venido, espero que hayan tenido más suerte que nosotros. Después de la higiene dental y las deposiciones contundentes, acordes a la cena anterior, nos ponemos en marcha poco después de las 9:15, desde el mismo Hotel-mofeta.

Los primeros kilómetros transcurren por una carretera sin tráfico a pesar de ser domingo. Hace frío. Menos que ayer, pero hoy nos hemos abrigado más. El windstopper no basta, añadimos guantes largos y braga para las orejas porque en las bajadas a primera hora se notan los menos de 10 grados del ambiente. El paisaje es de pequeñas lomas con vegetación variada. Lo mismo te encuentras pino, que alcornoque, que fresno, que algunos ejemplares sueltos de eucalipto. Así debieran ser los bosques para favorecer la diversidad animal.

Dejamos la carretera para tomar un tramo que hicimos el día anterior que nos acerca a Miranda del Rey. Nos espera la vía Romana que sospecho que de romana tiene muy poco. Ya sabemos que cualquier empedrado medianamente antiguo, se toma como romana. El aspecto es medieval. Las romanas eran más robustas, mejor elaboradas y con enormes piedras. La abandonamos para seguir el curso seco del arroyo del Hornillo que en dirección Norte y fuerte pendiente nos acerca hasta la casa del mismo nombre que ya vimos ayer, por lo que pasamos de largo. Ya no hay frío. La cuesta se lo lleva hasta el día siguiente.

Los siguientes 8 kms los hacemos cresteando y con continuos subi-bajas por pista forestal perfectamente mantenida, hasta llegar a un cruce de caminos donde nos detenemos. Un vistazo alrededor y vemos una colina donde se adivinan los restos de un castillo. Evaluamos el esfuerzo de ir hasta él. Hay que tomar una pronunciada bajada por un cortafuegos, para tomar la consiguiente subida angustiosa del 1:1. Visto que lo anterior no da para hacer un gran reportaje audiovisual, acordamos que es el sitio para estrenar a Retortijón (el Dron) este año. Un cartel caído en el cortafuegos nos indica que se trata del castillo del Castro Ferrall. A duras penas Alfredo, y empujando el resto, hacemos los últimos metros con la ilusión de que haya merecido la pena el desgaste físico.

Retornamos por el mismo camino para tomar la pista que nos lleve a Los Órganos, primordial objetivo de esta excursión. Tomamos una bajada alegre y reconfortante si no fuera porque hay que subirla después de llegar al mirador. Los últimos metros apenas son ciclables menos para Alfredo que se encarama casi hasta la valla protectora con su Trek. Tenemos algo de público que festeja con admiración cuando sale el Dron de su cajita, haciendo su característico ruido de ventilador.

+Nos recreamos haciendo fotos y videos además de las múltiples poses para la posteridad. Las vistas son excepcionales. Merece la pena venir hasta aquí. Tras la media hora de rigor, toca retroceder por la cuestaca que con temor bajamos hace unos minutos. Hago varios intentos de buscar caminos que nos la eviten, pero ya lo habían contemplado mis compañeros mirando el mapa en el PC y en el GPS, infructuosamente. Con resignación y menos esfuerzo del previsto nos plantamos de nuevo en la pista que nos conduce en pronunciada pendiente de bajada hasta la carretera.

Bajamos a toda hostia. El firme lo permite. Las cubiertas de 2,30 me dan una seguridad tremenda. Vamos parando para reagruparnos cuando en una de éstas, veo a Pepe cayendo a escasa velocidad en un punto sin ninguna dificultad. Tarda en levantarse, lo que nos preocupa. Vamos a ayudarle, para lo que hay que subir apenas 100 metros. El balance es: leves rasguños, golpe en la cadera y dolor de mano. Rompe el horroroso culottte largo (y corto, porque no le cubren las canillas del todo), lo que internamente celebramos. Pensábamos que ya sólo queda dejarse caer hasta la carretera y acercarnos al Hotel-cansino, pero nos damos cuenta que estamos debajo de la autopista muchos metros, tantos como altos son los pilares que la sustenta. Y nuestro Hotel-alcantarilla se haya a algunos metros por encima.

