El Pontón después del diluvio

Ruta realizada el Jueves 27/03/2025

Dificultad Física
Dificultad Técnica
26.9 km
655 m
56 Km Distancia Madrid
3h05'
2h02'
Características Terreno Suelo normal (tierra con alguna piedra), sin trialeras, sin obstáculos, sin limitaciones de temperatura, zona de fotografía interesante

Participantes: Félix, Carlos

Mas detalle ruta

Descarga ruta: 2025-03-27-El-Ponton-de-la-Oliva-2.gpx
Reproductor audio crónica:

Tras tres semanas lloviendo a cascoporro, por fin podemos aventurarnos a contemplar los restos del mundo conocido. Hacía muchos años que no llovía tanto tan seguido. De hecho, no recuerdo algo igual.

Yo iba con la esperanza de volver a ver un espectáculo único que pudimos contemplar Pepe y yo, hace más de 25 años. Fue un día que íbamos solos y al acercarnos por la carretera a la presa, se oía un rumor que iba creciendo a medida que nos acercábamos. Al girar la última curva nos quedamos mudos. El agua del Lozoya sobrepasaba el muro de la presa en un metro. El estruendo era monumental y las gotas de agua rebotadas llegaban hasta el borde de la carretera. No encuentro fotos, así que es muy probable que no tuviésemos aún cámara digital, ni por supuesto móvil. (Las fotos más antiguas de rutas que conservo son del 2001 en Cazorla y están hechas con cámara analógica. Y del Pontón las primeras fotos que tengo fueron hechas por Alfredo en 2002, que era el primero y único que tenía cámara digital, la Canon PowerShot S40, que algo después compré yo también). ¡Qué viejos somos y cuantas aventuras podemos contar!

En esta ocasión vamos Carlos y yo solos porque los habituales andan por Nueva Zelanda, Japón y Portugal respectivamente. Después de estar esperando en el aparcamiento un rato, me llama Carlos porque el GPS le ha enviado hacia la Casilla de la Lastra. Mientras vuelve al punto de encuentro decido acercarme a la presa y nos cruzamos en la carretera. Al llegar a la base de la presa, ni rastro del espectáculo del agua por encima del muro. Sin embargo, el aliviadero lleva un caudal importante. Le pido a un señor que me haga unas fotos y de vuelta me encuentro con tres ciclistas a los que pregunto por la ruta que van a hacer.

No conocen la zona y me dicen que van hacia Valdepeñas de la Sierra y volviendo por las Cárcavas. Siguen un track de Wikiloc que lleva uno en su móvil. Le digo que nuestra ruta va por la Presa de la Parra y en sentido inverso, pero no saben de qué hablo. Cuando arranco llega Carlos así que decido que esta vez haremos el recorrido a la inversa de lo habitual. A los pocos metros damos alcance al trío ciclista. Llevan e-bike, pero van muy lentos. Así que los adelantamos y paramos en el aparcamiento de arriba donde le enseño a Carlos las vistas al barranco del Lozoya que fluye con abundante agua, pero lejos de necesario como para que rebose la presa.

Al poco de continuar, nos paramos a ver el lugar donde yacen las cenizas de nuestro querido amigo Jesús. Todos los años nos pasamos unos u otros a hacerle un breve homenaje. El sitio continúa pareciéndome espectacular.

Continuamos por la pista del Canal hasta Alpedrete de la Sierra y dejamos atrás el «patio de los callados» para comenzar el ascenso por el pinar. En la casa en ruinas paramos a comer el plátano mientras contemplamos lo verde que está todo. Seguimos hasta coronar e iniciamos la bajada hasta la Presa de la Parra. Tras cruzar el arroyo Robledillo por el rústico puente de madera, el senderito está obstruido por varios árboles más de los que hace años ya lo hacían.

Me temía que estuviese la presa cerrada por el exceso de agua proveniente de la del Atazar. Afortunadamente sólo continúa el cartel de Prohibido el Paso, que pusieron hace años y al que todos hacemos caso omiso.

Tras las fotos de rigor recorremos la ribera del Lozoya por la Cañada de la Caleriza que lleva un caudal desconocido. Hay tramos donde pastaban las vacas que ahora están cubiertos de agua. Multitud de árboles están dentro del cauce. Vacas ni una, lógicamente. El camino en algunos tramos ha sufrido los daños del agua y está destrozado.

A pesar de que los árboles aún no han brotado está todo muy bonito por la singularidad del verde del pasto recién salido y la cantidad de agua que lleva el río. Sólo nos cruzamos con varios senderistas. Somos unos privilegiados.

Queda salir del barranco tras una breve subida, que con la e-bike es un suspiro, hasta llegar cerca de la puerta de la Cueva del Reguerillo y dejarnos caer por la carretera hasta el aparcamiento donde tras una limpieza de la bici, nos volvemos a comer a casa.

Podemos observar como estaba el caudal. Os dejo unas fotos de «Aquellos primeros años» y con una música casi de aquella época: la Obertura de Las bodas de Fígaro de Joannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Amadeus Mozart, más conocido como Mozart a secas (Wolfy para su esposa Constanze). La peculiaridad de esta obertura, overture u opertura como quiera que se encuentre escrito, es que las primeras notas son imposibles de vocalizar y si no me crees, trata de cantarlas (esto no es de mi cosecha, lo vi en uno de los Conciertos para jóvenes del gran Leonard Bernstein que los podéis ver en Youtube). Es una breve muestra del absoluto genio de este compositor.

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Un día «espléndido» en Villanueva de la Cañada o lo que sea

Ruta realizada el Jueves 27/02/2025

Dificultad Física
Dificultad Técnica
42.8 km
773 m
29 Km Distancia Madrid
3h50'
2h43'
Características Terreno Suelo duro (pueden ser de roca o pedregoso), 30% de trialeras, sin obstáculos, sin limitaciones de temperatura

Participantes: Alfredo, Domingo, Félix

Mas detalle ruta

Temperatura media: 11.7
Descarga ruta: Villafranca-del-Castillo20250227.gpx
Reproductor audio crónica:

Andamos un poco despistadillos con los nombres de estos pueblos tan pijos de por aquí. Hemos quedado en la puerta del restaurante La Villa Franca que está en Villafranca del Castillo (de ahí su nombre), que pertenece al término de Villanueva de la Cañada que está bastante más lejos. Y por si fuera poco hay otro pueblo de nombre similar e igual de pijo a su lado, que se llama Villanueva del Pardillo. Total, que es un lio. De ahí que Alfredo haya dado de alta el álbum de fotos como Villafranca del Castillo y nombrado su track también así; pero lo único claro es que está lleno de villanos. En el enlace se te aclara este embrollo.

Lo del día espléndido viene a cuento de que el miércoles mandé un sugerente mensaje por Whatsapp diciendo que el jueves haría un día espléndido para montar en bici, después de haber consultado en internet la predicción. Sin embargo, salimos con un día nublado y frío, que nos obliga a ponernos los chubasqueros a los pocos metros de salir. Falsa alarma. Enseguida deja de chispear y según avanza la mañana se irá cumpliendo el pronóstico.

Salimos del pueblo que sea, por una avenida flanqueada de bonitos árboles que dejan entrever unos magníficos chalets. Comentamos que están demasiado lejanos de Madrid para poder ir a trabajar y que los atascos son monumentales en la actualidad, lo que imagino que no sería así cuando se los compraron a un precio muy razonable hace cuarenta o cincuenta años.

Al poco, nos encontramos unos enormes tubos que traen agua a la capital y que Domingo y yo, debatimos si se trata de una conducción del embalse de Picadas o del embalse de Valmayor. Lo reviso en el mapa y lleva razón Domingo, pues es de Picadas aunque se unen ambas conducciones apenas dos kilómetros después de ese punto, por lo que tampoco andaba yo muy desencaminado.

