Colmenar-Dehesa de Moncalvillo por su valla

Ruta realizada el Sábado 15/02/2025

Dificultad Física
Dificultad Técnica
42.8 km
773 m
29 Km Distancia Madrid
3h50'
2h43'
Características Terreno Suelo duro (pueden ser de roca o pedregoso), 15% de trialeras, sin obstáculos, sin limitaciones de temperatura, zona de cazadores

Participantes: Alfredo, Domingo, Félix, Carlos, Marcos

Mas detalle ruta

Temperatura media: 13.1
Descarga ruta: Colmenar-Viejo-Dehesa-Moncalvillo20250215.gpx
Reproductor audio crónica:

Como no pudimos salir el jueves, tuvimos que mover la ruta al sábado, y vaya cambio… De la paz absoluta a una especie de manifestación ciclista en cada cruce. Es lo que tiene salir en horario de currante (o «de pobres», como diría Juanlu con su habitual tacto y sensibilidad social).

El plan era sencillo: pedalear, disfrutar y no mojarnos demasiado. Así que, puntualmente, salimos del parking de Colmenar frente al polideportivo. Hoy teníamos dos caras nuevas, Carlos y Marcos, que vinieron de la mano de Félix. No sabían lo que les esperaba.

Nos dirigimos por el camino de Pedrezuela con un día sorprendentemente agradable, cosa rara porque suele tocar viento de cara o barro nivel supervivencia.

Todo iba bien hasta que llegamos a La Calzadilla y nos topamos con el arroyo de Tejada, que venía con ganas de hacernos una prueba de impermeabilidad. El agua estaba justo al límite para que los tobillos se mojaran, pero cruzamos sin problemas… bueno, los que llevábamos zapatillas estancas. Los demás descubrieron que el agua sigue estando fría en febrero.

Después de esa ducha improvisada, nos esperaba un sendero pedregoso, el clásico tramo donde cada uno saca a relucir su técnica (o la falta de ella). Aquí el personal demostró sus habilidades para sortear caminos difíciles.

La ruta sigue hacia el noroeste por el Camino Bajo de Pedrezuela con el objetivo de entrar en la Dehesa de Moncalvillo, pero, sorpresa, nos encontramos con una cacería. Y no una de andar por casa, sino una Montería de las serias, con todoterrenos, forestales vigilando cada entrada y probablemente algún cazador afilando la mira telescópica. Vamos, que no pintábamos nada allí salvo como objetivo móvil.

Tocaba improvisar. Decidimos bordear la Dehesa pegados a la valla y luego seguir por la pista del canal hasta Montenebro. Por el camino, varios coches de agentes forestales nos miraban como si fuéramos los últimos en enterarnos de que allí se estaba jugando una versión en vivo de Los juegos del hambre. Pero, por suerte, nos dejaron seguir.

Antes de continuar, hicimos la clásica parada del plátano en una praderita con una casita de piedra que debía haber sido del ingeniero del canal. Allí, además de reponer fuerzas, dimos un paseo a Retortijín, que ya llevaba un rato pidiendo salir.

Tras esquivar balas y agentes forestales, encontramos un senderito en Montenebro que nos permitió recortar y retomar la ruta original. Aquí llegó el highlight del día: el cuestón que normalmente bajamos, pero que hoy tocaba subir. Antes de la ascensión, nueva parada técnica para que Retortijín hiciera su segunda aparición. Luego, con los pulmones preparados para la batalla, empezamos la subida.

Durante la ascensión nos cruzamos con varias gravel, esas bicis que en caminos fáciles son una maravilla, pero en una subida técnica parecen más bien una penitencia. A uno de los ciclistas le recordé amablemente que hay bicis con suspensión que funcionan de maravilla en estos terrenos. Entre jadeos, me dio la razón.

Una vez arriba, nos encontramos con una señal de tráfico que indicaba que el camino era de un solo sentido. Como somos ciudadanos ejemplares, la respetamos. No como el desfile de ciclistas que bajaban como si estuvieran en un descenso del Red Bull Rampage.

La ruta sigue bajando por el camino Alto de Pedrezuela hasta llegar de nuevo al arroyo de Tejada donde un señor mayor, con la sabiduría que dan los años, nos hizo el chascarrillo del día: «¡Ya estáis duchados para lo que queda de jornada!». Humor castizo en su máxima expresión.

La vuelta a Colmenar la hicimos por el descansadero de Navalahija por una subidita muy maja donde esta vez el personal demostraron su técnica.

El resto de la ruta fue un mero tramite para llegar al parking atravesando Colmenar por el Norte.

Al final quedó una ruta aceptable a pesar de que nos cerraron la Dehesa de Moncalvillo y llegamos a una buena hora para volver a comer tranquilamente a casa.

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Chinchón y sus barrancos

Ruta realizada el Jueves 16/01/2025

Dificultad Física
Dificultad Técnica
43.7 km
870 m
39 Km Distancia Madrid
3h42'
3h10'
Características Terreno Suelo arcilloso (problemático con lluvia), 15% de trialeras, sin obstáculos, no adecuado para temperaturas altas

Participantes: Alfredo, Domingo, Félix

Mas detalle ruta

Temperatura media: 13.1
Descarga ruta: Chinchon-senderos20250116.gpx
Reproductor audio crónica:

Llevamos semanas despertándonos con un frío que haría tiritar al mismísimo Yeti, así que el personal, en un acto de pura supervivencia, decidió que era hora de huir a una zona menos gélida. ¿El destino elegido? Chinchón y sus barrancos. Porque, claro, nada dice “calorcito” como los barrancos en pleno invierno.