La subida por carretera se nos hace eterna y con el único interés de acabarla cuanto antes para meternos una ducha y dejar que nuestro trasero malherido por el sillín, descanse en paz.

Comemos en el alojamiento y por la tarde nos vamos a un pueblo que nos recomienda el camarero. Baños de la Encina donde nos sorprende un castillo muy conservado.

Pero eso es otra historia que veremos en el video que haga sobre Despeñaperros. Próximamente en este local.

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San Chinarro – El Pardo

Ruta realizada el Sábado 03/10/2020

Dificultad Física
Dificultad Técnica
58.2 km
1069 m
7 Km Distancia Madrid
4h36'
4h03'
Características Terreno No hay información sobre el terreno

Participantes: Juan, Rufi

Mas detalle ruta

Descarga ruta: San-Chinarro-El-Pardo-2020-10-03.gpx

Ay ay ay. Una inocente e inofensiva ruta por el Pardo. A estas alturas todos sabemos que el Pardo es cualquier cosa menos inofensivo (tiene más trampas que una película de ¡¡¡putos chinos!!!) pero, si a ese enunciado le añades a Juan, la cosa se convierte en una bomba de relojería.

Kevin, contigo empezó todo (frase que recordarán especialmente los «madrilistas malos vecinos») pero, en este caso, todo empezó con Juan que, nada más proponerle la ruta dijo aquello de «¿y no podemos ir a El Pardo saliendo desde aquí?». Claro que se puede, todo se puede si te cascas 12 Kms de ida y otros 12 de vuelta. Por ello, lo que inicialmente era una inocente (insisto, en el puto Pardo, inocente no hay nada) ruta de 32 Kms, se ha convertido en una de más de 58. ¿Quién dijo miedo?

Hemos salido de Sanchinarro con fresco (yo diría que era frío, pero voy a parecer del Madrid) y no hemos entrado en calor hasta la subida que lleva desde el Filandón hasta el Tambor de El Pardo. Ahí ya hemos enganchado la ruta estándar.

Hay que decir que Juan y yo hemos sido unos hachas leyendo la ruta, que no era nada fácil. Hemos hecho las subidas, las bajadas, los bucles y no nos hemos equivocado ni una vez. Y eso que esta ruta es para navegadores avezados porque tiene más nudos que un encaje de bolillos.

La ruta no la voy a describir porque nos la conocemos de memoria. Es muy divertida y no paras de dar pedales ni en las bajadas. Hoy he ido un poco más despacio porque los dos grandes desastres que he tenido yo han sido siempre en El Pardo.

Con dos coj…. (cada uno)

Ha sido un día de encuentros. Cuando hemos subido al Cristo del Pardo hemos visto unos coches «sospechosos». Juan pensaba que se estaban negociando los términos del cierre de Madrid entre el PP y el PSOE en el restaurante El Torreón. Pero no. Cuando hemos bajado al pueblo, Juan, con su vista de lince, ha reconocido a importante banquero que iba a paso de carga, seguido de cerca por un guardaespaldas que debía ir pensando a quién coño se le habría ocurrido la idea esa de ir andando como si hubieras robado algo y te fueran persiguendo.

Luego, llegando ya al aparcamiento de Somontes (nosotros no habíamos aparcado allí, pero la ruta es la ruta, que diría Alfredo) nos hemos encontrado a Benito Vázquez (Alfredo se acordará de él) que está con el mismo peso que tenía a los 14 años, pero con el pelo más blanco.

