El Cuadrón y los embalses de Pinilla y Riosequillo, «again»

Ruta realizada el Jueves 20/02/2025

Dificultad Física
Dificultad Técnica
41 km
802 m
58 Km Distancia Madrid
3h41'
2h49'
Características Terreno Suelo arcilloso (problemático con lluvia), sin trialeras, sin obstáculos, sin limitaciones de temperatura, con muchas fincas privadas, zona de fotografía interesante, muchas puertas

Participantes: Alfredo, Domingo, Félix, Carlos

Mas detalle ruta

Temperatura media: 14.5
Descarga ruta: Lozoya-Villavieja-de-Lozoya20250220-2.gpx
Reproductor audio crónica:

En esta ocasión, retomamos una ruta que realizamos en octubre del 2019. Por lo tanto, es una vieja conocida, aunque debo reconocer que casi no me acordaba de nada. Y eso que en aquella ocasión, también escribí su crónica… Bueno cosas de la edad. Además no era el único.

Como íbamos a comer en El Anzuelo, aparcamos y salimos del mismísimo restaurante. Con un dçia luminoso y limpio, enseguida entramos en faena, adentrándonos en la dehesa de la Pajarilla y rompiendo la tranquilidad con qué pacían las vacas. Nada más empezar nos enfrentamos a unos de los inconvenientes de esta ruta: las innumerables puertas que hay que cruzar, de todos los tipos, modelos y diseños.

Esta primera parte son pistas amplias, que invitan a charlar mientras pedaleamos. Al fondo nos esperaba el valle de Lozoya, con Canencia a la izquierda.

En el camino pasamos por el puente de Matafrailes, que no aprecia bien debido a la vegetación. Está construido sobre el arroyo de Canencia. En la zona dicen que es romano (como siempre) pero se cree que es tardomedieval.

Y es que en esta zona hay muchos puente (por eso la Comunidad ha montado la ruta de los Puentes Medievales, para deleite de jubilados y divorciados apuntados en grupos de senderismo). Nuestro próximo puente fue el Congosto (o Canto), un clásico de la zona. En él estuvimos (nosotros y el minidron) disfrutando del Lozoya un buen rato.

La visión del embalse de Pinilla siempre es una gozada, todavía más si quedan restos de nieve en las cumbres. La parada es obligada-

Después de atravesar la M-604, nos dirigimos hacia una zona de prados atravesando un robredal que, en primavera será espectacular. Ahí nos empezamos a encontrar con barro a lo grande. A Carlos y a mi nos pilló el marrón de lleno. Y allí estaba el reportero Alf Freddo para obtener un documento gráfico del momento.

Y así, perlados, llegamos a Navarrendonda donde no vimos ni un alma. Salimos del pueblo en dirección norte por la calleja de Cerro Collado, encontrándonos con otra zona boscosa. Después de atravesar la puerta número 30, nos tomamos tranquilamente el platanito. El siguiente desafío era atravesar el arroyo del Chorro. La ultima vez tuvimos que hacerlo a las bravas pero esta vez habían montado una infraestructura que muestra el elevado nivel tecnológico de la zona.

Dejamos a un lado la pista que sube a las Chorreras de San Mamés. La pista de la Colada de la Solana nos llevó, cómo quien no quiere la cosa, a Villavieja del Lozoya, donde tampoco vimos a nadie. Bueno, había un señor sentado mirando la carretera que parecía dibujado.

Salimos por el sur del pueblo, dirección al embalse de Riosequillo. La zona es bastante llana, con pistas rápidas, que nos permitieron alcanzar el pueblo de Pinilla de Buitrago en menos que tardo en contarlo. Pero nos desviamos antes de entrar al pueblo, dándoles un disgusto tremendo. Pobres.

Ya no quedaba mucho. Nos metimos en la Cañada de la Cerrada de Garay y nos la encontramos llena de agua. Había que explotar las características náuticas de nuestras bicis y ahí que nos metimos de cabeza. Aprovechando el agua que corría a nuestros pies, decidí caerme de lado de la manera más tonta en el arrollo y así limpiarme un poco del barro que me había comido anteriormente. En fin, hecho un cristo, enfilé de morros la etapa final del recorrido.

Pasamos por el apeadero de Gargantilla de Lozoya y Pinilla de Buitrago, el pueblo con el nombre más largo de España. Su cementerio, con la curiosa espadaña de su ermita, nos despidió agradeciéndonos la visita. Poco después llegamos al restaurante El Anzuelo, referencia de pescadores, y hoy visitado por hordas de jubilados. Después de limpiar las bicis y poner de los nervios a Alfredo por la espera, comimos un menú estándar Imserso. Un día fue fantástico y la ruta de lo más recomendable, preciosa y divertida.

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Por el Molar, rodando por los caminos del Canal de Isabel II, de momento

Ruta realizada el Jueves 09/01/2025

Dificultad Física
Dificultad Técnica
57.3 km
900 m
37 Km Distancia Madrid
4h16'
3h25'
Características Terreno Suelo normal (tierra con alguna piedra), sin trialeras, sin obstáculos, no adecuado para temperaturas altas, 50 metros no ciclable, zona de cazadores

Participantes: Domingo, Félix

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Descarga ruta: 2025-01-09-El-Molar-Cuchillares-CYII.gpx
Reproductor audio crónica:

Mi primera salida en el 2025 es antecedida por un día lluvioso que hace plantearse si lo de ir con la bici por esos caminos de dios es una opción sensata. El amanecer, con toda la calle mojada, no animaba mucho, pero lo mejor en estos casos es tirar para adelante (lo que sería en británico ‘go ahead’: tira pa’lante leñe), confiando en que los pronósticos no se equivoquen. Al fin y al cabo, tampoco somos griegos, intentando leer en la entrañas de un pobre animal nuestro destino. De momento, tenemos satélites que nos chivan como andan las nubes. A ver si duran, porque hay mucho tonto emperrado en joderlo todo.