Quedamos en el parking de San Antón, y Félix no tardó en darnos el susto habitual: su rueda deshinchada. Ya van tres salidas seguidas con dramas mecánicos, y estamos empezando a pensar que Félix y las averías tienen un contrato de exclusividad. Por suerte, esta vez fue una falsa alarma. Aunque la próxima quizás debamos llevar un mecánico de cabecera.

La aventura arrancó bajando hacia la famosa Plaza Mayor de Chinchón, donde estaban montando los tendidos para las corridas. Nos pareció raro, porque con este frío ni el toro más salvaje tendría ganas de arrancar. Aunque, según nos chivaron, solo estaban probando los tendidos nuevos. Eso sí, los turistas en la plaza no se movían, seguramente esperando un espectáculo digno de “National Geographic: Edición Ibérica”.

Tras la plaza, salimos de Chinchón por el camino del Portillo hacia el norte, directo a la cañada de la Mora, donde nos adentramos en senderos que parecían diseñados por un GPS con ganas de jugar al escondite. De fondo, la imponente fábrica de cementos Portland nos recordaba que el glamour estaba claramente de vacaciones.

Más adelante, llegamos al barranco de la cañada, que haría llorar al mismísimo barranco del Poyo de pura envidia. Entre lo estrecho y la vegetación, aquello parecía un túnel de lavado ecológico, pero sin la opción de secado.

De ahí subimos por la cañada de Valdemolinos, hasta llegar a la Urbanización de Valdemolinos, un lugar que en su día prometía lujo y modernidad, pero ahora parece sacado de un episodio de The Walking Dead. Resulta que en los años 70, este lugar fue escenario de una estafa épica. El conde de Hoochstrate (sí, un conde, porque los plebeyos no timamos con tanto estilo) vendió sueños de casas y pistas deportivas por precios que hoy serían una ganga. El resultado: instalaciones abandonadas y un ambiente tan apocalíptico que no nos habría sorprendido ver un zombie jugando al squash.

Después de este tour por las ruinas modernas, seguimos hasta el siguiente barranco, en el arroyo de Valdepozas, donde tiempo atrás tuve la genial idea de meterme en una zanja. Milagrosamente, salí ileso, aunque mi orgullo todavía no se ha recuperado del todo. En esta zona, sacamos a Retortijin, nuestro fiel compañero, para comprobar si era capaz de enfrentarse a la jungla que teníamos delante. Y sí, en el video podéis ver cómo Retortijin desafía cardos asesinos, olivares y su propia inteligencia (cada vez que choca con algo se queda medio atontado, pero oye, siempre sigue adelante con valentía… o con falta de sentido común).

El resto del recorrido fue más relajado, por pistas más tradicionales, con vistas a la Urbanización Nuevo Chinchón y el Castillo de Chinchón, que, por cierto, siempre queda bien en las fotos, incluso cuando tienes las manos congeladas.

Finalmente, llegamos de vuelta a Chinchón, con un único objetivo en mente: ¡comer! Después de rondar por la plaza como buitres en busca de un sitio, encontramos un lugar decente a la salida. La comida estuvo razonablemente bien (no vamos a exagerar, tampoco fue un banquete) y la tabernera resultó ser bastante simpática, del tipo que hace que Pepe se replantee quedarse a vivir allí.

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Venturada – relaxing cup of café con leche

Ruta realizada el Jueves 12/12/2024

Dificultad Física
Dificultad Técnica
34.4 km
623 m
43 Km Distancia Madrid
3h09'
2h31'
Características Terreno Suelo normal (tierra con alguna piedra), 15% de trialeras, sin obstáculos, sin limitaciones de temperatura

Participantes: Alfredo, Domingo, Félix

Mas detalle ruta

Temperatura media: 8.6
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Salida entretenida pero breve para las ebikes, que no nos hicieron sudar ni un poquito. Terminamos tan rápido que fuimos directamente a casa a comer. Qué sacrificio, ¿verdad?

Comenzamos en Venturada, en el mítico parking del helicóptero, donde un tipo de Carglass nos ofreció un tratamiento «gratuito» contra la lluvia para las lunas del coche. Con Domingo olimos la trampa a kilómetros y declinamos amablemente. Por suerte, quedamos a las 9:30, justo después de que un chaparrón a las 9:00 nos limpiara las rutas.

Nos ponemos en marcha hacia Cabanillas de la Sierra por unos senderitos muy divertidos.

Pasamos por debajo de la N-I, una experiencia…

inolvidable, y conectamos con otro sendero que solemos recorrer cuando vamos de La Cabrera a Miraflores. Pero esta vez, hicimos un giro inesperado hacia la izquierda, al llegar a esa casa icónica donde solíamos tomarnos un plátano (sí, lo sé, es tradición).

En Navalafuente hicimos una breve parada en la cascada del arroyo de Gargüeña, que llevaba más agua de lo habitual. El momento perfecto para, lo adivinaste, tomar el plátano reglamentario. ¿Qué sería de estas rutas sin un plátano?