Juanito me ha dado un recital de subidas, demostrando su sempiterna pericia con el 1:1. Alfredo, tu famosa subida, aquella que solo hacías tú, ha quedado violada repetidamente. Juan se la ha subido 3 veces con el 1:1 y yo, después de fracasar dos veces, he metido el 1:4 y me la he subido. No he tenido tanta suerte con otro de los hitos clásicos de esta ruta que, sin embargo, Juan sí se ha subido del tirón. A mi me ha patinado la rueda trasera y he tenido que poner pie a tierra.

La vuelta ha sido la leche. Nos habíamos propuesto ir despacio y reservar las pocas fuerzas que nos quedaban, pero los geles que nos hemos tomado nos han hecho efecto y hemos volado.

Moraleja, esconde la mano que viene la vieja. Una ruta «intensa» divertida y a la que tengo que agradecerle a Juan que tenga estas ocurrencias porque, si no, habría salido una ruta gay como la que habrán hecho los putos jubilatas hoy.

Os queremos, besos

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Despeñaperros: Santa Elena-Hornillo-Navas Tolosa

Ruta realizada el Sábado 03/10/2020

Dificultad Física
Dificultad Técnica
45.2 km
821 m
231 Km Distancia Madrid
5h20'
4h00'
Características Terreno No hay información sobre el terreno

Participantes: Alfredo, Domingo, Félix, Pepe

Mas detalle ruta

Temperatura media: 15.3
Descarga ruta: Santa-Elena-Hornillo-Navas-Tolosa-20201003.gpx
Reproductor audio crónica:

Comenzamos el primer día de la salida de Jubilatas en Despeñaperros. Afortunadamente pudimos salir del afamado Mesón Hostal Despeñaperros donde Pepe y Félix vivieron una experiencia religiosa. Aparte de que la decoración es de antes de la guerra civil y de que las maderas de la ventanas apenas cierran dejando pasar aire y ruido , Félix y Pepe disfrutaron de varias sorpresas; el agua salía marrón y en el váter había asomando un recuerdo alargado del que no quiero dar más detalles. Tras la consabida queja, el problema mutó a un olor a cañerías constante que les obligaron a dormir con las ventanas más abiertas si cabe.

Bueno, vamos a la ruta que es lo que importa. Antes de salir nos hicieron la foto unos colegas Pro en frente del Mesón que nos miraban como nosotros miramos a los globeros.

Comenzamos subiendo por una carretera de montaña con destino a Miranda del Rey. A medio camino nos encontramos con el centro de visitantes de Llano de las Américas. Allí intentamos socavar información de alternativas a la ruta y llegamos a la conclusión de que más allá de llevar jubilados a la cascada de la Cimbarra no tenían ni idea de rutas y senderos , y toda recomendación que nos dieron era que «si no se puede pasar es que no se puede pasar». Eso sí, nos midieron la temperatura a todos y nos pidieron nuestros datos para dejar constancia del éxito del centro.

Centro de Visitantes a la vuelta

 Tras pasar por Miranda del Rey  entramos en pista forestal donde el paisaje corresponde con el bosque mediterráneo, con predominio de encinas y alcornoques, pero también quejigo, roble melojo, arizónicas y pinos

Seguimos subiendo hasta llegar a la casa del Hornillo. Pero antes el track nos indicaba un desvío que consistía bajar en un barranco sin camino en medio del bosque. Afortunadamente Pepe se dio cuenta que había una alternativa por pista y dimos marcha atrás para evitar un clásico en nuestra salidas que es el cruce de barrancos con la bici al hombro.

En la casa del Hornillo nos hicimos unas fotos y encontramos una entrada en la que a Rufi le hubiera encantado dejar una deposición.