Ya en las afueras recorremos el río Guadarrama hasta el Puente de Retamar por unos senderos muy divertidos. El aspecto de la zona es bastante deprimente porque a pesar de que el río lleva agua suficiente y no oler mal aún, la cantidad de maleza y árboles caídos da un aspecto de abandono que me produce una sensación agridulce por no decir desagradable. Algo así, como si fuéramos a encontrar chabolas . La mano humana ha destrozado este tramo así como lo ha hecho a lo largo de gran parte de este largo río. Y es que antes de echar toda la porquería recogida de las numerosas urbanizaciones, algunas legales y otras muchas ilegales en el Tajo, hace un recorrido de 132 kms. Es una pena que no tenga un corredor bien mantenido por toda su orilla. A ver si algún día hace algo la administración de la Comunidad de Madrid que parece estar sólo ocupada en ocultar los innumerables casos de corrupción, olvidando lo que debiera hacer y para lo que fue creada.

Abandonado el Puente de Retamar iniciamos una constante subida por la Cañada Real de las Merinas que os dejo que lo investiguéis porque encuentro diversos recorridos con ese nombre que no me encajan. El caso es que el desnivel de esta ruta prácticamente se concentran en cinco kilómetros que nos lleva hasta un berrocal que recuerda mucho a La Pedriza. Recordamos lo penoso que se nos hacían estas cuestas con las anteriores bicis y celebramos una vez más la decisión de dejar esas penurias para los más jóvenes y avezados. Nosotros ya hemos sufrido lo estrictamente necesario y ahora vamos a disfrutar.

Una vez terminamos la subida, tocamos levemente las estribaciones de Colmenarejo, para coger una empinada, sinuosa y rápida pendiente abajo por senderos llenos de roderas del agua. La Colada del Cerro del Burro es muy divertida a la par de peligrosa. Cualquier despiste te puede llevar al suelo, pero nuestras monturas con cubiertas de 29″ y con anchura de 2,60″, se agarran firmemente a la húmeda superficie, haciendo las delicias de los tres mosqueteros. Nada que ver cuando llevábamos las anteriores bicis. Esto es mucho más fácil de conducir y lo disfrutamos a pesar de ser conscientes de que no puedes despistarte.

Nueva subida de 200 metros de desnivel en apenas dos kilómetros que nos lleva al cruce con la Colada del Molino Sopas desde donde apenas se ve el Embalse de Valmayor y nada, del mucho más pequeño Embalse de Aulencia.

Nueva bajada gloriosa de dos kilómetros por senderos sinuosos, pedregosos a veces y muy horadados por las aguas de lluvia que producen unas roderas considerables. Las sorteamos con destreza y algún que otro «Uy» o «Eeeepa» que se me escapa de la boca cuando estoy a punto de besar suelo. En una de las esperas de agrupamiento, llega Domingo un tanto dolorido de una mano. Nos cuenta que se le ha escurrido la rueda delantera y se ha estampado en una de las roderas. Alfredo se lamenta de no haber recogido con su cámara la ocasión.

Pasamos junto a un Escuela de Vuelo donde practican con varios drones y le sugiero a Alfredo que saque a Retortijín y les haga una demostración de manejo con algún derribo incluido.

El resto del recorrido es menos inclinado y muy disfrutón. Senderos más limpios nos permiten bajar a mayor velocidad por el Carril de la Loma acercándonos a Villanueva del Pardillo.

Y tras cruzar la M-503 seguimos la orilla del Arroyo de los Palacios por más senderos muy divertidos hasta llegar a nuestro destino. Como llegamos apenas las 13:00, nos permite limpiar las bicis con esmero del escaso barro que llevan acumuladas. Nos sentamos a comer en el Villa Franca una prematura y bastante decente comida.

Finalmente un espléndido día culminado con éxito que va al almacén de los «Buenos Recuerdos».

Os dejo con Louis Armstrong, y su célebre «What a Wonderful World». Fue lanzada en 1967. No está relacionada con la canción cantada por Judy Garland en la película El Mago de Oz, «Over the Rainbow» como mucha gente piensa. Es posible que la confusión entre estas dos canciones se deba a que ambas son baladas optimistas y atemporales que han dejado una marca significativa en la cultura popular.

Se convirtió en una de las canciones más emblemáticas de Armstrong. La letra de «What a Wonderful World» habla sobre la belleza del mundo y la bondad de las personas, con frases como «Veo árboles verdes, rosas rojas también» y «Veo amigos dándose la mano». Disfrútala.

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De El Berrueco a Buitrago es un buen trago

Ruta realizada el Jueves 06/02/2025

Dificultad Física
Dificultad Técnica
47.9 km
690 m
53 Km Distancia Madrid
4h30'
3h46'
Características Terreno Suelo normal (tierra con alguna piedra), sin trialeras, con un obstáculo, sin limitaciones de temperatura, zona de fotografía interesante, muchas puertas

Participantes: Alfredo, Domingo, Félix

Mas detalle ruta

Descarga ruta: Berrueco-Lozoya20250206v3.gpx
Reproductor audio crónica:

Tras dos semanas sin salir a dar pedales por la sierra por culpa de la pertinaz lluvia, estrenamos Febrero con una ruta estupenda que sale de El Berrueco.

El punto de encuentro elegido es la puerta del restaurante El Alamo II donde posteriormente comeremos. A las 9:30 como un clavo llega Alfredo, mientras Domingo y un servidor llevamos ya un buen rato colocándonos los aparejos.

Salimos en dirección al embalse de El Atazar por una pendiente que nos recuerda que aunque el día está soleado, es invierno y hace un frío de pelotas.

Después de ir bordeando la orilla un par de kilómetros, cogemos un sendero que nos llevará al primero de los pueblos con un numeral nominativo: Sieteiglesias. No sabemos de donde le viene el nombre, pero actualmente no dispone más que de una iglesia renovada y vallada que nos impide observarla de cerca.

Al poco de salir del pueblo, atravesamos un arroyo con cierta dificultad. En suave ascenso y por senderos bien definidos, nos acercamos al siguiente pueblo con otro numeral en su nombre: Cinco Villas. Apenas hay barro y vamos despacio disfrutando de los bonitos caminos. La temperatura va subiendo y el cielo está despejado lo que ayuda a que el sol vaya templando el ambiente.

Al poco de salir del pueblo, nos encontramos un mirador cercano al cementerio, desde donde se divisa una gran extensión del valle en dirección sur. Allí hacemos un pis y nos comemos un plátano.

A continuación nos espera una cuesta que me trae al recuerdo su dureza. Fue una ruta que hicimos Rufi, Alfredo y yo, hará cinco o más años. Me quedé atrás haciendo una foto y no podía alcanzarlos. Ahora con las e-bike es un paseo en barca. Al llegar a la parte más alta divisamos Buitrago y a la izquierda el embalse de Riosequillo por donde discurre el Lozoya antes de rodear este bonito pueblo. El día está precioso y la temperatura mucho más agradable a pesar que en las umbrías permanece helada la escarcha.

Tras un breve recorrido por el interior de la muralla del castillo, salimos bordeando el río por un paseo tan bien conocido como espectacular. Atravesamos una vez más, una de las múltiples vallas que nos encontraremos en la ruta. En esta ocasión se han esmerado y nos lo han puesto realmente difícil.   

Nos alejamos de la orilla por un precioso pinar, para de nuevo bajar hasta la orilla donde sacamos el minidrón. Vallas y más vallas en caminos vecinales que los vaqueros cierran para que sus animales pasten por donde no deberían. Cuidadosamente abrimos y cerramos las diversas formas de cierres que van desde el socorrido somier, hasta un desordenado grupo de palos con alambres y cuerdas.

