Torrelodones-Hoyo Trialeras

Ruta realizada el Jueves 25/01/2024

Dificultad Física
Dificultad Técnica
32.4 km
724 m
25 Km Distancia Madrid
2h56'
2h36'
Características Terreno Suelo duro (pueden ser de roca o pedregoso), 30% de trialeras, sin obstáculos, sin limitaciones de temperatura, zona de fotografía interesante

Participantes: Alfredo, Domingo

Mas detalle ruta

Descarga ruta: Torrelodones-Hoyo20240125v2.gpx
Reproductor audio crónica:

Esta ruta la realizó el grupo en mayo del 22 y, vista la satisfacción general que había suscitado, pensé en proponerla para este jueves. Tampoco es que fuera muy complicado llegar a un acuerdo ya que en esta cita solo nos postulamos Alfredo y yo. Y ya sabemos que nuestro Alfredo es un entusiasta de Torrelodones y sus trialeras, así que era una propuesta segura.

Nos recibió un día de abril en el mes de enero. Quedamos en el campo de futbol (polideportivo Julián Ariza), donde había muchas plazas libres para aparcar. Nada más bajar del coche, me cambié el culote de invierno por el corto sin dudarlo. El día era totalmente primaveral. Prueba de ello es que Alfredo iba goteando por la nariz debido a su alergia, dejando un rastro húmedo como Alien, el octavo pasajero.

Salimos de Torrelodones rodeando su cementerio y pronto nos metimos en dirección al Prado de la Solana y el Enebral por un vericueto de sendas y trialeras entre jaras y carrascas la mar de divertidas. Nos sorprendieron el barro, los charcos y el agua que nos encontramos y que fue una constante en todo el track. Llevaba bastante tiempo sin llover, pero allí estaba, para fastidiarnos. Así que, como empieza a ser tradición, desde el minuto uno ya estábamos embarrados como unos auténticos cerdos. Por suerte, este barro era del normalito, nada que ver con el que nos encontramos en Colmenar de Oreja, que debía ser para hacer botijos.

Al llegar al Enebral, seguimos paralelos al cauce de un arroyo. Rodeados de chalets, la temperatura bajó repentinamente, de forma extraña, cómo en la habitación de la niña de El Exorcista. Culebrando por estos caminos, Alfredo me contó sus últimos avances en temas de IA, así que es muy probable que veamos pronto una nueva versión de nuestra web con track diseñados por ChatGPT u otra IA. Igual también se lía a escribir las crónicas y monta por nosotros…

Rodeamos durante un buen rato la zona de chalets de los Peñascales, sin meternos nunca en la urbanización, con algún tramo de escalones de madera haciendo la puñeta. Terminamos dejando el sendero de circunvalación, en dirección al norte, directos al Cancho de las Cruces. Otra zona bien servida de arroyos, charcos y barrizales a los que ya están acostumbrados nuestras bicis, cual si de tritones se trataran.

Llegamos a los Altos de la Solana, donde decidimos tomarnos el platanito, igual que hizo la primera expedición. Allí estábamos tan tranquilos, disfrutando de la vista, cuando apareció de repente un abuelete que se había venido andando desde Hoyo. El buen hombre nos demostró su conocimiento de la zona, enumerando y describiendo todos los accidentes que se abarcaban con la vista. Ya estábamos dando picotazos, a punto de perder la conciencia mientras nos preguntábamos que habíamos hecho para merecer aquello, cuando el hombre se despidió de nosotros, que ya se le hacía tarde para el vermut.

Repuestos del encuentro, continuamos con la ruta, en dirección a los Canchos, cuyo nombre no presagiaba nada bueno, como efectivamente así ocurrió. Esta zona estaba llena de rampones que, con una bici convencional, te haría preguntarte que demonios haces allí. Posiblemente sea la más complicada del recorrido, pero no es excesivamente larga.

Bordeamos la academia de Ingenieros de Hoyo de Manzanares (Ohio, para los que tuvimos que perder el tiempo allí, «sirviendo a la patria») y, adentrándonos por pistas de sobra conocidas, enseguida llegamos al pueblo de Hoyo, atravesándole velozmente, que no era cuestión de tontear por zonas urbanas.

Ya se olía el fin del recorrido y aceleramos esta parte que transcurre bastante cerca de la carretera. Lo único destacable es una antigua cantera abandonada y llena de agua, cómo es frecuente en esta zona. Las más famosas son las de Moralzarzal y Villalba.

Incluso, ya casi llegando nos encontramos agua para aburrir. La entrada en Torrelodones la realizamos por la carretera M-618, pasando de un lado a otro, siempre buscando un triste sendero por el que evitar el asfalto.

Así acabamos esta preciosa ruta, divertida y sorprendente, porque no te imaginas tanta naturaleza en una zona tan urbanizada. El día fue un lujo y nos lo pasamos como enanos zigzagueando por estos senderos. En esta ocasión no nos quedamos a comer, que Alfredo está limitando su contacto social en prevención de su viaje al Kilimanjaro.

Y así se acaba este relato, a la espera de qué el próximo jueves, este extraño invierno nos permita salir de nuevo.

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Soto del Real-Morcuera-Canencia-Bustarviejo

Ruta realizada el Jueves 14/12/2023

Dificultad Física
Dificultad Técnica
48.2 km
1120 m
38 Km Distancia Madrid
4h09'
3h21'
Características Terreno Suelo arcilloso (problemático con lluvia), 15% de trialeras, sin obstáculos, no adecuado para temperaturas bajas, 200 metros no ciclable, con algunas fincas privadas, zona de fotografía interesante

Participantes: Alfredo, Domingo, Félix

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Temperatura media: 8.6
Descarga ruta: Soto-del-Real-Morcuera-Canencia-Bustarviejo-20231214.gpx
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Amanece un día soleado. Pero en cuanto abro la ventana para ventilar me doy cuenta lo cuan engañoso es este sol venido a menos. Así que salgo de casa con 3 capas, preparado para un día «refrescante».

Después del atasco de rigor de nuestro querido Madrid, llego a Soto a la hora a la que habíamos quedado enfrente del restaurante La Perola, un viejo conocido de nuestro grupo.