Luego seguimos hacia Guadalix de la Sierra por una bajada endurera que nos hizo sentir como expertos, aunque antes tuvimos que cruzar dos riachuelos que pusieron a prueba nuestra destreza.

Al regresar a Venturada por la cañada real, disfrutamos de las vistas a la sierra de La Cabrera y decidimos experimentar un poco con Retortijin, viendo si podíamos enseñarle a seguirnos de lado. Después de algunos intentos fallidos, pillé el truco y debo admitir que quedó espectacular.

Llegamos a Venturada a las 12:40, a pesar de nuestros mejores esfuerzos por alargar la llegada con las peripecias de Retortijin. Como era tan pronto y sabíamos que no nos servirían la comida aún, decidimos poner rumbo a casa, cual mochuelo a su olivo.

Ah, y los de Carglass todavía estaban ahí. Esta vez habían logrado embaucar a una pobre señora. Pobre incauta, le quedará como anécdota para la próxima ruta.

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Sotillo de Adrada-Casillas-Monte del Pinar

Ruta realizada el Lunes 11/11/2024

Dificultad Física
Dificultad Técnica
40.8 km
1347 m
76 Km Distancia Madrid
3h45'
2h57'
Características Terreno Suelo normal (tierra con alguna piedra), sin trialeras, sin obstáculos, sin limitaciones de temperatura

Participantes: Alfredo, Domingo, Félix

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Temperatura media: 13.7
Descarga ruta: Sotillo-Adrada-Casillas-Monte-del-Pinar-20241111.gpx
Reproductor audio crónica:

Primer día en Gredos: crónica de un estómago en pie de guerra y aventuras moderadas

Habíamos quedado a las 9:30 en un parking cerca de la casa rural alquilada. Como suele suceder en estos casos, en los últimos kilómetros de carretera me asaltó esa sensación inconfundible y desesperante de que todo el menú del día anterior estaba dispuesto a salir al mundo antes de tiempo. Claro, tenía motivos de sobra: unos boletus, un plato de judiones, cordero asado y, de postre, ponche segoviano. Un menú que, por su contundencia, podría haber alimentado a un equipo de obreros durante una semana. Dudé si parar en un descampado y librarme del apuro en plena naturaleza, pero mi dignidad (lo poco que quedaba) me mantuvo firme hasta llegar al parking. Allí salí corriendo al bar del desayuno, como alma que lleva el diablo. Creo que dejé buena impresión al mesonero, aunque espero que no tuviera el mal gusto de acercarse al baño tras mi visita.

Venía con la ilusión de una ruta de enduro como las de antes, de las que te dejan las piernas temblando y el alma en paz. Pero Félix, que tiene una extraña relación con el peligro y la comodidad, retocó la ruta original y nos dejó con una versión light. Eso sí, había un cartel en una bajada que rezaba “Muy peligrosa”, así que me libré de dejarme los dientes en alguna curva maldita. Peor habría sido volver a casa con más dientes rotos que historias para contar.

En este viaje llevamos tecnología punta; dos drones (Retortijón y Retortijín) y dos Gopro a ver que video nos hace Félix.

Nos pusimos en marcha puntuales, como si estuviéramos en el ejército, dejando los coches en Sotillo de la Adrada y avanzando hacia Casillas. El día era espectacular, el cielo azul, la temperatura ideal, y la pista más llevadera que el argumento de una novela romántica. Entre eso y el motor eléctrico de las bicis, los 400 metros de desnivel parecían una broma.

Pasamos por Casillas, donde nos entretuvimos un rato en la ermita y el prado adyacente. Es decir, moñigueamos, que es lo que hace cualquier buen ciclista cuando ve un lugar bonito pero está más interesado en respirar que en seguir pedaleando.

Después de aquello, nos lanzamos a subir al puerto de Casillas. Otros 400 metros de desnivel, que afrontamos con Retortijín grabando la hazaña. La niebla nos recibió a mitad del ascenso, ocultándonos el paisaje y dándonos ese aire heroico de exploradores perdidos en un banco de nubes.

En el puerto recordamos una anécdota de cazadores ofendidos de años atrás. En su día nos echaron la bronca porque, según ellos, molestábamos a las palomas. Palomas de paso, dijeron, como si fueran nobles de alta cuna y no simples ratas con alas. Para colmo, íbamos por una pista pública, subiendo en silencio, casi como si estuviéramos de funeral. Pero claro, pedir sentido común a un cazador cabreado es como buscar poesía en un atasco de lunes.

Desde allí decidimos ignorar el desvío al Pozo de la Nieve. Ya lo conocíamos y el camino era incómodo, lo cual no ayudaba a la pereza generalizada. En lugar de eso, nos dirigimos a la zona supuestamente endurera del monte El Cirbunal. Digo “supuestamente” porque Félix, en su infinita sabiduría, había rediseñado la ruta para evitar aventuras reales.

El paisaje otoñal era digno de postal. Eso sí, las hojas ya estaban en el suelo, cubriendo todo con un manto marrón que era tan bonito como traicionero para los neumáticos. Félix, con su ojo experto, comentó que el follaje era más de pinos en esa zona, como si no lo viéramos nosotros mismos. Pero hay que reconocer que también tenía su encanto.

Cuando llegamos al descenso que Félix había eliminado, nos encontramos con el famoso cartel de “Bajada muy peligrosa”. Y sí, tenía pinta de ser el infierno para los frenos y para las piernas. Pendiente brutal, rocas sueltas, arena, y esas acículas traicioneras que esconden trampas mortales. Por una vez, el cambio de ruta fue una decisión sabia.