Se acerca la hora fatídica de las 13:00 en las que Alfredo comienza con los primeros síntomas de la Putansia. Eso se traduce en un incremento paulatino de la velocidad del pedaleo proporcional a la transformación en una especie de Predator y la correspondiente reducción del riego cerebral. Ya no oye. Ya no ve. Sólo quiere llegar al restaurante y comer vorazmente lo que sea.

Cruzamos Manjirón y nos metemos por un sendero muy interesante que nos llevará de nuevo al embalse de El Atazar.

Las vistas son fabulosas y los senderos variantes de la pista que bordea la orilla merecen unas fotos y otro paseo del minidrón, pero Alfredo alcanza ya un estado de catalepsia mental e ignora todos estos sutiles matices. Nos lleva por la hermosa GR-300 a toque de corneta.

Ya sólo queda atar las bicis en la puerta del restaurante y comer un apañado menú sin alharacas, en el único lugar del pueblo que encontramos.

Tras la tediosa limpieza del barro de las bicis, emprendemos la retirada a nuestras guaridas.

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2025 por el culo te la hinco

Ruta realizada el Jueves 02/01/2025

Dificultad Física
Dificultad Técnica
36.2 km
903 m
52 Km Distancia Madrid
3h36'
2h31'
Características Terreno Suelo normal (tierra con alguna piedra), sin trialeras, con dos obstáculos, sin limitaciones de temperatura, 100 metros no ciclable, zona de fotografía interesante

Participantes: Alfredo, Félix

Mas detalle ruta

Temperatura media: 7.8
Descarga ruta: Patones-Carcavs20250102.gpx
Reproductor audio crónica:

Y diréis: ¿por qué un título tan obsceno? Pues ya lo veréis. El título es propio de nuestro excelso y nunca bien valorado poeta. Ese tan avezado como poco prolífico últimamente, al que le gusta hacer poesías simples; pero con determinación y sentencia. Rufi, este año te vas a poder hinchar a hacer coplas con las fechas.

Empezamos el año con tan sólo dos históricos del grupo. Dentro de poco me veo dando pedales sólo y haciendo estas crónicas para mi mismo. Alfredo, quizás ya va sobrando el apartado de esta web donde tenemos varios Ranking en el que una vez más termino en el primer lugar. Y no es que yo haga muchos méritos. Hace años había cierta competitividad, pero de seguir así, ya podemos anticipar que los próximos 20 o 25 años seguiré saliendo como líder indiscutible de la clasificación de la Champions League, e incluso del resto de categorías.

«Días de Enero, días de caballero» dice el refrán. Y así nos sale el de hoy. Frío y despejado a primera hora, pero que se caldeará según transcurre la mañana. Al montar en la bici noto molestias porque el sillín está demasiado horizontal. La noche anterior lo cambié por el cómodo, pero muy estropeado Specialiced Confort Line que tantos kilómetros me acompañó en otras bicis anteriores. El caso es que por el mal acceso a uno de los tornillos allen del 5, lo apreté redondeando la boca y lo sustituí por otro más corto, que como se verá más adelante dio origen a un percance.

Subimos a Patones de Arriba por esa cuesta que antaño servía de calentamiento; pero que con las monturas actuales, sin AI aún incorporada, ya apenas dejamos de sentir frío. Pasamos de largo el pueblo y seguimos subiendo por la pista del Canal. No aguanto más y decido retocar los tornillos para inclinar la punta del sillín hacia abajo.

Al final de la cuesta hay una cerrada curva con una piedra erguida, que pide foto, al borde del precipicio que da al cañón donde los tubos del Canal bajan y suben por la otra ladera. Recuerdo a Alfredo una imagen curiosa que él recordaba también. Hará 18 o 20 años en una ruta similar en la que íbamos la mayor parte de los colegas de este grupo, nos sorprendió el frío de la zona en esta misma época. De la parte superior del camino sobresale un aéreo canalón de hormigón que sirve para conducir un escaso, aunque constante reguero de agua con el fin de que no estropee el firme haciendo que caiga fuera, hacia el terraplén que asoma a la carretera. Pues aquél año nos sorprendieron unos brillantes, largos y traslúcidos carámbanos que colgaban frente al sol. No recuerdo que tengamos fotos de aquella imagen tan peculiar, pero en la retina aún tenemos la impronta.

Por la ladera que se eleva a la izquierda de la carretera que lleva al Pontón, vamos avanzando con sus correspondientes altibajos y curvas hasta llegar cerca de la entrada principal de la Cueva del Reguerillo. Cogemos el camino que nos llevará a la presa de la Parra.

Las zonas de umbría están blancas, y aunque no resbalan porque apenas tienen un dedo de espesor me mosquean, que ya sabemos bien lo que duelen las caídas en el hielo. Recorremos el revirado camino que recorre la ribera del río Jarama que como si fuera un pequeño cañón nos recuerda el del río Lobos. Está verde por la abundante humedad y el musgo lo refleja. Pasamos por una casi inapreciable presita (Navarejos) y al poco llegamos a la presa.

Lleva abundante agua. El paso por su angosto puente siempre me pareció peligroso porque es fácil engancharse con el manillar en los hierros laterales. Los manillares de las bicis de 29″ son más anchos aún y dejan menos espacio. Pero Alfredo no puede dejar pasar una oportunidad para alardear, mostrando su pericia una vez más. Yo me bajo y humillo. Quitando importancia al hecho, hago una foto en la dirección de donde viene el agua, que como sabemos viene de la presa del Atazar.

Primer percance: se me sale la cadena, pero por la parte del desviador (?). Nunca he visto esta avería. Observando con detenimiento vemos que la cadena se ha salido de una de las roldanas. Veo que falta un trozo de metal de la patilla que justamente mantiene la cadena en su sitio. Alfredo la recoloca y arrancamos. Sin cambiar subo toda la cuesta del pinar. No hay problema porque el motor hace su trabajo perfectamente. Pruebo cambiar con cierto cuidado y compruebo que la avería no parece dar problemas.

Seguimos la ruta pasando por Alpedrete de la Sierra y abandonamos la pista del Canal Alto para subir por un sendero que nos lleva a las Cárcavas.

Segundo percance: me quedo sin batería en el móvil. Es la primera vez que me pasa. Dejé encendido el GPS desde casa y además con el frío se ha comido la batería justo cuando me dispongo a hacer las fotos más interesantes de la ruta.

Tras las fotos de rigor iniciamos el descenso abrupto y escarpado. Nuevamente Alfredo hace alarde de su técnica y se baja de un tirón un primer tramo. Yo bajo la tija y…

Tercer percance: pierdo el tornillo corto con su tuerca y la pieza de cierre del sillín. El sillín se queda colgado en el lateral de la tija. Encuentro la pieza importante y abandono la búsqueda de lo demás. Bajo hasta donde me espera Alfredo que estará pensando: «pero que le pasa ahora». Saco el tornillo largo que guardé el día anterior por si las moscas; pero falta la tuerca. Mi acompañante me sugiere que monte como las monjas, es decir sin sillín y sólo con la tija. A lo que no le respondo amablemente por el cariño que le tengo de tantos años juntos. Pienso en la copla que rima con 2025. Como llevo útiles bridas, en mi pequeño taller mochilero, salimos del paso airosamente para el resto de la ruta.

Bajo como puedo el resto de la inclinada rampa (es decir, a pata) mientras Alfredo hace malabares para apenas poner pie. Llegamos al pie del Pontón de la Oliva donde ya hay numerosos senderistas. Saco el móvil, pero no tengo batería para hacer siquiera una foto. Lástima porque siempre es impresionante la mole de cantería de piedra que levantaron para tan inútil presa.

En vez de volver por la carretera hasta Patones, cogemos el Canal del Lozoya. Desde esa altura se va viendo el valle espléndido. De vez en cuando se interrumpe el paso con una construcción (una caseta de medición de presión) que nos obstaculiza la marcha dejando apenas la anchura del manillar por los laterales. Como la posible caída por ambos lados sería muy probablemente la última, juiciosamente decidimos descabalgar de la montura.