Alfredo, en un intento por inflar su rueda delantera, consiguió el objetivo contrario. Y no había manera de hinchar la dichosa rueda, hasta que Félix se dio cuenta de que la rosca de la válvula estaba floja. Apretarla y solucionarse el problema fue todo uno.

Empezamos el recorrido, cuando me doy cuenta de que mi freno delantero no funciona. Pruebo a frenar varias veces, pensando que en el circuito había burbujas de aire. Hasta a veces me daba la sensación de que frenaba pero era totalmente ilusorio, porque cuando me detuve a observar si había algún problema, comprobé que efectivamente lo había, ya que el disco no estaba en la pinza. ¿Pero cómo es posible, quién me lo ha quitado?, pensé alarmado. Cómo no estaba totalmente empanado, pronto me di cuenta de la explicación: había montado la rueda al revés.

Solucionado el segundo problema, y ligeramente colorado por este error globero, retomamos el camino, adentrándonos en zonas pantanosas. Y no es una figura literaria ya que nos embarramos totalmente, como viene siendo habitual en las últimas salidas, ésas en las que «nunca» vamos a mojar el motor…

Así, perlados de barro, con un camuflaje comparable a los ucranianos de Zelensky, seguimos en dirección hacia La Morcuera, en una subida continua, salpicada de vez en cuando por alguna cuesta con pendiente respetable que nos quitó el frio del comienzo.

Pronto llegamos a la pista que hemos cogido tantas veces, y que nos lleva a través de un precioso bosque hasta la carretera M-611.

Antes de afrontar la carretera decidimos tomarnos el platanito. Hicimos bien, porque poco después aparecieron, subiendo a toda velocidad, un Ferrari y un Lamborghini, rompiendo con su ruido la paz del bosque.

Subimos la carretera hasta el puerto ligeritos, para evitar encuentros con algún otro descerebrado sobremotorizado. Arriba el aire cortaba y bajamos un poco la velocidad para no criogenizarnos, dejando atrás el refugio y desviándonos en el Raso de los Toros, cómo siempre.

Nos adentramos en los Altos de la Morcuera, con charcos de hielo y barro solidificado, rodeando posteriormente el Cerro del Cuchillo. Pronto entramos en el bosque de nuevo, con sus arroyos helados y su penumbra de lo más refrescante. No nos encontramos con nadie hasta prácticamente llegar a Canencia, a pesar de la estupenda temperatura que hacía.

Bajando por la M-629 pero pronto nos desviamos en dirección a Bustarviejo. Félix ya me había avisado de la calidad del firme de esta parte del recorrido. Efectivamente, pronto comprobé que esa parte del track excedía ampliamente mis capacidades MTB, así que tuve que echar pie a tierra en múltiples ocasiones. Alfredo tuvo que hacer aquí un ejercicio de paciencia, pero es el precio de ir con «paquetes».

La zona complicada tiene una longitud de unos 3 kms, pero no toda ella es infame. Hay también zonas insufribles, temerarias y hasta ciclables.

Antes de llegar a Bustarviejo, el track baja en dirección a Miraflores, entrando en la zona que habitualmente tomamos, una pista muy divertida que se va cerrando en dirección al arroyo del Verdino, que iba hasta arriba de agua.

La vuelta a Soto la hicimos por un camino nuevo que no conocíamos. Transcurre al sur de Miraflores por un trazado muy agradable. En él, nos acabamos de perlar de barro, por si quedaba alguna zona limpia en nuestra bici y ropas.

A la llegada a Soto nos encontramos con la agradable sorpresa de qué Juanlu había venido a comer con nosotros. Así que, en comandita, estuvimos los cuatro en La Perola, que la verdad es que nunca defrauda. Así acabó este día estupendo, cogiendo energías para sobrellevar la Navidad y disfrutando de esta preciosa ruta en una zona que nunca defrauda.

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Montejo de la Sierra – La Hiruela. El camino de las hojas

Ruta realizada el Martes 21/11/2023

Dificultad Física
Dificultad Técnica
29.6 km
853 m
73 Km Distancia Madrid
4h40'
3h37'
Características Terreno Suelo arcilloso (problemático con lluvia), 15% de trialeras, con tres o mas obstáculos, no adecuado para temperaturas bajas, 700 metros no ciclable, con algunas fincas privadas, zona de fotografía interesante, muchas puertas

Participantes: Domingo, Félix, Juanlu

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Temperatura media: 14.6
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Hacía tiempo que queríamos adentrarnos de nuevo en la Sierra del Rincón después del buen sabor de boca que nos dejó la salida que realizamos en noviembre del 2020. La verdad es que da pereza llegar hasta este lugar tan apartado pero, una vez aquí, te das cuenta que merece mucho la pena.

Se acercaba un frente frío y estaba claro que iba a ser nuestra última oportunidad este año para ver la alfombra de hojas que cubre por estas fechas esta zona de la sierra.

Por suerte, Montejo de la Sierra tiene una zona de aparcamiento una vez pasado el pueblo, porque es de esos pueblos con calles cerradas que te lo pone muy, pero que muy difícil. Llegué tarde, después de un atasco monumental, a pesar del madrugón que me había metido, de un humor de mil demonios.

Pero en cuanto salimos por la carretera y empezamos ruta se me pasó. Tomamos un camino protegido por una puerta cuyo cierre hubiese hecho las delicias de cualquier mago. Después de desentrañar sus misterios, conseguimos pasar, subiendo por un camino inexistente a través de la hierba mojada. Las rodadas desaparecían poco después de nuestro paso, dejando el camino virgen de nuevo.

Antes de empezar a subir, nos encontramos con la agradable sorpresa de una balsa de agua embarrada que nos cerraba el paso. Las fincas colindantes, con sus correspondientes vallas de alambre (como si aquello fuese Gaza), hicieron fracasar la búsqueda de opciones menos húmedas, así que nuestras e-bikes se tuvieron que convertir en navios por un breve pero intenso instante. Por momentos veía que mi montura se quedaba atascada en el barro del fondo pero, finalmente, todos pudimos atravesarla sin incidentes, aunque eso si, mojándonos de lo lindo y perlándonos de barro.