Por el camino aprovechamos para sacarnos una foto los tres usando retortijón.

La bajada final fue intensa, una pista entre pinos que nos llevó de nuevo a Sotillo de la Adrada.

Al llegar a Sotillo nos esperaba la dueña de la casa rural, una mujer tan maja que nos dejó meter las bicis donde nos diera la gana. Nos regaló un pan dulce que casi devoré entero en el mismo día y una botella de vino, que guardamos como trofeo.

Comimos en el restaurante Las Palmeras, rodeados de abuelos del lugar. Parecía que el comedor del IMSERSO había montado una sucursal en Gredos. Es lo que tiene España: la juventud trabaja para pagar las pensiones mientras los viejos se sientan a disfrutar del espectáculo. Y nosotros, claro, nos sentimos en casa.

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La Patrulla Canina en el Camino del Ingeniero

Ruta realizada el Jueves 24/10/2024

Dificultad Física
Dificultad Técnica
36.9 km
1006 m
53 Km Distancia Madrid
4h54'
3h10'
Características Terreno Suelo normal (tierra con alguna piedra), mas de 40% de trialeras, sin obstáculos, sin limitaciones de temperatura, 10 metros no ciclable

Participantes: Alfredo, Félix, Juanlu

Mas detalle ruta

Temperatura media: 11.8
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¡La Patrulla Canina se lanza de nuevo a la aventura! Esta vez, el reto es una de las rutas más salvajes de la Sierra: El Camino del Ingeniero. Y, como era de esperarse, esta patrulla no tarda en meterse en líos… ¡las cosas no salen como estaban planeadas!

La historia empieza con Juanlu apareciendo con un trancazo/gripe/COVID que hace que tanto Félix como yo nos sintamos como en una película de terror, esperando un contagio inminente. Mientras tanto, Félix llega media hora antes, pero no para preparar nada, ¡sino porque le ha dado un apretón histórico! Acabó buscando rincones estratégicos en San Rafael para aliviarse, como si fuera un perrito perdido. Pero lo mejor estaba por venir: justo cuando nos disponíamos a salir, el cambio de la bici de Félix decide decir “¡Hasta aquí llegué!”. Por un momento pensamos que todo se iba a la porra, pero después de mucho bregar, conseguimos arreglarlo sin la ayuda de Pepe, al que echamos de menos, ¡y de qué manera!

Contra todo pronóstico, ¡logramos salir! Esta vez, decidimos partir directamente desde el restaurante Volvereta, atravesando San Rafael (por cierto, qué casas más bonitas tiene este pueblo) y subiendo al Collado del Hornillo. Ese primer tramo es técnico, con una pendiente que en bici normal haría que vieras pasar tu vida frente a tus ojos, pero gracias a nuestras bicis eléctricas, subíamos como si nada, casi con estilo.

A partir de cierta altura el tiempo se volvió nuboso y húmedo con un paisaje bucólico.

A medida que subíamos, el clima empezó a ponerse nuboso y húmedo, dándonos un paisaje bucólico, de esos que salen en las películas, donde solo faltaba el pastorcillo tocando una flauta para completar la postal. Pero, como todo lo bueno, la paz no duró mucho. Cuando parecía que rodábamos como campeones, Juanlu nos mostró cómo besar el suelo sin siquiera bajarse de la bicicleta. ¡Menudo espectáculo! Eso sí, dejó sus gafas tiradas por ahí, como ofrenda a la fauna local. He visto el vídeo mil veces y sigo sin entender qué demonios hizo para caerse así. Pero bueno, el suelo y él se conocieron de una manera muy íntima.

Después del susto, seguimos avanzando por los senderos que serpentean junto a los arroyos del Prado y del Collado de Hornillos, cuando de repente… ¡crack! Félix decide demostrarnos cómo romper una cadena de la forma más dramática posible. Tras algunas rutas recientes, Pepe Gotera y Otilio (es decir, nosotros) ya tenemos algo de experiencia en estas situaciones, así que nos pusimos manos a la obra. ¡Pero qué show! Nos llevó 10 minutos colocar el manillar de la bici sobre la mochila de Félix, solo para darnos cuenta de que las herramientas estaban dentro de la dichosa mochila. ¡Muy bien pensado! Pero no pasa nada, repetimos todo el proceso y, esta vez, descubrimos que Félix había traído el eslabón rápido adecuado (¡milagro!), aunque encajarlo fue una odisea. Al final, un poquito de aceite hizo el truco y conseguimos arreglar la cadena. Vamos, que ya tenemos el máster (teórico y práctico) en reparaciones improvisadas de cadenas.

Afortunadamente, después de todo esto, pudimos seguir hasta el Camping Peregrinos, aunque antes Félix se zampó una paletilla que, por la forma en que la devoró, parecía que no había comido en una semana.

Subimos por la Sierra de Malagón, hasta llegar a la frontera entre Ávila y Segovia en la Boca del Infierno (¡solo el nombre ya impone respeto!). Después de cruzar la puerta, nos enfrentamos a una bajadita que se las trae. Por cierto, tuve un pequeño percance allí, pero ¡nada que me detuviera! Tras un tramo empujando la bici, conseguimos acceder al tan esperado Camino del Ingeniero.