Elegimos esta ruta principalmente para evitar el barro. Las pistas del canal y el terreno de esta zona hacen que sea perfecta para los días lluviosos. Como siempre, hemos aparcado cerca del centro del Salud del Molar, enfrente de su polideportivo.

Salimos del Molar por un camino archiconocido. Dejando a la derecha la estación de residuos, nos adentramos en las lomas que rodean el pueblo, hablando de nuestras cosas, que llevamos varias semanas sin vernos. Vamos tranquilos, estas pistas las conocemos bien y estamos convencidos de que esta vez, la bici de Félix no iba a tener el aluvión de problemas de la última salida.

Vamos disfrutando de las sensaciones que da este paisaje, amplio, lleno de luz incluso con nubes. El Vellón está todo el tiempo a nuestra izquierda pero el cerro que vamos rodeando nos impide verlo.

Nubes, claros y aviones aterrizando en Barajas nos acompañan en esta primera etapa. La pista de zamorra se ve atravesada por una carretera, y al otro lado, han instalado una puerta nuevecita de 2 m. de altura. Pasamos por un hueco que queda en un lateral, pero pronto nos encontramos unos operarios instalando otra. Nos informan de que este camino estará cerrado en breve. Es propiedad del Canal y, según ellos, así se evita que llenen sus laterales de basura y escombros (aunque nosotros no hemos vista nada de esto). Con mal sabor de boca, continuamos nuestra marcha. No en vano, prácticamente toda la totalidad de este track transita por caminos propiedad del Canal y si se lían a cerrarlos… Esperemos que mantengan pasos laterales para paseantes y bicis. Un corzo que se nos cruzó por el camino nos alegró la ruta.

Félix me quería enseñar una zona curiosa, donde iba a cazar de pequeño pajaritos con su padre. Por eso nos desviamos del camino y tomamos una pequeña senda que tuvimos que hacer andando por su trazado complicado con piedras húmedas y resbaladizas, que hubiese hecho las delicias de Alfredo. La idea era llegar a la parte baja de Las Cuchilleras, una formación de paredes verticales de piedra muy curiosa. Pero nuestra dicha en un pozo, el camino estaba cortado con un hermoso candado marca Acme, como se puede apreciar en la foto. La pared de piedra, al fondo, quedó fuera de nuestro alcance.

Un pastor de cabras, con el que hablamos un buen rato, nos contó que un notario había comprado la zona para criar caballos y explotarlo como coto de caza. De paso nos enteramos que ya había lobos por la zona, cómo se lo montaba (industrialmente hablando) el pastor con sus cabras, que no iba a llover (nos tuvimos que poner el chubasquero una hora después), etc, etc, etc.

Dejando Redueña a la izquierda y Venturada a la derecha nos dirigimos hacia el desagüe del embalse de Pedrezuela, un viejo conocido nuestro, donde nos encontramos dos aguerridas ciclistas que se dieron la vuelta en cuanto empezó a llover.

Pasado el embalse, observamos que en esta zona ya habían puesto puertas en los caminos de CYII. Por suerte tenían una puerta lateral para los viandantes. Después de cruzar por la M-693, dejando Pedrezuela y su hoya a la izquierda, nos adentramos por la conocida pista que bordea Montenebro.

Pronto nos adentramos en la Dehesa de Moncalvillo, alfombrada con un verde intenso que daba la sensación de estar en un parque. Pero sólo la bordeamos porque, sobre el km. 45, giramos a la izquierda. Parecía que nos dirigíamos de cabeza a San Agustín de Guadalix pero, después de un quiebro, enfilamos en dirección hacia una zona denominada Valdeoliva.

Ya estábamos en la parte final de la ruta. Una breve visual en la Atalaya del Molar nos permite disfrutar de una excelente panorámica.

Entremos al Molar por su parte alta, por el cementerio. Después de un breve callejeo encontramos el restaurante al que vamos, Paraíso Asturies, que nunca nos ha defraudado. Esta vez tampoco, doy fe.

Un día estupendo para olvidarse un poco de las Navidades pasadas y retomar las buenas costumbres con la bici, la naturaleza y los amigos.

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Cercedillas-Cotos, ruta navideña

Ruta realizada el Jueves 26/12/2024

Dificultad Física
Dificultad Técnica
46.5 km
1266 m
47 Km Distancia Madrid
4h04'
3h23'
Características Terreno Suelo normal (tierra con alguna piedra), sin trialeras, con dos obstáculos, no adecuado para temperaturas bajas, zona de fotografía interesante

Participantes: Alfredo, Domingo

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Temperatura media: 11.3
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Reproductor audio crónica:

Pues llegó la hora de hacer nuestra última ruta del 2024. Y cómo no podía ser de otra manera, cerramos con una ruta preciosa a través de las montañas de nuestra comunidad.

Antes de la hora prevista, según nuestros estrictos hábitos prusianos, estábamos Alfredo y un servidor en las afueras de Cercedilla, listos para disfrutar de un espléndido y soleado de invierno que nos recibía con los brazos abiertos.

Hacía frio pero era muy asumible, más teniendo en cuenta que íbamos a estar subiendo al menos la próxima hora. Cogimos la senda Purichelli justo por donde habíamos aparcado, por el trasera de Cercedilla, para evitar las escaleras.

A la altura del hospital de la Fuenfría optamos por ir por una vereda que nos llevaría hasta la carretera que circunvala las dehesas, enfilando pronto la subida por la Carretera de la República. Charlando como marujas y subiendo a buen ritmo, pronto llegamos al Mirador del Poeta, donde decidimos parar para sacar el minidron.

Decidimos hacer una circular pero calculamos mal la distancia, Alfredo intentó controlarlo con el móvil pero no dio tiempo y casi nos quedamos con el dron estampado en un árbol. Por suerte, lo atravesó sin mayor problema.