Cuando llevamos un par de kilómetros, otra construcción aparece pero esta vez fortificada. Darse la vuelta no entra en nuestros planes así que asaltamos la fortaleza. Nos acordamos de la madre que parió al que hizo la valla. Los bicis pesan como un mal matrimonio, pero logramos pasarlas a duras penas. Continuamos y un kilómetro más allá otra construcción y su correspondiente valla. Esta vez probamos pasar la bici por el lateral hacia el vacío. Error y cuarto percance. Al coger la bici del sillín rompo el soporte de la luz y se pierde entre la maleza. Y de nuevo me acuerdo del hijo de mil padres que ordenó poner las vallas.

Sin más, llegamos a los coches. Las bicis no se han manchado y tras un leve cepillado retornamos hacia casa, que hoy no nos quedamos a comer.

Quinto percance: en la A1 ha habido un accidente. Media hora de atasco.

¿Veis ahora por qué el título de la crónica?

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Colores de Otoño. Desde Tortuero al Monasterio de Bonaval

Ruta realizada el Jueves 21/11/2024

Dificultad Física
Dificultad Técnica
41.5 km
926 m
65 Km Distancia Madrid
3h56'
3h00'
Características Terreno Suelo normal (tierra con alguna piedra), sin trialeras, sin obstáculos, sin limitaciones de temperatura, 15 metros no ciclable, zona de fotografía interesante

Participantes: Alfredo, Domingo, Félix

Mas detalle ruta

Temperatura media: 12.8
Descarga ruta: Tortuero-el-vado-Retiendas20241121.gpx
Reproductor audio crónica:

Muchos años han transcurrido desde que vimos estos parajes por última vez. Demasiados. Ya no se tarda como antes, porque han mejorado notoriamente las carreteras. Esta zona un tanto alejada de Madrid, la descubrimos Pepe y yo a través de los mapas de la Tienda Verde a finales del siglo XX y principios del XXI (suena histórico, bíblico e incluso epopéyico).

Con ese afán de descubrir nuevos destinos los viernes en la oficina a última hora preparábamos las rutas que íbamos a recorrer durante el fin de semana. En mi mesa desplegábamos el mapa y buscábamos las estrellitas. Hay que explicar que éstos tan descriptivos como inexactos mapas, se limitan a zonas muy seleccionadas de España y que los sitios más emblemáticos los marcaban con unas estrellitas. Elegida la estrella y por lo tanto la zona, había que elegir el trayecto a recorrer analizando a «grosso modo» las dificultades orográficas así como el kilometraje. Podéis suponer que con estos materiales de análisis y nuestra aún escasa experiencia, el margen de error era bastante alto, lo que en varias ocasiones se traducía en situaciones comprometidas: inclemencias, desmedidos esfuerzos, desproporcionados cansancios, rutas interminables…, pero también golpes y arañazos, averías, hambre, frío, calor y sed. Pero a cambio nos aportaba nuevas sensaciones que nunca olvidaremos. «Sarna con gusto no pica» que dice el refrán.

Fueron muchas las veces que recorrimos esas zonas desconocidas de Guadalajara donde rara vez encontrábamos gente. A una de estas rutas Pepe, se trajo  por primera vez a Alfredo. Un extraño «móvil» que llevaba en el manillar me llamó la atención. Resultó ser el primer GPS que veía y que tan útil nos ha sido posteriormente.

Hecha esta solemne introducción vamos con la ruta de hoy. Antes de llegar al pueblo de Tortuero me sorprendió la nueva carretera. La recordaba de tierra o al menos de gravilla salpicada con algo de asfalto, e innumerables baches. Pues ahora es magnífica. Salimos de Tortuero a las 9:10 en dirección sur a través de la carretera. El día está medio nublado e inicialmente fresco. La velocidad que se adquiere en este tramo hace sentir el frío en las orejas sin llegar a ser muy desagradable. Se agradecen los tramos en los que sale el sol y el efecto colorido que produce en las amarillas hojas de los árboles.

La variedad de colores es majestuosa. Al amarillo y ocre de las hojas en suelo y árboles, hay que añadir el verde de algunos prados, el azul del cielo y el blanco algodonoso de las nubes.

Llama la atención las sólidas construcciones del Canal de YII que salpican el camino del Canal Alto del Jarama. Llegamos al Sifón de Tortuero donde podemos contemplar las vistas de los alrededores.

Seguimos por carretera asfaltada hasta llegar al cruce con la carretera de Valdesotos. De las tres opciones, elegimos la que nos lleva hacia el embalse de El Vado,  que tras una breve e intensa subida nos permite ver el colorido y frondoso bosque que acompaña el curso del Jarama que queda debajo nuestro. Adivinamos una extraña construcción al otro margen del río que nos sorprende por tener un arco ojival, pero combinado con materiales que no corresponden a la época del arco. Resultará ser el Monasterio de Bonaval que más tarde veremos torpemente «restaurado».

Tras un puñado de kilómetros con ligeras subidas y bajadas,  llegamos al Embalse de El Vado. Recuerdo el día que descubrimos a unos obreros eliminando los símbolos franquistas. Era en 2008. Ya ha llovido.

Dejamos el embalse y nos vamos acercando a un pequeño pueblo llamado Retiendas de escaso interés. Hacemos un tímido acercamiento por si nos apetece tomar un café, pero lo desestimamos.

Enfilamos el precioso camino hacia el Monasterio de Bonaval donde soltamos a Retortijín, ese simpático minidrón que tan útil nos está resultando. 

Allí sigue impertérrito; pero con muletas metálicas y vallado. Al parecer hacen visitas guiadas, a dos euros por cabeza, ya que hay una caseta e indicadores de entrada y salida. Sin embargo, lo interesante está en el exterior.

Abandonamos el lugar no sin antes comprobar que sigue sin reconstruirse el puente que cruzaba el Jarama y donde Pepe y yo, quedamos tan sorprendidos cuando llegamos allí por primera vez al ver truncada nuestra ruta planificada.  Ello nos permitió conocer sin duda uno de los senderos más bonitos que recuerdo. Recorrer las hoces del Jarama de apenas un kilómetro y medio, nos deleita con un paisaje encerrado en un frondoso y profundo barranco.

Al llegar a la carretera nos detenemos ante un pequeño y escondido puente donde hacemos varias fotos antes de emprender la vuelta.  

Camino  ya de Tortuero nos desviamos por un sendero que nos lleva directos a los coches. Este sendero es el que descubrimos gracias al GPS, el día que Alfredo vino por primera vez. Pepe y yo, tratamos varias veces de encontrarlo porque recortaba mucho el recorrido, pero con el mapa como única herramienta siempre nos lo pasábamos de largo.  Cuando Alfredo me explicó para que servía ese invento, a modo de reto le pedí que hallara el desvío, para lo cual introdujo las coordenadas más cercanas en base al plano de papel que llevábamos. Yo estaba tan escéptico como expectante. Y lo encontró. Acto seguido, le pedí a mi esposa que para mi cumpleaños me regalara mi primer Garmin.   

De vuelta al coche tras una básica limpieza de la bici, ya que no presentaba grandes manchas de barro, decidimos ir a comer a Torrelaguna donde nos apretamos un cumplidito cocido de menú por el módico precio de diez euros incluido pan, bebida y postre o café. A ver quien lo supera. Si quieres saber el nombre del restaurante, tendrás que buscarlo en nuestra Base de Datos o bicheando en nuestra Web.    