Y qué camino! Un verdadero paraíso para los que nos gusta ratonear con la bici de montaña. Aprovechamos para sacar a Retortijin y también para probar la nueva GoPro con HyperSmooth Pro; todo grabado como si fuera una película de acción.

Aunque cueste creerlo, después de tantas aventuras y desventuras, llegamos justo a tiempo para disfrutar de un menú deluxe en Volvereta, coronado con un pudding de chocolate que, sinceramente, fue la mejor forma de terminar la jornada.

Así concluye otra épica aventura de la Patrulla Canina. Y si esta semana a Juanlu, a Félix, o al cronista (¡yo!) nos duele la garganta… bueno, sabremos exactamente de quién fue la culpa. ¡Hasta la próxima!

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Miraflores-Morcuera-Espartal-Pte-Vallito-Pto-Canencia y con suerte

Ruta realizada el Miércoles 18/09/2024

Dificultad Física
Dificultad Técnica
42.9 km
1167 m
44 Km Distancia Madrid
4h11'
2h55'
Características Terreno Suelo normal (tierra con alguna piedra), 15% de trialeras, con un obstáculo, sin limitaciones de temperatura, 50 metros no ciclable

Participantes: Alfredo, Félix, Juanlu

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Temperatura media: 17.1
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Ruta de jueves que, por el maldito pronóstico de lluvia, adelantamos a miércoles. Además, había que terminarla rápido para que Félix pudiera llegar a tiempo, y en condiciones, al estreno de su clase de filosofía en la universidad.

Propuse la ruta pensando en una clásica «Miraflorada» con la extensión hacia la estación, pero cometí el primer error: me equivoqué de track y acabamos haciendo una machada con zonas de «peeling» para piernas, brazos y manos. Nada adecuado para mi «dentellada de tiburón», souvenir que me traje de Tarifa.

Desde el principio, la ruta parecía maldita. Yo, que siempre llego antes de la hora, esta vez me enfrenté al temido atasco de la M30 y, como era de esperar, llegué tarde, ¡10 minutos tarde! Para colmo, casi me dejo el bidón de agua, claro, es lo que pasa cuando no tocas la bici en tres meses.

Pero la odisea apenas comenzaba. A los 10 minutos de arrancar, ¡zas!, Félix rompe la cadena. Y sin el mecánico del grupo, pasamos 20 largos minutos intentando arreglar el desaguisado. Lo logramos… o eso creímos. Porque, 10 minutos después, la cadena se volvió a romper. Tras una reunión de «expertos», decidimos amputar dos eslabones, como si estuviéramos en una operación de emergencia. ¡Mano de santo! La cadena quedó impecable y pudimos continuar, aunque la sensación de que todo podía ir peor no nos abandonaba.

Fue entonces cuando me di cuenta de otro desastre: mi eslabón de enganche rápido era para la cadena antigua, de cuando la bici era solo muscular. ¡Necesito comprar uno nuevo y una tenaza para cerrarlo, porque claro, ninguno llevábamos!

Tras la segunda reparación, por fin comenzamos a rodar. Una hora más tarde de lo previsto, pero al menos estábamos en marcha. Subir la Morcuera con la eléctrica es una delicia. El camino estaba tranquilo, apenas nos cruzamos con un par de caballos que pastaban libremente bajo el sol de la sierra.

El día era perfecto, con el cielo despejado y el aire fresco. Apenas vimos un alma hasta llegar a Morcuera, donde hicimos una parada rápida para el clásico plátano y continuamos hacia Canencia.

Pero, como si el destino quisiera seguir riéndose de nosotros, decidimos desviarnos por un sendero alternativo hacia el Espartal. Allí nos encontramos otro grupo de caballos, y Juanlu, como si fuera un encantador de animales, se hizo amiguito de un potrillo que lo siguió fielmente hasta que su madre apareció para marcar límites.

Después de alcanzar el monolito, el verdadero calvario comenzó. Nos desviamos hacia el collado de la fuente y allí, entre jaras y matojos que desgarraban nuestras piernas y manos, luchamos por avanzar. Mi herida de tiburón, recién curada, seguramente estaría haciendo que mi médico se retorciera en su consulta. Y como si eso no fuera suficiente, perdimos a Juanlu. Gritamos el nombre de guerra, ¡JUANLUUUU!, pero nada. Ni un rastro. El teléfono, por supuesto, sin respuesta. Félix y yo solo esperábamos que llevara el GPS encendido porque el lugar era un verdadero laberinto.

Finalmente, llegamos a un sendero que nos llevó a la carretera de Canencia. Para la próxima, será mejor seguir por la pista pasada el monolito y evitar el castigo de los matojos. Ahí volvimos a llamar a Juanlu y esta vez contestó. ¡Milagro! Resultó que estaba apenas un kilómetro detrás. Nos reunimos en el puerto de Canencia, él en modo turbo y nosotros en modo eco. La táctica funcionó: cinco minutos después, Juanlu aparecía.

El tiempo se nos había echado encima y Félix ya estaba casi corriendo hacia su clase. Bajamos a Miraflores por la carretera a toda velocidad, con la idea de comer algo rápido en Soto, en La Perola. Pero como si la maldición del día no hubiera terminado, ¡estaba cerrado! Claro, era miércoles. Buscamos otro sitio, pero todo el pueblo parecía haberse puesto de acuerdo para cerrar sus puertas ese día.