Después, en un toma acercándose casi me afeita la cabeza (bueno, esto es para darle dramatismo porque con el casco…).

Y, por último, al ir a recogerlo, se quedó a dos metros de distancia, flotando encima de la caída, sin posibilidad de poderlo coger. Menos mal que Alfredo pudo tomar control manual y al señorito le dio por hacerle caso.

En el mirador de la Reina nos tomamos el platanito mientras admirábamos el paisaje que nos brindaba el día tan genial que estaba haciendo. ¡Cuántas veces lo único que he visto en este lugar ha sido niebla! Se nos pasó por la cabeza sacar el dron pero parecía que hoy no era el día…

Dejando a la derecha Siete Picos atravesamos el puerto de la Fuenfría, tomando el sendero que va por la izquierda, paralelo al camino. Así llegamos a la Fuente de la Reina, donde saludamos a un grupo de jubilados madrugadores, y doblamos hacia el este, siguiendo el GR-10-1. Esta zona es un bosque realmente espectacular.

En la zona del Puente del Minguete, donde convergen varios arroyos, la temperatura bajó repentinamente y nos encontramos el camino totalmente helado. En poco tiempo llegamos a la CL-601, donde tuvimos que subir 500 m. para tomar un desvío a la izquierda. Pero en el camino nos encontramos una bonita puerta con un diseño salido de una película de Alien. Según indicaba en un cartel (mala cosa es encontrarse un cartel que explica porqué está allí semejante objeto), su objetivo era facilitar el acceso al bosque a las personas en sillas de ruedas (¿?). Alguien se ha forrado.

Detrás de semejante artilugio nos esperaba un bosque mágico, salpicado de vez en cuando por algún acebo, todo tamizado por la luz de la película Excalibur.

Eso si, todo subida, de momento contenida. Alfredo me comentaba que lo peor estaba al final y yo me esperaba una subida apocalíptica. Llegando a un lugar denominado Peña la Cabra (mal augurio) doblamos hacia la derecha, por el Camino Viejo del Paular. La pendiente aumentó pero la pista estaba bien y el bosque nos inspiraba para pedalear. No había nadie, apenas nos encontramos a algún grupo de andarines. Ya hacia el final la pista empeoró apreciablemente, con cantos rodados y barro en cantidades generosas, pero nada que no se pudiese afrontar. Y así, de repente, llegamos a Cotos (bueno, Los Cotos, como ponía en la estación de tren).

Para seguir el track tuvimos que ir por la carretera, pero el tráfico mayoritariamente estaba en el carril contrario. Paralelos a las vías del tren, que están siendo sustituidas por unas nuevas, en menos 15 minutos nos plantamos en Navacerrada, con una solitaria pista con nieve artificial y sin demasiada gente.

Bajando un poco por la M-601, nos dirigimos hacia la estación, doblando justo antes hacia la pista de la Vaqueriza. Alfredo me comentó que el comienzo de esta pista la gente la denominaba El Calvario, y la verdad, visto su estado roto, lleno de piedra suelta, raíces y surcos, no me extraña lo más mínimo. Cogerla de subida debe ser un placer sublime.

En una zona denominada Los Baldíos (joer, con los nombres, que animaos), Alfredo decidió crear, y tomamos un estrecho sendero, que la verdad, fue un acierto, aunque siempre hay algún obstáculo que otro.

En algunos tramos el caminito se las traía por la pendiente, las raíces y los árboles tan juntos que dábamos con este manillar que dios (bueno, venga, Dios) nos ha dado… Hasta tenía un rio de hojas y todo.

Y enseguida llegamos a Cercedilla, para encontrarnos el Maya cerrado y el Chivo Loco sin terraza, así que acabamos en la Taberna Vesubio con menú que estaba bastante bien y un personal italo-argentino muy simpático. Un buen colofón para un día estupendo compartido con Alfredo y sólo comparable a esta magnifica ruta.

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El Boalo-Navacerrada-Mataelpino, en vísperas del puente

Ruta realizada el Jueves 05/12/2024

Dificultad Física
Dificultad Técnica
33.3 km
852 m
37 Km Distancia Madrid
3h51'
2h57'
Características Terreno Suelo normal (tierra con alguna piedra), 15% de trialeras, sin obstáculos, no adecuado para temperaturas altas, con algunas fincas privadas, zona de fotografía interesante, muchas puertas

Participantes: Domingo, Félix, Carlos

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Reproductor audio crónica:

Empezamos esta salida, amenazada por la inminencia del puente de la constitución, con una mañana fría en El Boalo. Aparqué al lado de la iglesia de San Sebastian del Boalo y nos reunimos en la plaza del pueblo. Cada vez somos menos los que nos perdemos por estos caminos de dios dando pedales, porque esta vez solo estábamos Félix y yo pero, finalmente, se nos unió Carlos, un conocido de Félix. Siempre es un placer que alguien nos acompañe en nuestras salidas, aunque al principio, viendo la bicicleta de Carlos, pensé que iba a pasarlo mal en esta ruta que, aunque no es muy cañera, no está exenta de sus tramos complicados, sobre todo si no tienes suspensión ni ruedas MTB. Sin embargo, hay que decir que Carlos realizó el recorrido sin mayores problemas. Todo un máquina, si señor. Así que esperamos verle de nuevo entre nosotros pronto.

La ebike de Carlos, orientada sobre todo a recorridos urbanos. Esto si que es adaptarse…

Empezamos saliendo de El Boalo por el nuevo parking de la zona sur. Al ir a activar Félix la grabación de su GPS descubrió que estaba sin pilas, así que puse el Oruxmaps a grabar un poco más tarde, prácticamente llegando a Cerceda. De ahí que veáis en el track una parte en blanco.

En el pueblo nos liamos un poco pero finalmente enfilamos la vereda entre el prado Cogulloso y el chaparral de la Mina (como molan estos nombres…).