Convenientemente camuflados por el cieno, acabamos de subir la ladera que el mapa denomina La Molilla. Aquí, ya nos encontramos con la primera alfombra de hojas, aunque un viento frío del norte estaba emperrado en levantarla.

Al llegar a la carretera que sube al puerto del Cardoso se suponía que teníamos que pasar por el camping La Dehesilla pero la cancela con candado indicaba lo contrario y tuvimos que dar un rodeo hasta encontrar una forma de adentrarnos por el bosque que nos marcaba el track. Esta zona fue complicada. No se veía camino alguno debido a las hojas. Por otra parte, el número de árboles caídos hacía que tuviésemos que cambiar continuamente de dirección. El ingente número de palos y zarzas que nos encontrábamos tampoco lo ponía muy fácil. Finalmente, este agotador tramo dio paso a unas praderas abiertas. Ahí giramos 180 grados, ascendiendo en dirección al puerto de La Hiruela.

Este tramo es uno de los más agradecidos de la ruta. Transcurre por un bosque de robles y pinos, con zonas abiertas que te permiten disfrutar de un espectacular paisaje.

Después de coronar el puerto de La Hiruela, seguimos por una pista en bajada que nos va acercando al bonito y turístico pueblo de La Hiruela. Otra zona de vistas impresionantes, donde nos paramos a hacer la foto de rigor, esta vez acompañada por un arcoíris.

Una bajada potente pasa rozando un helipuerto. Ya estamos justo encima de La Hiruela pero la senda esta cortada por uno de esos pasos que no lo ponen fácil a los ciclistas. No había manera de soslayar la dichosa puerta, ni siquiera aunque hubieses llevado un patinete. Así que tuvimos que pasar nuestras pesadas bicis por encima del dichoso obstáculo. Sería la primera vez de la 6 ó 7 que tuvimos que hacerlo ese día, porque da la impresión de que , en esa zona, a los ciclistas no se nos ve con buenos ojos. Costó pero al final lo conseguimos hacer volar a nuestras bicis con bastante soltura. Cómo casi en todo, es cuestión de experiencia y maña.

Callejeamos entre las preciosas casas de La Hiruela y nos dirigimos hacia la senda de la Fuente Lugar, cruzándonos en su recorrido con el lavadero. Una zona preciosa llena de verdín, como nos recordó Juanlu.

Después de empujar un buen rato, llegados a una carretera, donde decidimos que íbamos a abreviar el recorrido. Dada la hora, evitamos una zona de trialeras en subida y posterior bajada, dirigiéndonos directamente hacia el Molino de La Hiruela, donde disfrutamos de nuevo de las puertas antibicicletas. En la salida nos encontramos con un equipo de Telemadrid a los que recibí con un gruñido cuando me acercaron el micro, por lo que optaron por entrevistar a Juanlu y a Félix, más sensibles al medio informativo y sus necesidades de carnaza. Atravesamos de nuevo el pueblo y subimos por la carretera M-137 (apenas con tráfico) para coger una pista a la altura del helipuerto en dirección al puerto del Cardoso.

La vuelta transcurrió por pistas muy agradables con bonitas vistas a Pradena y Montejo, amenizada por zonas de pinares cerrados.

Ya nos veíamos en Montejo, pero para evitar otra vez la experiencia acuática con el Arroyo del Valle, decidimos explorar nuevas vías de escape para ir por la carretera. Manías nuestras, que no nos gustan los barrizales. Así fue como nos dimos de bruces con una granja que tuvimos que rodear campo a través, entre zarzas, vacas, puertas, vallas, etc. Hoy era el día de ir por mitad del campo, haciendo camino al andar.

Por fin conseguimos llegar al mesón El Hayedo «on time«. Dejamos las bicis en un almacén a pesar de los morros del hijo del dueño. Comimos estupendamente, como ya pudimos comprobar la primera vez que fuimos por allí. Dejo aquí un botón (bueno, dos) de muestra.

Un día muy agradable a pesar del frio que fue entrando a lo largo del día, con una ruta espectacular. Muy recomendable, especialmente en otoño. Quizás le habría quitado alguna puerta, alguna triscada campo a través y algún empuje de bicicleta entre piedras llenas de verdín, pero el entorno hace que todo eso se olvide pronto. Ahora quedaba la vuelta a Madrid, pero esa es ya otra historia.

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Desde Calles por Loringuillas subiendo hasta las Marianetas; despidiendo Chulilla 2023

Ruta realizada el Miércoles 01/11/2023

Dificultad Física
Dificultad Técnica
36.9 km
574 m
245 Km Distancia Madrid
5h29'
3h52'
Características Terreno Suelo duro (pueden ser de roca o pedregoso), sin trialeras, sin obstáculos, no adecuado para temperaturas altas, zona de fotografía interesante

Participantes: Alfredo, Domingo, Félix

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Temperatura media: 18.5
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Pues esta era la última ruta que íbamos a realizar por la zona y la seleccionamos para disfrutar, sin muchas dificultades técnicas, intentando que sus paisajes se nos quedaran grabados como buen recuerdo de esta comarca.

Dejamos todo recogido para abandonar la casa en cuanto volviésemos y partimos con la «fregoneta» hacia el pueblo de Calles, cerca de Chelva.

Llaneando agradablemente por una carretera abandonada entre naranjales y huertos, llegamos a la cola del embalse de Loriguilla.

Dejamos en lo alto las ruinas del castillo de Domeño, lleno de andamios, que trabajo tiene para dar y tomar, y nos adentramos en una hoz, dibujada por el rio Turia. Su entrada parece que está vigilada por la cascada de Domeño, que se originan en las Balsas de Cargas del canal que hay en la parte superior de las colinas que rodean la hoz. Por supuesto, ahí sacamos el dron.