Después del Hornillo variamos el rumbo hacia el sur con destino a La Carolina y Navas de Tolosa. Aquí tuvimos que dar un rodeo a una finca por unos cortafuegos muy divertidos. Antes de empezar el rodeo nos encontramos a unos señores mayores (más que nosotros) en bici donde sí que nos dieron recomendaciones sobre la ruta de mañana y nos avisaron que algunas bajadas del cortafuegos eran peligrosa (que luego no fueron tanto)

Según nos acercábamos a La Carolina y no alejábamos del parque de Despeñaperros el paisaje cambió radicalmente. Primero nos encontramos con varias chimeneas de antiguas minas de plomo abandonadas que no se podían visitar al estar cercadas en una finca. Luego el paisaje pasó tener un aspecto de estepa desértica sin vegetación.

Chimeneas de las minas

Nada más llegar a La Carolina nos encontramos con una instalación de energía fotovoltaica descomunal, que debía proporcionar electricidad a todo el pueblo, lo que demuestra que este lugar en verano debe ser imposible salir a la calle.

Justo en frente de La Carolina se encuentra Las Navas de Tolosa a partir del cual, cambiamos a rumbo norte de vuelta a casa y fuimos paralelo al río de la Campana donde volvimos a tener un paisaje más frondoso.

Al final llegamos sobre las 15:00 y comimos en el Mesón como unos señores con paté de ciervo y carnes varias.

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El Vellon-La Cabrera

Ruta realizada el Jueves 01/10/2020

Dificultad Física
Dificultad Técnica
40.9 km
633 m
40 Km Distancia Madrid
3h46'
3h14'
Características Terreno No hay información sobre el terreno

Participantes: Alfredo, Domingo, Félix, Pepe, Santiago

Mas detalle ruta

Descarga ruta: El-Vellon-2020-10-01.gpx
Reproductor audio crónica:

Empezamos esta ruta entre los rumores de confinamiento y el lamentable espectáculo ofrecido por nuestros ilustres políticos. Mal entorno, sin duda. Menos mal que somos animados y pasamos de estas historias que si no… Lo bueno del día es que Alfredo volvía de las colonias y el sobrino de Pepe nos regaló con su presencia. Una estrella este Santi, que hizo su llegada triunfal con su 2 CV y vestido elegantemente para la ocasión, con su malla y calcetines conjuntados, dandonos en los morros con su gravel.

El día se mostraba espectacular, el último del veranillo de San Miguel. Un poco de fresco al principio que fue remitiendo a lo largo del día. La ruta propuesta por Pepe está formada tramos que ya hemos hecho repartidos en varias rutas, pero nunca juntos. Después de recorrerla está claro que no es la indicada para momentos lluviosos porque en muchos tramos se pueden formar unos barrizales que, sin duda, darán al traste con la excursión. Pepe le vendió la moto a Alfredo de que se trataba de track repleto de trialeras y senderos rápidos, con lo que éste estaba más contento que unos castañuelas.

Aunque la ruta original sale de Pedrezuela, Pepe, con buen criterio, pensó que no aportaba nada, y nos convocó en el Vellón, pasándonos el punto de encuentro en coordenadas en formato decimal (como en las pelis americanas de guerra), lo que creo confusión entre algunos.

Nada más salir del pueblo enfilamos un sendero en dirección a Cotos de Monterrey. Senderos y bajadas rápidas por un paisaje de monte bajo. Codornices para parar un tren en un terreno de monte bajo, con cultivos preparados para recibir el invierno.

Somos unos culturetas, no lo podemos evitar. Es ver una iglesia y ya nos estamos haciendo fotos con ella.
Santi luciendo un conjunto a juego en lycra italiana gravel style presentado en Milano hace pocas semanas. Siempre marcando estilo y tendencia.

Continuamos nuestra ruta por una zona bastante rápida, con algún repecho, hasta llegar a la N230. Ahí la cosa cambió, para empezar a encadenar subida tras subida. A ver, no todo va a ser …

Dos generaciones

Entramos en Redueña, donde habíamos estado no hacía mucho, y seguimos subiendo por carretera hasta una zona llamada el Portachuelo donde entramos de nuevo en pista, camino de la Cabrera. En la cercanía de los Riscales, otra batería de rapas y rampones. Ya lo avisaba el nombre.