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Colores por Montejo y Sierra Cebollera

Ruta realizada el Jueves 07/11/2024

Dificultad Física
Dificultad Técnica
46.8 km
1261 m
73 Km Distancia Madrid
4h04'
3h21'
Características Terreno Suelo normal (tierra con alguna piedra), sin trialeras, sin obstáculos, sin limitaciones de temperatura, zona de cazadores, con algunas fincas privadas, zona de fotografía interesante, muchas puertas

Participantes: Alfredo, Domingo, Félix

Mas detalle ruta

Temperatura media: 12.3
Descarga ruta: Montejo-de-la-sierra-20241107.gpx
Reproductor audio crónica:

Hace mucho que no hacemos una ruta por esta zona. Y la verdad es que en otoño es una de las más bonitas porque el contraste del colorido de los abedules, hayas blancas y selváticas, robles, álamos negros, chopos, acebos, pinos, avellanos… etc. merecen la pena.

Alfredo, desde el principio muestra su malestar por la hora (15:00) en que Domingo ha hecho la reserva en el restaurante El Hayedo de Montejo, ya conocido de varias veces. A lo largo de la ruta propone insistentemente que adelantemos la reserva.

Salimos de Montejo a las 9:10 en dirección al famoso hayedo. Ya en la carretera vemos a un nutrido grupo de veteranos jubiletas esperando en el puesto de control esperando a que les lleven y les guíen por el mismo. Menos mal que hace una mañana espléndida y apenas hace frío. No lo he visitado -de manera oficial-, si bien hace años dejamos las bicis cerca de la valla pasado el Puerto de El Cardoso y nos internamos unos metros para ver esa supuesta maravilla. Bueno, después de tantos años viendo enormes hayedos por Navarra, León, Asturias, Cantabria…, la verdad es que nos pareció una insignificancia.

Salimos de la carretera que sube al Puerto del Cardoso, poco antes de la entrada al hayedo y empieza una larga y empinada cuesta que nuestras piernas con la ayuda inestimable de las e-bike, solventan como si nada. ¡Qué gran invento! En las primeras praderas no puedo dejar pasar un par de rodales de hermosas setas de cardo (Pleurotus Eryngii) y las recojo con esmero. A pesar de ir en la pequeña mochila han llegado a casa bastante bien, así que esta noche discurrirán por el garguero en un revuelto.

Según vamos cogiendo altura, dejamos el hayedo a la derecha y nos internamos en un pinar que nos lleva al Collado del Mosquito. Se va echando encima una niebla que nos impide observar algunos tramos, pero que también tiene su gracia al vernos envueltos en las nubes.

Según bajamos en dirección Sureste y rodeamos la Cebollera Nueva los caminos se van poblando de la hoja caída principalmente de roble. Todo este tramo es conocido.

En dirección Norte nos acercamos a la Cascada de Litueros, pero antes bajamos por una pista de pendiente muy pronunciada que me ha traído recuerdos. Hará 20 años, quizás más, que salimos desde el Puerto de Somosierra y subimos por esta horrible pendiente. Julito y yo en cabeza. Picados desde el inicio. En aquella época no había una cuesta que no provocara distintos piques. Constantemente nos íbamos tanteando con objeto de ver quien estaba más y mejor entrenado. Entonces yo estaba muy en forma y el reto, era ver quién me podía superar en al menos una cima. No fue en esta ocasión. Recuerdo llegar y Julito tirarse al suelo profundamente mareado. Hay que decir que me superaba fácilmente en 15 kgr, pero eso no le importaba a este bravo compañero. Amigo, si lees esto que sepas que aún te echamos de menos.

En vista de que vamos muy bien de hora, Domingo cede a las pretensiones de que comamos antes y reserva a las 13:45, siguiendo los cálculos efectuados por el nuevo GPS de Alfredo.

Pasamos por El Puerto de Somosierra y su ermita donde está la placa conmemorativa a los soldados de la caballería polaca caídos que acompañaron al ejército de Napoleón, con él incluido, en su entrada en Madrid. Mejor se hubieran quedado en su país y les habíamos enviado con gusto a Carlos IV, Fernando VII y su parentela para que no volvieran más. Pero ya sabemos que los Borbones siempre vuelven y repiten comportamientos.

Bajamos por la carretera antigua y cogemos un camino a la izquierda. Es tan precioso como desconocido. Se llama Prado de la Horca y el tramo más espectacular termina al cruzar el arroyo de La Pinilla que nace en la Cebollera Nueva.

Se divisa un bosque muy colorido mirando hacia abajo en dirección a Horcajuelo. Tenemos que investigar caminos por ese bosque. En El Gamonoso vemos un camino que baja con pronunciada pendiente, pero seguimos nuestro track. Alfredo entra en «modo Putansia» y nos lleva al galope tendido para llegar a comer antes de la hora prevista.

Nos tiramos por la PR-23 a tumba abierta mientras de soslayo vemos los preciosos paisajes de la zona. Así llegamos a Horcajuelo y poco después a Montejo a las 13:30h.

Como es habitual, mientras apenas empezamos a limpiar las bicis Domingo y yo, Alfredo ya la ha limpiado y metido en el coche. Deprisa se encamina al restaurante donde tendrá que esperar 20 minutos a que llegue yo y poco después Domingo. Ya se ha comido la cesta de pan y me recibe cabreado como una mona. Todo se le pasa cuando le traen un exquisito plato de níscalos con patatas que se come en cero-coma. Ya recobrada la normalidad, hace lo propio con un bacalao Dorada. Es de bien comer. Y lo mejor es que no engorda.

Y el lunes nos vamos tres días a Sotillo de la Adrada a continuar disfrutando del otoño.

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Basta ya. Vamos a Cercedilla y un precioso otoño húmedo.

Ruta realizada el Sábado 19/10/2024

Dificultad Física
Dificultad Técnica
43.1 km
1024 m
47 Km Distancia Madrid
3h31'
2h51'
Características Terreno Suelo normal (tierra con alguna piedra), 15% de trialeras, con dos obstáculos, no adecuado para temperaturas bajas, zona de fotografía interesante

Participantes: Alfredo, Félix

Mas detalle ruta

Temperatura media: 11.6
Descarga ruta: Cercedilla-leones20241019.gpx
Reproductor audio crónica:

Basta ya. Hacía un mes justo desde la última vez que salimos juntos. Por unas cosas u otras no coincidimos, así es que Alfredo y yo decidimos aprovechar un intervalo sin lluvia para ir a disfrutar del encanto del húmedo otoño. Esos cielos con nubes de distintos colores que con la luz del sol sesgado por el amanecer hace caprichosas formas.

A la hora exacta llego al punto de partida donde encuentro a Alfredo ya pertrechado y listo para salir. Mientras me preparo me va contando las nuevas adquisiciones que renovarán sus aparejos porque ya se le están quedando anticuados. A saber: super-reloj con GPS Garmin, el novísimo GPS Garmin para la bici, la GoPro con estabilizador de imagen, el mini dron DJI superligero autónomo y el super dron que sustituirá próximamente al irrompible Retortijón.

Subimos por la carretera de la República con nuestras e-bike que aligeran notablemente el esfuerzo y que no dejan de maravillarnos. Hacemos un alto en el mirador de Vicente Aleixandre donde comemos el platanito y me enseña el minidrón. Es una pocholada. Tiene múltiples funciones automáticas además de poderlo manejar con el móvil o con el mando. Pero lo mejor es que permite hacer grabaciones autónomas es decir sin intervención de operador lo que nos facilitará hacer videos en movimiento por ejemplo bajando trialeras. Preveo que nos va a dar mucho juego.

El día no puede estar más bonito. Subiendo la cuesta, nos parece que la temperatura es ideal. Cuando llegamos al puerto de la Fuenfría, hay muy poca gente y hacemos una par de fotos.

Cogemos el Collado de Marichiva bajando a buena velocidad. Hacemos una nueva prueba del minidrón.