Cuando parecía que ya teníamos Moralzarzal a tiro de piedra, dimos un quiebro hacia el sur, entrando en una zona de notables elevaciones (los cuestones de toda la vida) que terminan en un mirador, visitado en múltiples ocasiones, desde el que se divisa en todo su esplendor la sierra.

La sierra estaba preciosa, con una luz impresionante, y con ese buen sabor de boca, seguimos dejando Moralzarzal a un lado, para finalmente rodearlo por el oeste, atravesando urbanizaciones y rotondas. Nuestro objetivo era el parque de La Arboleda por el que salimos de pueblo y nos liamos a cruzar curvas de nivel como descosidos.

Pronto dejamos la pista que nos llevaba en volandas hacia arriba para desviarnos por un sendero que salía a nuestra derecha hacia las laderas de Matarrubia. En este desvío nos comimos nuestro consabido plátano y contemplamos Moralzarzal desde las alturas. Los primeros escalones de piedras me hicieron recordar lo puñetero que era el comienzo de este sendero y fui consciente de lo oxidado que me encontraba, pero enseguida enfilamos una pista más abierta, atravesando una zona de pinares (la denominada Los Prados del Pinar, que el personal tiene una imaginación desbordante…).

Cómo quien no quiere la cosa, ante nosotros apareció la presa del embalse de Navacerrada, donde tonteamos un poco. No todo iba a ser dar pedales.

En la parte que bordea el embalse siempre nos liamos un poco y esta vez no iba a ser la excepción. Al final, pasando muy cerca del pueblo de Navacerrada, cogimos el camino de los Almorchones (que significa persona gruesa y blanda de carnes, o sea, un gordo). Sube que te sube, alcanzamos el collado de Majaespino. Al lado se encuentra el embalse de La Maliciosa, pero nosotros decidimos tirar para abajo, dejando a la derecha el collado de Los Escondidos, lugar de inquietante nombre.

El desnivel que te encuentras a continuación es conocido por nuestro grupo como el «Mini-Angliru» y es toda una leyenda en cuanto a cuestones se refiere.

Una vez se llega abajo, con los frenos calentitos, nos dirigimos a Mataelpino por una vereda paralela a la M-617. Como íbamos un poco justos de tiempo, cogimos la pista más sencilla para llegar al Boalo, la Colada del Mataelpino, que me da la impresión que es una cañada porque, la zona cercana a El Boalo se llama Los Cierros de la Cañada. Es el resultado de un mes de investigación.

A la llegada al pueblo nos separamos de Félix, que se fue a sus obras. Acompañé a Carlos al parking y allí nos despedimos, animándole a volver a dar pedales con nosotros. Y yo me volví a la iglesia de la que había salido con un buen sabor de boca y oliendo a serranía (eso quiero pensar). Un día espléndido de bici y amigos.

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Las Rozas de Puerto Real-Casillas-La Atalaya

Ruta realizada el Martes 12/11/2024

Dificultad Física
Dificultad Técnica
42.4 km
1302 m
68 Km Distancia Madrid
3h45'
2h57'
Características Terreno Suelo normal (tierra con alguna piedra), sin trialeras, con dos obstáculos, sin limitaciones de temperatura, 20 metros no ciclable, zona de fotografía interesante

Participantes: Alfredo, Domingo, Félix

Mas detalle ruta

Temperatura media: 12.4
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Reproductor audio crónica:

Nuestro segundo día de escapada otoñal amaneció bastante fresco. Fuimos a desayunar al bar donde el día anterior Alfredo les había dejado un «regalito«, dejando inutilizado completamente el servicio durante horas y cambiando el color del alicatado. Sin embargo, el camarero no pareció reconocerlo cuando Alfredo pidió una pareja de porras que no se las saltaba un gitano, su oscuro objeto del deseo desde el día anterior, cuando las vio de refilón durante su roca-visita. Félix y yo nos conformamos con unas simples y aburridas tostadas con tomate para afrontar la ruta.

Visto el tráfico que soporta la M-501, decidimos que lo mejor era ahorrarnos los 6 kms. que nos separaban del origen de la ruta, yendo a las Rozas de Puerto Real en coche, y aparcando al lado de un restaurante, el Casa Antonio, donde comeríamos más tarde.

Bastante forrados porque el día así lo pedía, empezamos a bajar la colina donde se encuentra el pueblo, bordeando un bonito castañar, que nos llevó a la M-501, que atravesamos cada uno a su manera y cómo buenamente pudo, que para eso somos tres mentes pensantes, cada una de su padre y su madre.

Por fin nos decidimos a seguir el track y tomamos la comarcal M-549 en dirección a Casillas, todo para arriba. En esta zona, lo de ir por pistas está complicado. Todo está absolutamente vallado y, lo más normal es que te metas por una pista que te lleve a una puerta con candado.

Pronto llegamos a Casillas y la atravesamos empleando el modo e-MTB (podemita power, dado su color moradito en nuestro selector de potencia) porque los cuestones son de infarto. No en vano estábamos en el barrio de La Cuesta. A la salida nos encontramos en el bosque gente con barredores de hojas, empeñados en no perder una sola castaña.

Y seguimos subiendo entre fincas valladas. Mientras daba pedales, me acordaba del chiste de Perich, «Cuando un bosque se quema, algo suyo se quema… señor Conde». Esta parte del recorrido nos sonaba de un track que hicimos hace cerca de un año, tomando el castañar desde el Tiemblo.

En una zona que se llama La Cruz del Tornero, el Castañar del Tiemblo nos dio la bienvenida con un cuestón de narices, dando paso a un precioso recorrido por pistas tapizadas de hojas, porque a estas alturas de noviembre, los castaños ya se han olvidado de ellas.

El nuevo dron-mini de Alfredo nos estuvo acompañando, mientras subíamos a la zona del refugio Majalavilla, como un fiel escudero.