En la Rabusera, una zona de explotación, las cosas vuelven a su cauce. Zona llanita llena de ganado bravo. Ahí nos tomamos el platanito y seguimos, ya la cosa mucho más plana. Alfredo reclama sus trialeras y Pepe se aleja silbando.

Yo pensaba que estos tractores con pinchos solo existían en las películas de miedo.
Pepe no se lo esperaba… Muerte natural, decían. No sé yo.

Como siempre, cuando uno enfila el final de etapa, le empiezan a sobrar kilómetros y cuestas. Pensabamos que ya todo iba a ser llano hasta el Vellón, pero no, claro.

En el pueblo buscamos un local ajustado a nuestro nivel. Fue arduo elegir entre la amplia oferta que presentaba el Vellón. Pepe, exasperado, hasta rompió un cenicero. Después de controlarle para que la cosa no fuese a más(quería que comiésemos en una panadería…) nos decidimos por uno en la plaza del pueblo. Un acierto, con una camarera de la costa oeste de Ecuador de lo más simpática, que encajaba los vaciles de Pepe con alegría.

Allí planificamos nuestra salida a Despeñaperros para el viernes. Las noticias del confinamiento aconsejaban escapar lo antes posible de Madrid, adelantando la salida. Pepe realizó una brillante negociación con el alojamiento y comimos tranquilamente, con todo ya arreglado.

Después de la comida, los jubilatas recibimos una master class de mecánica impartida por Santi, que ajustó sucesivamente los radios de Alfredo, mi suspensión trasera y diagnosticó también la de Félix. Y la tarde, ya en Madrid, la dedicó a la Merida de su tío. La leche este Santi. Un MAQUINA con mayúsculas.

Como siempre, un día genial, sobre todo por el contraste con todo lo que nos rodeaba.

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Aravaca El Pardo Puerta Hierro

Ruta realizada el Martes 29/09/2020

Dificultad Física
Dificultad Técnica
48.6 km
603 m
8 Km Distancia Madrid
5h37'
4h22'
Características Terreno No hay información sobre el terreno

Participantes: Félix, Juanlu, Pepe

Mas detalle ruta

Descarga ruta: AravacaPardoPuertahierro2020-09-29-08-54.gpx
Reproductor audio crónica:

Se trataba solo de dar un paseo, de acercarse a la Casa de Campo y rodar un rato en el centro de la mañana, después de dejar listos unos garbanzos guisados.

Lo que pasa es que Juanlu es madrugador y dice que si a las 9h en el puente de los reyes. Félix más bien caprichoso, que si mejor a las 10h en el Pardo. Y uno, que de ser hembra estaría cargao de churumbeles, dice que sí a todo.

Pues eso, me dejo caer por el sendero de las cuesta de las perdices, ese en el que vas viendo todos los pringaos que quieren entrar a Madrid por la A6 y los que, conociéndola, huyen despavoridos en sentido inverso.

En un momentito me encuentro con Juanlu, que llevábamos tiempo sin coincidir. Tiene cara de preocupación, de desasosiego, porque nos han cortado el anillo ciclista en el sentido que se dirige a El Pardo ¡qué hacer ahora! El paseo se complica con un  recorrido feo sobre la maleza, por fuera del quitamiedos de la M30. Llegamos a la rotonda que comunica con Arroyofresno y bajamos hacia Mirasierra por un lateral que han habilitado a peatones. Ahí ya recuperamos confianza y enlazamos con nuestra ruta original por la puerta que nos enseñó Alfredo, muy conveniente para abandonar la civilización de repente.

Llegamos al parking de Somontes cuando Félix se está acicalando, pocos minutos antes de la hora fijada. Coordinación perfecta favorecida por la experiencia y la purita casualidad.