Al llegar al desvío para bajar al río Moros vemos que han puesto un cierre que desde fuera parece inexpugnable. Como además hay un cartel que prohíbe expresamente la circulación en bici, decidimos darnos la vuelta y subir hasta la Camorca. Sin embargo, observamos a unos seteros al otro lado de la valla que al vernos dudar nos preguntan si todo va bien. Les decimos que queremos pasar la puerta; pero está cerrada. Nos sacan del error. Desde su parte se ve que se puede abrir sin problema y nos abren. Una breve conversación sobre las setas recolectadas y Alfredo ya ha desaparecido. Al llegar al río Moros saca el minidrón y hacemos pruebas de seguimiento para ver hasta que velocidad aguanta la persecución. Me quedo detrás y compruebo que alrededor de 30 km/h se planta en el sitio con desdén como diciendo: ATPC, ya no corro más. Le enseño mi mano amiga. Desciende mansa y dócilmente.

Esta época tiene algo especial. Ese olor a tierra mojada y el nuevo verdor en las plantas como un renacer primaveral, nos da un gran placer.

Con la humedad de los últimos días las setas proliferan casi tanto como los seteros. Se ven extraordinariamente enormes Macrolepiotas Proceras que no deben ser muy conocidas para el vulgar setero. Son excelentes comestibles y por un momento me dan ganas de coger algunas, pero son muy frágiles y en la mochila se van a hacer migas por lo que desisto. Las dejo en paz para que esporulen y así, en mejor ocasión pueda recoger o al menos volver a verlas. Eso si no las recolecta algún setero que las conozca.

Llegamos al final de la pista y comienza una dura cuesta, bastante técnica y muy pedregosa. Aquí es donde la e-bike demuestra su poderío. Coser y cantar. Donde con las MTB normales habríamos empujado un buen rato, vamos subiendo buscando la mejor trayectoria y sin echar el corazón por la boca. Las ruedas de 2,60, la doble suspensión con 140mm de recorrido y ese motor de 85 Nm hacen su trabajo. Nosotros ponemos el resto sin ese sufrimiento innecesario.

Cruzamos el puerto de El León sin tocar asfalto y por unas trialeras muy divertidas hasta enganchar con la pista que lleva a Los Molinos y en breve a Cercedilla.

Ya en el coche me pongo a limpiar la bici para quitar el poco barro que ha cogido y en un pispás Alfredo ya ha limpiado la suya, la ha metido en el coche, se ha cambiado de calzado y está listo para volver a casa. Es asombroso la rapidez con la que hace todo.

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Aguilar de Campoo y Senda de Ursi

Ruta realizada el Jueves 30/05/2024

Dificultad Física
Dificultad Técnica
46 km
913 m
269 Km Distancia Madrid
4h16'
3h16'
Características Terreno Suelo arcilloso (problemático con lluvia), 15% de trialeras, con tres o mas obstáculos, no adecuado para temperaturas altas, con algunas fincas privadas, zona de fotografía interesante, muchas puertas

Participantes: Alfredo, Domingo, Félix

Mas detalle ruta

Temperatura media: 22.1
Descarga ruta: Aguilar-de-Campoo-senda-ursi-20240530.gpx
Reproductor audio crónica:

Hoy quedamos unos minutos antes para preparar el desplazamiento hasta Aguilar de Campoo. Tenemos que cargar las bicis y las maletas antes del copioso desayuno, que como todos los días es a las 8:30. Hace frío. El día se ha levantado nublado y llovizneando. Menos mal que salimos a hacer la cuarta y última ruta hacia el sur donde esperamos mejor tiempo. Hemos tenido una suerte inmensa con el tiempo, porque lo habitual en el PN de Saja-Besaya es nublado y lluvia. Este año además llevan todo el mes de Mayo lloviendo, tal como nos comentó la camarera de La Montañesa en Los Tojos. Por eso está tan exuberante (la zona).

Pagamos el alojamiento y nos despedimos de dueña de La Colodra que resulta ser una madrileña del barrio de Canillejas afincada en Los Tojos desde hace 17 años. Curiosamente estuvimos trabajando en el el mismo edificio de la calle San Romualdo, 26 durante el mismo periodo aunque en distintas empresas. El alojamiento es majo. Por 59 euros la habitación sencilla y sin alaracas, pero tranquila y limpia. Los desayunos abundantes y variados. Más que suficiente para unos sufridos espartanos como nosotros.

Tomamos la carretera con algo de lluvia fina y no es hasta que salimos de Cantabria cuando empezamos a perder de vista los nubarrones y a ver cielo azul. Aguilar de Campoo es un señor pueblo de Palencia. Es «el pueblo de las galletas». El de las marías de Fontaneda de nuestra infancia que ahora es del Grupo Gullón. Nada menos que 2000 habitantes de los 7000, viven de las galletas que aquí se fabrican.

Dejamos los coches en la puerta del restaurante que Alfredo con gran criterio ha elegido para despedirnos de este viaje. Se trata del Restaurante Posada Santa María la Real. La ruta empieza llaneando por caminos arcillosos que nos mosquean cuando atravesamos charcos que casi siempre somos capaces de bordear. Un largo pinar se alterna con fincas de labor antes de llegar a un aeródromo de ultraligeros (según nos explica Domingo) en Cillamayor. Poco después llegamos a Villabellaco, vaya nombre, donde hay un museo de Herminio Revilla que si hubiésemos tenido tiempo quizás habríamos visitado, si bien es cierto que es un arte que no nos ofrece mucho interés por lo poco que se divisa en la puerta y a través de la valla.

Aquí empezamos a subir y a justificar a las e-Bikes pues comienza la Senda de Ursi. Para llegar al Mirador de la Umbría tenemos que empujar las pesadas máquinas por la escalinata que lo precede. Allí nos encontramos a dos matrimonios de nuestra edad con los que entablamos una breve conversación y nos hacen unas fotos antes de sacar el dron para inmortalizar las vistas.

Seguimos el camino ignorando las supuestas obras de arte que salpican los robledales. A mí esta moda de los últimos 25 o 30 años no me agrada. Generalmente son patochadas del «artista local» carentes de encanto y dudoso gusto que ensucia un entorno natural de mucha belleza rompiendo la armonía y la ilusión de estar en zonas donde la mano del sapiens apenas se aprecia.

En estas que llegamos a Valle de Santullán otro pueblo sin más, donde siguiendo un camino parcialmente embarrado ascendemos hasta el Mirador de San Julián, un espléndido lugar donde sacar de nuevo a Retortijón por última vez para grabar una imágenes muy bonitas.

A partir de aquí es todo bajada, pero no quiere decir que empiece lo fácil. Un sendero boscoso de robles con trampas cenagosas nos espera. Las pisadas de las vacas baten el barrizal y sólo gracias a la potencia de las e-Bikes conseguimos a duras penas no caer en las arenas movedizas.

Salimos finalmente del cenagal para encaminarnos a los manglares. El track recorre la orilla del embalse de Aguilar de Campoo. El problema es que este año está muy crecido y en varias ocasiones el sendero va varios metros dentro del agua. No es que nos dé miedo mojarnos, es que no hemos traído la escafandra.

Alfredo hace oídos sordos, a las indicaciones de Domingo que va buscando alternativas. El caso es que su intuición acierta y nos saca entre matojos y árboles caídos hasta un ansiado camino despejado donde vemos la posibilidad de llegar a comer y no a merendar. El restaurante lo ha reservado a las 14:00 y nos mete presión con su habitual grito «Ankawa» cuando la putansia le hace cosquillas en el estómago. Sin embargo, ya son las 15:05 cuando llegamos a la presa que está soltando agua sobre el Pisuerga.