Pasada una central hidroeléctrica, doblamos a la izquierda para tomar una pista con una subida de las dan disgusto cuando vas con una bici muscular (es de las que empiezan con pista de hormigón, ahí lo dejo). Después de una subida de unos 5 kms. con una fuerte pendiente, llegamos al Alto de Marianeta (otros lo llaman de Roche, por lo que veo en los mapas). Desde aquí las vistas son realmente espectaculares.

En esta zona empezó a soplar un viento bastante fuerte que pronosticaba un cambio en el tiempo. Nos acompañó el resto del recorrido. Atravesamos un páramo, antes de empezar a bajar de nuevo, entre sabinares y barrancos, cruzando de nuevo el Canal Principal del Turia.

La vuelta la realizamos por un bosque precioso, con el ruido del poderoso viento moviendo los árboles y haciéndonos acelerar el ritmo, temiendo un tormentón inesperado.

Abajo nos esperaba el Turia de nuevo y su cauce nos llevó de nuevo a Loriguilla. En Calles cargamos las bicicletas para volver a Madrid, a ritmo prusiano nos duchamos en Losa y decidimos emprender el camino de vuelta a Madrid, comiendo por el camino, en una gasolinera de Requena seleccionada por Alfredo, y que nos sorprendió por su calidad.

La llegada a Madrid la hicimos entre viento y lluvia, pero entramos sin problemas. Al día siguiente entregamos nuestra fregoneta melonera, y así, sin percances de ningún tipo, acabó nuestro viaje de otoño. Cómo siempre, genial por la actividad, la compañía y los paisajes. Deseando volver otra vez a las andadas, se despide su seguro servidor hasta la próxima crónica.

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Desde Losa del Obispo por las Hoces del Turia escapando de las lluvias

Ruta realizada el Domingo 29/10/2023

Dificultad Física
Dificultad Técnica
53.4 km
1243 m
254 Km Distancia Madrid
5h29'
3h52'
Características Terreno Suelo duro (pueden ser de roca o pedregoso), sin trialeras, sin obstáculos, no adecuado para temperaturas altas, zona de fotografía interesante

Participantes: Alfredo, Domingo, Félix

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Temperatura media: 20.2
Descarga ruta: Losa-del-Obispo-Hoces-del-Turia-Balneario-de-Verche-Cerro-Castellano20231029.gpx
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Como viene siendo tradición, después de haber echado un buen número de horas buscando rutas, alojamientos y restaurantes en la zona cántabra de Bárcena Mayor, tuvimos que cambiar de destino. El tren de borrascas (porque ahora ya no son una, son varias y tienen nombres propios, que acojona más…) no nos dio opción y tuvimos que echar mano de las alternativas que teníamos ya en la manga, por si las moscas, esas que nos acabaron comiendo.

Hace años estuve con un grupo de amigos en la zona de Chulilla (Xulella en catalán, perdón, en valenciano, que en esta web no vamos a ser menos que en el congreso). Me gustó mucho la zona, con sus cañones y cárcavas. Así que buscamos posibles rutas por la zona, que a priori, me pareció bastante dura. Cuando vimos que aquello estaba lleno de caminos, sendas y trialeras, decidimos lanzarnos a la aventura. Y es que, en esta ocasión, los desniveles y pendientes no eran un problema porque los tres intrépidos ciclonautas que nos íbamos a aventurar por estos lares estrenábamos tres nuevas monturas electrificadas que se suponía que nos librarían de nuestras ataduras gravitatorias. Eso, si no nos estampábamos contra un árbol, nos despeñábamos por algún acantilado o nos electrocutábamos al pasar un rio, pensamientos que a uno le pueden rondar cuando no conoce estos tratos.

Esta vez, innovadores como nunca, alquilamos una furgoneta para llevar las bicicletas, no muy aquilatada en tamaño, la verdad sea dicha. Parecíamos los Heredia llegando al pueblo para vender melones. Con semejante tarugo, podríamos habernos alojado en ella sin ningún problema, pero eso ya era demasiado radical y optamos por una casa en el pueblo de Losa del Obispo. El día de la llegada no hicimos ruta pero tuvimos que pasar la prueba de subir las bicis por una empinadísima y todavía más estrecha escalera, mientras nos acordábamos, de forma detallada y minuciosa, de la familia del dueño de la casa, que no nos comentó nada de semejante particularidad. En casa Anselmo, mientras cenábamos, empezamos a hablar de que ruta a realizar al día siguiente. Por primera vez, no llevábamos TODO cerrado desde Madrid. Me había traído el ordenador y decidimos hacer una sencillita para ver que tal se nos daban la e-bikes.

El domingo empezamos la ruta bajando las bicis por la infernal escalera. La salida era desde el mismo pueblo, en dirección a Chulilla.

La ruta no llegaba a este pueblo, y pronto nos adentramos en la zona de las hoces del rio Turia, rodeándolas y viéndolas desde arriba.

Empezamos una subida de unos 500 m. en 10 kms. donde pudimos comprobar como subían las nuevas bicicletas. Al principio cuesta un poco compaginar asistencia, cambios, pulsaciones y ritmos pero, como somos superespabilados, producto de la nueva era, pronto nos hicimos con la e-técnica (tontaa de palabra que me acabo de inventar).

Uno de esos momentos…

Al final, acabamos subiendo el cerro Castellano y enfilando el cerro del Aire, la zona más alta de la ruta y muy bien ventilada. A partir de ahí empezó una bajada suave y disfrutona.

De camino encontramos con una mina abandonada de caolita y arcilla, la primera de muchas que vimos por la zona, y que había dado lugar a una lagunilla donde aprovechamos para sacar «nuestro» dron.

Ya quedaba poco para llegar a Villar del Arzobispo cuando nos encontramos con Vicente, un pastor de cabras, cuyo rebaño hizo las delicias de Félix, el amigo de los animales (por eso debe ir con nosotros…)

En Villar intentamos comer, pero nos ignoraron, ningunearon y pasaron ampliamente de nuestras personas, así que optamos por volver a nuestro querido pueblo de Losa

Zona de salto en parapente a la salida de Villar del Arzobispo. Félix listo para el despegue.

En Losa conseguimos comer en casa Anselmo por los pelos. Con esto ya vimos que comer por la zona no es tarea fácil, como siempre nos ocurre en las salidas por nuestra España vaciada.