La margen del río ya la conocéis, fresca en cualquier época del año. La recorremos sin más hasta la presa, eligiendo el camino estrecho a partir del pueblo. Hoy es día de trabajo y está despejado, molestamos poco y nos estorban lo mismo.

Vamos de tranquis y con charla. Al cruzar el río pegamos la hebra con un gordito que está esperando a que pase el águila imperial para hacer fotos. El hombre es muy aficionado y nos cuenta de aves y sitio donde verlas. Dice que las águilas le están cogiendo el gusto a las gaviotas que hay en la presa, que a las cotorras entran menos, que deben ser de peor sabor.

Hoy no vamos a ver a Paco, por no ser pesados. Lo poco agrada y lo mucho enfada. En su lugar cogemos los senderitos encrespados de subida que tan poco me gustan. Esos que vas tan tranquilo y te metes un repecho de los de escupir trozos de miocardio. Además, con el suelo seco, la rueda resbala con frecuencia en las bajadas. Pero bueno, se completan sin más hasta llegar al mirador.

Seguía con la intención de hacer el paseo corto y tiro del grupo para bajar hacia el pueblo por un sendero paralelo a la carretera de los cuarteles, que luego sobre el plano comprobaría que, más que ahorrar, suma distancia. Bueno, es cómodo y de bajada.

No podemos tomar una cerveza en la taberna de Sele, que tiene gran variedad de marcas y unas tapas estupendas. Lo dejaremos para otra.

La vuelta es deshacer lo andado hasta el aparcamiento. Nos quedamos en ruta Juanlu y yo en dirección a la ciudad.

Como el anillo ciclista no está transitable, el retorno tiene su gracia. Nos metemos una buena subidita rodeando el club de golf Puerta Hierro, entre casas impresionantes, algunas ya bastante ajadas, pero todas bonitas.

Salimos a la Ciudad Universitaria, buscando cómo regresar a casa por el mejor camino. Juanlu elige una vuelta rápida, que le colocará en poco tiempo en el parque del Oeste. Yo bajo por sendero a la M30, hasta enlazar con La Senda Real y hacer parte del recorrido que mi compi hizo de mañana.

Llego a casa con más paseo del que tenía pensado, tanto en Km como en subida. Luego está la mierda del pgs del móvil, que te birla la mitad del IBP que has hecho, pero bueno, ahí queda el recorrido (los garbanzos estaban estupendos).

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Guadalix, Pedrezuela, San Blas, Miraflores

Ruta realizada el Domingo 27/09/2020

Dificultad Física
Dificultad Técnica
49.1 km
852 m
41 Km Distancia Madrid
4h30'
3h31'
Características Terreno No hay información sobre el terreno

Participantes: Juan, Pepe, Rufi, Mario

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Descarga ruta: Guadalix-Hoya-de-San-Blas-Miraflores-2020-09-27.gpx
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Pues eso, a las 9h en el polideportivo de Guadalix. Parece fácil, te envían la ruta y la ubicación, pero no, Juanito se pega un rulo previo por la sierra madrileña y llama desesperado para finalmente llegar con casi media hora de retraso. Menos mal que le queremos y no se ha quedado en tierra. Claro que, bien podría haber salido un rato después y, aun así, llegar el primero. Qué paliza.

Nos ponemos en marcha con un día estupendo, fresquito y con mucho sol. Mario me deja unas gafas, que las mías las he roto y las amarillas que me quedan dan una imagen entre Bono y Rapel que no encajan con la sobriedad del equipo.

Echamos a rodar, por primeara vez en llano, con un camino estupendo que bordea el embalse de Pedrezuela, también conocido como “El Vellón”, un sitio donde yo iba en primavera a pescar bogas y cachos de chaval. Un recorrido suave que nos deja calentar antes de enfrentarnos a los primeros rampones para separarnos del agua.