En el refugio nos encontramos con unos caminantes, que imprudentemente preguntaron a Félix. Durante un rato, nuestro amigo les estuvo amenizando la velada, con una infinidad de datos, hechos y sucedidos, mientras nosotros nos dábamos una vuelta, Alfredo sacaba el dron, yo empezaba a escribir esta crónica…

Por supuesto, visitamos al Abuelo, nuestro castaño favorito con sus 500 añitos encima, rodeado de sus hijos, nietos, biznietos, etc. Allí nos comimos nuestro habitual plátanos mientras nos rodeaban catervas de jubilados y se acercaba una horda de niños, posiblemente caníbales. Ante semejantes peligros, retomamos la ruta.

Nuestro próximo objetivo era La Atalaya. Salimos por el lado noreste del castañar, en dirección a una zona conocida como el Portacho de los Ballesteros, vaya usted a saber por qué. Empezamos a dejar las pistas para meternos en un cortafuegos, en dirección a Los Riscos de la Urbana. Allí sacamos el dron de nuevo, para disfrutar de sus espectaculares vistas.

La bajada desde este lugar es de aúpa. Teníamos la opción más directa, por una especie de sendero/trialera/despeñadero/barranco, lleno de piedra suelta, o bien, una pista culebreante rodeada de un precioso bosque. Alfredo miró el sendero con deseo, pero la prudencia y nuestra radical y absoluta negativa le hicieron continuar por la pista, como personas sensatas, producto de una educación nacional-católica, y sobre todo, temerosas de darse una buena hostia.

Así llegamos a la urbanización La Atalaya, que atravesamos velozmente para meternos durante casi un kilómetro por la M-403, desembocando en una zona de explotación agropecuaria y dehesas.

Ya quedaba poco para llegar a nuestro destino. La pista se transformó en una zona llena de vegetación y charcos, rápida y divertida. Nos extrañaba no habernos embarrado ni haber tenido que empujar la bici campo a través, cuando el track nos sacó de la pista y nos metió en una zona de zarzales, con obstáculos y desniveles variados, donde no funcionaba el modo walk, por supuesto. Deslomados, conseguimos finalmente salir de esta zona, que se llama con razón, los Cantos de la Horca. Saliendo de esta trampa, una urbanización aledaña a las Rozas, Navapark, nos recibe con sus calles abiertas. Ya se huele el final.

Cómo el cambio del tiempo era más que evidente y la previsión no era nada, nada halagüeña, indicando la necesidad de utilizar neopreno al día siguiente, decidimos volver a casa esa misma tarde. Limpiamos las bicis, para desesperación de Alfredo, y las metimos en el coche. Félix, desde el día anterior, tenía en mente probar los boletus, así que negoció con el dueño del restaurante un menú especial, basado en este apreciado hongo de primero y rabo de toro de segundo. La cosa no debió quedar muy clara (bueno, para el dueño si…) porque nos metieron doblado el susodicho rabo, acompañado por una pobre ración de boletus, penosamente cocinados. Félix se puso en modo «altamente enfádica&gruñón» y el dueño nos devolvió 20 € en el primer intercambio de opiniones, lo que evidencia sin duda lo poco tranquila que tenía su conciencia.

En cualquier caso, esto no empañó ni un día esplendido ni una estupenda ruta. La pena es que tuviésemos que irnos un día antes por la dichosa DANA, sin poder realizar la tercera ruta de esta escapada. Pero también es una buena excusa para volver otro otoño a esta preciosa zona.

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Buitrago-Lozoya-Garganta, adentrándonos en el otoño

Ruta realizada el Jueves 31/10/2024

Dificultad Física
Dificultad Técnica
48.1 km
793 m
65 Km Distancia Madrid
4h06'
3h25'
Características Terreno Suelo normal (tierra con alguna piedra), sin trialeras, sin obstáculos, no adecuado para temperaturas altas, con algunas fincas privadas, zona de fotografía interesante

Participantes: Alfredo, Domingo, Félix

Mas detalle ruta

Temperatura media: 15.9
Descarga ruta: Buitrago20241031.gpx
Reproductor audio crónica:

Por fin me estreno esta nueva temporada. Tenía ganas de disfrutar de los colores del otoño pero la pertinaz lluvia estuvo amenazando nuestra salida toda la semana. Pero finalmente el jueves nos dio un respiro en nuestra comunidad y pudimos salir.

El día amaneció espléndido en Madrid aunque se iba enturbiando según me acercaba a Buitrago, hasta el punto que decidí llevar el chubasquero en la mochila.

Como es habitual, a la hora prevista estábamos todos allí como si fuésemos un comando iniciando una acción en Jarkov (con dron y todo…). Llevaba mucho tiempo sin ver a mis compis así que fue un grato momento de encuentro. A las nueve en punto iniciamos la ruta de la que no me acordaba en absoluto, a pesar de haberla realizado en junio del 2020.

Había escogido esta ruta por no parecerme especialmente complicada, ideal para empezar la nueva temporada. Pero enfilando Villavieja del Lozoya, en la zona llamada el Chorrillo, pensé que me había equivocado. Una zona de senderos llenos de piedras, con repechos continuos, me hizo confirmar que estaba muy torpe. Menos mal que duró poco y enfilamos pistas mucho más adecuadas para mis mermadas capacidades.

El campo estaba precioso, con los colores propios del otoño. A pesar de lo que había llovido, no estaba especialmente embarrado, así que rápidamente llegamos hasta Villavieja, que atravesamos sin enterarnos ni del nombre. Continuamos por un sendero rodeado de fincas, donde Alfredo sacó su nuevo minidron que yo no conocía. Una chulada por lo pequeño y cómodo que es su manejo. Seguro que dejamos boquiabiertas a un grupo de jubiladas con quienes nos cruzamos.