Sin más opciones, cancelamos la comida y cada uno se fue a su casa con hambre y cansancio.

P.D. He usado ChatGPT para añadir dramatismo a la crónica.

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El Trébol del Parque Natural Saja-Besaya

Ruta realizada el Miércoles 29/05/2024

Dificultad Física
Dificultad Técnica
35.8 km
1188 m
320 Km Distancia Madrid
4h16'
3h16'
Características Terreno Suelo arcilloso (problemático con lluvia), 15% de trialeras, con tres o mas obstáculos, sin limitaciones de temperatura, 150 metros no ciclable

Participantes: Alfredo, Domingo, Félix

Mas detalle ruta

Temperatura media: 23.7
Descarga ruta: Trebol-Saja-Besaya-20240529.gpx
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Esta es la ruta mas cañera de la salida, en la que sorprendentemente nadie puso pegas e incluso algunos lo recibieron con entusiasmo. Es una ruta que recorre el parque natural de Saja-Besaya subiendo por pistas y bajando por senderos justo en el corazón del parque.

Desayunamos a las 8:30, como todos los días, con un desayuno copioso que nos preparó la mesonera y cogimos el coche hasta Ruente para aparcar en el restaurante Casa Fito donde comeríamos al terminar la ruta.

La ruta comienza subiendo hacia el área recreativa de Saja, eje central del trébol. Yo creía que iba a ser una ascensión por pista suave y sin problemas, pero en el tramo final nos adentramos, como en los viejos tiempos, en una maleza que nos hizo el peeling a piernas y brazos.

Tras saltar alguna que otra valla y seguir el track, a pesar de no existir sendero, llegamos al área recreativa para empezar las otras dos hojas del trébol.

La segunda hoja comienza por pista subiendo hacia el sur, pero rápidamente se desvía a un sendero llamado La Tabla – Senda Andinoso (prohibido para bicis) en la que Félix y Domingo se hicieron los mansos y reusaron entrar. Afortunadamente no había alternativa por pista y no tuvieron mas remedio que pasar.

La verdad es que la primera parte del tema se hizo duro por algunos tramos impracticables.

Pero luego seguía por una pista bastante razonable con unas vistas impresionantes.

Con un tramo final de infarto por una trialera muy cañera que no pude grabar porque la Gopro dejó de funcionar.

Aquí Félix empezó a protestar, que todo muy bonito, pero que no podía ver nada del follaje por lo concentrado que estaba en no caerse, que la próxima hoja del trébol la hago por pista, que si las servilletas son de papel,….

El caso que en el tercer trébol la subida la hicimos por pista y la bajada también, pero yo me iba atravesando por trialeras que molaba mas.

En la cima del tercer trébol decidimos sacar a Retortijón para que nos sacara una perspectiva del bosque.

Una vez que llegamos de nuevo al área recreativa , bajamos por pista a la vera del río Bayones con hambre para comer en Casa Fito.

Vista de Los Tojos lugar del alojamiento en La Colodra

Finalmente llegamos sin problemas al restaurante y comimos estupendamente en la terraza.

La verdad es que tuvimos una suerte tremenda con el tiempo, los dos días dentro del Parque Natural de Saja Besaya nos hizo un sol increíble, pero justo el día antes y después hizo niebla con lluvia.

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Parque Natural Hoces del Río Duratón zona sur – Como no te voy a mojar…

Ruta realizada el Jueves 25/04/2024

Dificultad Física
Dificultad Técnica
44.2 km
438 m
92 Km Distancia Madrid
4h34'
3h24'
Características Terreno Suelo arcilloso (problemático con lluvia), sin trialeras, con dos obstáculos, sin limitaciones de temperatura, 200 metros no ciclable, zona de fotografía interesante

Participantes: Alfredo, Domingo, Félix, Juanlu

Mas detalle ruta

Temperatura media: 14.2
Descarga ruta: Hoces-Duraton-20240425.gpx
Reproductor audio crónica:

Esta ruta la teníamos en mente desde hace tiempo, pero estábamos esperando a que el follaje estuviera a gusto de Félix y por fin llegó el día. Para ver todas las hoces sería necesario unos 80 km, tal como nos sugirió Mario, y por supuesto en vez de quedar a comer quedaríamos a cenar dado el nivel de moñigueo que hemos adquirido. Así que decidimos reducirla a 44 km en la parte sur que es la más bonita y con salida y comida en la Taberna de Perorrubio que se come muy bien.

Para asegurar estar a las 14:30 comiendo quedamos a las 9:30 en Perorrubio en frente de la Cantina y una iglesia muy cuca con monje incluido.

La ruta se dirige al norte hacia Sepúlveda por prados muy verdes esta época y lleno de pájaros que gracias a Juanlu fueron convenientemente identificados y descritos.

De hecho, por el camino nos encontramos a un volantón que iba dando saltitos y que Félix (el amigo de los animales y yayos del campo) no pudo evitar capturar.

Después de algunos kilómetros de prado y cultivo nos adentramos en el barranco/hoz del rio Caslilla , afluente del Duratón, que nos lleva directamente a Sepúlveda. Eso si con algún tramo a pata por la pendiente con rocas calcáreas.

Ya en Sepúlveda, visitamos la iglesia Virgen de la Peña y su mirador, donde aprovechamos para un pis y sacar fotos de la vista.