Tras la fotos de rigor, llegamos al restaurante. Nos adecentamos y preguntamos si aún nos dan de comer. No hay nadie y ya pensaban que hoy no daban ni un menú. Comemos unas magníficas lentejas de primero mientras vigilamos las bicis que Domingo ha atado a un árbol del jardín. Eso de estar en un restaurante y que el servicio sea para nosotros sólo es algo que me pone, y más aún que los manteles sean de hilo.

A las 16:30 salimos del local para limpiar y cargar las ensuciadas bicis. Este viaje se acaba, pero pronto diseñaremos otro para el otoño.

Ya sólo nos queda ver como el Real Madrid gana la 15 Champions.

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Hoces del Riaza y Sabinar de Hornuez

Ruta realizada el Lunes 27/05/2024

Dificultad Física
Dificultad Técnica
44.9 km
797 m
126 Km Distancia Madrid
3h52'
2h52'
Características Terreno Suelo normal (tierra con alguna piedra), sin trialeras, sin obstáculos, sin limitaciones de temperatura, con algunas fincas privadas, zona de fotografía interesante

Participantes: Alfredo, Domingo, Félix

Mas detalle ruta

Temperatura media: 21
Descarga ruta: Las-Hoces-del-Riaza-Sabinar-de-hornuez-20240527.gpx
Reproductor audio crónica:

El día después de la fiesta de cumpleaños de Marga fue realmente duro. Me pase el día entero con malestar general y sin poder comer debido a la resaca del sábado. Hacía mucho que no bebía lo suficiente para sobrepasar el límite de mi resistencia al alcohol y así pasó, un domingo arrastrándome con el agravante de que por la noche apenas dormí 4 horas. Todo por una buena causa. Así debía afrontar el lunes: madrugón importante con viaje, seguido de una ruta en bici. ¿Quién dijo miedo? También para eso están las e-Bike.

Había que aprovechar al máximo esta espléndida primavera. Ya planeamos esta segunda excursión para finales de Mayo después de Las Batuecas y Sierra de Francia. Al fin y al cabo, no quedan muchas primaveras que podamos disfrutar; pero las que quedan, hay que hacerlo a lo grande y para esta salida el plan era conocer el Parque Natural de Saja Besaya. Como la distancia desde Madrid es larga y la entrada al alojamiento era después de las 16:00, decidimos hacer una escala en las Hoces del Riaza y el Sabinar de Hornuez, para comer en Milagros antes de reemprender la marcha hasta Los Tojos.

Esta zona la recorrimos con las familias allá por el 2007. Obviamente Alfredo no se acordaba. Ya le conocemos. Mientras los demás vivimos a un ritmo, el vive dos vidas; pero no se acuerda de ninguna de las dos.

12 de Octubre de 2007

A las 8:30 estábamos en un coqueto pueblo de Burgos llamado Montejo de la Vega de Serrezuela cuyo nombre es más largo que el propio pueblo. Tras la correspondiente lucha para sacar del coche las pesadas e-Bikes dejándolo todo ordenadito y discreto, salimos finalmente a dar pedales. El inicio es por pistas sin desnivel atravesando tierras de labor donde el verdísimo trigo está salpicado de innumerables amapolas rojas y todo ello acompañado de un mar de flores campestres multicolores, el azul celeste y las nubes blancas algodonosas. Añadimos el canto de los pájaros (sobre todo se oye un cuco en el barranco) y el continuo planear de buitres, para redondear la mañana. Un auténtico placer. Hasta la temperatura se ha aliado con nosotros.

Tras un puñado de kilómetros nos acercamos al Barranco de los Frailes desde donde observamos el cañón del río Riaza y multitud de buitres que anidan en sus paredes.

Entramos en el Parque Natural para lo cual previamente habíamos solicitado un permiso por internet. No sirve para nada porque no nos cruzamos con bípedo alguno, pero ya se sabe. Bajamos hasta la presa de Linares del Arroyo y nos adentramos en las hoces con la perspectiva de recorrerlas desde su interior. El agua del río corre abundantemente y nos sorprende lo nada transparente que va.

Tras poco más de 1500 m llegamos a las ruinas del convento e iglesia de San Martín de Casuar donde hacemos la breve pausa del plátano.

Unas fotos y abandonando la ribera del Riaza salimos hacia Valdevacas de Montejo donde hacemos unas fotos desde el mirador del cerro que plagado de tomillo en flor despide un maravilloso olor según se roza con las ruedas.

Seguimos rodando por otros praderíos florecidos acercándonos a Nuestra Señora de Hornuez. Se trata de una iglesia magníficamente restaurada donde la imagen de la virgen se asienta en el centro de la nave y en su altar está rodeada de una sabina barnizada, sin duda muestra del orgullo que los lugareños tienen por su peculiar bosque de sabinas. Nos extraña la afluencia en la entrada de la iglesia de gente bien ataviada en un lunes. Efectivamente son las fiestas y hoy finaliza.

El campanero nos invita a subir al campanario donde nos hace una demostración de su oficio. Para el escaso tamaño de las campanas, el ruido se me hace insoportable y como parece que se ha entusiasmado en su labor ante los peculiares observadores invitados, salgo por patas antes de que me dañe mis delicados tímpanos.

Las enormes, escasas y antiquísimas sabinas de este pequeño bosquecillo tienen unas hojas muy similares a las arizónicas. Pregunto a unos paisanos en la puerta de la iglesia, en la que sospecho no van a a entrar, sobre la diferencia entre sabinas y enebros. La contestación es poco resolutiva. Ellos lo llaman enebros aunque confiesan que creen que son sabinas. Constato posteriormente con mi móvil que son sabinas.

Cuando empiezan los cánticos beatíficos de la concurrencia femenina, iniciamos la huida tras un breve paseo entre las verdaderas protagonistas de la zona. Ya sólo queda llegar hasta los coches a través de senderos con ganas de sentarse a comer en el restaurante El Lagar de Milagros que Alfredo ha reservado en un pueblo cercano llamado Milagros. Es un típico y elegante local donde se aprietan vorazmente medio ternasco asado mis compañeros. Me dejan el rabillo y la caña de la pierna del cordero para comprobar que está fantástico. Yo me decido por algo más liviano porque mis entrañas no están para digerir grasas ovinas. Todo regado con límpida agua de manantial.

Después de la merecida hartadera, nos enfrentamos a tres horas de viaje parando sólo para tomar un café que nos despeje. Ya hasta Los Tojos donde llegamos para dejar las pertenencias, guardar las bicis en el garaje pertrechado con su correspondiente toma de electricidad para nuestras e-bike y descansar lo justo para ir a cenar a La Montañesa, local con amplias vistas al valle donde cenaremos en tres ocasiones.

Mañana más y mejor.

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Por varios pueblos del PN de Sierra de Francia

Ruta realizada el Martes 16/04/2024

Dificultad Física
Dificultad Técnica
54.6 km
1202 m
197 Km Distancia Madrid
3h54'
2h16'
Características Terreno Suelo duro (pueden ser de roca o pedregoso), 15% de trialeras, sin obstáculos, sin limitaciones de temperatura, 300 metros no ciclable, zona de fotografía interesante

Participantes: Alfredo, Domingo, Félix, Juanlu

Mas detalle ruta

Temperatura media: 25.5
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Hoy es el segundo día en esta Reserva de la Biosfera, que además de serlo desde el 2006, es Espacio Protegido como Parque Natural y Red Natura desde el año 2000. Para recorrerlo, empezamos donde nos alojamos: Sotoserrano. Es el municipio de menor altitud del PN. Eso explica que salgamos en ligero ascenso durante los primeros 25 kms, perfectamente llevaderos gracias a nuestras excelsas monturas.