Doblamos hacia el suroeste, empezando el principal ascenso del track. Después del mismo, ya era todo bajar hacia Lozoya. Íbamos muy bien de tiempo, pero cualquiera decía algo de tomar una cañita…

El embalse de la Pinilla estaba lleno, como era de esperar. Como siempre, nos recibió con unas imágenes espectaculares.

En el puente del Congosto nos encontramos con otro nutrido grupo de excursionistas, que elucubramos que eran jubilados divorciados y que imposibilitaron una foto como dios manda de nuestro puente favorito.

Después de atravesar Garganta de los Montes nos enfilamos hacia el Cuadrón, por el que no pasamos. Ya pensaba yo que nos habíamos librado de las experiencias náuticas con las que nos enfrentamos habitualmente desde que tenemos las ebikes, cuando hete aquí que nos la encontramos de morros poco antes de llegar.

Ya quedaba poco para llegar. Unos subidas y algún repecho nos separaban de Buitrago. Cuando llegamos al pueblo, decidimos hacer un tour turístico que acabamos en el restaurante Andarrio, que era donde habíamos aparcados. Limpiamos las bicis antes de meterlas en el coche, para desesperación de Alfredo, al que se le hicieron eternos los cuidados que tuvimos con nuestras monturas. Comimos razonablemente bien, viendo pasar bandejas de setas de un lado para otro. Félix no lo pudo evitar y entró en una conversación micológica con un señor de la zona.

Un día estupendo disfrutando del paisaje y de los amigos. Mi primer día de esta nueva temporada.

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Los Tojos vuelta circular Saja Besaya

Ruta realizada el Martes 28/05/2024

Dificultad Física
Dificultad Técnica
57.3 km
1379 m
307 Km Distancia Madrid
3h52'
2h52'
Características Terreno Suelo normal (tierra con alguna piedra), sin trialeras, sin obstáculos, sin limitaciones de temperatura, zona de fotografía interesante

Participantes: Alfredo, Domingo, Félix

Mas detalle ruta

Temperatura media: 20.5
Descarga ruta: Los-Tojos-circular-Saja-Besaya-20240528.gpx
Reproductor audio crónica:

La llegada a Los Tojos tarde anterior, con niebla y humedad por todos lados, no tenía que ver nada con la mañana con que nos sorprendió el martes. Un sol radiante nos recibía para el rutón que nos esperaba.

Después del desayuno potente con que nos cebó la dueña de La Posada de la Colodra, salimos con puntualidad prusiana, como es habitual. La posadera, al ver a Alfredo ya armado con la GoPro, no pudo por menos de hacer el comentario de que parecía un Teletubby. Por supuesto el resto de los expedicionarios lo recogimos y, a partir de ese momento, Alfredo fue el quinto Teletubby, el blanco.

Cómo Los Tojos está en alto, empezamos bajando el tremendo cuestón de 270 m. de desnivel en 2,5 kms que nos separa de la carretera S-203 y que lleva a Bárcena Mayor. Por suerte, con la eléctricas, la vuelta en estas circunstancias no es un motivo de preocupación.

Después de unos kilómetros por esta carretera sin que pasara ningún coche, llegamos a Bárcena Mayor, un pueblo turístico de libro.

Entramos en pista, y empezamos a subir paralelos al cauce de rio Argoza. La pista se fue adentrando en un hayedo salpicado por robles y por algún acebo. Estábamos pletóricos.

Al ir adquiriendo altura, el bosque dio lugar a prados (los «praos» como dicen por allí) llenos de vacas, terneros, caballos y potros, todos destinados a ser servidos en la mesa.

Poco después llegamos al Alto de la Cruz de Fuentes, con su encrucijada de caminos. Allí nos detuvimos para tomarnos el platanito y sacar el dron.

Después de monear un rato, bajamos hacia un valle realmente impresionante, con los pueblos de Soto y Ormas al fondo.

Poco después el camino nos llevó hasta la carretera C-625, que es por la llegamos el día anterior, entre nieblas y vacas, pero que hoy nos recibía de nuevo con sus mejores galas.

Cruzamos el puerto de Palombera para detenernos a zascandilear en el Balcón de La Cardosa.

A partir de esta mirador, se volvía a entrar en un bosque precioso. Daba pena bajar embalado e íbamos frenando para admirar la frondosidad que nos envolvía por todas partes. Por suerte, por la carretera apenas había trafico, unas cuantas motos y 2 Lamborghinis de unos soplagaitas.

Bajando, bajando entramos en Saja, pasamos por el desvío del El Tojo, volvimos a coger la S-203 y atravesamos Correpoco, sin hacer caso a su nombre. En La Pombieja estaba nuestro desvío a Los Tojos y empezamos a subir con decisión (y una asistencia de P.M., que si no…), llegando a la posada sin problemas y a tiempo de ducharnos.

Habíamos quedado para comer con Mario, que venía desde Santander. Había ganas de abrazarlo y así lo hicimos. Comimos en La Montañesa, tomando luego un café en Barcena, sin parar de rajar, como mandan los cánones.