Seguidamente nos metimos en el cañón bajando por la Puerta de la Fuerza hasta el Puente Picazo donde comenzamos el sendero paralelo al rio Duratón y la vista a las hoces verticales.

Apenas recorridos 500m nos encontramos con el primer problema; una escalera que con las bicis musculares no hubiera habido ningún problema, pero con las eléctricas fue un suplicio. Sólo comentar que solo dos personas del grupo fueron capaces de apechugar solas con la bici. La frase «cada perro se lame su cipote» empieza a estar obsoleta en este grupo de nenazas.

Afortunadamente, el resto del cañón fue precioso, aunque con algunos arboles caídos que obligaban a bajarse de la bici. También hubo numerosas paradas para observar el follaje floral (lo dicho, el nivel masculino va cayendo cada año).

Salimos del cañón y del rio Duratón en el Puente de Villaseca y nos dirigimos al mini cañón del rio San Juan (afluente también del Duratón). Aquí empezó nuestra pesadilla; una maquina desbrozadora había destrozado el sendero y lo que es pero los cruces del rio los hacía imposibles de pasar sin mojarse.

En el primer paso del río, más o menos lo pasamos sin mojarnos mucho. Hubo alguna queja de «si me he mojado un poquito la puntita, como no me he traído los botines» (yo sí), pero todos nos quedamos tranquilos porque Domingo nos dijo que sólo había uno o dos cruces más (después de la pandemia ya nadie se cree estas afirmaciones). La realidad es que cruzamos unas 10 veces el río y al final lo pasábamos metiendo la pierna hasta la rodilla sin preocuparnos ya de nada. ¡Cómo no me voy a mojar!

Finalmente salimos de la tortura fluvial todos con los pies (y el culo) mojados deseando llegar al coche para cambiarnos, aunque todavía alguno se rebozó más en el barro como una croqueta.

Como resumen, aquí tenéis un video de la ruta preparado por Félix para vuestro disfrute

Los últimos 4 km fueron en carretera (menos mal) y llegamos justo a la hora que reservamos en la cantina de Perorrubio.

Comimos estupendamente a la carta con un buen vino y atención personalizada (se acabó los menús de batalla a 10€ que requieren 24 horas de digestión).

Para los curiosos comimos; Hojaldres rellenos de boletus con salsa de champiñones, Paquetitos de morcilla suave con salsa de piquillos, Tigres con crema de yuzu , garbanzos negros con calamares y langostinos, y de segundo Solomillo de ternera con salsa de foie de pato y setas y chips de plátano, y Cochinillo confitado a baja temperatura con boniato.

Juanlu se dejo un poco de solomillo porque no le entraba más, pero fue el único que pidió postre. El resto, a desgracia de Juanlu, no dudamos en pedir una cuchara adicional a la mesonera,

Otra ruta en la que disfrutamos del paisaje y la comida.

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La Alberca – Peña de Francia

Ruta realizada el Lunes 15/04/2024

Dificultad Física
Dificultad Técnica
29.9 km
756 m
204 Km Distancia Madrid
3h54'
2h16'
Características Terreno Suelo normal (tierra con alguna piedra), 15% de trialeras, sin obstáculos, sin limitaciones de temperatura, 200 metros no ciclable, zona de fotografía interesante

Participantes: Alfredo, Domingo, Félix, Juanlu

Mas detalle ruta

Temperatura media: 26.3
Descarga ruta: La-Alberca-Pena-de-Francia-20240415.gpx
Reproductor audio crónica:

Primera ruta de la salida de Abril. Madrugamos todos para quedar a desayunar a mitad de camino del Parque Natural de las Batuecas. Juanlu llega dos horas antes y se echa una siestecita en el coche, yo llego puntual y Félix junto con Domingo llegan 15 minutos tarde, es decir una quedada con precisión militar. Una vez todos juntos y desayunados, acometemos la segunda parte del viaje hasta llegar a La Alberca.

Sobre las 10:30 iniciamos la ruta que nos llevara a lo más alto de la Peña de Francia que comienza con una subida tendida. Enseguida vemos a lo lejos La Peña de Francia.

Lo bueno es que circulamos por pista sin complicaciones, muy distinto a lo que sería la bajada.
Durante el camino nos encontramos a un paisano al que Félix, como es habitual, le dio conversación. Llevaba un palo atravesado (suponíamos para pegar a los asaltantes de los caminos), pero al final resultó ser muy simpático y nos indicó algunos sitios para sacar fotos. Además, cuando fuimos a comer al terminar la ruta, resulta que estaba en el mismo restaurante y nos saludó.

Antes de iniciar la subida potente a la peña encontramos otra peña a la que no pudimos evitar la tentación de subirnos y sacarnos la correspondiente foto

La ruta estaba siendo muy cómoda, sobre todo con la eléctrica, gracias a la cual, Juanlu no paraba de adelantarnos llamándonos nenaza (eso si, en modo turbo) hasta que le dijimos que con tanta tontería igual no le daba la batería para terminar la ruta. Entonces milagrosamente volvió a su posición natural comentándonos cada 20 minutos su porcentaje de batería.

Por cierto, a continuación tenéis una foto en la que la IA no ha sido capaz de encontrar la sandía, mientras que un humano enseguida la identifica (no está ni en la Peña ni en la cabaña).

¿Dónde está la Sandía?