Por la tarde, después de una dura lucha por decidir que ruta hacíamos al día siguiente, nos acercamos a Chulilla, con idea de cenar allí. Pues nos costó, a pesar de estar el pueblo lleno de guiris y ser el centro turístico de la comarca. Finalmente lo conseguimos a la salida del pueblo, en una terraza alternativa, por las pintas que no por el precio.

Y así terminamos este estupendo primer día de nuestras andanzas por tierras «chulescas».

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San Agustin de Guadalix -Moncalvillo: despúes de la DANA

Ruta realizada el Miércoles 06/09/2023

Dificultad Física
Dificultad Técnica
31.9 km
523 m
30 Km Distancia Madrid
4h12'
2h58'
Características Terreno Suelo normal (tierra con alguna piedra), sin trialeras, sin obstáculos, no adecuado para temperaturas altas, con algunas fincas privadas, muchas puertas

Participantes: Domingo, Félix

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Descarga ruta: San-Agustin-Moncalvillo-20230906-1.gpx
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Por fin hago una salida seria desde que empezó el verano. Y lo echaba de menos. Dar pedales, los amigos, la sensación de estar dentro de la naturaleza, te hace sentirte más vivo.

Como, por desgracia, viene siendo frecuente últimamente, estábamos en cuadro. Félix y yo quedamos directamente en el restaurante La Kedada y desde allí empezamos la ruta.

Es una vieja conocida que solemos hacer cuando las lluvias no aconsejan enfrentarse al barro. En este caso, con lo que había caído, no era cuestión de romper la tradición.

Dejamos el polígono del Raso a la derecha, bordeando el rio Guadalix, para salir a la subida que cogemos habitualmente. Sin embargo, han cerrado el camino que marcaba el track original, por lo que rodeamos la dichosa finca, acabando en la pista de siempre sin mayor problema.

Lo bueno de esta rutita es que la principal subida está al principio. Y cómo quien no quiere la cosa, hablando de lo divino y lo humano (más de lo primero), nos plantamos en Moncalvillo.

En una de sus dehesas, un montón de osamentas destacaban en el terreno y Félix no se pudo resistir y sacó al actor que lleva dentro, representando una escena de «2023, una Odisea iendo despacio» . Menos mal que no nos vio nadie.

Seguimos cerrando uno de los ochos que tiene esta ruta, pasando finalmente cerca de Montenebro, donde empezamos el descenso.

El día era espectacular para montar en bici. La temperatura era ideal y el firme estaba húmedo, con muy pocas zonas con barro. Lo íbamos comentando, disfrutando de lo lindo. Ya no quedaba mucho para acabar, estábamos cerca de una granja llamada La Sima, cuando nos encontramos cerca del camino una vaca muerta, con un único buitre que estaba a su lado, mirándola. Nos detuvimos, curiosos y extrañados, con cuidado de no hacer mucho ruido y debajo de una carrasca. Ya en el cielo había 3 buitres dando vueltas y no queríamos espantarlos.

Ya empezaban a arremolinarse gran número de buitres, cuando, sin esperarlo, el tiempo se detiene y el espectro de Félix Rodríguez de la Fuente entra en nuestro Félix, prestándole su voz. Es difícil explicar lo que ocurrió. Es mejor verlo en el vídeo que a continuación anexo. Son una de esas cosas paranormales que nos ocurren tantas veces en nuestras salidas por esos mundos de dios (bueno, Dios, no sea…).

**** ATENCIÓN no existe el video Buitres.mp4 en el álbum de Google de la crónica

La experiencia fue impresionante, otro momento cinematográfico más que bien se podía haber titulado «Bailando con buitres«. Llevábamos un día de los más hollywoodiense.

Lastima que no acabásemos la jornada con «El festín de Babette» para redondear un día de cine, pero la comida tampoco estuvo mal, que La Kedada nunca nos ha fallado y ésta vez no fue la excepción.

Un día excelente, divertido y agradable. A ver si es el primero de un otoño lleno de buenos momentos.

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Hervás – Pista Heidi

Ruta realizada el Lunes 24/04/2023

Dificultad Física
Dificultad Técnica
36.4 km
851 m
184 Km Distancia Madrid
6h23'
3h14'
Características Terreno Suelo normal (tierra con alguna piedra), sin trialeras, sin obstáculos, no adecuado para temperaturas altas, zona de fotografía interesante

Participantes: Alfredo, Domingo, Félix, Pepe, Tomas

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Temperatura media: 22.8
Descarga ruta: Hervas-Pista-Heidi-20230424.gpx
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Después de que bajara Tomás con la furgo de su atalaya en las afueras de Baños y con un desayuno «holandés» en el cuerpo (según los criterios gastronómico-viajeros de Félix), nos dirigimos con los coches hacía el punto de partida de la ruta en el pueblo cercano de Hervás. Se trataba de la ruta estrella de nuestra viaje, la que iba a poner a prueba nuestras capacidades.

La salida del pueblo pasaba por la ermita del Sto. Cristo de la Salud, una señal para animarnos. Pronto se adentra en un precioso bosque, en dirección al Castañar de Gallego que transcurre durante una importante parte de este track.

El camino hacia la sierra de Heidi (vaya usted a saber porque le han puesto este nombre…) empieza con una subida aceptable rodeada por una vegetación sorprendente, al menos para nosotros que nos esperábamos menos agua y un entorno mucho más pobre.

Al ganar altura el castañar va quedando atrás dando lugar a un paisaje más abierto, donde nos encontramos varias depósitos de agua y un banco para hacer el payaso.

En todas las referencias a esta ruta, aparecen la chorreras como uno de sus máximos atractivos. Al acercarnos a ellas, empieza a aumentar la pendiente. Tanto para Tomás como para mí, que íbamos con nuestras e-bike, esto no era un problema pero me dio cargo de conciencia ver a Pepe sudarse estas cuestas. No era el Tourmalet pero tenía su pendiente. Nos encontramos a un matrimonio que iba detrás de las famosas chorreras. Les indicamos como llegar, a unos 4 kms. de donde estábamos situados, pero me dio la impresión de que no nos iban a hacer mucho caso. Igual están todavía por allí.