**** ATENCIÓN no existe el video VID_20240528_145541.mp4 en el álbum de Google de la crónica

Después de despedir a Mario y su mujer, volvimos a Los Tojos a descansar. La cena fue suave, de nuevo en La Montañesa, que ya le habíamos cogido cariño. Luego, a descansar, que la siguiente ruta no iba a ser tan «comprensiva» como ésta. Al cerrar los ojos, volvía todo el verde que habíamos estado viendo durante el día. Lo que no recuerdo es si tuve sueños verdes…

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Sierra de Francia desde Sequeros: San Miguel de Robledo – Garcibuey -Miranda del Castañar

Ruta realizada el Jueves 18/04/2024

Dificultad Física
Dificultad Técnica
38.2 km
1128 m
195 Km Distancia Madrid
4h07'
3h03'
Características Terreno Suelo normal (tierra con alguna piedra), sin trialeras, sin obstáculos, sin limitaciones de temperatura, zona de fotografía interesante

Participantes: Alfredo, Domingo, Félix, Juanlu

Mas detalle ruta

Temperatura media: 19.6
Descarga ruta: sierra-de-francia-desde-sequeros-san-miguel-de-robledo-20240418.gpx
Reproductor audio crónica:

Hoy es el último día y se me ha hecho corto el viaje, pensaba en la duermevela. Se acerca la hora de levantarse pero me resisto. La leve luz que entra por las ranuras de la persiana me invita a levantarme pero las sábanas me retienen. Quizás el canto del gallo o el sonido de los pájaros me saquen de este estado pero no, es el berrido de Juanlu, cantando a voz en grito «Cómo no te voy a querer«, lo que me hace dar un bote en el cama y lanzar un exabrupto que no voy a reproducir. Es una vuelta a la realidad que me hace recordar que ayer se celebró el Real Madrid-Manchester y, cómo me fui en el descanso (descastado que es uno…), no sabía nada del resultado. Hasta ese momento.

La euforia indefinida invadía a nuestro equipo ciclista. La hazaña del R. Madrid era épica (¿?), aunque la parte que vi me pareció una castaña. Pero yo no entiendo de futbol, así que no me hagáis caso. Todo el desayuno giró en torno a este evento mientras dábamos buena cuenta del jamón que compramos el día anterior en La Alberca. Las láminas eran tan finas que demostraban bien a las claras el nivel tecnológico que han desarrollado en estos pueblos. Me rio yo de los 7 nm de los chips de Intel.

Cargamos las bicis, proceso en el que consumimos aproximadamente un 25% de nuestra energía, y nos dirigimos hacía el punto de salida, cerca de Miranda del Castañar, en el restaurante El Molino, una cucada de sitio que nos seleccionó Alfredo para celebrar el fin de nuestro viaje.

Descargar las bicicletas consume otro 25% de nuestras reservas. En esta situación iniciamos la ruta para descansar un poco, con la esperanza de no comernos un pedregal como viene siendo habitual.

La primera parte transcurre por una senda estrecha y rodeada de vegetación de lo más pintona. Al cabo de un rato se abre en una pista que va subiendo de manera sostenida y nos lleva hasta Villanueva del Conde. Lo atravesamos limpiamente y saltamos al siguiente pueblo, Sequeros, donde tonteamos un poco en el mirador de la Cabezuela, en su plaza de toros y en su laberinto de callejuelas.

La Ermita del Humilladero nos confirma que vamos por el camino correcto, zambulléndonos de cabeza en un pequeño hayedo que se ve continuado por un robledal.

En poco tiempo llegamos a un nuevo pueblo, San Miguel del Robledo, que nos sorprende con un mural precioso.

Desde San Miguel comienza la ascensión al Codorro que, poco a poco, va cogiendo pendiente. Finalmente llegamos a este pico, defendido por un nutrido grupo de antenas. Desde aquí las vistas son kilométricas: la Sierra de Tamames, las Sierras de Béjar y Candelario, Sierra de Francia y Parque Nacional de las Batuecas, todo a nuestro alcance.


Dejando atrás el Codorro, empezamos un descenso largo con algo de terreno suelto. Esta zona del track nos sorprende por sus espectaculares panorámicas durante la bajada.

Acabando el descenso en Garcibuey, pasamos por el estanque donde se encuentra el famoso mural del Tritón Miguelón, pero el estado del agua impedía disfrutarlo, así que tuvimos que confórmanos en verlo en la red.

Y ya estábamos muy cerca del fin del recorrido. En lontananza, Miranda del Castañar, un pueblo con bastante encanto, la verdad. Ya a la entrada del pueblo anuncian que es uno de los más bellos de España, uno de los 6000, claro. En su muralla, Alfredo nos dio una nueva master-class sobre el arte de subir escaleras con bici, que una vez más nos puso en nuestro lugar (gobleros forever).

La llegada al lugar donde estaban los coches fue coser y cantar, excepto por una caída tonta que tuvo Juanlu a 200 m. del restaurante y que, por suerte, no tuvo mayores consecuencias que un aterrizaje en ortigas (buenísimas para la piel) y unos rayoncillos en su Moustache y en su honra.

El restaurante El Molino fue un auténtico acierto por parte de Alfredo, unos de esos sitios a recomendar a tus amigos y a ocultar a tus enemigos. Pedimos todos carne (Félix evitó esta vez los boquerones), en especial Alfredo que se debió meter un kilo entre pecho y espalda. Un magnifico colofón para este viaje que nos ha mostrado una zona realmente preciosa, sobre todo si le quitaran tanto pedrolo suelto.

Subir las bicicletas al coche acabó con nuestras reservas, pero en la casa nos esperaba una reconfortante ducha que nos hizo más agradable el viaje de vuelta. De estas salidas hay que hacer más, leñe.

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Colmenar Viejo – Puente de la Marmota – Tributo a Rufi

Ruta realizada el Jueves 11/04/2024

Dificultad Física
Dificultad Técnica
45.9 km
895 m
29 Km Distancia Madrid
4h53'
3h18'
Características Terreno Suelo duro (pueden ser de roca o pedregoso), 30% de trialeras, sin obstáculos, no adecuado para temperaturas altas, 100 metros no ciclable, zona de fotografía interesante

Participantes: Domingo, Félix

Mas detalle ruta

Descarga ruta: Colmenar-Viejo-Puente-de-la-Marmota-20240411.gpx
Reproductor audio crónica:

Buscando rutas para aprovechar el espectacular jueves que se nos ponía por delante, me encontré con esta realizada en octubre de 2019 y a la que no puede ir. Se trataba de visitar el emblemático puente de la Marmota, uno de los fetiches de nuestro amigo Rufi. Así que decidimos repetir este track, aunque variando el punto de salida. Elegimos Colmenar Viejo porque en el lugar del aparcamiento se encontraba el restaurante La cabaña de Vetton. Primera en la frente, porque está cerrado de forma permanente. La segunda en los morros nos vino del exquisito tráfico de Madrid. Yo encontré la del pulpo en la M40 y Félix en la M30, que en temas de repartir atascos nuestra ciudad es ecuánime y magnánima.