Seguimos por monte con árboles de esos duros, de los que lo aguantan todo: encina, espino albar, quejigo, sabina y otros que no me sé el nombre. Se aclara la vegetación un poco, con retamas y dehesa despejada. Sitio típico de ganado vacuno, de reses bravas, de chotos para morderlos según pasas. Vamos lidiando con las cancelas y nos acercamos hacia la hoya por camino entre Soto y Miraflores.

Las pistas cercanas al Jacaranda nos las conocemos bien, con sus cuestas, su grava suelta y el sufrir que conlleva después de haber pasado la mitad de la ruta. La capilla nos pasa desapercibida, nos la saltamos sin más. Eso que teníamos pensado extender allí el reportaje fotográfico, como acto de Fe y devoción cristiana hacia el amigo Blas (al fin y al cabo, el catolicismo también es politeísta, como los griegos y los romanos, solo que sus ídolos eran más divertidos y follaban como conejos), pues eso, que Blas se nos pasa de largo y el esperado momento del plátano se retrasa hasta tener ya subido todo lo que había que superar.

Ahí estamos, en el enlace con la pista que sube a Morcuera, al lado de la barrera colorada que tantas veces hemos pasado en subida. Hoy toca de  bajada.

Nos echamos para Miraflores y cruzamos el pueblo con una perspectiva distinta, con bajada por la asquerosa cuesta de adoquines que siempre tratamos de evitar, claro que hoy no nos hace sufrir, basta ahuecar un poco el esfínter del sillín y lo resuelves en dos patadas, a toda hostia.

Luego cruzas esas vías por las que se olvidaron de enviar trenes y enlazas con un senderito majo, entretenido, con alguna pedalada, pero no muchas ni duras y con algún escalón comprometido que se acepta bien. Solo pesan los km que ya llevamos en las piernas, que te hacen estar un poco más atocinado y comprometen un poco la habilidad en los pasos exigentes.

Con poco más de pista cómoda nos plantamos en el pueblo de Guadalix, animado en los bares a la hora del vermut. Mascarillas al viento y sonrisas descubiertas que ignoran la que nos está cayendo hasta donde sea posible. No queremos más. Es común la voluntad de mirar para otro sitio y cumplir con la profilaxis sanitaria como con el culto a San Blas, de pasada, disimulando, centrados en lo que nos mola: la bici, los amigos, las relaciones…

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Boalo-Barranca-Senda Ortiz Ten cuidado con el verdín

Ruta realizada el Domingo 20/09/2020

Dificultad Física
Dificultad Técnica
44.2 km
983 m
38 Km Distancia Madrid
4h59'
3h57'
Características Terreno No hay información sobre el terreno

Participantes: Félix, Rufi, Mario

Mas detalle ruta

Descarga ruta: Boalo-Barranca-Senda-Ortiz-2020-09-20.gpx
Reproductor audio crónica:

Hoy los de la cofradía del mocho anunciaban lluvias copiosas pero, al final, no nos ha caído ni una gota y hemos disfrutado como enanos.

La ruta, que no es ninguna clásica, ya la hemos hecho otra vez (yo, al menos, solo una vez) y merece mucho la pena. Es una ruta muy divertida que tiene de todo, subida, bajada, trialeras, pistas anchas y sendas reviradas e incluso alguna que otra excursionista que te alegra la mañana (siento el comentario sexista, pero la crónica ha de ser fiel a la realidad).

Solo hemos ido Mario, El Jefe (con mayúsculas) y yo porque Pepe andaba por ahí liado, Juan estaba dando cera y puliendo cera y Miki no tengo ni idea de qué estaba haciendo. Alfredo, preparando la temporada y, para poder seguir yendo en paralelo, se ha cascado una cronoescalada al puerto de Casares.