Al cruzamos el arroyo que alimenta está chorrera nos atrajo un estanque cercano con una pequeña cascada, un lugar ideal para descansar y sacar el dron. No nos podíamos imaginar la tragedia que se avecinaba.

Momentos antes de la tragedia, ignorantes de que, en breve, seriamos uno menos

El dron evolucionaba grácilmente cuando una simple rama se llevó por delante semejante prodigio tecnológico. Cayó en espiral, como despidiéndose, a las frías aguas del estanque y Alfredo se tiró al agua para salvar a la niña de su ojos sin que los demás pudiésemos hacer nada para evitarlo, entre otras cosas, porque alguno estaba sacando el móvil para grabar la escena (son los tiempos que corren…).

La criatura todavía funcionaba cuando le sacó del agua. La máquina, como el mítico HAL 9000 de 2001, no quería que se le desconectara pero se le extrajo la batería y la SD. Era por su bien. Lo sacudimos en un intento de eliminar el agua de su interior ya que habíamos cometido la tremenda imprudencia de no haber incluido en nuestras mochilas varios kilos de arroz para secarlo de una forma eficaz.

Pero la vida continúa y teníamos que seguir la ruta. Afectados por el incidente retomamos el camino en silencio, tanto por las circunstancias como porque era un cuestón de 15 %. Menos mal que finalizaba en un espléndido mirador que nos alivió del trance.

Habíamos llegado a la parte más alta de la ruta. Estábamos satisfechos a pesar del alto precio pagado por ello. Ahora solo quedaba bajar hasta Hervás.

Llegando a Hervás, Tomás tuvo la brillante idea de preguntar a una lugareña por un sitio para comer, antes de que Alfredo nos atacase. Le recomendó, sin dudarlo un instante, «El Mirador» y para allá que fuimos.

Comimos estupendamente. Un lugar muy recomendable. Hasta una camarera, muy simpática y sonriente, nos pregunto que «donde nos ponía los rabos [de toro]». El grupo de viejos rijosos en que nos hemos convertido no perdió la ocasión de entrar al trapo [de lidia, claro] pero la camarera, versada en estas artes, nos dio un pase por chicuelinas y asunto arreglado. ¡Hale, a comer!

Durante la comida, Tomás propuso hacer una cena en su atalaya y a todos nos pareció estupendo. Asi que, después de la minisiesta, nos fuimos a comprar. Este grupo de carácter pseudoprusiano tendría cabida entre los Wagner rusos pero no sirve para comprar… Lo intentamos pero el pueblo tampoco nos puso facilidades y el resultado final fue un truño. Pero no adelantemos acontecimientos…

Entramos al balneario con dos bolsas de compra y sin mascarilla. Eso hizo desconfiar a las funcionarias de tan hidráulica instalación, que podían haber pertenecido a la República Democrática Alemana de los 80 perfectamente, tal era su comportamiento y pose funcionarial. Después de rellenar unos formularios interminables donde intentaban determinar lo cascado que estabas, pudimos acceder a los vestuarios a donde fuimos acompañados, of course, por una funcionaria que, claramente, no se fiaba de nosotros y que miraba nuestras bolsas de la compra con desaprobación.

En la piscina del balneario se nos informó de las normas-restricciones que había que respetar por el hecho de haber ingresado en tan notoria instalación. A pesar de la vigilancia, algunos miembros de este colectivo se comportaron de una forma que parecía indicar que todavía no habían superado la fase anal descrita por Freud en su «Tratado sobre las Fases del Desarrollo Psicosexual y Emocional en la Infancia».

El balneario tiene dentro un pequeño museo, donde se encuentra la terma original, bastante interesante y que me confirma que los romanos eran unos cracks.

Dejamos el balneario estilo belle-époque y sus restos romanos y nos fuimos a cenar a las afueras de Baños, montados los 5 en la furgo de Tomás. Allí comprobamos las posibilidades de su furgoneta camperizada, organizando un merendero en un momento. Pronto constatamos que nos habíamos quedado claramente cortos en la compra (en cantidad/calidad), donde lo único que destacó fueron unos impresionantes mejillones que brillaron con luz propia. Teníamos que haber comprado una lata para cada uno y dejarnos de tonterías, pero nos liamos.

Tomás se quedó arriba y nosotros descendimos a pie, paseando y disfrutando de la noche y las estrellas. Para rematar el día, nos tomamos unas copas en el bar del hotel, atendidos por un camarero repleto de surrealismo rural. Estaba cansado y dormí como un bendito, con la esperanza de que el siguiente día de nuestro viaje fuese tan bueno como éste.

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Navalcarnero-Dehesa de Sacedón

Ruta realizada el Miércoles 05/04/2023

Dificultad Física
Dificultad Técnica
42.2 km
469 m
29 Km Distancia Madrid
3h24'
2h54'
Características Terreno Suelo normal (tierra con alguna piedra), sin trialeras, sin obstáculos, no adecuado para temperaturas altas

Participantes: Alfredo, Domingo, Félix, Pepe

Mas detalle ruta

Temperatura media: 20.1
Descarga ruta: Navalcarnero20230405.gpx
Reproductor audio crónica:

Más de dos meses que hacía que no daba pedales. Y lo echaba de menos. Sentir el aire, la charleta con los amigos, preparar la ruta, todas esas cosas son la sal de la vida. Con todas las «incidencias» que hemos tenido en el grupo, estabamos bajo mínimos. Primero mi menisco, luego la rotura fibrilar de Pepe y ahora Juanlu… Parece que al grupo le ha mirado un tuerto, aunque no sé si esto es políticamente correcto porque empieza a ser complicado determinar si una expresión se adecúa exactamente a todos los protocolos de esta postmodernidad que nos va envolviendo. De todas maneras, se lo he preguntado a ChapGPT y me ha dado su visto bueno, al menos en esta release.