El ultimo tramo de la subida fue carretera, donde atravesamos la Cueva de los Mosquitos. No era una broma, a partir de este punto nos estuvieron machacando los mosquitos incluso en lo mas alto.

Finalmente llegamos a la cima de la Peña de Francia a 1720m con un santuario, un convento de frailes, una hospedería independiente del monasterio y una antena repetidora de telecomunicaciones (que ya podían haberla pintado de otro color), junto a tres capillas exteriores y un reloj solar.

Aprovechamos para tomar el plátano e iniciamos la bajada que fue campo a través con bastantes pedruscos con algunos amagos de renuncio, pero en mi opinión bastante divertida la bajada.

Terminada la parte dura, la ruta transcurre por senderos muy razonables hasta que llegamos a un rio donde quedó claro los niveles de nenaza del grupo. Un servidor cruzó el río sin miramientos (con un pie mojado); Domingo se fue andando por el puente, pero apechugó el solo con su bici; Félix necesitó ayuda de Domingo para subir la bici y a Juanlu prácticamente le lleva la bici Domingo.

Durante todo el trayecto teníamos de referencia la peña y la volveríamos a ver en la última ruta del viaje.

Finalmente llegamos a La Alberca y fuimos a comer al restaurante La Cantina donde nos atendieron muy bien. Aquí encontramos al paisano de nuevo y nos saludó muy amable ofreciéndose a enseñar el pueblo, pero el hambre tenía prioridad.

Dejamos las bicis en unas columnas medievales al lado del restaurante, y el del bar nos sugirió moverlas a la pared porque estropeábamos las fotos de los turistas (con la pasta que nos ha costado y lo resultonas que son, yo creo que mejoraba el paisaje).

Después de comer nos fuimos a Casa Carla en Sotoserrano, nuestra hospedería rural, y se hizo el reparto de habitaciones. Félix venía revenido porque en los últimos sorteos le había tocado la habitación mala y no creía en la estadística, yo por no oírle quejarse le cedí mi puesto en el caso de que sacara mejor número, pero lo que tiene la estadística, esta vez sacó el segundo mejor número y no tuvo problemas de elegir la habitación que quería. Las bicis esta vez durmieron en un garaje donde teníamos enchufes de sobra para recargar todas las baterías.

Por la noche fuimos a cenar en el Hotel Rural Sierra de Francia en Sotoserrano donde la verdad era claramente mejorable y acto seguido nos fuimos a dormir que había mucho sueño. Día completo que aprovechamos muy bien.

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La Dehesa de Molcanvillo y el barro que te pario

Ruta realizada el Jueves 22/02/2024

Dificultad Física
Dificultad Técnica
40.4 km
664 m
31 Km Distancia Madrid
3h14'
2h57'
Características Terreno Suelo normal (tierra con alguna piedra), sin trialeras, sin obstáculos, sin limitaciones de temperatura

Participantes: Alfredo, Félix

Mas detalle ruta

Temperatura media: 10.8
Descarga ruta: San_Agustin_guadalix20240222.gpx
Reproductor audio crónica:

Recién llegado de Tanzania y tras haber hecho cumbre en el techo de África en el Kilimanjaro propongo salir ,como está estipulado, el jueves a pesar de riesgo de viento y lluvia. Sólo acude a la llamada Félix con lo que al menos formamos el grupo mínimo.

Para no complicarnos la vida y dado el pronostico decidimos salir por algún lugar cercano y planteo una por San Agustín de Guadalix, y además para probar alternativas elijo una de wikiloc con variantes que no conocemos.

A las 10:30 (horario de ricos según Rufi) salimos desde la carretera que va al Polígono ya que el propio Polígono está a rebosar (es lo que tiene los horarios de ricos en día de diario). La primera parte de la ruta es vieja conocida y transcurre por el canal del Mesto.

Hasta llegar al Embalse de Pedrezuela, que por cierto, estaba hasta arriba.

La ruta vira al sur de vuelta a Guadalix para adentrarnos en nuevos recovecos de la Dehesa de Moncalvillo que desconocíamos.

Lo que desconocíamos también es la cantidad de agua y barro que tenía la Dehesa. ¿No estábamos con sequía?. Nunca había visto tanto barro en la dehesa y nos pusimos como cerdos tanto el ciclista como la bicicleta eléctrica que salió encantada.

Otra cosa buena que descubrimos de la Eléctrica, es que es capaz de salir sin problemas de los barros mas fangosos, no se si por la potencia o los ruedones que llevamos.

Total que nos pusimos de barro hasta la mochila, pero disfrutamos como enanos. Incluso adelantamos a unas musculares que iban renqueando (con la cabeza alta orgullosos de nuestras nuevas bicis ganadoras).

Tras una cuantas vueltas en la Dehesa volvimos por el sendero que conocemos paralelo al arroyo del Navalperal. Y pasamos por la carretera donde había unos anuncios de nuevas promociones inmobiliarias que durante años sólo había un solar y que por fin se han decidido a iniciar.

Total, que después de 41km estábamos de vuelta en San Agustín de Guadalix con el culo cagado y la bici encochinada.

La verdad es que a pesar de todo disfrutamos mucho y nos sorprendió la Eléctrica lo bien que se mueve en el barro. Me limpie el culo, puse un trapo en el asiento del coche y dejé a Félix con todo su equipo de torero bombero dedicado a limpiar la bici.

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