Vuelvo a la ruta, que me voy por los cerros de Úbeda. La ruta sube desde el Boalo hasta el mirador de la Barranca (no sé cómo se llama). Hasta llegar allí hemos disfrutado de sitios súper chulos como el camino que va paralelo al pantano de Navacerrada, con sus piedrecitas y su subidillas técnicas. En el sitio en el que me caí la vez pasada que hicimos la ruta, demostrando mi capacidad de mantener la bici parado en equilibrio, hoy he tenido que dar una clase práctica de «subida a lo cafre por encima de las raíces» que, afortunadamente, me ha salido bien.

El jefe, fiel a sus costumbres, ha vuelto a ligar, como ya lo hizo en aquella otra ruta. Hoy le ha tocado la hermana negra

En la subida, que se ha hecho más llevadera de lo que me esperaba, destacaría dos acontecimientos. En el primero, hemos parado a comer algo y reponer fuerzas y Mario, haciendo caso omiso de la célebre frase de «Cuidado con el verdín» se ha hecho una estirada en plancha contra una piedra, comprobando, además, que su teléfono móvil no era sumergible. Las frases célebres son por algo y responden a la sabiduría popular. Conviene hacerles caso.

¡¡¡CUIDADO CON EL VERDÍN!!!

Un poco más adelante estaba el segundo acontecimiento. Parece que hay una cosa que se llama el pino de la cadena http://elviajero-digital.com/?p=1705. Digo que parece, porque el puto pino está en medio de un cuestaco que, cuando uno pasa por allí lo que menos apetece es buscarle la cadena al famoso pino. De hecho, esta cuesta la conocemos todos porque nos la hemos comido varias veces yendo a la cuesta del calvario. Una vez había una carrera y un tío nos adelantó en el arroyo. Iba tan rápido que hacía olas.

Pues, al tran-tran hemos subido hasta el mirador y el punto donde empieza la senda Ortiz. Bueno, al tran-tran yo porque a Mario le faltaban piñones, pero de los pequeños, y el Jefe, cada dos por tres se ponía de pie sobre los pedales, bajando dos o tres piñones y, de esta manera, humillando a sus amigos.

La senda Ortiz, brutal, divertidísima, variada y, por si fuera poco, permitida aunque esté inserta en el parque natural de Guadarrama (al menos eso me han dicho Félix y Mario). La «bajasubida» (tiene un par de tramos de subida súper técnicos en los que hemos tenido que poner pie a tierra) ha sido muy entretenida y, además, más segura de lo que pensábamos porque, aunque el suelo estaba húmedo, las raíces no resbalaban tanto.

La continuación de la senda Ortiz, una vez remontado un trozo de pista, es otra trialera espectacular que nos conduce a los aparcamientos de abajo. Aunque la vez pasada los paseantes nos dijeran que aquello era zona prohibida, si la senda Ortiz no lo es, esto tampoco debería serlo.

Para no cambiar de modalidad, desde los aparcamientos hemos ido por un camino estrecho que también es muy divertido. Al final del mismo había una furgoneta parada en mitad del camino. El menda nos ha dicho que se podía bordear por la derecha, cosa que hemos hecho todos. Cuando me tocaba pasar a mi, justo después del jefe, se ha oído otra frase famosa. En concreto, en el parque de la Pedriza se ha escuchado nítidamente ¡¡¡CUIDADO FER QUE ME HE FOLLADO AL GATO!!!. Uno, que a diferencia de Mario, si hace caso de las frases, ha pasado con extremo cuidado y ha evitado hacerse jirones los brazos y la cara con el gato, que después de haber pasado el jefe, ya estaba resabiado.

Bueno, voy concluyendo, que tengo tendencia a contar las crónicas en escala 1:1 y a la ruta, al final, le han salido más de 44 kms, con lo que la crónica puede llegar a ser Guerra y Paz.

Por ponerle un pero, a mi siempre me acaban sobrando un par de kilómetros al final, pero es por ponerle un pero, que no se lo merece.

Día fantástico, en magnífica compañía y con una ruta muy divertida que hemos de tener en cuenta para repetirla en épocas en las que no haga mucho calor

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