Por la carretera llegamos a Cepeda. Se trata del primer «Pueblo Mágico» de Salamanca que obtuvo tal calificación. Entenderemos que estas calificaciones tienen el objeto de promocionar el turismo en aquellos pueblos que no han obtenido otra como «Pueblo más bonito de España» o similar; y que gracias a las gestiones de un alcalde espabilado y trabajador hacen destacar su pueblo entre los demás, sin que ello signifique que dicha localidad tenga algo especial o diferenciador a los del resto del entorno. Así lo comprobamos al callejear y encontrar similitud en sus edificaciones con San Martín de Trevejo (Cáceres) y otros muchos pueblos que iremos conociendo posteriormente.

Salimos en dirección norte por una buena pista que se interna en un precioso bosque mixto. Hay partes del camino en que los árboles hacen una cúpula cerrada que le otorgaría un carácter sombrío y hasta truculento si no fuera porque el día es espléndido y soleado. Empezamos a encontrar algunas dificultades técnicas cuando el camino se torna sendero estrecho con abundante piedra gorda, hoja caída y regueros de agua, lo que hace las delicias de Alfredo, pero que al resto nos obliga a pasar al modo empuja-ebike.

El bosque está precioso. Las rocas con musgo verde fosforito y los senderos pedregosos tapizados de hojas de roble y castaño son una delicia, sobre todo en los tramos donde podemos ir montados sobre la bicicleta. Un rumor gutural se oye a los lejos: «Juanluuuu». Es Alfredo que aburrido de esperarnos nos reclama en la lontananza. Hemos enlazado con el famoso Camino del Agua que nos llevará hasta Mogarraz. Cruzamos un puente de piedra sobre el arroyo de Los Milanos de las Tisneras que vierte sus aguas sobre el río Francia un poco más adelante. Escuchamos muchos pajarillos que andan alborotados con esta frondosa primavera.

Ya en Mogarraz podemos contemplar sus calles limpias.

La arquitectura conserva el sabor antiguo de los pueblos de la zona. Sus típicas fachadas están rellenas de cuadros de Francisco Maíllo con las caras de los antiguos vecinos ya fallecidos, lo que por un lado asombra; pero por otro le da un aspecto siniestro y lúgubre. Me imagino lo que será dar un paseo por sus callejas deshabitadas, sin un alma, completamente vacías, en pleno invierno, a media noche con mucho viento helador y escasas luces cetrinas. Todas esas caras mirándote al pasar, necesariamente tienen que producir espanto y escalofríos. Pregunto a un paisano si siguen la tradición de engordar a un cerdo errante por las calles y que luego sortean. Me dice que hace años que ya no. Yo lo vi en el 2013.

Salimos del pueblo otra vez por el precioso Camino del Agua que nos llevará hasta Monforte de la Sierra. De nuevo encontramos tramos de escasa ciclabilidad que nos pone a prueba. Cruzamos otra vez el arroyo de Los Milanos de las Tisneras donde encontramos esculturas de escaso valor estético y gusto, que los aficionados a artistas de la zona se empeñan en colocar en pintorescos lugares donde la naturaleza se sobra con su belleza. Atravesamos Monforte de la Sierra. Es otro pueblo atractivo sin más alicientes. La carretera nos alivia del pedregal y las vistas de los tejados de Mogarraz desde el mirador del Viborero son asombrosas destacando en el frondoso verde del bosque.

Tomamos un precioso sendero que atraviesa un espeso bosque de roble por donde discurre un canal estrecho de piedra musgosa que recoge el agua del arroyo para el pueblo. Muy disfrutona esta parte hasta que llegamos a un punto donde hay que empujar de nuevo para salir de la profundidad y recorrer parte del arroyo por sus aguas.

Nuevas dificultades técnicas nos obligan al empuja-ebike, lo que va mermando nuestra fuerza mientras maldecimos por el peso de nuestras monturas. Por fin, salimos a un camino que se puede ciclar. Llegamos hasta la ermita de Las Majadas Viejas.

En poco tiempo llegamos a La Alberca donde callejeamos para comprobar que a pesar de la época ya empiezan a aparecer algunos turistas, con algunos de cuales establecemos conversación e intercambiamos fotos en la Plaza Mayor.

Salimos de La Alberca por un camino carretero en razonable buen estado para en varios kilómetros de ascenso suave, coger una pista ancha en bajada donde vamos felizmente contemplando un verde y precioso paisaje que recorremos a toda velocidad con un profundo barranco a la izquierda. Antes de llegar a Herguijuela de la Sierra nos desviamos por un sendero bastante inclinado y técnico que se interna en un profundo bosque donde se alternan los pinos, los castaños y los robles.

Nos encontramos una extraña chimenea hecha de anillos de piedra labrada.

Llegamos a Herguijuela y preguntamos donde podemos comer a un señor que se asoma a la puerta de un bar. Nos desanima una y otra vez ante nuestra insistencia de comer, aunque sea un bocadillo. No hay forma. Fuera hay otros dos paisanos que nos dan indicaciones de donde dan de comer y comprobamos que está en la misma dirección que llevamos. Tras varios kilómetros de magnífica pista y carretera en bajada que recorremos a toda máquina llegamos a Rebollosa para poco después de cruzar el río Ladrillar llegar a nuestro destino: Riomalo de Abajo. Allí comeremos en una cómoda terraza al lado del río, un menú cumplidito en el Restaurante del Hostal Riomalo: El Mulero. Nos hacen esperar un buen rato porque no dan de si a pesar de que apenas hay público. Alfredo ya sufre la habitual putansia y comenta la poca efectividad del camarero en sus desplazamientos entre comensales. Al fin nos traen las bebidas cuando estamos al borde de la extenuación hídrica. Ya comidos y sin prisas emprendemos el camino hasta uno de los puntos claves de la ruta.

El Meandro Melero está a varios kilómetros que hacemos sin dificultad por una carretera en leve ascenso que apenas tiene tráfico y que nuestras baterías aportan la fuerza necesaria para que nuestras piernas no sufran lo más mínimo.

Desde el Mirador de la Antigua, el paisaje es cautivador. Se halla el río en su esplendor máximo y el verde del entorno en contraste con el azul del agua y las montañas nevadas de Gredos nos deja perplejos. Juanlu, le repite a Alfredo que no necesita irse a Canadá para ver un espectáculo grandioso y que además se come mejor aquí. De esto último no hay duda, de lo primero sí. A lo que Alfredo contesta que ya lo ha anulado, con cierto retintín. Después de un buen rato admirando el paisaje, hacer innumerables fotos y de rodar unas escenas con el dron, emprendemos el retorno hacia Sotoserrano.

Tras volver a Riomalo de Abajo, recorremos una carretera muy bella a orillas del Río Alagón. La cosa se pone aún más interesante cuando la abandonamos para seguir un sendero por la ribera del río. ¡Qué bonito! Alfredo saca a Retortijón a pasear en modo persecución. Creo que el video resultante va a ser una maravilla.

Poco antes de que las aguas del Río Cuerpo de Hombre vierta las aguas sobre el Alagón, tomamos un sendero en cuesta ascendente suave que nos llevará a Sotoserrano donde llegamos alrededor de las 18:30h.

Una ducha y nos vamos a cenar a La Alberca en el poderoso coche de Juanlu. El restaurante previsto está cerrado, así que improvisamos en un garito llamado El Rincón De Lola, en la Plaza Mayor donde ponen unas tapas sin interés a pesar de haber ganado el primer premio de no sé qué.

Tras un paseo por el pueblo Domingo y yo, compramos un kilo de jamón supuestamente ibérico por 20 euros. Una vez probado en Madrid, puedo decir que, sin ser una 5J’s, está bastante decente. Nos llevamos dos sobres por 10 euros para desayunar con un peso bastante inferior. También picamos en una cara tienda de chocolates para tener un detalle, que nuestras mujeres agradecerán sin duda. Ya dormir que mañana toca senderismo.
Y de música de fondo os pongo a Celtas Cortos y su celebérrimo 20 de Abril, que es la fecha en la que hago la crónica. Puff, se nos escapa el precioso mes de Abril.

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