Ruta realizada el Sábado 08/05/2004






Participantes: Alfredo, Félix, Juan, Pepe, Jesús
Para esta ruta se han apuntado dos nuevos: Tomás y Miguel. Amigos de la infancia con los que compartí mi mejor época de emociones, golfadas y amores. Han tenido que pasar 25 años para volver a coincidir en un juego, esta vez lícito, que los de antaño no lo fueron tanto…
Al ir a empezar la etapa, todavía traemos recuerdos de la semana anterior, ya que Félix viene un una rueda pinchada y Jesús tuvo que seguir quitando pinchos en casa.
Salimos hacia el puerto de La Puebla, que aunque es una subida de asfalto, no se hace ingrata, porque la carretera es bonita y no hay tráfico. Vamos con ritmo alegre hasta coger la pista que sale por la izquierda, a unos 8 kilómetros.
La pista sigue subiendo, pero ya más suave, por un pinar que culmina en el collado Salinero. Al girar hacia el Este vamos atravesando una zona de repoblación de pino y matorral, que dan a los barrancos de alrededor el mismo aspecto que la cabeza de los negros con trenzas “afro”. Han tenido que meter muchas pelas para sembrar tantas laderas. Esperemos que generaciones futuras disfruten de ellas.

Del collado Salinero al de las Palomas vamos prácticamente llaneando, remontamos unos 100 mts. Subo más o menos ligero y Jesús y Juan aprovechan para ir recogiendo las cosas que se me caen de la mochila, que me he dejado abierta. Se sienten como Pulgarcito y las migas de pan ¡menos mal que esta vez no me he quedado el último!
Comemos alguna cosa y descansamos. Tomás ya dice que si hay que bajar mucho y que si hay que subir después, sin embargo, Miguel va fresco y disfrutando. Félix y Alfredo iran todo el tiempo (casi todo) por delante y Juan y Jesús hoy parecen estar algo más vagos.

La bajada hacia el collado de La Vihuela es una pista de peor calidad, con rodadas algo más profundas. En esta bajada en cuando Félix echa en falta sus llaves. No se si como consecuencia de que yo fuera con la mochila abierta o simplemente por casualidad, revisa su equipaje y le faltan las llaves del coche y de casa ¡qué faena! La broma es gorda.
Llegando al último collado, Jesús se adelanta un poco en la bajada y lógicamente, se pasa de largo el desvío al pueblo ¡le ha vuelto pasar! no se como lo hace para ponerse en cabeza y equivocarse inmediatamente después.
La bajada se inclina mucho. El último tramo de pista baja 100 metros en kilómetro y medio, con firme malo. Aquí hay que arreglar un pinchazo y enfilamos hacia el pueblo. Es una bajada corta y trialera, que cada uno hace como puede (yo, casi todo andando). Miguel enseña aquí su técnica de trial y lo hace bastante bien.
Abajo no se ve a nadie, pero hay unas vacas y un caballo. Puede que no estuvieran en la única casa habitada o que no quisieran salir, ya que según la historia de Gustavo, la casa pertenece a la Diputación y el pueblo está formalmente deshabitado. No puedo evitar el imaginarme la vida aquí. No podían llegar ni siquiera carros, con lo que todo el intercambio de mercancías con el exterior se tendría que hacer a lomos de caballería. Algo tan sencillo como las tejas que se ven por aquí, un cristal de ventana (si los hubo) o cualquier tejido, debía ser un bien escaso. El camino a los pueblos de La Vereda o Prádena llevaría un día entero y tales metrópolis tampoco podrían ofrecer mucho.

Bueno, el caso es que ya lo hemos visto, ahora toca subir. Primero empujamos por el sendero y luego pedaleamos con desarrollo muy corto para volver al collado. Es una subida dura y tiene su mérito el hacérsela entera sin poner el pie. Obviamos la variante que había pintado Félix y cogemos derecho hacia el collado de las Palomas, que también es subida y, a estas alturas, ya van pesando. Este es el tramo más bonito del recorrido, es donde se ven los grandes robles –todavía sin hoja- y la vegetación es más rica y variada.
Rodeamos el cerro Porrejón por la cara Sur, perdiendo bastante altura hasta salir a la carretera del puerto, pero esta vez por el lado de La Puebla de la Sierra. Al llegar a la carretera hay que subir unos 3 kilómetros. Tomás va muy justo de fuerzas y me quedo con él para que vaya a rueda y no suba andando. Arriba nos reagrupamos todos, pero por poco tiempo, porque ahora se trata de bajar 10 kilómetros seguidos por asfalto y los amantes de la adrenalina sueltan el freno y se embalan a tope.
Esta etapa es de Jesús y justo es dejar constancia de ello. Hace una bajada vertiginosa y les abre hueco cuando menos se lo esperan. Alfredo quiere reaccionar, pero ya no hay tiempo. Son más de 90 kilos cuesta abajo y con unas ganas de triunfo inigualables. Al final de la bajada hay que mantener la punta y pedalear con desarrollo grande. Puedo imaginar perfectamente la cara de Jesús desencajada por el esfuerzo y la rabia de Alfredo, viendo que se la están quitando en sus narices y sin trucos ¡Bravo Jesús! otro día con menos prisa te busco las flores y la rubia que da los besos en la meta.
Es hora de volver a las llaves. No están en el coche como esperábamos, pero preguntando en un bar cercano nos indican que se las han entregado al guarda forestal. Llamamos por teléfono y nos las trae. Afortunadamente la ruta acaba sin problemas, frente a unos botellines y comiendo a pellizcos una barra de pan.
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