La ruta de hoy es una vieja conocida que realizamos en primavera, cuando no queremos darnos una paliza, ni irnos muy lejos. Es agradable y llevadera, sin más. Ideal para un convaleciente como yo, con la ventaja añadida de que tiene la posibilidad de acortarla drásticamente si las cosas no van como uno espera.

Como siempre salimos de la zona de aparcamiento que se encuentra enfrente del restaurante Senderuela, a la hora prevista, como buenos ciclistas prusianos. En piloto automático, empezamos a preguntar a Alfredo por su aventura nipona, haciéndonos los primeros kilómetros de lo más llevaderos. Pronto nos enfrentamos a los primeros areneros, lo más «peligroso» de esta ruta. No recordaba que tuviera tanta arena pero ésta fue una constante en todo el trazado.

Sin darme ni cuenta, llegamos a orillas del rio Guadarrama. Ahí estaba el punto donde había que decidir si seguía u optaba por acortar la ruta, pero me sentía bien (no voy a decir poderoso porque mentiría…), así que subimos por una linde que nos dirigió hacia la dehesa de Sacedón.

En una zona de arbolado paramos para tomar nuestro habitual piscolabis a base de plátano. Como somos así de sencillos, Pepe planteó la problemática de espacio como concepto, desde un punto de vista conceptual, saliéndose así de los habituales planteamientos constreñidos por los modelos de la física relativista.

Continuamos rodeando la dehesa, sin tener muy claro en que dimensión nos encontrábamos, pero esto no afectó a nuestra evolución en el continuo espacio-tiempo. Por el interior del bosquecillo que dejamos a la derecha transcurre, entre barrancos, el arroyo Brunete que desemboca en el Guadarrama. Y como quien no quiere la cosa, nos acercamos mucho a Villaviciosa de Odón y a la Dehesa del Sotillo, aunque de esto ni nos enteramos, tan enfrascados que estábamos en nuestros pensamientos.

Paralelos al Guadarrama, nos dirigimos hacia el Parque Coímbra. Toda esta zona del camino está atravesada por pequeños arroyos que desembocan en el rio. Me sorprendió que éste llevara agua, a pesar de los meses que llevamos sin lluvia. Incluso en algunas zonas, había zonas embalsadas repletas de vegetación. Así, atravesando trigales echados a perder por la falta de agua, nos encontramos con un precioso y enorme árbol singular, viejo conocido de esta ruta y que nos anunciaba que se acababa lo bueno y empezaba una zona de viviendas y fincas ilegales que me recordaron la cañada Real Galiana.

Pepe se quedó deslumbrado ante una finca que debía ser propiedad de un chatarrero y que lucía unas impresionantes verjas y esculturas hechas con todo tipos de aparatos y elementos de hierro. Otra finca aledaña con los restos de un circo ambulante anunciaba el inminente desvío a la derecha que nos enfilaba directamente a Navalcarnero con una bonita subida que me supo a cuerno quemado.

Poco después llegamos a la dehesa de Marimartín, que ha sustituido los árboles por unos chalets horrorosos. Por suerte las casa no han invadido todo y, continuamos por un parque hasta llegar al barrio de la Dehesa (otra «dehesa», esta vez de bloques de pisos), nuestro destino final en Navalcarnero. Allí esperándonos estaba Juanlu, que nos había hecho el honor de venir para comer con nosotros, a pesar de su rodilla hinchada.

La comida en el Senderuela no nos defraudo, como tampoco lo hizo la sobremesa. La salida me sentó genial. A veces la vuelta a la normalidad es algo mágico.

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Quijorna, la ruta del cocido

Ruta realizada el Miércoles 25/01/2023

Dificultad Física
Dificultad Técnica
30.1 km
698 m
30 Km Distancia Madrid
3h04'
2h35'
Características Terreno Suelo normal (tierra con alguna piedra), sin trialeras, sin obstáculos, no adecuado para temperaturas altas

Participantes: Alfredo, Domingo, Félix, Pepe, Tomas

Mas detalle ruta

Temperatura media: 9
Descarga ruta: Quijorna-20230125.gpx
Reproductor audio crónica:

Como nos pasa últimamente, la elección de ruta es todo un proyecto en sí mismo. En su día Alfredo creó una utilidad que nos facilita todos los lunes posibles rutas para hacer durante la semana, teniendo el cuenta el tiempo que llevamos sin repetirla. Pues bien, me parece que no ha sido utilizada todavía. Los motivos son distintos: que si no me viene bien, que vaya rutones que hacíamos antes, que si hace calor, frio,… Por una vez Pepe propone temerariamente una por Torrelodones y tengo que decir que esta vez he sido yo el pijotero. Me daba miedo meterme en trialeras con la rodilla como la tengo y propuse esta de Quijorna que me pareció más sencilla y llevadera. En lo de las trialeras no me equivoqué. En los pendientes si. Tampoco es que tenga un IBP desmesurado (66) ni un gran desnivel (alrededor de 700 m), el problema es cómo son las subidas, con una considerable mala leche.

Quedamos para salir a las 10:30 y así evitar el frio, pero empezamos más tarde porque Tomás se retrasó. Esta es una ruta que no te engaña. Al poco de salir de Quijorna nos recibe con los brazos abiertos y un cuestón largo y pronunciado (se llama la cuesta de Vétago, que será el primero que se la comió doblada…) con un firme muy mejorable.

Cuestón de recibimiento

Durante un rato tenemos un respiro, por jarales, en dirección a la urbanización Cerro Alarcón, no sé si a la fase I, II o III. Muy bonitos los chaletes de la zona, si señor, donde no nos cruzamos con nadie. A la salida aprovechamos para tomarnos el platanito al sol. Intentamos ver por donde iban Pepe y Tomás, que habían salido un poco después, pero las comunicaciones de la zona no daban mucho de sí. Poco después descubrimos, que los muy ladinos nos habían adelantado aprovechándose de la estructura laberíntica de la urbanización. El reencuentro los tuvimos en un lugar emblemático: el puente del Pasadero, un viejo conocido.

A la salida del puente nos espera una «agradable» subida por una pista de firme irregular y piedra suelta que hizo las delicias de los participantes, o sea, nosotros.