Con algo de retraso empezamos a dar pedales, tomando la transitada vía ciclista cercana en dirección a Tres Cantos. Pronto llegamos a tan paradisiaco entorno para girar por la conocida pista que va paralela al monte del Pardo.

Algunos paseantes, pocos ciclistas. El campo para nosotros. La nieve al fondo, fundiéndose sin prisa pero sin pausa. Buenas sensaciones, hasta que llegó el pedregal que nos anunciaba que el puente, nuestro puente, estaba ya cerca. Ni que decir tiene que me bajé alguna vez pero como no estaba Alfredo, no hay constancia.

En el puente disfrutamos del paisaje, del Manzanares y nos avituallamos. Recordaba la siguiente parte dura y, efectivamente, lo era. Con la eléctrica hay que mantener un ritmo de pedaleo continuo para que el empuje sea consistente. Con el cambio no había dudas: piñón grande o uno o dos por debajo, como mucho, Y así un buen un rato, hasta alcanzar una pista que te lo pone mucho más fácil.

El resto del camino era ya sencillo, había pasado lo peor. O eso pensábamos, porque empezamos a avanzar por una zona anegada. Y como no, nos pusimos de barro hasta las muelas, convirtiendo nuestras ebikes, una vez más, en vehículos anfibios.

Y así, de camuflaje, llegamos de nuevo a Colmenar viejo, donde empezamos a dar vueltas, hasta que encontramos un sitio donde comer. No estuvo mal aunque ni nos acordamos de apuntar su nombre. De vuelta, la siempre apasionante tarea de limpiar las bicicletas. Aprovechamos para comprobar si entraban las 2 bicis en el Scenic (The Silver Egg) para nuestro próximo viaje a las Batuecas, y para nuestra sorpresa, los 2 tarugos cabían en sus entrañas. Ya iremos contando de como nos ha ido por la zona. Hasta pronto.

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Navalafuente -Miraflores -Bustarviejo -Valdemanco -La Cabrera. Por todos los pedruscos.

Ruta realizada el Jueves 14/03/2024

Dificultad Física
Dificultad Técnica
48.9 km
985 m
43 Km Distancia Madrid
4h50'
3h00'
Características Terreno Suelo normal (tierra con alguna piedra), sin trialeras, sin obstáculos, no adecuado para temperaturas altas, con algunas fincas privadas

Participantes: Alfredo, Domingo, Félix

Mas detalle ruta

Temperatura media: 18.5
Descarga ruta: venturada-bustarviejo20240314.gpx
Reproductor audio crónica:

Una vez más en este húmedo invierno, en nuestro continuo intento por evitar los barrizales, nos pusimos a buscar rutas por zonas con buen drenaje. Alfredo propuso esta zona y me puse a buscar algo más concreto, encontrando este track realizado por nuestros colegas los Biciglotones.

Ya en carretera, recibimos una llamada de Félix, que nos proponía una nueva zona de aparcamiento (en lugar del habitual en Cabanillas). Así fue como acabamos los tres en la entrada Venturada, a unos 2,5 kms de la ruta. Félix decía que estaba todo controlado pero en el aire flotaba la sospecha de que se había equivocado de pueblo.

Con las quejas de Alfredo sobre la idoneidad de la elección del aparcamiento y sus implicaciones a la hora de comer, empezamos a la hora prevista nuestro itinerario.

Rápidamente dejamos atrás Navalafuente y bordeamos Miraflores sin ser conscientes de ello. Íbamos bastante entretenidos hablando del último juguete, la IA de la web. Hasta bastante después no nos planteamos cuando habíamos pasado por estos pueblos.

Dirigiéndonos hacia el norte, en dirección a Bustarviejo, subimos por una zona que ya conocíamos, donde avanzamos por la parte dónde más sendas y trialeras hay en este recorrido. Cómo siempre que pasamos por aquí, Alfredo nos esperaba al fondo de una bajada técnica, grabando como poníamos ignominiosamente pie a tierra. Hay un video-nenazas al respecto, pero quien quiera verlo ya sabe donde está.

Pasado Bustarviejo, dejamos atrás el Mondalindo y llegamos a la parte más alta del recorrido, después de algún cuestón que otro. Con buenas vistas sobre la sierra nevada, dejamos a la derecha, al fondo del valle, el pueblo de Valdemanco.

Con Cancho Gordo a nuestras espaldas, nos adentramos en zona boscosa, con pistas rápidas, rezumando agua por los cuatro costados. Bordeamos el Pico La Miel y delante de nosotros surgió el pueblo de La Cabrera.

Atravesándolo, encontramos un restaurante (Machaco) que tenía muy buen aspecto y, a pesar de que era pronto, decidimos que era momento de avituallarnos, con cervecita y todo.

No nos equivocamos, comimos de primera y Alfredo tuvo la gentileza de invitarnos, dada la cercanía de su cumpleaños. Como siempre, hablamos de la IA, la corrupción en nuestro país, el «problema de los 3 cuerpos» y otras cosas de tíos.

Después de comer, inesperadamente cambió el tiempo, empeorando notablemente. Aunque lo que quedaba era cuesta abajo, tuvimos que acelerar, no fuese que nos lloviese inopinadamente.

La vuelta a nuestro estupendo aparcamiento en «un pueblo fuera de ruta» la hicimos esta vez por carretera desde Cabanillas, con Alfredo rezongando. Otro día espléndido por una ruta divertida y bastante cómoda. A ver si no nos llueve en la próxima…

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