Disfrutando a tope

Dejamos Navalagamella a la izquierda y nos adentramos en la parte norte de la urbanización, dejando su embalse a nuestra derecha.

En esta zona estamos continuamente subiendo y bajando, hasta alcanzar una zona de subida tendida que nos lleva hasta el circuito de cross de Valdemorillo. Una vez llegamos a lo más alto de la ruta, con Valdemorillo a nuestra espalda y Navarredonda a nuestra izquierda, comenzamos por fin, a bajar y a bajar y… No sé porqué pero esta fue la parte que más me gustó de la ruta.

Llevaba a Félix y Alfredo delante de mi, pero aquí les perdí de vista. Me imaginé que habían metido velocidad al asunto para coger mesa en el mesón del Águila, con la vista puesta en su célebre cocido. Con Pepe y Tomás detrás, compartí esta parte de la ruta con un milano que se emperró en seguirme, y yo, claro, me piqué con él.

Atravesando la Vega de las Viñas, entre arroyos y barrizales, llegué al pueblo. Afortunadamente Félix y Alfredo habían conseguido mesa aunque el restaurante estaba a reventar.

El cocido estaba bastante bien, sobre todo teniendo en cuenta que su precio era de 8,50 €, lo que ya no se ve en ningún lugar.

Mario no vino, pero tenía buena excusa: su cumple. Aquí le dejamos para siempre nuestras felicitaciones.

Tenía muchas ganas de salir, y aunque la rodilla me dio alguna guerra, la salida mereció mucho la pena. Un día espléndido con los amigos.

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Colmenar Viejo – Dehesa de Navalvillar, momentos brumosos

Ruta realizada el Jueves 22/12/2022

Dificultad Física
Dificultad Técnica
35.2 km
755 m
26 Km Distancia Madrid
3h29'
3h08'
Características Terreno Suelo normal (tierra con alguna piedra), sin trialeras, con dos obstáculos, no adecuado para temperaturas altas, con algunas fincas privadas, zona de fotografía interesante

Participantes: Domingo, Félix, Mario

Mas detalle ruta

Descarga ruta: Colmenar-Viejo-dehesa-de-Navalvillar-2022-12-22-1v2.gpx
Reproductor audio crónica:

Como diría Fernando, continuamos con la pertinaz sequía que nos azota desde hace un mes. Hoy no nos enfrentamos a una cortina de agua si no a una niebla que traslada Old Apiary (Colmenar Viejo para los castizos) a Escocia, más exactamente a una de las escenas del «Perro de Baskerville» en medio del páramo de Devonshire. Como viene siendo habitual últimamente, estamos en cuadro y sólo tres solitarios Watsons se atreven a afrontar esta mañana los riegos del camino.

Después de una serie de incidentes eléctricos que afectan a Félix, conseguimos salir bastante cercanos a la hora prevista. Desde las cercanías del cercanías, Mario nos enruta dirigentemente a la ruta. No en balde se trata, una vez más, de una «ruta mariana». Me había prometido que iba a ser un paseo porque temía por mi rodilla que últimamente me ha estado dando guerra. Y más o menos lo cumplió aunque en algunos momento no lo pareció.

Así que, que después de bordear el «polínglono» de Tres Cantos, nos dirigimos hacia el norte por el carril bici para adentrarnos en la niebla, que es lo que vimos durante la mayoría de la ruta.

Se supone que pasamos por sitios tan chulos como el Prado de la Doctora y Navalahija, pero no lo podría jurar. Incluso pasamos al lado de unos antiguos estudios de cine, cerca de la Talanquera de San Pedro, donde se grabaron grandes producciones norteamericanas como Alejandro Magno, Espartaco, Orgullo y Pasión, El Cid y otras superproducciones. Buen sitio para rodar grandes batallas, con el Pico de San Pedro de fondo, haciéndolo pasar por el Vesubio, Los Pirineos o Los Alpes, según las necesidades del rodaje. Tampoco podría asegurar que el Pico San Pedro siguiese allí, porque verlo no lo vimos.

Siguiendo con los aspectos culturares de la ruta, nos encontramos con unos yacimientos de un poblado del siglo VI d.C. porque pasamos a 10 metros, que si no….

Rodeamos el Alto de las Minas por una zona donde perdimos el sendero. El track nos llevaba de cabeza a un muro de piedra, y como somos gente que se deja llevar, ahí que nos ves violando la propiedad privada.

Esta zona fue la más durilla de la ruta. Me empezó a molestar la rodilla pero, siguiendo las sabias indicaciones de Mario (recopiladas en su libro «Como abordar una ruta mariana y no morir en el intento; ediciones Machacantes)», subí ligeramente el sillín y fue mano de santo.

Pasando cerca de una zona llamada El Pecado Mortal, vete a saber porqué, nos llamó Juan Luis, con el que habíamos quedado para comer. Era evidente que ya llegábamos tarde, así que aceleramos un poco el ritmo, más que nada porque era bajada.

Por fin la niebla desapareció (a buenas horas…), mostrándonos Colmenar Viejo en todo su esplendor. Lo atacamos por el sur, paralelos a la M607 hasta llegar de nuevo al «polínglono» donde nos internamos deseando ya llegar. Después de rotondas, avenidas y pasos de cebra llegamos hasta el restaurante donde habiamos quedado con Juanlu, el Lamadrid. En tan señaladas fechas estaba hasta la bola, y como no habíamos tenido la precaución de reservar, nos encontramos compuestos y sin novio. Además Mario no se podía quedar por compromisos de última hora, así que descartamos buscar otro lugar en aquel lugar tan escaso de recursos. Por lo menos vimos a Juanlu, con el que estuvimos un rato, contándonos las últimas novedades, hechos y sucedidos.

Santo cielo, que pintas…

En fin, cosas de la Navidad. Cada mochuelo volvió a su olivo y yo me metí un cocido casi a las 4 de la tarde que me sentó como un tiro. Pero a pesar de todo valió la pena porque llevaba 3 semanas sin salir, entre unas cosas y otras. Necesitaba sentir el aire y ver a los amigos, y esto lo tuve con creces.

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